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Luego de 23 años como presidente, Ignacio Otegui se retira de la Cámara de la Construcción del Uruguay

Durante 23 años, distribuidos en dos períodos, Ignacio Otegui fue el presidente, y la cara visible, de la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU). Hoy, a los 67 años, decidió retirarse y esa fue la excusa perfecta para una extensa charla con Del Constructor donde, fiel a su estilo, no esquivó ninguna pregunta. Balance sobre su gestión, los logros, lo que quedó en el debe, la situación actual de la industria, el proyecto de la segunda planta de UPM y el futuro del sector. Sobre ésto y mucho más respondió Otegui a Del Constructor.

 

Hace 23 años que está al frente como presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay. ¿Qué reflexión hace sobre todo estos años? 

Fue en dos períodos, con reelecciones. De 1992 al 2001 y del 2005 hasta ahora. Es una etapa que la estoy culminando con satisfacción y alegría. La Cámara tiene una razonable estructura interna, mejor de la que yo encontré cuando ingresé. Tiene buenos asesores internos y tiene excelentes asesores externos. Tiene una situación interior sin conflictos, que ponga de manifiesto alguna incomodidad entre sus socios, y una situación económica sólida. En consecuencia, yo me retiro y creo que la Cámara queda ordenada y bien. Yo puse la fecha en la que me quería retirar. Lo dije el año pasado y se va a procesar así. Quien tiene la responsabilidad de hacer la nueva elección es el ingeniero Diego O´Neill, que es el actual vicepresidente, y que ya es aceptado por la industria para que sea el nuevo presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay. Él tiene que armar su consejo y organizar el futuro de la Cámara. En definitiva, me siento tranquilo. Hice lo que pude. Muchas de las cosas que quise hacer en el 92,  cuando asumí la presidencia, se hicieron y otras no, como suele ocurrir. Creo que O´Neill será un buen presidente y va a tener todo mi respaldo y en la medida que él entienda que le puedo dar una mano, se la voy a dar, pero yo tengo 67 años y ya me doy por cumplido con la industria y con el país.

 

¿Y cuál es su balance? 

Mirá, más allá de lo que te dije con respecto al interior de nuestra Cámara, cuando tomé la presidencia en el 92, al año siguiente, en el 93, sufrimos una huelga muy severa. Duró, si mal no recuerdo, ochenta y tres días con la industria parada, en consecuencia con daños muy importantes para el trabajador y su familia, para las empresas constructoras y con daños muy importantes para nuestros clientes.  Todo el mundo salió dañado. Y de ahí, en más, hemos tratado de tener un diálogo frontal y equilibrado con el sindicato. A veces, en situaciones mejores y, a veces, en situaciones peores. Cuando dejé la presidencia la primera vez en el 2001, estaba cansado después de diez años de presidencia y en el 2004 me fueron a buscar de vuelta y al principio no quería. Luego acepté por dos años y finalmente me quedé hasta el 2018. Dentro de las cosas que yo valoro como positivas es que la industria hoy tiene una importancia mayor de la que tenía a nivel de la economía, por algo en el 2017 fuimos el tercer sector de generación de Producto Bruto Interno, más allá de que la industria no está en su mejor momento. En una lógica de que la industria se ha desarrollado de forma diversa. Si se mira hacia su interior, cosa que nosotros hacemos, vas a tener, por ejemplo, al cierre del 2018, toda la inversión de vivienda nueva en todo el país, con las reformas van a representar aproximadamente el 20% de la demanda. En el caso de la obra pública va a representar un 32%,  33% de nuestra demanda y las obras privadas no vinculadas a la vivienda va a representar una cifra del 47%, 48%, lo que cierra el 100%.  Esa lógica, que nosotros la empezamos a estudiar hace ya 8 años de la mano de Julio Villamide, que fue el primero que nos pudo definir cuál era la inversión  que se hacía en vivienda. Villamide es asesor de la Cámara, más allá de que también es asesor de APPCU, y una de las cosas que me preocupaba era cómo yo podía evaluar cada uno de los motores que demandan a la industria de forma independiente. Y la suma de esos tres motores es la industria. Él nos hizo el primer trabajo y para nosotros, en  ese momento, fue una sorpresa descubrir que el sector inmobiliario representaba el 32%, 33% de la industria y era más que la obra pública que era del 25%, y el resto eran obras privadas no vinculadas a la vivienda. Eso va cambiando año a año, en función de cómo venga el flujo de inversiones. Hace dos años fue el peor momento en el sector inmobiliario. El 2016 y el 2017 fueron años de menor actividad y probablemente este año sea un poco mejor que el año pasado. Y también es factible que tengamos en 2018 una inversión privada no vinculada a la vivienda más chica que en el 2017.

