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En diálogo con Del Constructor, Diego O´Neill, el nuevo presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, quien asumió el pasado 15 de noviembre, se refirió a los desafíos que se plantea su nueva administración. Dentro de ellos, expuso O´Neill, se encuentran la inversión y el fortalecimiento de las empresas del sector, así como la capacitación y la promoción de los operarios, que permita el desarrollo de la industria.

 

Como nuevo presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, ¿cuáles son los desafíos que se ha planteado? 

Venimos de un período muy prolongado de presidencia de Ignacio Otegui, entonces es todo un cambio para la CCU y la industria el pasar a un nuevo régimen de rotación en la presidencia. Yo asumo por un período de dos años, luego vendrá otro presidente. Esa es la dinámica que se espera tener  en adelante. Continuaremos con una cantidad de cosas que son tradicionales en la Cámara, pero también impulsando renovaciones en otros aspectos.

 

¿Cuáles son los cambios que pretende proyectar durante su mandato? 

En primer lugar, creo que hay estilos de conducción diferentes. Soy de una generación de empresarios más dispuesta al trabajo en equipo, de liderar equipos, de involucrar más gente en la construcción.

Creo que eso es una característica de renovación en lo que hace a la CCU. Y por otra parte, hay cosas muy claras como impulsar el desarrollo sustentable de la construcción en el Uruguay.

Hay que trabajar en líneas que me parecen fundamentales. Por un lado, la inversión para que haya construcción y, por otro lado, fortalecer las empresas que son las que llevan adelante la industria. Y, también, capacitar y promover a los operarios para tener un equipo de trabajo fuerte que nos permita crecer y desarrollar la industria.

 

Se refirió a la inversión como uno de los pilares del sector. ¿Cómo está hoy, luego del boom histórico de hace unos años?

Es cierto lo que usted dice que aquello fue un pico histórico y que era muy difícil que se mantuviera en el tiempo, pero caímos bastante, por ejemplo, a nivel de ocupación. Los últimos datos son un poco más auspiciosos. Actualmente estamos alrededor de cuarenta y siete mil trabajadores, pero con respecto a aquel pico de setenta y tres mil trabajadores, se han perdido veinticinco mil puestos de trabajo.

 

Es un número muy importante para la tasa de desempleo de Uruguay.

Yo le diría que es un número muy significativo esa cantidad de gente que no está en la industria hoy. El 2018 fue un año en que la actividad no siguió cayendo, ya que veníamos de tres años consecutivos de caída entre el 2015 y 2017. El año pasado se detuvo esa caída, pero tampoco se produjo un rebote, un principio de crecimiento.

 

Inversiones

¿Y cómo fue el 2018?

Si bien aún no están los números, estimamos que fue un año neutro, sin crecimiento. Lo positivo es haber detenido la tendencia a la baja, aunque sin generar crecimiento. Esto se debió, precisamente, a que la inversión privada está bastante venida a menos. La construcción tiene dos fuentes de inversión: la pública y la privada. 

La inversión pública es muy importante, pero en los últimos diez años ha significado una tercera parte del total de la inversión. Las otras dos terceras partes corresponden a la inversión privada. 

Una parte es vivienda  y la otra parte es inversión privada no vinculada a la vivienda, que es la más importante de todas y la que se ha resentido más.

 

¿Cuáles fueron las causas de esta caída en la inversión? ¿La coyuntura internacional u otros mercados más seductores para el inversor?

Los países compiten por la inversión. Hoy existen destinos más atractivos. En Uruguay tenemos un tema de competitividad, de costos elevados y de baja rentabilidad a nivel de las empresas en general. Todo esto lleva a una merma de la inversión que está bastante alicaída con respecto a años anteriores.

Esto se ve, por ejemplo, si uno analiza los montos promovidos bajo la ley de inversiones  en la COMAP (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones) o si se analiza la cantidad de proyectos de viviendas que han ingresado a la Agencia Nacional de Vivienda (ANV) para ser promovidas. 

Estos son dos claros ejemplos donde se ve la reducción de la inversión. Cuando entró en vigencia la ley N° 18.795 de promoción de la inversión privada en Viviendas de Interés Social, en la primera reglamentación que no había topes de ningún tipo, durante cinco años, entre el 2011 y 2016, hubo un promedio de alrededor de dos mil setecientas viviendas que ingresaban anualmente a la ANV.

A partir de la segunda modificación en marzo de 2017, hubo una primera modificación en 2014 que tuvo su impacto, donde el tope baja al 10%  de las unidades cada programa, pero con un precio muy por debajo de los costos, además, ese 10% de viviendas, en alguna medida, hay que pasárselo al MVOTMA  para que lo comercialice y también le pusieron topes a los alquileres.

Hay que tener en cuenta que, en muchos casos, las viviendas promovidas, más que ir al usuario final, va a un inversor que alquila, pero también se pusieron topes a la exoneración del IRPF de los alquileres. Todo eso ha llevado a que de dos mil setecientas viviendas por año caímos a mil quinientas viviendas. Si bien no se puede decir que se frenó completamente, pero tuvo una caída sensible.

 

En definitiva, estos cambios desestimularon a los inversores cuando el país precisa de ellos.

Nosotros pensamos que el mejor escenario sería volver al principio. Que ambas modificaciones, tanto la del 2014 como la del 2017, en el aspecto de los topes han sido perjudiciales, por lo que creemos que lo ideal sería volver al régimen inicial, cuando no había limitaciones, y el mercado iba regulando los precios de la vivienda en función de la oferta y la demanda.

 

Y fuera de las viviendas promovidas, pensado en mega obras, ¿a qué le atribuye la caída en ese tipo de inversiones?

 Es cierto que desde hace un par de años en que salió el decreto que extiende los beneficios de la ley de inversión a los proyectos inmobiliarios de gran dimensión económica, eso ha tenido un efecto positivo. Hay proyectos de este tipo que se están construyendo al amparo de ese beneficio fiscal. Por ejemplo, en Punta del Este hay varios y existen algunos en Montevideo.  Eso ha sido un estímulo que las autoridades han buscado para acomodar la inversión y ha sido positivo. Pero tiene un alcance acotado. 

 

Usted decía que otros de los elementos que componen el sector son los costos y, dentro de ellos, la masa salarial, como un componente que eleva el precio final del producto.

Es cierto que los últimos 10, 12 años, la construcción  ha sido el sector que ha tenido el mayor incremento de salario real, por encima de la media de la economía, pero a nosotros no nos parece mal, al contrario, estamos de acuerdo con eso. Lo que sí reclamamos, aspiramos, a la reciprocidad. Es decir, frente al salario que se recibe, el trabajo que se desempeña.  Y me refiero a la productividad, que es una de las grandes preocupaciones que tenemos.

Todos los empresarios, desde hace muchos años, vienen manifestando  su preocupación sobre este tema. No había información estadística que permitiera sacar conclusiones ciertas al respecto. Ahora el Centro de Estudios Económicos de la Industria de  la Construcción (CEEIC) hizo un estudio muy serio que muestra una caída de la productividad en los últimos veinte años en edificios de viviendas en el entorno del 20%.  Esto significa que se necesita un 20% más de jornales para construir los mismos metros cuadrados, cuando, en ese mismo período, se incorporaron una cantidad de tecnologías nuevas y de equipamiento. La construcción ha invertido fuerte en grúas torres, en sistema de encofrado, se ha generalizado el uso de los hormigones preelaborados y bombeados. Todo esto tendría que indicar una mejora en la productividad y, por el contrario, tenemos un deterioro.

Ese es un tema que preocupa mucho y desde la CCU estamos tratando de hacer cosas al respecto. Ahora, en concreto, hay un proyecto para la medición de la productividad en obra, con la misma metodología que se usa en Chile y que ha sido muy exitosa,  que comenzará a funcionar en los próximos meses. Es una herramienta para comenzar a generar información  y atacar este problema.

