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El asesor inmobiliario y especialista del sector Julio Villamide analizó para Del Constructor lo ocurrido en el 2018 y los posibles escenarios para este año. La devaluación del peso argentino, algo inesperado para muchos analistas, impactó en el mercado inmobiliario nacional y aún se perciben las consecuencias. Nuestro otro vecino, Brasil, estrenando nuevo gobierno, no sería un riesgo para Uruguay de fortalecerse el real y de concretar acuerdos extra Mercosur. El asesor inmobiliario también se refirió al retiro de capitales de países emergentes, tal es el caso de Uruguay, hacia países centrales, básicamente a Estados Unidos, y a los esfuerzos que hizo el gobierno uruguayo para atraer nuevos inversores.

 

¿Cómo ha sido a nivel inmobiliario el 2018? 

Ha sido un año complicado. Yo lo calificaría como de regular para abajo. Arrancó un poco mejor, pero después con las dificultades argentinas, el mercado prácticamente se paralizó. La crisis cambiaria argentina fue de una magnitud desconocida. El Ministro de Economía argentino llegó a decir que es el primer gobierno de su país que sobrevivió a una devaluación del cien por ciento, porque todos los demás cayeron. No es algo para vanagloriarse, pero lo cierto es que la magnitud de la crisis fue impactante y tuvo efectos sobre el mercado uruguayo. Detuvo la llegada  de inversores, porque los inversores que tienen dólares, cuando se genera esa volatilidad, se quedan quietos a esperar.

El otro día, en una nota de Ámbito Financiero se afirmaba que el 2018 fue el peor año de la historia del mercado inmobiliario argentino. Arrancaron el 2018 muy bien y lo terminaron en el subsuelo en materia de inversiones y de la industria de la construcción. Y eso, obviamente, produjo un efecto negativo en nuestro mercado.  El tenedor de dólares en Uruguay, porque también el dólar acá en menor medida empezó acompañar la devaluación del peso argentino, también tuvo el mismo comportamiento que el inversor argentino: guardarse los dólares. El peor momento para el mercado inmobiliario es cuando se devalúa el peso, el dólar sube y por lo tanto bajan todos los precios de la economía, incluido el de la vivienda.

Entonces, en ese contexto, la gente no tiene ningún apuro en comprar. Es lo que estamos viendo en estos momentos. La gente viene en abril por ejemplo, vuelve en julio, o deja la decisión de compra para el próximo año. Saben que el tiempo juega a su favor. Es todo lo contrario a cuando se dan los procesos donde hay inflación en dólares en el país. Ahí todos los precios -incluidos los salarios y el costo de la construcción, por ejemplo- suben en dólares, al igual que el precio de las propiedades, y el comprador no espera porque pierde. Es otro contexto de otra dinámica. Pero esos son los ciclos.

No podemos tener siempre devaluación en dólares, otros le dicen atraso cambiario, porque si no los productos uruguayos dejan de competir, o somos caros para el turismo. Cada tanto los precios relativos se deben corregir.

 

O sea que el cimbronazo económico argentino afectó nuestro mercado inmobiliario.

Sí, sobre todo como usted dice en el mercado inmobiliario. Yo lo que no esperaba es la crisis que Argentina tuvo. No estaba en nuestros pronósticos en absoluto. Nunca esperamos que fuera una luna de miel del 2017 al 2019 porque Argentina siempre tiene cimbronazos, pero tampoco esperábamos esta crisis.

Sobre todo en un contexto regional en el que parecía que las tasas de interés efectivamente iban a comenzar a subir y que se podía cortar el crédito hacia los emergentes. Uruguay lo previó e hizo admisiones de deuda que no necesitaba el año pasado para cubrir todo los vencimientos, de manera de no tener  que salir al mercado hasta que los mercados vuelvan a normalizarse. De lo contrario, teníamos que pagar tasas muy altas o directamente nos podría pasar como el caso argentino donde, de un día para otro, les dijeron ´no les prestamos más´. Los auxilió el Fondo Monetario, lograron zafar hasta finales de 2019, pero Argentina es vulnerable por su propia macro economía y por un déficit fiscal muy alto. 