 

¿Y en cuanto a la obra pública?

La obra pública viene dentro de los guarismos que fueron aprobados en la ley de presupuesto. ¿Qué quiero decir con esto? Que no esperamos ninguna cosa que haga cambiar el escenario actual de la industria, que es un escenario de mediano nivel de actividad. Estamos con unos 45 mil trabajadores en obra y ya  estamos a fin de año. El promedio de este año va hacer un poco menor al de 2017 y probablemente terminemos entre 3 mil y 4 mil puestos de trabajo menos.

 

Perspectivas 

 

¿Y cómo ve el 2019?

El año que viene no va a ser muy diferente a este, más allá de que tenés la obra de UPM y las obras accesorias. Claro que, esto dependerá si el ferrocarril se empieza antes del 30 de marzo del año que viene. Si es así, es probable que UPM termine confirmando la construcción de la planta. Si el ferrocarril no se empieza, UPM no va a hacer la planta. Este es un dato que tenemos que tener en cuenta. Si la planta se construye va influir en la industria de la construcción a partir del 2020 en adelante.

 

¿Y si no se llega a tiempo con la construcción de la infraestructura férrea, cuánto puede incidir negativamente en el sector?

La que mueve la aguja es la planta de celulosa. Las obras complementarias del ferrocarril equivalen a ochocientos trabajadores; el puerto doscientos cincuenta trabajadores; la interconexión entre el puerto y las vías del ferrocarril serán unos ciento cincuenta trabajadores, más las obras para llegar a donde se va a instalar la planta, si es que se instala en Pueblo Centenario. Estas cuatro obras, que tienen que empezarse antes que UPM diga voy a hacer la planta, y si todas comienzan cuando estén al máximo de actividad, son dos mil puestos de trabajo. Equivale a un 4% de incremento laboral en la industria pero no me cambia el sentido del sector. Otra cosa distinta es la planta. En este caso van a ser entre 5 mil y 7 mil puestos de trabajo directos, más todos los indirectos. Para tener una idea clara: vas a tener administrativos, técnicos, técnicos de UPM, o sea van a entrar a ese predio entre 7 mil y 9 mil personas por día. Esto no es un dato menor y de alguna forma moviliza de forma diferente a la industria, porque además le tengo que agregar los otros dos mil que decía antes. Ahí la industria va a tener un cambio importante. Ahora, esto es una hipótesis. Si el ferrocarril no se hace, el resto no se va a hacer.

 

¿Y usted que percepción tiene de que se concrete la planta? 

No sé; por el momento lo que he resuelto es esperar. Cuando nos han pedido negociar temas con UPM, el SUNCA y el gobierno nacional, lo hemos hecho, prestándole atención y tiempo, salvo por tres semanas en las que estuvimos abocados al Consejo de Salarios, y yo le avisé a UPM que durante el período de negociación de las pautas salariales, suspendíamos las negociaciones. Una vez que tuvimos el nuevo convenio, volvimos a la negociación con UPM. Por el momento hay acuerdo en muchos puntos y no hay acuerdo en otros. Obviamente, vamos a seguir negociando.

 

¿Cuáles son los puntos donde no hay acuerdo?