 

Productividad y capacitación

La productividad es un tema que siempre está en la mesa de los Consejos de Salarios, pero no logran un punto de acuerdo.

No diría que no nos ponemos de acuerdo. Quizá es un tema que no hemos discutido tanto. Se empezó a tomar en serio en los últimos tiempos. La productividad es la suma de una serie de cosas, un proceso en cadena. Por ejemplo, en una obra de arquitectura  comienza por el diseño, por las tecnologías que se van a utilizar, la organización del trabajo, el equipamiento con el que se cuenta para desarrollar esa tarea y, por supuesto, el factor mano de obra.  No hay un único factor que sea  responsable de la productividad final. Es una sumatoria e, indudablemente, hay que trabajar en toda esa cadena de proceso.  Hoy estamos en una etapa en la que se completó un diagnóstico, se llegó a una conclusión de que hay un problema y hay que trabajar en los distintos eslabones de la cadena para poder mejorar la productividad.

 

¿Falta capacitación en la mano de obra?  

Si la industria vuelve a los niveles de actividad que tuvimos hace tres o cuatro años, cuando se registró ese pico de puestos de trabajo, se necesita capacitación. En ese momento, esa fue una de las razones de la caída de la productividad porque ingresó una cantidad de personal a la industria que no tenía la capacitación adecuada. Cuando se producen estos picos de actividad suelen pasar estas cosas.

Pero es claro que la capacitación es un tema muy importante. La industria trabaja con el Fondo de Capacitación, que es uno de los Fondos Sociales, en capacitar trabajadores.  Esto ha sido importante, más que nada en la capacitación a la iniciación en los oficios como albañilería, herrería y carpintería. Tenemos que desarrollar una capacitación superior para los mandos medios sobre todo de cara a las nuevas tecnologías.

 

¿Se refiere a los sistemas constructivos no tradicionales como la construcción en seco, por ejemplo?

Indudablemente que sí. La obra en seco en Uruguay ya tiene una penetración interesante, aunque también tiene sus resistencias culturales. A la gente a veces no le gusta golpear y sentir que la pared no es maciza. Pero ya hay muchos proyectos que han incorporado la obra en seco. Como la incidencia de la mano de obra  ha aumentado mucho en el costo total del producto, las soluciones tradicionales se han vuelto bastante más caras, por lo que hay que pensar en tecnologías que ahorren tiempo y reduzcan el tiempo de la mano de obra.

 

¿Cuánto ha influido la situación de la región? Sobre todo lo ocurrido en Argentina con la devaluación de su moneda y el nuevo gobierno de Brasil que apunta hacia una economía cerrada, proteccionista.

Cuando se produjo la corrida cambiaria en Argentina tuvo rápido efecto en Uruguay y eso produjo una retracción en el mercado inmobiliario. La gente especula con que los precios van a bajar, con que el dólar va a subir, y eso posterga decisiones.

Creo que lo que se dio fue un fenómeno de postergación de decisiones. Las operaciones venían a cierto ritmo y se enlentecieron básicamente por eso. Las compras ventas en el mercado inmobiliario han bajado sensiblemente, pese a que hay un nivel de inversión no menor en viviendas. Hay obras de viviendas promovidas que estamos haciendo hoy que fueron aprobadas antes de la modificación del decreto, por lo que hay una inercia de una cantidad de obras que están en curso, además de los proyectos grandes.

El sector vivienda no está tan deprimido, hay actividad, pero el tema de la colocación de los apartamentos, de los productos, se ha enlentecido y hay un stock importante para comercializar.

 

¿Y preocupa la migración de inversores del sector hacia Paraguay, por ejemplo?

Lo que nos preocupa a nosotros es Uruguay. No tener las condiciones que permitan que los inversores se queden acá. Ojalá que a Paraguay le vaya muy bien, pero que a nosotros también. La preocupación pasa porque nuestro país debe corregir su situación de competitividad con el resto de la región para mejorar las condiciones de inversión. También el clima de negocios.

 

Modalidad PPP

¿Cuál sería el clima de negocios?

 A veces hay cosas que no pasan necesariamente por las condiciones económicas. Cuando hablo de clima de negocios me refiero a la rentabilidad indudablemente, pero también a la normativa, a la burocracia, a la conflictividad sindical, que en algunos sectores ha sido fuerte generando dificultades a las empresas. Queremos mejorar las condiciones en todo sentido y en este año electoral, esperamos poder dialogar de estos temas con todos los candidatos a presidente para poder incidir, dentro de nuestras posibilidades y en la materia específica de nuestra actividad, en la agenda de la próxima administración.   

 

Y en lo que respecta a una segunda planta de UPM, ¿en cuánto puede inclinar la balanza a favor de la construcción en puestos de trabajo, por ejemplo?

Nosotros pensamos que la inversión de UPM es positiva y necesaria para el país. Una inversión que se va a radicar en una zona del país que está bastante deprimida, por lo que va a generar mucho movimiento, puestos de trabajos directos e indirectos, lo que llamamos el efecto cascada, el derrame al resto de la economía.

Hay una cantidad de inversiones que la gente asigna que se va hacer sólo para UPM, pero son inversiones que quedan para todas las actividades del país, sea en rutas o en el ferrocarril central.  De concretarse esta inversión va a mover la aguja de manera significativa porque entre la propia obra y todas las obras conexas se estima que pueda haber alrededor de ocho mil trabajadores  en su momento de máxima ocupación. Eso equivale a un 20% de la ocupación que hoy tenemos.

 

¿Qué expectativa tiene para este año?

Creo que el 2019 va a ser parecido al año pasado, donde la actividad estuvo sostenida, más que nada, por una inversión pública fuerte, sobre todo en lo que tiene que ver con la vialidad. También durante el presente año se van a ir concretando algunos proyectos de Participación Público Privada (PPP), que están en el proceso entre la adjudicación provisional y la firma del contrato, que lleva su tiempo. También hay proyectos de PPP para centros educativos que van a empezar este año. Creemos que toda la inversión pública directa más estas obras que son públicas con financiamiento privado, van a sostener la actividad por lo que falta de inversión privada.

 

El algún momento el ministro Rossi manifestó su malestar por la lentitud en la concreción de las PPP.

Creo que es una curva de aprendizaje para el país, los organismos estatales, las empresas y el sistema financiero.  Es cierto que se ha demorado -en algunos casos un año, en otros bastante más- el cierre financiero que es el proceso entre que se adjudica provisionalmente la licitación y se concreta la firma del contrato.

No nos olvidemos que hay muchos actores, Ministerio de Transporte, Ministerio de Economía, organismos financiadores, todo eso ha generado estos procesos largos. Creo que esto es mejorable, corregible, pero la modalidad PPP es una herramienta valiosa y poderosa para permitirle al país mejorar su infraestructura.

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En diálogo con Del Constructor, el especialista Federico Susena de Guyer & Regules analizó la situación en materia de inversiones y las perspectivas del mercado inmobiliario uruguayo para 2018. Para el especialista, el 2017 fue, en materia de inversión inmobiliaria, “un año de repunte”, mientras que para este año se prevé continuar en esta senda “ya que hay grandes proyectos en ejecución y las perspectivas son buenas”, pese a existir algunos problemas macroeconómicos importantes. Señaló, además, que los beneficios tributarios para construcciones de gran porte fueron positivos para el repunte en el sector y produjo, en otros sectores de la economía, un “efecto derrame”.

 

¿Cómo ha sido el grado inversor inmobiliario durante el 2017 y que expectativas o proyecciones hay para este 2018?

Si tuviera que calificar en una palabra cómo fue el 2017 en materia de inversión inmobiliaria, diría que fue un año de repunte. Es que si lo comparamos con los dos años anteriores, el 2017 fue mejor.