Nosotros, repito, no previmos, y creo que ningún analista, argentino incluso, la magnitud de la crisis que atravesaron. Y el mercado inmobiliario uruguayo fue uno de los sectores más afectados por esta situación junto, como lo estamos viendo, con el turismo.

 

 ¿Se puede decir que el año pasado fue uno de los peores para el mercado inmobiliario uruguayo?

No; si uno compara los valores de compraventa le digo que no, porque estamos en el promedio de los últimos veinte años.

Obviamente, muy por debajo de los años buenos que hubo a principio de esta década, pero estamos por encima ligeramente del 2015 y 2016 que fueron años bastantes complicados. O sea que no es un desastre. Lo que sí pasó es que arrancamos bien, al igual que Argentina, y después hubo un párate entre abril y mayo que continúa hasta hoy, donde todos los colegas inmobiliarios dice que la gente demora meses en concretar operaciones.

 

¿El gobierno uruguayo puede, en alguna medida, revertir esta situación a través de inversiones públicas en vivienda? 

En inversiones públicas el gobierno ya no tiene margen y los recursos que tiene están asignados, fundamentalmente al cooperativismo que ha sido la gran estrella de la inversión pública de este período de gobierno. Me imagino que van a seguir ejecutando el presupuesto que tienen hasta el fin del mandato. No va a haber una ampliación de presupuesto en un contexto donde se vio que en la Rendición de Cuenta hubo un descenso en las asignaciones a los ministerios. Y el Ministerio de Vivienda no fue uno de los que salió precisamente beneficiado.

No hay inversión pública en vivienda, lo que sí está habiendo y, probablemente, haya en mayor medida en este año es inversión pública en infraestructura, como carreteras y la red vial para trenes de UPM.

 

La pérdida de inversores

¿Usted cree que el gobierno apostó todo a la inversión de UPM y no diversificó en otros inversores?

Yo creo que no fue una decisión, sino lo que el mercado determinó en función de las nuevas coyunturas mundiales. No nos olvidemos que cambió el flujo. Antes venían capitales a países emergentes y ahora se están yendo a los países centrales, básicamente a Estados Unidos, que tienen una economía que está creciendo y demandando, por lo tanto, recursos.

Por lo tanto, no creo que haya sido una decisión del gobierno. Es más, el Ministerio de Economía, particularmente, amplió los beneficios intentando que la caída de la inversión fuera menor, pero la verdad es que había pocas empresas dispuestas a invertir en emergentes.  

 

¿En cuánto se evalúa la pérdida de inversión? 

En términos de inversión extranjera, nosotros pasamos de dos mil millones de dólares anuales a negativa en 2017. O sea, se fueron. Eso tuvo un impacto muy grande, pese a los esfuerzos que hizo el gobierno. La aprobación de los beneficios fiscales para mega obras en Punta del Este es un ejemplo de desesperación. No era prioritario, no atiende demandas sociales, pero genera mano de obra, en un momento que el número de trabajadores de la industria de la construcción sigue cayendo.

 

Una interrogante llamada Brasil

¿Y cómo podrá impactar en el sector de la construcción y en el mercado inmobiliario uruguayo las medidas que adopte Brasil y su presidente Bolsonaro? 

No sé si su ministro de Economía no es más liberal que sus antecesores. Lo que está planteando Bolsonaro es que Brasil va a tener una política agresiva de acuerdos extra Mercosur. Algo que se nos prohibió expresamente a Uruguay durante la época de Lula, cuando nuestro país planeaba  la posibilidad de hacer un acuerdo con Chile o con otros países de manera independiente y Brasil lo vetaba, de manera grosera en algunas ocasiones. Ellos ahora lo van a poder hacer y Uruguay no lo va a poder vetar. 

Lo que quizás, si ese es el camino, si Brasil concreta esto que estamos hablando, Uruguay pueda  hacer acuerdos que no pudo hacer en su momento, justamente por ese veto. Y como Macri también está en una postura  más aperturista, habrá que ver cómo funciona el Mercosur en sí. 

No tengo tantos temores. Brasil es la economía más protegida de América Latina y una de las cerradas del  mundo. Por lo tanto, si efectivamente Brasil quiere crecer -el mercado interno que fue la gran varita mágica de Lula para crecer a tasas muy altas cuando ascendió socialmente a millones de pobres y, por lo tanto, el consumo interno aumentó- pero eso tiene un techo. 