Todavía no lo saben las empresas. Te voy a poner un ejemplo que es una cosa notoria. Hay un decreto, que es el 215 y que rige los temas de seguridad e higiene en la industria de la construcción. Fue promulgado de forma unilateral por  la administración Mujica y no contó con el respaldo de la Cámara ni de ninguna gremial empresarial. Este decreto le faculta a los delegados sindicales de seguridad e higiene a parar cualquier trabajo, lo cual para nosotros es un error importante. Y UPM lo que quiere es que esa decisión  no la tomen los delegados de seguridad, sino que la tomen la gente de UPM. Y el SUNCA dice `señores, yo tengo un decreto que me ampara, si el Poder Ejecutivo quiere sacar otro decreto que lo haga, pero no me pidan a mi como sindicato mi consentimiento´. Y desde ese punto de vista tienen razón. Es algo obvio y la discusión parece innecesaria. Nosotros tenemos una posición, el SUNCA tiene otra y UPM otra. ¿Qué va a pasar? No lo sé. Este es un ejemplo, hay cinco o seis más, pero en definitiva estamos en tiempos donde UPM empieza a recabar precios indicativos en el Uruguay y comienzan las consultas con las empresas. Sé que ya les han fijado fecha, día y hora a varias, porque estas obras de gran porte se arman así, son muy complejas. Para tener una idea clara: la obra de UPM es como si vos me dijeras que alguien hace 12 mil apartamentos nuevos en Punta del Este y los entrega todos el mismo día. Es esa la influencia que tiene. Es una dimensión impresionante. Y también es cierto que la industria ya ha pasado por ese tipo de etapas y que tiene la capacidad y las condiciones como para manejarse con criterios en este tipo de obras. También tenemos cosas malas hechas.

 

¿Cuáles por ejemplo? 

Lo que no volvería a repetir yo es la experiencia de Montes del Plata, porque creo que dejó más sinsabores que sabores a la industria. En ese momento, además, el país tenía un estado en su requerimiento de economía y de puestos de trabajo diferente al que tiene hoy. Teníamos entonces un Estado más exigido de crecimiento y de actividad, con menos del 5%  de desempleo y en la actualidad estamos arriba del 8%. Hay una realidad diferente.  Pero no tengo dudas que la industria va a dar respuesta en caso de que la planta se haga. Además, es interesante el punto elegido para su construcción. Si vos mirás el Uruguay, vas a ver que en toda la franja del río Uruguay, la franja del Río de la Plata y en menor medida la franja del Océano Atlántico, tenés toda la infraestructura del país ahí. En el centro del país y en el noreste no tenés infraestructura. Como es el caso de Cerro Largo, en Rivera muy poca. Y si mirás América Latina es igual. Es, si se quiere, hasta lógico. Y la pregunta que me he hecho varias veces es ¿cómo puedo pensar que a va a estar toda esa zona circundante a Pueblo Centenario diez años después que la planta esté funcionando? Va a tener una infraestructura distinta, guste o no guste. Va a tener una posibilidad de interacción mucho mayor de la que tiene ahora. ¿Qué hay gente que está en contra? Por supuesto. Hay gente del gobierno que está en contra, gente de los medios de producción que están en contra, de la Cátedra y ciudadanos que están en contra. A la larga, las cosas van a ocurrir como tengan que ocurrir.

 

Más allá de UPM

 

Exceptuando la segunda planta de UPM, ¿qué otra obra de gran porte se avizora para movilizar a la industria?

Creo que la industria va a seguir dentro de estos niveles de actividad durante este año, el 2019 y, probablemente, el primer semestre del 2020. Si UPM viene es factible que el sector tenga un crecimiento, pero no creo que haya ninguna otra obra que le cambie el signo a la industria  en forma dramática. Lo digo sin anestesia. No la hay. No lo vas a tener en la vivienda, tampoco en la obra pública, porque una nueva administración tiene dificultades los primeros dos años para tratar de ordenar su economía y la del país, y las obras vinculadas a las viviendas promovidas van a seguir como hasta ahora.

 

¿No habrá un incremento en las obras de viviendas promovidas?   