Y en este 2018 es de prever que se va a continuar con esa tónica ya que hay grandes proyectos en ejecución y las perspectivas son buenas a pesar de existir algunos problemas macroeconómicos importantes (como el dólar débil) y los altos costos constructivos. Pero, lo cierto es que, habiendo una cierta estabilidad macroeconómica, la inflación que está moviéndose dentro del rango meta fijado por el Banco Central del Uruguay (aunque últimamente con algún desvío menor), las tasas internacionales de interés por el piso, la economía y los salarios reales creciendo y, por último, los bancos tratando de estimular mayor cantidad de créditos hipotecarios, todo hace pensar que, salvo que nos encontremos con un cisne negro, este 2018 será un buen año. Y es importante tener en cuenta que un buen año no implica volver a tener los niveles de actividad y empleo en el sector como se tuvo hace 5 años atrás sino simplemente eso, un buen año.

 

Impacto positivo

El Poder Ejecutivo anunció, para inversiones en vivienda superiores a 15 millones de dólares, una serie de beneficios fiscales. ¿Cómo ha impactado esto en el mercado? 

Los beneficios para construcciones establecidos por el Decreto Nº 329/016 que declaró promovidas al amparo de la Ley Nº 16.906, de 1998 las actividades de construcción para la venta o arrendamiento de inmuebles con destino a oficinas o vivienda, correspondientes a proyectos de gran dimensión económica (construcciones de más de UI 123 millones o aproximadamente US$ 15,5 millones), tuvieron un impacto muy grande, sobre todo en la zona de Punta del Este donde se ampararon grandes proyectos a esa normativa. El efecto buscado por la norma, y que fue la creación de empleo y la generación de externalidades positivos hacia otros sectores de la economía (el efecto derrame), creemos se va a  lograr y dichos beneficios constituyeron un factor muy importante para el repunte señalado anteriormente. Basta analizar la cantidad de proyectos y los metros cuadrados aprobados en función de dichas promociones fiscales para dimensionarlo. 

Y, más recientemente, el Poder Ejecutivo anunció que va por más y quiere extender los plazos de dicho decreto e introducir variantes que creemos serán positivas. La nueva medida consistiría en prorrogar por un año el plazo para presentar nuevos proyectos al amparo de este beneficio, es decir que, deberán ser presentados antes del 31 de diciembre de 2018 y tendrán 36 meses, como máximo, para su ejecución. Además, para los proyectos a desarrollarse en Montevideo, se reducirán el monto mínimo de inversión y el porcentaje de áreas comunes requeridos (a UI 90 millones y 15% respectivamente).

Creemos que esta medida va a impactar fuertemente y que varios proyectos, que de pronto estaban siendo analizados, se terminarán presentando y amparando a esta nueva normativa, en especial en Montevideo, donde se intenta “atrapar” más proyectos al reducir el umbral necesario para ampararse a los beneficios fiscales. Esta herramienta puede ser, además, la llave para poder aumentar, tras años de caída, el número de puestos de trabajo en el sector de la construcción.

 

Referente a la anterior pregunta, ¿esto beneficiaría solo a Maldonado, Colonia y Montevideo, o podría extenderse al resto del país?

Si bien la normativa no distingue entre territorios y, presumo, tampoco lo hará la modificación que está elaborando el Poder Ejecutivo, lo cierto es que estos grandes proyectos se han concentrado en Punta del Este y Montevideo, y entiendo que lo mismo seguirá ocurriendo durante este año. Ello no quita que no pueda haber algún proyecto de gran dimensión económica en otras zonas del país, aunque seguramente en un  número muy menor, particularmente en Colonia donde los argentinos tienen interesantes proyectos en fase de pre-desarrollo. 

 

Viviendas Promovidas

En Montevideo, uno de los objetivos de la Vivienda Promovida (antes denominada Vivienda de Interés Social) era descomprimir la zona costera, facilitar el acceso a un sector que no podía acceder a la vivienda e incentivar la inversión en zonas donde hacía décadas que no se invertía, como Cordón o La Aguada. En retrospectiva, desde la promulgación de la ley, ¿se han alcanzado los objetivos? ¿Cuánto queda aún por hacer? 

En mi opinión, con la ley de Vivienda de Interés Social (ahora Vivienda Promovida) se cumplió y de buena manera con algunos objetivos trazados, pero entiendo que con otros no tanto. Por ejemplo, la ley de Vivienda de Interés Social tenía como un fuerte componente de motivación, facilitar el acceso a la vivienda propia a sectores de ingresos medios o medios bajos.

En los hechos, ello no ha ocurrido, o por lo menos, no ha ocurrido en los niveles deseados. Pero eso no quiere decir que la “culpa” la tenga la ley de Vivienda de Interés Social, sino que es un fenómeno que se puede identificar mucho más en el fuerte aumento que ha tenido el valor del metro cuadrado edificado, y donde cada vez  más (comparando salario real versus precio del metro cuadrado construido) a los sectores de ingresos medios o medio bajos se les hace más difícil poder acceder a la vivienda propia. Hay estudios realizados que fueron publicados el año pasado, donde se establece que 8 de cada 10 uruguayos cree que la vivienda es cara y difícil de acceder a ella y más de la mitad creía que eso iba a seguir aumentando. Y, peor aún, en los sectores más jóvenes, donde el inquilinato pasó de niveles cercanos al 40%  a niveles del entorno del 50 a 52%  en la última década, en hogares donde el principal generador de ingresos tiene menos de 30 años. Ello ha llevado a algunos sectores políticos a plantear poner topes a los alquileres e incluso a los precios de los inmuebles. Y eso, con total franqueza, sería el suicidio para la actividad de la construcción, ya que provocaría una pérdida de confianza del inversor que redundaría en una brutal disminución de nuevos proyectos inmobiliarios.

Pero, volviendo a su pregunta, debemos tener presente que, además de las condiciones comerciales señaladas, hay un cambio cultural (y que trasciende a Uruguay) en cuanto a cómo las franjas etarias más jóvenes no tienen como prioridad lograr una vivienda propia, como sí ocurría hace 20 o 30 años. Los jóvenes (llamados millennials) buscan experiencias, quieren cambiar su hábitat si no están cómodos donde están, quieren ammenities y conectividad, servicios y entretenimiento. Y no están dispuestos a quedarse en un mismo inmueble muchos años si el mismo pierde algunas de las características señaladas. Ello, naturalmente, hace que estos productos terminen siendo adquiridos por ahorristas o inversores para alquilar y tener una renta que, si bien no es alta, es bastante segura, pero no habiendo sido ese el objetivo de la norma. En cuanto a si la norma logró descomprimir zonas y fortalecer otras, ahí sí creo que se vio un éxito en los resultados, ya que barrios que habían quedado en el olvido respecto a su arquitectura, hoy aparecen rejuvenecidos, como son el caso del Centro, Palermo, Cordón y Tres Cruces.  

 

¿Y cuál es la situación en el interior del país? 

Salvo por la pregunta sobre descomprimir la zona costera y el corrimiento hacia otras zonas, las demás conclusiones son aplicables también a la situación en el interior del país. Sin embargo, entiendo que todavía hay mucho potencial en las ciudades más importantes del interior para realizar inversión promovida. Pero para eso, sería importante desandar algunos cambios recientes que se introdujeron a la Ley de Vivienda de Interés Social y que ralentizaron la aprobación de nuevos proyectos.

 

¿Este tipo de inversiones en Viviendas Promovidas podrían balancear la falta de inversores en obras suntuosas? 