Me da la sensación que el presidente brasileño va a querer crecer hacia afuera y para eso tiene que bajar aranceles y si quiere crecer hacia el Mercosur también tendrá que pasar de una unión aduanera a una zona de intercambio de productos más libres.

Yo no veo por el lado de las políticas comerciales de Brasil un riesgo, sino por el contrario una posibilidad de que los tres principales países, y sumo a Paraguay que también está en la misma, entren en una modalidad donde digan ´bueno, el mundo se está poniendo proteccionista, salgamos como Mercosur o individualmente, a generar comercio que hoy no tenemos´.

 

¿Y a Uruguay le queda alguna carta a jugar para atraer inversores?

Está haciendo esfuerzos, lo que pasa que cuando el mundo cambia de sentido, los esfuerzos son muchos más difíciles. Cuando los flujos de los capitales van de los emergentes a los países centrales, pararse un país chiquito y decirles ´hey, no se vayan es muy difícil´. En materia de inversión inmobiliaria, la gran vedette, la que ha salvado los platos, ha sido la vivienda promovida por la ley 18.795, que representa más de la mitad de la viviendas nuevas construidas en Montevideo en los últimos seis años.

Ahí el gobierno, a través del Ministerio de Vivienda, ha jugado en contra y frenó inversores que hubieran invertido si se mantenían las reglas originales. Primero, esas reglas fueron cambiadas en el 2014 y luego, más gravemente, en marzo de 2017. 

El Ministerio de Economía hizo enormes esfuerzos para intentar revertir esa situación y no pudo.  Es claro que hay menos inversiones en esta modalidad y esto se está reflejando en menor cantidad de viviendas terminadas por año. Si no influyó tanto la cantidad de viviendas, fue porque los que pudieron seguir presentando proyectos fueron los más grandes. Por eso, si bien es cierto que la cantidad de viviendas bajó, no fue tanto debido a la cantidad de proyectos de cuatrocientas o doscientas viviendas que ya habían sido aprobados. Esas empresas tienen la espalda financiera como para esperar que un 10% de sus viviendas, cuando estén terminadas, se las ceda al ministerio para que tenga un año para venderlas y si no las vende al cabo de ese período, se las devuelve. Eso tiene un costo financiero enorme que una empresa chica no lo puede bancar.

 

¿Cómo cree que será este 2019, teniendo en cuenta la coyuntura regional y nuestro mercado interno, a lo que se le suma que es año electoral? 

Los años electorales nunca son buenos para el mercado inmobiliario, sobre todo por la incertidumbre con respecto a la transición. Me parece que lo que se percibe para la próxima administración, sea del partido que sea, es un gobierno que tenga obligaciones de consensuar mucho más a nivel parlamentario y eso creo que es bueno para el país.

A nivel de la economía local, el país va a volver a crecer, probablemente menos que el año pasado. En lo que respecta específicamente al sector inmobiliario, creo que este año va a ser bastante parecido al 2018, complicado, quizás con los países vecinos jugando menos en contra de nosotros. Ya no digo a favor, pero menos en contra, lo que podría llegar a concretarse en que tengamos un entorno levemente mejor.

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El real estate uruguayo se mantendrá estable en 2019 tras cerrar un año sin grandes novedades, según varios especialistas consultados por revista Propiedades. En la etapa electoral no se prevé que haya un importante despegue del mercado. Por el contrario, se aguarda que la actividad se mantenga por debajo de los niveles de los años anteriores.

Daniel Porcaro, titular de Porcaro Consultores y coordinador académico del Diploma de Especialización en Negocios Inmobiliarios de la Universidad ORT, sostuvo que el año que finalizó no trajo consigo cambios positivos respecto a 2017, sino que la situación se dio a la inversa. Para los próximos 12 meses, no se aguardan cambios sustanciales.

“En ocasión de comentar las perspectivas para el año 2018, sostuvimos que no preveíamos que el sector inmobiliario tuviera una actividad diferente a la del año 2017, lo que nos faltó aclarar es que ese escenario se daría en el mejor de los casos. A fines de este año, los indicadores muestran un descenso de actividad (medido según la evolución del ITP), de precios de venta y alquileres y de tasas de rentabilidad de las inversiones inmobiliarias”, manifestó.