Hoy existen ocho mil ochocientas viviendas en Montevideo sin vender, de las cuales más de la mitad son viviendas promovidas, antes llamadas de interés social. Esto es un dato importante. Otro elemento: ¿la situación de Argentina va a influir acá? Si uno pregunta cómo fue la venta de unidades nuevas el año pasado y cómo en el 2018, este año están peor que en el 2017. Entre otras cosas por la crisis de Argentina y porque el dólar comenzó a trepar en el Uruguay. Y no hay forma de evitar esa suba. Uruguay tiene que seguir una estrategia de no pegarse a la situación de la Argentina, pero no separarse mucho. Lo mismo ocurre con Brasil. Con vecinos complejos como tenemos, con las situaciones complicadas que tienen a nivel económico y político, y probablemente a nivel social en algún momento, Uruguay algún coletazo va a recibir.

 

Pero el ministro Astori dijo que estamos desacoplados.      

No, no. Te lo voy a decir de otra forma: Uruguay nunca estuvo desacoplado de sus vecinos. En todo caso tienen más incidencia o menos incidencia. Yo creo que hoy tenemos menos incidencia que hace dieciocho años, entre otras cosas porque los bancos uruguayos no les han dado créditos a los argentinos. Antes el 20% de los créditos estaban otorgados a empresarios argentinos y hoy tenés el 0.5%, lo que no es un número menor. Además tenemos una situación económica diferente, internamente en el Uruguay e internamente en Argentina. En consecuencia, las cosas que puedan ocurrir en el Uruguay son más tenues de lo que ocurrieron en aquella época. Ahora, ¿alguien cree que el turismo va a ser el mismo? Que alguien me responda esa pregunta. Si el turismo va a ser igual o mejor que el año pasado, entonces yo estoy equivocado y Astori tiene razón. Si el turismo va a tener una disminución, que es lo que todos esperamos, va a haber una incidencia inferior por lo que dije anteriormente, pero igual va a existir, por más esfuerzos que se hagan por atraer al turismo. Los turistas van a venir si el Uruguay está competitivo y sino vendrán algunos. Es cierto que hay una masa de argentinos que vienen igual, la gente de plata en Argentina va a venir igual, pero está medido en la plata que tenga. Hay un turismo que viene de la Argentina que es gente de dinero que ha venido siempre y seguirá viniendo y luego existe una masa flotante, que es la clase media argentina, que viene siempre y cuando las cosas le funcionen. Y creo que ahí es donde se va a pagar un precio y vamos a tener una menor afluencia de turismo. Y en definitiva, las inversiones que, tradicionalmente, hacen los argentinos en el terreno de la vivienda en Uruguay, la siguen haciendo  pero están más tranquilos porque tienen sus problemas en su propio país.

 

Obra pública y privada

 

A esto habría que agregarle que entramos en año preelectoral y el inversor no arriesga en este período llamémosle “ventana”.   

Tenés a Brasil que no es un tema menor con una situación compleja y después que el 2019 es año electoral. Y el año electoral tiene sus propios parámetros. En este momento, la expectativa está en si empiezo o no una inversión.  Los que están invirtiendo van a seguir invirtiendo. No creo que haya detención de las inversiones que ya están en marcha. Lo que creo que va a haber es una detención de la decisión de comenzar una obra. El que no empezó, no lo hará hasta tener un poco más claro el panorama de su país y del nuestro. Además del año electoral, luego viene el primer año de un nuevo gobierno, sea del partido que sea, que también es un año complejo. ¿O alguien cree que el primer año de un gobierno es fácil? No existe eso. No ha existido nunca.     

 

¿Se espera más de este gobierno en materia de inversión de obra pública y viviendas? 