En su momento lo balancearon y en forma efectiva. La dramática caída que tuvo  Punta del Este y zonas aledañas a partir del año 2013 pudo ser amortiguada en gran parte por los efectos que la ley de Vivienda de Interés Social tuvo en otras zonas del país. De lo contrario, la pérdida de puestos de trabajo en el sector de la construcción hubiere sido aún mayor de lo que fue (y que no fue poco, estancados hoy en los aproximadamente 45.000, pero que supo llegar a picos de 70.000). Hoy, la situación es distinta. Estamos ante la presencia de más proyectos suntuosos y de menos proyectos de Vivienda de Interés Social (ahora Vivienda Promovida).

Desde las cámaras empresariales del sector se habla de que el costo salarial es uno de los factores fundamentales en el aumento del precio final al consumidor. A esto se le suma otro tema que está en discusión permanente entre trabajadores y empresarios y es la competitividad ¿qué piensa al respecto?

No es necesario ser economista para darse cuenta de lo que está pasando en este país. Basta viajar a cualquier país del primer mundo y darse cuenta que le cuesta lo mismo o incluso más barato comprarse una prenda de vestir o ir a comer a un restaurante de lo que le cuesta en Uruguay y, además, con ingresos per cápita muy superiores a los nuestros. Eso es un dato de la realidad, incontrastable, y yo diría tan evidente que no deja otra reflexión que reconocer que estamos caros.

Llevado al sector de la construcción, sí, estamos muy caros, pero la explicación no es solamente por los temas macroeconómicos del país sino que, a este sector, se le agregan, además, otros factores estructurales y complejos y de muy difícil solución, como ser los altos costos salariales (analizados además en función de la baja productividad de la mano de obra local), la rigidez laboral, la excesiva carga tributaria del sector por leyes sociales, la falta de inversión en tecnología para ser más eficientes en los métodos constructivos y la conflictividad sindical.

 

 

El factor Punta del Este 

Algunos inversores que ponían su capital en Punta del Este han comenzado a hacerlo en Paraguay, incentivados por menores cargas impositivas. A esto se le suma algunas medidas adoptadas por el gobierno de Macri para atraer inversiones. ¿Qué grado de afectación tiene en nuestro mercado? 

Entiendo que no mucha. Si bien es cierto que el triple 10 paraguayo (10% de IVA, 10% de impuesto a la renta empresarial y 10% de impuesto a la renta en personas físicas) atrajo mucha inversión uruguaya al Paraguay, la mayoría de dichas inversiones  fueron canalizadas al sector agrícola ganadero y ello no constituye una competencia para desarrollos inmobiliarios en Punta del Este o incluso Montevideo. De hecho hoy, parte de esa inversión se está retirando o está en proceso de retiro del Paraguay dado los magros resultados por efecto de la baja en los precios de los commodities.

En materia del sector inmobiliario, la rentabilidad en Paraguay es muy buena y para la construcción la gran ventaja la presentan los bajos costos constructivos y la flexibilidad laboral. Si bien hay proyectos de uruguayos de real estate en Paraguay, la gran corriente de inversión ha sido en materia de campos.

En cuanto a Argentina, claramente el gobierno de Macri (un gobierno orientado a los negocios y al crecimiento económico), está aprobando normativas, de tanto en tanto, para atraer inversiones y para repatriar capitales argentinos, pero lo situación macro de Argentina no está bien y, en cierta forma, muy jugada al financiamiento externo “barato” que hoy está gozando. Y si bien eso es así, los proyectos de gran dimensión económica, de los que hablábamos anteriormente, que se han aprobado en Punta del Este, muestran que el argentino quiere seguir apostando a Punta del Este.

Y este tipo de inversor es fiel y leal a Punta del Este, habiéndose ausentando solo temporalmente cuando los gobiernos kirchneristas le impusieron toda suerte de restricciones a la compra de dólares, remisión de fondos al exterior, etc, y cuando el gobierno uruguayo le concedió a su par argentino el acuerdo de intercambio de información (para algunos gran causante de la contracción que tuvo Punta del Este); pero para volver ahora en una nueva oleada que ya se está sintiendo y que, con las medidas que anunció el gobierno en extender los beneficios fiscales, probablemente continúen generándose nuevos proyectos en el correr de este año.

 

En este contexto, ¿cómo ve el mercado inmobiliario en Punta del Este?

Lo veo muy bien. Punta del Este tuvo años para el olvido en el último lustro, pero como dije anteriormente, hoy se están alineando los astros para que la inversión inmobiliaria vuelva y en forma sostenida. Además, Punta del Este tiene una característica particular y es que para los argentinos no es solamente una mera inversión inmobiliaria, sino que es una combinación de inversión inmobiliaria, más resguardo y conservación del capital, disfrute, cambio de ambiente y calidad de vida. Recordemos que han pasado por hiperinflaciones, mega devaluaciones, corralitos financieros y retenciones a la exportación de la producción cuasi confiscatorias. Y todo eso a solo pocas horas de distancia, lo cual lo hace preferente respecto a otras opciones como Miami.

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Con la llegada de obras de gran porte, la industria de la construcción mostró ciertas carencias en trabajos que requerían cierto grado de especialización por lo que, en algunos casos, se debió recurrir a trabajadores extranjeros.

El tema de la falta de capacitación, que está ligado a la productividad y a la competitividad,  sigue en el tapete, por lo que Del Constructor entrevistó al ingeniero Jorge Pazos, presidente del Fondo de Capacitación de la Construcción (FOCAP), quien además es Director Ejecutivo de la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU), para que explicara cuál es la situación en el sector. Desde los cursos tradicionales de albañilería hasta simuladores virtuales de Soldadura y Torres Grúa, Pazos explicó cómo se preparan los trabajadores ante los nuevos sistemas constructivos y los avances tecnológicos.

 

¿Cuándo fue instrumentado el Fondo de Capacitación y cómo funciona? 

El Fondo de Capacitación para obreros y empresarios de la Construcción (FOCAP), fue acordado en el Convenio Colectivo de 1997, refrendado por el Decreto del Poder Ejecutivo  227/97. Debido a diferentes circunstancias, administrativas en cuanto a la forma legal y a las crisis económicas, su concreción se vio postergada hasta la segunda mitad de la primera década del 2000. En el 2009 se comenzó con un Plan Piloto de capacitación y, desde entonces, unos 1.300 trabajadores se capacitan al año. La financiación del FOCAP, que es una asociación civil sin fines de lucro, se realiza a través de aportes de los empresarios (cada empresa aporta 0,8575%)  y de los trabajadores (un 0,3925%.) existiendo en los últimos años convenios específicos donde se logran importantes apoyos económicos. Su dirección bipartita contando con un Consejo Directivo formado por representantes de las gremiales empresariales y del  SUNCA.

 

Usted ya lleva tres presidencias en el FOCAP.

Es cierto, es mi tercera presidencia en el FOCAP, que tiene una Comisión Directiva integrada por seis representantes, tres del sector empresarial y tres del sindicato. El hecho de ser presidente, diría que es más nominativo que otra cosa. En la comisión se discute todo y las decisiones son tomadas por consenso. O sea, mi rol es más de representación hacia afuera. De hecho, el SUNCA tiene la Secretaría y discutimos, como decía, todos los temas. A los efectos del trabajo, es indistinto ser presidente o ser uno de los vocales, porque el FOCAP se creó como una institución para la capacitación de obreros, pero en la realidad los objetivos son más amplios. La  última evaluación de tarea y definición de perfiles del sector fue financiada por el FOCAP, porque nos da, además de todos los perfiles, las potencialidades para poder generar las curriculas necesarias para poder capacitar en todas las áreas del sector. Ese fue un trabajo que llevó dos años, donde trabajamos con Cintefor y OIT. También hacemos trabajos de investigación. Ahora estamos por hacer una  investigación sobre salud ocupacional, por ejemplo.  Si bien el foco es la capacitación, cuando aparece un estudio de este tipo, que el sector necesita, el FOCAP es el instrumento idóneo para poder trabajar en esos estudios. Obviamente que nosotros no generamos una estructura específica  para dichos trabajos, sino que nos apoyamos en estructura ya existentes.  En el caso de la investigación sobre salud ocupacional posiblemente lo hagamos con el Instituto Cuesta Duarte y la Facultad de Medicina.  El FOCAP lo que hace es tratar de conseguir los instrumentos y los apoyos para lograr los objetivos planteados, y a los efectos de no generar una súper estructura que después genere mayores costos y no se pueda mantener en el tiempo. Apuntamos a conseguir socios estratégicos para cada uno de sus estudios.  Por eso decía, que si bien la capacitación es el corazón, hemos venido haciendo otros tipos de estudios que le sirven, no sólo al FOCAP, sino a todo el sector. 