“La volatilidad de los mercados globales derivada de guerras comerciales, el estancamiento de la región por causas políticas, la consiguiente devaluación de las monedas regionales y el impacto de la inflación han determinado un cóctel con sabor amargo para el sector. Las causas reseñadas afectaron las bases mismas del mercado a partir del segundo semestre del año porque tuvieron incidencia en los precios de los inmuebles, en los costos de construcción y en el poder adquisitivo de la población respecto del acceso a la vivienda, ya sea para compra o alquiler”, añadió Porcaro.

 

¿Qué esperar?

Para el coordinador académico del Diploma de Especialización en Negocios Inmobiliarios de la Universidad ORT “las mejores expectativas para 2019 pueden estar centradas en la creencia que la temporada turística no sea mala, que Argentina logre estabilizar el tipo de cambio y disminuir la inflación, que Brasil se encamine en un rumbo económico de crecimiento previsible y que a nivel global Estados Unidos pueda compatibilizar su crecimiento con menor hostilidad comercial y bajas tasas de interés”, declaró.

A nivel local, en este año electoral no se esperan “ajustes importantes que disminuyan aún más el nivel de actividad”, dijo. A su entender, si la evolución de las variables anteriormente mencionadas no complican el panorama, “en el mejor de los casos, podemos esperar un año 2019 sin grandes ajustes de mercado a la espera del resultado electoral”. La expectativa, entonces, estará puesta en el año 2020.

Por su parte, el director del Estudio Kaplan, Alfredo Kaplán, dijo a revista Propiedades que “cierra un año de una actividad moderada en el sector inmobiliario debido a la coyuntura regional y por otro lado a factores específicos de nuestro país que afectan el mejor desempeño del sector”.

A esta altura, dijo, “está claro que el tema del tope de precios en las viviendas promovidas a más de 20 meses de los cambios de las normas provocaron un descenso de más del 50% en la presentación de proyectos ex vivienda social a la Agencia Nacional de Vivienda”.

Kaplán manifestó que en la zona costera de Montevideo y alrededores, el movimiento es “pausado, fundamentalmente con unidades chicas” y que en Punta del Este “hubo varios megaproyectos presentados de los cuales un buen número aún no han comenzado por razones del mercado. El mercado mantiene los valores, pero que está poco dinámico. Se habla que no se va a prorrogar el sistema de megaproyectos y las perspectivas para el año 2019, además de las complejidades de un año electoral, parecen bastante similares al año que cerramos”.

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La Intendencia de Canelones ha recibido interesados en invertir en desarrollos inmobiliarios en Ciudad de la Costa luego de anunciar cambios en el plan maestro de la zona, llamado Costa Plan.

A mediados de 2019 se terminará de revisar el nuevo ordenamiento territorial del lugar y será elevado a la Junta Departamental para su consideración, según informó el director general de Secretaría de Planificación de la Intendencia de Canelones, Sergio Ashfield.

El Costa Plan se encuentra en la etapa final de revisión y hasta el momento hubo “buena respuesta” de los posibles inversionistas, con los que se está llegando a “buenos acuerdos”, informó.

La transformación de Ciudad de la Costa será una realidad, especialmente luego de la detección de un gran número de habitantes de Montevideo que deciden invertir en la compra o el alquiler de un inmueble para residir de manera permanente.

El crecimiento del lugar se observa con la edificación cada vez mayor de comercios, residencias y espacios públicos. Algunos lugares convocan más que otros, pero las proximidades del aeropuerto internacional de Carrasco son las más codiciadas. Allí se ha visto un crecimiento en los últimos años de propuestas inmobiliarias y emprendimientos comerciales de distinto tipo.

Las zonas de desarrollo urbano tendrán normativas específicas sobre lo que se podrá construir. Estas zonas definidas para el desarrollo inmobiliario con edificios de hasta 60 metros son los alrededores del Lago Botavara, Shangrilá, Pinar Norte las cercanías del Arroyo Pando, San José de Carrasco, Montes de Solymar y algunas zonas de Lagomar Norte. Allí es donde se podrá apreciar edificios en altura y, además, algunas construcciones de menor porte, pero siempre con el distintivo del verde y de los espacios abiertos.