Creo que el gobierno, en lo que es obra pública, ha invertido lo que aprobó en el presupuesto. Están invirtiendo todo. No es que el Ministerio de Transporte esté invirtiendo el 80%, están invirtiendo todo.  Las que vienen más lentas son las PPP, que son un sistema, por una lógica de lo razonable, que tienen un proceso más lento de lo que yo esperaba. Pero en definitiva, creo que están preadjudicadas cinco obras donde están tratando de articular la parte financiera. Las obras vinculadas a las obras públicas, todos los incisos que maneja en Estado, incluyendo las intendencias, más las obras de las PPP, yo te diría que si aparto estas últimas, el Estado está invirtiendo todo lo que puede. Por algo tenemos el 35% para el 2018 previsto para obra pública.Lo que ocurrió con las viviendas promovidas es que teníamos un escenario que el Estado resolvió cambiarlo, modificó las normas, y lo que hay ahora es una reducción en el volumen de inversión. Mi opinión es que el error fue modificar las normas. Ahora, el mercado uruguayo es un mercado chico. Acá hay un problema: la gente sin recursos, de muy escasos recursos, hoy tiene solamente una línea de acción que es ir a una cooperativa a anotarse. Ahí va a tener, eventualmente, una vivienda. No hay una política de acceso a la vivienda para la gente que gana treinta o cuarenta Unidades Reajustables. Y el Estado no está haciendo políticas para esos segmentos y el privado, si el estado no interviene, no se va a meter. Le guste al que le guste, le pese al que le pese. Nadie va a invertir dinero si no lo va a cobrar.

 

Las viviendas de interés social, hoy viviendas promovidas, no fueron accesibles para esos segmentos que usted nombra.

A ver: ¿A quién se le ocurrió que se iba a poner foco en esos segmentos? La ley en su origen no decía nada de eso. A lo que vos te referís, lo tiene que atacar el Estado. Dicho de otra forma, nosotros estamos pensando y trabajando las cosas que le vamos a plantear a todos los candidatos presidenciables y después al que resulte electo presidente y luego a sus ministros. Nosotros le hemos encargado a (Julio) Villamide un estudio vinculado a este segmento, al segmento que tiene los menores ingresos, porque creemos que ahí es donde está el déficit y ahí es donde está el problema. El país tiene ahí un problema severo. Hay que poner cabeza, inteligencia y tratar de sumar recursos públicos y privados. Pero los recursos públicos y privados se suman siempre y cuando no se le haga asumir al privado un riesgo que no está dispuesto a asumir. Nadie va a invertir cinco, diez, cincuenta millones de dólares contra nada. No existe en el mundo eso. ¿Por qué debería de existir en Uruguay?

 

El déficit habitacional

 

El déficit de vivienda es un problema estructural en Uruguay. 

En 1986, Julio Villamide hizo, por encargo de la Cámara, un estudio de qué pasaba con la liberación de la ley de alquileres y él dijo lo que iba a pasar. Entre otras cosas, los asentamientos. Y era una visión que lamentablemente se confirmó. ¿Qué cosa hizo la Cámara en el año 87, 88, durante la primera administración del doctor Sanguinetti? Planteamos, frente a ese problema, hacer licitaciones y darles los terrenos, la infraestructura básica y la cimentación a las familias que estaban empezando a formar los asentamientos. Se hizo la primera licitación y se armó un gran lío. La Facultad de Arquitectura, la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, entre otros, salieron a decir que eso no era digno. Y estamos hablando de gente que ya vive en cuarta generación en esa situación. Estos no son temas menores y que no tienen una solución fácil. Por ejemplo, yo veo hoy, con razonable expectativa, las acciones que están tomando algunas personas del Ministerio del Interior para desafectar la usurpación de viviendas. Es brutal eso y alguien tiene que ponerle el límite. Creo que Uruguay tiene en este aspecto un desafío muy grande.

 

Culminó un nuevo acuerdo salarial para el sector. ¿Está conforme con el resultado teniendo en cuenta la situación de la industria?

Nosotros fuimos al rango intermedio. No estamos en una situación de crisis, pero tampoco estamos en una situación de auge. En definitiva dimos el 6.86% de aumento en el primer tramo que son once meses, el 5.80% por el segundo tramo que es por diez meses, y un correctivo si la inflación sobrepasa los aumentos otorgados. Fue eso y no hay misterios. Que puede gustar o no gustar es otra cosa. Pero creo que fue un acuerdo razonable, en un momento difícil que tiene la industria y que tiene el país. Y tiramos el tema para fines de abril de 2020.

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