 

¿Cuántas personas acceden a dicho fondo?

Vale aclarar que para ser beneficiario de los Fondos de la Construcción es necesario ser aportantes a los mismos. Desde el 2009 hasta el momento se han capacitado casi 10.000 trabajadores en todo el país, lo que nos indica que entre 1100 y 1300 trabajadores se han capacitado por año. En los últimos años, hemos firmado convenios de apoyo con INEFOP donde se recibe por parte de este Instituto un apoyo económico importante lo que nos permite poder capacitar a un número mayor de trabajadores al año. Tenemos unos 60 docentes en todo el país y se imparten entre 70 a 90 cursos anuales. Además, por la ley 18721, y ante el pedido de los actores sociales, es decir gremiales empresariales y el SUNCA, INEFOP contrató y contrata como instructores a jubilados del Sector, los cuales se encuentran desarrollando capacitación en Programas Sociales para lo cual se apoya entre otros al Instituto Nacional de Rehabilitación, Mides y Plan Juntos.

 

¿Y cuáles son los objetivos de dicho fondo?

El FOCAP tiene como objetivo principal establecer las bases de un sistema sectorial de formación profesional que exprese la concreción de políticas de formación para la capacitación de los trabajadores y empresarios del sector. Es decir, posicionar a la formación como eje central, establecer los programas que desarrollen la transferencia de conocimiento y  la actualización tecnológica, así como los estudios y proyectos sectoriales que ayuden a concretar estos objetivos.

 

Capacitación y tecnología

 

Teniendo en cuenta los avances tecnológicos en la industria de la construcción, ¿qué cursos se imparten para acompañar estos cambios?

En los comienzos,  para poder comenzar con el Plan Piloto, se diseñaron y se impartieron los cursos de Oficial Albañil, Herrero y Carpintero por ser los oficios tradicionales del sector. En la actualidad, se imparten Taller de Ingreso a la Industria, para aquellas personas que no tienen experiencia en el Sector, además de Medio Oficial Albañil, Medio Oficial Herrero y Medio Oficial Carpintero. También capacitación en: Pintura, Electricidad, Sanitaria y Soldadura. No obstante, hemos capacitado trabajadores para grandes emprendimientos como el de UPM, Montes del Plata y la de Hyundai, en Punta del Tigre, en lo que refiere a soldadores y andamistas. Esa capacitación la hacemos a requerimiento de esos emprendimientos que necesitaban gente calificada y en Uruguay y, si bien había, no en la cantidad que se necesitaban. También, a través de un convenio con el Ministerio de Defensa Nacional y el Batallón de Ingenieros, venimos realizando cursos de maquinistas. Con respecto a la pregunta sobre la capacitación en nuevos sistemas constructivos, capacitamos en yeso y en Steel Framing. En los últimos cuatro años hemos implementado un curso de lectura de planos, que, además de la lectura tradicional de planos para que el trabajador pueda  trabajar con un croquis en obra, le incorporamos lectura de planos en CAD. Esto consiste en una primera parte de lectura de planos tradicional y después, en la segunda fase, es el trabajo con laptop donde el trabajador ve ese plano diseñado en una pantalla. De esta manera, si en algún momento se trabaja con una tablet en la obra, que él pueda ver el plano, manejarlo e identificar todo lo que tiene que hacer en una computadora.  Es un paso muy importante y ya tenemos tres equipos  de computadoras portátiles en todo el país. Esto ha funcionado muy bien. Hemos tratado de implementar, cada vez más, las nuevas tecnologías y tratar que el trabajador las vaya incorporando.   

 

Los grandes inversores se quejan de que no hay, o escasea, la mano de obra calificada.

La realidad a julio de 2017 es un poco diferente. En el 2013 teníamos 73.000 trabajadores en la industria y era evidente que había un número muy importante de gente que no era del sector. Hoy estamos en unos 45.000, lo que significa que hubo una depuración. No nos gusta que haya quedado gente sin trabajo, pero fue una depuración hasta lógica si se quiere. Y ha quedado mucho más personal de la industria, por lo cual hoy la capacitación va más al perfeccionamiento del trabajador y a tener una visión teórica más aplicada. Hay trabajadores, que si uno le sigue la curricula, han hecho tres o cuatro cursos. Además el FOCAP tiene una didáctica donde cada curso tiene su propio manual. El trabajador que realiza el curso que sea luego se lleva ese manual a su casa, lo que le permite rever y refrescar conocimientos, y seguir  chequeando con lo que hace cotidianamente.  Creo que la capacitación es importante a nivel nacional y no sólo en la industria de la construcción.  La capacitación técnica hoy en Uruguay es una carencia y no sólo en el sector de la construcción. Tal vez sea más visible en nuestro sector porque lo hacemos más público que necesitamos esa capacitación, pero lo cierto es que debería ser un tema de capacitación continua en todos los trabajadores de todas las áreas.  En el FOCAP tenemos dos metas en este sentido. Que el trabajador se forme por propia satisfacción y para que mejore, en segundo lugar, con el ingreso de nuevas tecnologías, la necesidad de que sigue aggiornándose a los tiempos que corren. Por ejemplo, el año pasado se desarrolló el Programa del Cursos para Delegados de Seguridad con el apoyo de la Inspección General del Trabajo y de la Seguridad Social del MTSS, pero, además, creamos el área de aprendizaje mediante simuladores, para lo cual hemos incorporado dos simuladores de Soldadura y un simulador de Torre Grúa. Lo trajimos como plan piloto porque no sabíamos cómo iba a impactar en el trabajador, en el sentido si se iba a adaptar.  Y es otro mundo. Es una realidad virtual, donde el trabajador se pone ese casco y este en un taller virtual donde está soldando. Y tienen una ventaja no menor. En un área donde todos quieren hacer el curso de soldadura porque hay una demanda muy grande, no necesariamente todos tienen la habilidad manual para ser soldador. Este sistema detecta todas las fallas cometidas y si se tiene o no habilidades  para ese oficio, sin mayores costos. Se le da la tranquilidad al trabajador que puede practicar y cometer errores sin riesgo para él o terceros. Está un tiempo en una capacitación teórica práctica con simuladores y después pasa a la realidad de un taller físico y comienza a soldar.  Genera algo que para mí es fantástico: poner a los trabajadores en otro nivel  de formación.  Lo mismo ocurre con el simulador de Torre Grúa, donde generás el ambiente de trabajo que querés, con viento, lluvia, y en qué intensidad.  Todas las variantes que se pueden ocurrir. Y, otro detalle no menor, ninguno de los dos programas deja avanzar al trabajador sino cumple con todas las normas de seguridad. Se crea una alarma y no puede pasar al otro nivel. Esto va creando en el trabajador un hábito de cumplir con todas las normas de seguridad. Ahora estamos analizando la formación a distancia, ver qué cursos podemos adaptar y qué sistema podemos utilizar para crear un aula virtual y capacitar a trabajadores que está, por ejemplo, en Quebracho.  El teórico por aula virtual y que el docente solo se traslade para las prácticas.  La idea es llegar a todos lados en el momento que exista la demanda. 

 

Productividad

 

Hablemos de la relación entre capacitación y productividad, otro de los temas que está en la agenda del sector.