Las torres con alturas de hasta 13.5 metros serán permitidas en otras zonas de Ciudad de la Costa, como en Avenida Giannatasio desde Alvear hasta Márquez Castro, la Rambla desde Racine hasta Márquez Castro, Racine desde Avenida de las Américas hasta la Rambla, Calcagno desde Ruta 101 hasta la Rambla, Alvear desde el Centro Cívico hasta la Rambla y Avenida de las Américas acera norte.

Se apuesta a que en la zona del Arroyo Pando haya una propuesta mixta en la que se edifiquen edificios y también un barrio jardín.

La Intendencia de Canelones tiene previsto utilizar espacios sin edificar en todas esas zonas. En algunos predios se hallan grandes extensiones de tierra sin uso alguno, pero en otros casos se trata de locaciones de menor porte donde se podría albergar una o dos torres.

En todos los casos, hay interesados en poder generar desarrollos inmobiliarios, informó el jerarca de la Intendencia de Canelones. El objetivo, además, es que los inversionistas prevean la conexión de los emprendimientos con los servicios públicos, como el saneamiento, ya que Ciudad de la Costa se halla en pleno trabajo de conexión a la red.

Las principales inquietudes provienen del impacto de estas obras en el mapa verde de Ciudad de la Costa y, además, en la necesidad de generar nuevas obras viales que canalicen el tránsito que suele haber entre Canelones y Montevideo en las horas pico. Por lo pronto, en la Intendencia de Canelones existe un optimismo en la posibilidad de avanzar durante este año en varias obras al amparo de la inversión privada.

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El relevamiento del organismo, con datos procesados por El País, muestra que el negocio inmobiliario creció en cantidad de operaciones en el primer semestre de este año. Además, se dieron variaciones relevantes en los precios de compraventa y en los de alquileres.

En el primer semestre del presente año hubo 4,1% más negocios inmobiliarios que en igual período del año pasado. En la comparación con el segundo trimestre de 2017, hubo 13,7% menos negocios. Pero, esto se explica por la estacionalidad que tiene este rubro.

“La serie histórica de la cantidad de compraventas” muestra “un crecimiento regular en el registro de compraventa en el mes de diciembre de cada año” según el informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y además, enero y febrero suelen ser los meses de menor cantidad de negocios en el año.

En el primer semestre, se hicieron 59.720 inscripciones de negocios inmobiliarios en la Dirección General de Registros frente a 57.335 de igual período de 2017 y 69.202 de julio-diciembre del año pasado.

De las 59.720 operaciones en 2017, poco más de la mitad (30.367) correspondían a compraventas propiamente, 11.524 eran promesas de compraventa, 13.068 hipotecas y 4.761 a “otros actos”, según los datos divulgados por el INE y procesados por El País.

Los cambios más relevantes se dieron en los precios de las compraventas de las viviendas en dólares. En efecto, el precio promedio del metro cuadrado (m2) en dólares en Montevideo cayó 9,78% en el trimestre abril-junio respecto a igual período de 2017. Al compararlo con el último trimestre del año pasado, la baja en el precio fue de 11,58%.

Por otro lado, el índice del precio medio del m2 en pesos se incrementó 0,27% en abril-junio de 2018 frente a igual período de 2017. Al compararlo con el último trimestre del año pasado, se dio una baja de 5,17%. En tanto, en el segundo trimestre hubo un aumento de 10,27% del precio del m2 en pesos frente al primer trimestre del año.

El precio promedio del m2 en propiedad horizontal en Montevideo durante 2017 fue de US$ 1.683, mientras que el precio promedio del m2 en propiedad común alcanzó a US$ 855, esta es la última información disponible, ya que el INE no actualizó esos valores.

 

Alquileres

Para saber qué ocurrió en el mercado de alquileres, el INE se basa en registros del Servicio de Garantía de Alquileres (SGA) de la Contaduría General de la Nación y en la garantía de alquiler de ANDA.

“Según la Encuesta Continua de Hogares para el año 2014 ambas garantías cubren el 34,3% de los contratos de arrendamiento de casa habitación del total del mercado de alquileres”, explicó el INE. En junio había 80.875 alquileres vigentes (mediante SGA y ANDA) en Montevideo a un precio promedio de $ 13.792. La variación, en lo que va del año, fue de 3,1%, mientras que en el mismo período la inflación acumulada fue de 5,8%.

