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Brasil busca la reactivación de la construcción con un presupuesto de US$ 40.000 millones

Luego de un crecimiento nulo en 2014, y contracciones en su PIB del 3,8% y 3,6% en 2015 y 2016, respectivamente, de alcanzar una tasa de desempleo de casi un 13% el país norteño busca la reactivación del sector con la construcción de 7.439 obras.

En lo que se refiere al sector, se notan señales de reactivación del mercado inmobiliario, con un crecimiento interanual del 69% en las ventas de las seis mayores empresas del rubro. Esta cifra corresponde al potencial de venta de los proyectos lanzados al mercado, y su crecimiento indica que la creación de nuevas unidades son una realidad, según se desprende del informe elaborado por el sitio www.construccionlatinoamericana.com. 

La tendencia optimista se confirma por la expectativa de crecimiento para este 2018. El índice del Banco Central, el IBC-Br, anotó su tercera tasa positiva consecutiva: 0,58% en el tercer trimestre, después de un 0,39% en el segundo y 1,1% en el primer, siempre en comparación con 2016.

Finalmente, la mayoría de los actores de la economía prevé para este año un crecimiento de entre un 0,4% y un 0,9% mientras que para 2018, importantes bancos apuestan un crecimiento aún más consistente. El brasileño Bradesco, por ejemplo, pronostica un 2,8%, el estadounidense Goldman Sachs estima un 2,7%.

 

Dudas 

Para aumentar la claridad luego de la tormenta, los planes de infraestructura del gobierno federal también se están llevando adelante. La última novedad fue el anuncio de un programa de obras públicas para la finalización de proyectos que fueron paralizados durante la crisis de la deuda pública. El programa Avanzar tiene un presupuesto confirmado de cerca de US$ 40.000 millones para la conclusión de 7.439 obras.

El listado tiene de todo: 57 obras viales, dos ferroviarias, 16 recuperaciones de aeropuertos, 11 obras portuarias, 50 obras de saneamiento, 150.000 viviendas sociales del programa “Mi Casa Mi Vida”, además de docenas de obras comprometidas en escuelas, centros deportivos y unidades de salud pública.

El gobierno se ha comprometido a tener todo, o al menos una etapa de cada proyecto, terminado para finales de 2018. Ahora, el objetivo es terminar las obras, en lugar de iniciar nuevas.

Tiene sentido, incluso porque el programa, anunciado como una gran iniciativa de concreción infraestructura y privatizaciones, avanza lentamente debido a su naturaleza más compleja. Hasta el momento, este programa logró en concreto exitosas concesiones de cuatro aeropuertos, la vuelta a la subasta de campos de exploración de petróleo, y el anuncio de la privatización de la estatal de energía Eletrobrás. Pero es improbable que todo su enorme listado de iniciativas avance de manera consistente en lo que resta del año de gobierno.

Según los analistas, dependiendo de lo que pase en las elecciones de 2018, Brasil puede verse entrampado nuevamente en políticas de carácter estatista y populista. En lo que respecta a la construcción, la reconfiguración del sector puede verse impactada por decisiones que podrían paralizar las reformas estructurales y mover el país de vuelta a la era de los subsidios irresponsables.

Es así como el momento actual involucra sentimientos mixtos: por una parte, se celebra alguna recuperación económica producto de esfuerzos fiscales e iniciativas correctas, pero por la otra su continuidad está supeditada a una confirmación en las urnas en 2018.

 

Cambio cultural

En entrevista con www.construccionlatinoamericana.com, el empresario y presidente de la Cámara Brasileña de la Industria de la Construcción (CBIC), José Carlos Martins, habló de un aspecto menos considerado, pero de potencial explosivo para el desarrollo de la infraestructura en el país, su enorme burocracia.

“Quien trabaja en el día a día de la construcción sabe que si un fiscal aparece en su sitio de trabajo y resuelve que su ascensor de servicio está mal, la obra queda clausurada y no hay superior que la libere”, afirmó Martins.

El representante sectorial hizo un llamado a un cambio cultural, que sabe será lento, pero necesario. Y ejemplifica con detalles los problemas vividos por la construcción brasileña a diario. “No se puede embargar una obra porque el tipo de camión que está en el sitio no es igual al que estaba especificado en la licitación inicial”, sostuvo.

El representante máximo de las constructoras de Brasil confía que el actual momento es más sano que lo vivido en los años anteriores. Reconoció también que los esfuerzos macroeconómicos son positivos y tienen resultado, además de percibir ventajas en programas como “Avanzar” y las concesiones y privatizaciones de infraestructura.

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