Independientemente del sector, Uruguay tiene problemas de productividad y competitividad. La solución de la productividad no pasa técnicamente por una sola solución. El que piense así está equivocado, porque es una cuestión multicausal. Hay varios componentes. Uno de ellos es si se necesita mejorar la gestión de una obra o incorporar equipamiento y tecnología, hay que tener capacitación. Hace diez años la productividad era una palabra prohibida en Uruguay, porque se asociaba a un régimen de trabajo esclavo. Se hablaba de mejorar los niveles de producción y no de productividad.  Yo viví esa discusión. Y la productividad no necesariamente implica un esfuerzo mayor del trabajador. Se puede hacer lo mismo, trabajar lo mismo, si mejoro los procedimientos y la gestión. Hay muchos factores. Obviamente que en un proceso donde está involucrado el trabajador, este tiene que poner parte de sí, pero todo va enrabado. Hay que tener en claro que debemos mejorar ese aspecto. Después nos quejamos si vienen trabajadores extranjeros.

 

Hace poco un documento del Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción daba cuenta que la productividad había caído un 20% en comparación a 1995.

Sí, es ponerle un número a algo que todos sabemos que pasa. El tema es cómo seguimos para adelante y qué tenemos que hacer para que eso mejore. El salario en la construcción fue el que más creció por encima de los salarios reales y las condiciones de trabajo mejoraron sustancialmente, entonces ¿por qué cayó la productividad? Mi visión es que, y aclaro que la caída de la productividad no es exclusividad de la construcción, se perdió lo que el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, ha denominado `la cultura del trabajo´.  Es decir, la preocupación de hacer las cosas bien, sea en el trabajo que sea. Es un tema más profundo y hay que sentare a pensar soluciones para revertir esta situación en todos los ámbitos. Pero en lo que compete al sector de la construcción, y ahora que nombramos el estudio del CEEIC, acá se hace estudios sin poder acceder a toda la información que posee el Estado. Los organismos que tiene la información para poder hacer un análisis real de la situación no la brindan. Si no quieren dar nombres de empresas o de trabajadores, en el caso del BPS, está bien. No identifiquemos, ni empresas ni trabajadores, procesemos los datos y que se brinden los números, los resultados. Eso sacaría de arriba de la mesa cualquier discusión sobre si el porcentaje de caída está bien o está mal, o si tal o cual  hipótesis es la correcta. Es un tema que va más allá del gobierno de turno, es un tema de Estado. Si se libera, si se comparte esa información, se demuestra como país que se está trabajando con seriedad sobre el tema.

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A casi tres años de la creación del Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC), Del Constructor entrevistó a su presidente, el economista Gabriel Oddone, integrante de CPA-Ferrere, quien, acompañado por el economista  Santiago Rego, también integrante del CEEIC y de CPA-Ferrere, analizaron algunos de los documentos elaborados por el instituto sobre las diferentes situaciones, a veces coyunturales, otras estructurales, que atraviesa la industria de la construcción.

¿Qué problemas detectaron en el sector a partir de los documentos elaborados por el Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción?

En realidad hemos trabajado en varios capítulos, pero le diría que si tuviéramos que listar los puntos que identificamos como relevantes, esencialmente son tres. El primero tiene que ver con el rezago en inversión vial en Uruguay, donde se acumularon en los últimos años niveles de inversión que fueron importantes y elevados, pero que no lograron compensar el crecimiento de la actividad económica y, sobre todo, el aumento de los costos de la reposición de las obras. Esto quiere decir que, si bien el país siguió invirtiendo en obra vial, el ritmo al que lo hizo fue inferior al que demandó el aumento del tráfico y lo que demandaba como aumento de los costos de mantenimiento de la infraestructura. Eso supuso una conclusión importante en nuestro primer trabajo. La conclusión fue que se abrió un gap (distancia) respecto de cuál es el nivel de inversión efectivamente realizada con respecto a la que debería haberse realizado para poder mantener la calidad de la vialidad. Eso supuso, en un trabajo hecho en el 2014, que había un gap de inversión de 4.5 puntos del PIB, en términos del espacio de inversión que no se hizo respecto a lo que se debería haber hecho. Por otro lado, detectamos que la inversión anual estaba un punto del PIB por debajo anual respecto a lo que debería haberse realizado. Ese fue el primer trabajo que hicimos y el diagnóstico fue que la inversión en vialidad fue insuficiente a lo largo de los últimos años para poder mantener la calidad de la vialidad respecto a lo que el país demandaba.

Esto obviamente creó un desfasaje que se transformó en un boomerang.

Lo que hay es que, frente a un país que creció mucho hasta el 2014, ese gap que se abrió en materia de vialidad, fue una restricción ya que la capacidad en transporte, en términos de eficacia, fue severamente afectada. Luego la economía se desaceleró y, probablemente, ese gap no se siguió abriendo a la misma velocidad que se abrió en los diez años previos, pero seguro que todavía no está cerrado. Por lo tanto, se requiere un esfuerzo importante en materia de inversión en vialidad.  Este fue un trabajo que marcó un poco el inicio de nuestra tarea.

También realizaron un trabajo sobre los proyectos de Participación Público Privada (PPP).

Ese fue el segundo trabajo en el 2015 y trato sobre los temas que tienen que ver con la modalidad de financiamiento para las obras públicas en general, pero en particular para las obras de vialidad. Precisamente porque había que cubrir el gap del que hablaba. Entonces formulamos la pregunta al revés: si hay que invertir 4.5 puntos del PIB para cerrar la brecha y, por otro lado, hay que incrementar el nivel de inversión corriente para poder hacer un mantenimiento  más eficaz, lo que hace falta es decir de dónde van a salir esos recursos en un país que tiene una restricción fiscal importante. El gobierno había decidido el camino de las PPP y nosotros el trabajo que hicimos fue poner sobre la mesa distintas modalidades que el gobierno tenía a su disposición para poder acometer esas inversiones buscando financiamiento. Algunas de ellas eran concesiones de obra pública, pura y llana, aplicando el marco legislativo que ya existía.  Por otro lado, quisimos mostrar que las PPP eran un camino alternativo y, sobre todo, haciendo visibles algunas dificultades que ya en el 2015 nosotros creíamos que el régimen de PPP iba a enfrentar en un país como el Uruguay, por el tipo de legislación que había y por las dificultades intrínsecas al modelo de PPP. Ahí identificamos que había problemas que tenían que ver con la naturaleza institucional de los agentes involucrados en las PPP, como el ministerio incumbente , que podía ser el MTOP, el Ministerio del Interior, el MEC, la ANEP, la OPP o el Ministerio de Economía y Finanzas. Desde nuestra perspectiva había un exceso de complejidad en la conformación institucional para gestionar el régimen de PPP. El segundo problema era el tamaño de las compañías locales que hacían que sus espaldas patrimoniales pudieran ser no lo suficientemente grandes como para cometer proyectos de cierta envergadura, sobre todo si requerían de un acceso a financiamiento, a endeudamiento, elevado con el sector privado. Ese no era un problema determinante, pero sí estaba sobre la mesa. Otro problema bien identificado, y ahora parcialmente superado, tenía que ver con el tipo de riesgos que es necesario mitigar en los procesos PPP.  Cuando una hace un proceso PPP le transfiere a un privado la construcción y la gestión de una operación durante determinado período. Ahí hay involucrado dos tipos de riesgo. Uno que es el riesgo construcción  de la obra, que pueda llegar a tener algún tipo de dificultad, y el otro es el riesgo performer, el riesgo de la gestión a lo largo del proyecto.  Nosotros veíamos que los agentes financieros adicionales, como Fondo de Pensión o Fondo de Inversión,  generalmente tienen capacidades para asumir, mitigar y gestionar, los riesgos performer, pero hay más dificultades para gestionar los riesgos asociados a la primera fase, que es la constructiva.  Básicamente, esto sucede porque la información que hay para un Fondo de Inversiones o un Fondo de Pensiones, sobre cuáles son los riesgos asociados a un proyecto constructivo, son mucho más difíciles de evaluar que el riesgo performer. Nos parecía que ese iba a ser un problema y que había que buscar un mecanismo financiero que permitiera mitigar estos riesgos. La CAF, un fondo creado por el Banco de Desarrollo de América Latina, junto con la OPP, desarrollaron un fondo en el 2015 precisamente dirigido a mitigar esto. Por lo cual, nuestro trabajo lo que hizo fue poner sobre la mesa los tres o cuatro problemas que las PPP en nuestra opinión iban a enfrentar, cosa que finalmente terminó ocurriendo.

Con las PPP había muchas expectativas, pero no se cumplieron. De hecho, el ministro Víctor Rossi dijo hace unos días a la bancada de legisladores del Frente Amplio que “ni una carretilla de tierra hemos podido mover con la ley de Participación Público Privada”.

Se vienen desarrollando a una velocidad lenta. De hecho, las primeras licitaciones adjudicadas son de finales del año pasado. Este año se están adjudicando otras. Lo que nosotros decíamos en aquel momento es que se le están atribuyendo expectativas de logro de muy corto plazo, cuando es un proceso que va a madurar más lentamente.

 

Productividad

Otro de los temas que ustedes abordaron fue la productividad, que suele estar en el tapete cada vez que el sector negocia en los Consejos de Salarios. ¿A qué conclusiones arribaron?

Hicimos una estimación en base a lo que se conoce como un cálculo de productividad aparente, que básicamente es relacionar una unidad de volumen físico con una unidad de quantum de insumos incorporados. En este caso, una productividad aparente fue calculada como el volumen físico de la industria de la construcción general contra las horas trabajadas, efectivas, en un período determinado, del 1995 al 2015,  y lo que muestra efectivamente ese índice es que la productividad, medida  de esa manera, registra una caída. Demuestra que el volumen físico producido requiere más horas trabajadas que hace veinte años. Vimos que en estas dos décadas la economía aumentó su productividad en un 45%, pero la actividad de la construcción cayó un 10%.  Hubo sectores como el transporte y comunicaciones que crecieron mucho, y otros sectores como la construcción que cayeron. Este trabajo fue hecho porque la percepción de los empresarios era que se estaba asistiendo a un proceso continuo de caída de la productividad. La idea del trabajo fue ponerle números a esta precepción que tienen los empresarios. Cuando hicimos esta apreciación global, en base a información público que divulga el Banco Central y el INE, encontramos que la industria de la construcción tiene una performance peor que el resto de los sectores de la economía, y en particular, comparado con el año 95 tenemos una caída de la productividad.

Llama la atención esa caída porque coincide con el boom de la construcción y con la accesibilidad a nuevos sistemas constructivos y nuevas maquinarias que, en teoría, deberían mejorar la productividad.

Ese es un buen punto. El paso siguiente fue preguntar cuáles son las posibles explicaciones de esta caída. ¿Se trata de un fenómeno de escasa inversión? ¿De escasa inversión en tecnología? ¿Un problema de capital humano incorporado en un volumen menor y de alguna manera impacta? ¿O se trata de un problema de organización del trabajo? Eso fue lo que intentamos responder, y no necesariamente tenemos respuestas para todo, pero si para algunos puntos. Por ejemplo, una cosa que estimamos fue la incorporación de maquinar y equipo. Armamos un índice de importación de maquinaria y equipo del sector de la construcción durante ese período referido y vimos que la industria incorporó  de manera creciente maquinaria y equipo. O sea que no podríamos decir que la razón por la cual cayó la productividad haya sido por la escasa incorporación de tecnología.  O sea que esta hipótesis quedó descartada. La segunda hipótesis tenía que ver con que -como el fenómeno está medido después de la crisis del 2002- mucha mano de obra especializada hubiera tenido que emigrar, con lo cual, cuando se produce el inicio de la recuperación de la actividad en el sector por el 2004, se hizo con un capital humano de menor calidad. Eso no lo pudimos medir con la estadística pública, aunque ahora estamos haciendo un trabajo sobre las características del sector de la construcción. Lo que hicimos fue descartar el problema de incorporación de tecnología, tenemos dudas si puede ser un problema de capital humano, que se corroborará o no con el trabajo en paralelo que estamos haciendo. La tercera interrogante era si es un problema asociado a los procesos organizativos de trabajo asociados a las obras. Para tener una respuesta más precisa sobre esta última hipótesis, lo que precisaríamos era acceder a una información que no está disponible a nivel público. Lo ideal acá hubiera sido poder acceder a los jornales que el BPS tiene estadísticamente asociados a distintos tipos de obras. Esto no fue posible porque es información que está protegida por secreto tributario. Esto nos llevó a recorrer un camino alternativo, más complejo, que fue tomar un conjunto de obras tipo para lo cual le pedimos información a las empresas constructoras sobre metros cuadrados construidos  y jornales afectados a la construcción de esos metros cuadrados construidos.  No es una mirada global, pero sí una muestra que entendemos es medianamente representativa. Los resultados, que representan al 20% de las obras construidas en Montevideo, señalan que si partimos la muestra en dos, o sea si comparamos los primeros cincuenta metros cuadrados construidos versus los últimos, hay una caída en los requerimientos de obra por metro cuadrado de un 20%. Es una caída importante y significativa. La conclusión más importante es que efectivamente la información disponible, tanto por el cálculo de productividad aparente como por el cálculo que hicimos a partir de la muestra de obras, confirman la hipótesis de que hay una caída de la productividad en la industria de la construcción del Uruguay.

 

¿Y cuáles serían las causas de esta caída?

Es imposible saberlo a ciencia cierta con la información que tenemos disponible. Lo que sí podemos decir es que no se trata de un problema de baja incorporación de tecnología. Por lo tanto la respuesta está en el capital humano, esto es la cantidad de metros cuadrados que está en condiciones de incorporar el capital humano nuevo, o bien en problemas organizacionales. Cuál de los factores pesa más, es difícil saberlo. Probablemente sea una combinación de ambas. Es decir, una incorporación masiva de mano de obra al sector, porque hubo un crecimiento importante, con muchas personas no calificadas que tuvieron que ser calificadas durante el proceso constructivo, lo que hizo que el metro cuadrado cayera. Y segundo, en la medida que el proceso fue muy grande y hubo mucha obra en el período, probablemente los procesos operativos de las obras no se fueron organizando a la velocidad necesaria. Por lo tanto, constituye un desafío para la industria de la construcción  capacitar mejor a sus recursos humanos, como organizarlos mejor en el proceso de trabajo.                     

Las cámaras empresariales del sector y el Sunca hablan de productividad pero parece, a juzgar por los resultados hasta el momento, que ambos la entienden de forma diferente.

No diría que se entienda diferente. En realidad hay un grave problema que es el acceso a la información. Todos sabemos que la productividad al final del día alude a un concepto que es una relación técnica entre una unidad física producida, un output, versus una unidad física de insumo, o sea de input. En este caso, el volumen de metros cuadrados construidos con horas hombre, o cantidad de jornales. Esta es una definición estándar de la productividad que nadie controvierte desde el punto de vista conceptual. El problema está en cómo lo medimos. Ese es un primer elemento. Y en la medida que la información pública que hay es muy agregada, que es esta información de productividad aparente, que es volumen físico del sector versus horas trabajadas, y dentro de esto hay mucha heterogeneidad.  Me refiero a obras muy diferentes, tipos de mano de obra muy diferentes, con categorías laborales muy dispersas, que se utilizan en el sector vial, en vivienda o en el sector ingenieril. Por eso, hablar de la productividad en base a la productividad aparente es algo muy grosero. Estamos de acuerdo que la productividad aparente da una pista, pero para discutir temas como los salarios, necesitamos dar un click adicional. El tema es que cuando queremos darlo, no hay información pública. Tampoco la tienen las empresas, ya que generalmente su organización interna no está concebida para evaluar este tipo de indicadores. Más bien, la información de las empresas tiene que ver con temas de gestión operativa o temas contables. No hay información que permita precisar de manera transparente la discusión entre las dos partes enfrentadas, o con intereses dispersos, sobre la productividad.

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Un informe elaborado por el Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC) señala que la productividad en el sector se ha mantenido incambiada desde el 2005, pero situándose en niveles inferiores a los de mediados de la década del  90.

El documento analiza el período 1995-2016 y el indicador “productividad” al que refiere incluye tanto la construcción de vivienda como obras viales e hidráulicas, montaje de plantas industriales, entre otros. Cabe señalar que en el mismo período la economía en promedio experimentó una mejora en la productividad por ocupado, determinando que la Construcción es uno de los sectores con peor desempeño relativo en términos de productividad de la mano de obra.

El informe analiza la productividad desde dos ópticas diferentes, pero complementarias. La primera refiere a la productividad de la mano de obra de la Industria de la construcción a través de la productividad aparente, mientras que la segunda es  un análisis de la productividad en la construcción de viviendas en base a los cierres de obra tal como se reportan al BPS. Lo anterior se complementa con un análisis de los cambios al proceso productivo y la incorporación de capital ocurridos en los últimos años. 

“En primer lugar”, señala el documento, “el análisis de la productividad aparente de la mano de obra permite concluir que la productividad en la construcción se ha mantenido incambiada desde 2005 aunque ubicándose en niveles sistemáticamente inferiores a los de mediados de los 90”. También se analizó la productividad en la construcción de viviendas, en base a información micro, que señala que en los últimos cinco años la productividad de la mano de obra en la construcción de viviendas habría caído 20% respecto al período 1995-2010. “Esto ocurre, a pesar de los cambios en los procesos constructivos ocurridos en los últimos años. Más precisamente, en los últimos 15 años se han incorporado diversas tecnologías que modificaron la función de producción en la construcción de viviendas y habrían derivado en un ahorro significativo de los requerimientos de mano de obra en etapas clave del proceso de trabajo”, expresa el informe.

Como ejemplo, se cita que la incorporación del hormigón premezclado, los sistemas de encofrado racionalizados y los muros interiores secos habrían derivado en un ahorro de más de 12% en el total de jornales necesarios para construir una torre económica. Sin embargo, pese a estos cambios tecnológicos, la productividad en el sector habría caído en los últimos años.

 

Menos productividad

La caída de la productividad en la industria de la construcción planteó otra interrogante. Y es si este descenso de la productividad aparece en otros sectores de la economía uruguaya o si, por el contrario, es un fenómeno específico. La comparación realizada por el CEEIC arriba a tres conclusiones. La primera de ellas es que la caída de la productividad aparente durante la crisis 2002 fue un fenómeno generalizado (salvo el sector de Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones), que está en línea además con la evidencia internacional de los cambios en productividad de factores durante el ciclo económico. Sin embargo, en el caso de la construcción la caída de la productividad durante la fase baja del ciclo fue mayor que en otros sectores.

Otras de las conclusiones es que a diferencia de lo que ocurrió en la construcción, la productividad aparente de la economía uruguaya creció sostenidamente a partir de 2005, superando los niveles pre crisis. A modo de ejemplo, la productividad aparente de la economía uruguaya en el último bienio (2014-15) fue 45% superior a la registrada en 1995-96, mientras que en la construcción el indicador es 10% inferior.

El documento de trabajo elaborado por el CEEIC señala que el indicador de productividad  de la mano de obra se encuentra relativamente estable desde el año 2005, aunque en niveles inferiores a los que presentó durante 1991-1998. En tanto que, para el total de la economía, y para la mayoría de los sectores de actividad analizados, la productividad aparente de los ocupados muestra un incremento. “Por tanto, esta primera aproximación indica que el valor producido por ocupado en la industria de la construcción se ha mantenido estable en los últimos 10 años pero en niveles inferiores a los del principio de la década del 90, desacoplándose al menos parcialmente de las ganancias de productividad exhibidas por la economía en su conjunto”, señala el informe.

Por otra parte, según el relevamiento realizado en 116 obras de vivienda donde se estudió la productividad de la mano de obra, ésta habría caído en los últimos años. Este resultado es significativo ya que “se encontró que las obras más recientes requieren de 1,2 jornales más que aquellas finalizadas entre fines de los 90’s y los primeros meses de 2010. Esto implica que la cantidad de jornales por metro cuadrado insumidos para la construcción de una obra de vivienda nueva aumentó 20% en los últimos años. Por tanto, ambos enfoques del problema sugieren que la productividad de la mano de obra se ha deteriorado en los últimos años”, afirma el documento.

Sobre cuáles han sido las razones de la caída de la productividad laboral en el sector respecto a la década del 90, la información recabada por el CEEIC permite descartar algunas posibles causas. “Una primera hipótesis sería que la inversión en capital del sector ha sido insuficiente, lo que habría afectado el rendimiento de la mano de obra. Sin embargo, la evolución del Índice de Importación de Maquinarias y Equipos (IME) de la construcción evidencia que el sector incrementó de forma significativa su inversión en capital, en línea con el resto de la economía. En tanto que la participación de la inversión en capital de la construcción sobre el total de la inversión de la economía fue siempre superior a la participación de la Industria en la producción total, a excepción del año 2015”, indica el informe.

Ante esta evidencia, se expresa que la industria de la construcción registró un significativo proceso de incorporación de bienes de capital, lo que en teoría habría de mejorar los procesos y la capacidad de producción. “En este sentido, la falta de inversión en capital no sería uno de los factores que explica el deterioro de la productividad aparente”, expresa el análisis.  Tampoco se puede explicar la caída de la productividad en las obras de vivienda por falta de innovación en los procesos productivos. De hecho, un relevamiento realizado en empresas del sector cuantificó el impacto de tres innovaciones tecnológicas sobre una vivienda de Tipo 1 de 20.000 metros cuadrados.

“Estas innovaciones deberían haber provocado ahorros en los requerimientos de mano de obra de al menos 12,2% en la última década. Los cambios tecnológicos relevados fueron la introducción del hormigón premezclado y bombeado que de acuerdo a las estimaciones realizadas habrían reducido en al menos 3% los jornales totales de la obra; el sistema de encofrados racionalizados, que sustituyó al sistema de encofrados tradicionales, y se estima tuvo un impacto de al menos 6,4% de ahorro sobre el total de jornales, y, en tercer y último lugar, la construcción de muros internos utilizando tabiques drywall, que se estima tuvo un impacto de al menos 2,9% en los  requerimientos de jornales por metro cuadrado”, afirma el estudio. 

 

Conclusiones

El informe del CEEIC determina que la mano de obra en la construcción de vivienda nueva cayó 20% en los últimos años, en tanto que los cambios tecnológicos introducidos en la construcción de viviendas deberían haber generado un incremento de la productividad de al menos 12%.  “Esto determina que se ha generado una brecha en la productividad de la construcción de viviendas superior al 30%. En este sentido, un mayor requerimiento en jornales se traduce directamente en un incremento en los costos enfrentados por las empresas. Considerando la metodología del Índice del Costo de la Construcción (ICC) elaborado por el INE, se encuentra que la mano de obra representaba 25% del costo de construcción de vivienda en 1999. De esta forma, tomando en cuenta la brecha de productividad estimada, construir una vivienda nueva hoy tendría un sobrecosto de 7,5% respecto a las obras de vivienda de fines de la década del 90’, lo que impactaría directamente en los precios de venta de los inmuebles”.

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