Como los contratos vigentes “pueden tener varios años desde que fueron formulados, por lo cual el precio que pagan podría estar desfasado respecto de los precios actuales del mercado de arrendamientos”, el INE también analizó “los contratos formulados en el último año móvil cerrado a junio de 2018”. En este caso, había 20.148 contratos a un precio promedio de $ 14.582.

En lo que va del año el precio promedio de los alquileres nuevos aumentó 3,4%, también por debajo de la suba del Índice de Precios del Consumo (IPC) en el período.

“En general, se observa una tendencia creciente del precio de los arrendamientos, aunque con una leve caída registrada en la cantidad de contratos en los primeros meses del año”, indicó el INE.

Hay diferencias en cuanto al tipo de propiedad. A fin de junio, había 15.215 contratos de alquiler de casas a un precio promedio de $14.165, a su vez 11.097 contratos en edificios de renta (según el INE “conjunto de viviendas en un mismo padrón generalmente del mismo dueño destinadas al alquiler, de propiedad horizontal o común”) a un precio promedio de $ 11.427. El 67,5% de los contratos (54.563) eran de propiedad horizontal a un valor promedio de $ 14.169.

El barrio con el alquiler promedio más caro a fin de junio (entre los de contratos vigentes) era Punta Gorda y el más barato era Casavalle, una tendencia que se repite mes a mes.

Si se toman en cuenta solo los contratos nuevos (es decir aquellos con una antigüedad no mayor a 12 meses a fin de junio de 2018) el precio de alquiler de las casas era $ 15.563, el de los edificios de renta alcanzaba a $ 12.764 y el de los que se efectuaron en propiedad horizontal era $ 14.872.

Entre los contratos nuevos, Punta Carretas es el que tiene el alquiler promedio más caro con $ 18.877 (aunque no está relevado Punta Gorda al tener menos de 130 casos) y el más barato es Manga con $ 10.133 en promedio (tampoco está Casavalle al tener menos de 130 casos).

En tanto, entre los contratos vigentes, Canelones tenía un precio promedio de arrendamiento 10% inferior al de Montevideo, aunque con Ciudad de la Costa por encima del valor medio de la capital del país.

Por su parte, San José era el departamento con el menor precio de alquiler relevado por el INE (además de este y Montevideo hay datos para otros seis) a fin de junio con $ 9.772. Lo sigue Colonia con un valor medio para alquileres vigentes de $ 10.102, luego vienen Florida con $ 10.229, Paysandú con $ 10.519, Salto con $ 10.607, Canelones con $ 12.407 y Maldonado con $ 12.696. El precio en Montevideo era de $ 13.792.

De todas formas, al interior de Canelones (único departamento con varias zonas relevadas, además de Montevideo) hay una diferencia grande de precios. En un extremo está Ciudad de la Costa con $ 16.349 de alquiler promedio y en el otro Santa Lucía con $ 9.578.

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Las empresas desarrolladoras del sector inmobiliario atraviesan un año que arrancó con las mejores expectativas positivas por el boom de los créditos hipotecarios y va a cerrar con una caída de la actividad que, según estiman, será mayor que la esperada para el resto de la economía. En este contexto, buscan alternativas para poder salir de la crisis.

Argentina tiene un déficit de 1,2 millones de viviendas nuevas pero se construyen unas 200.000 por año, según precisaron los empresarios. “El mercado podría ser cinco veces más grande”, proyectaron agentes inmobiliarios durante el  8º Coloquio de la Asociación Empresarios de la Vivienda .

“El año pasado presentamos el inicio de lo que llamamos la década de la vivienda, donde teníamos las mejores expectativas. Con la búsqueda de políticas de Estado que tengan coherencia y consistencia para que la ciudadanía tuviera un acceso a la vivienda”, señaló Gustavo Llambías, vicepresidente de la Asociación Empresaria de la Vivienda, a Infobae.

Hoy, la actividad está lejos del panorama prometedor con el que arrancó el año. “Los créditos UVA estaban produciendo una revolución en el mercado. Y en este momento, con una inflación del 40% el crédito hipotecario, es inviable. En la Argentina no logramos que el sector tenga el desarrollo que debería tener”, agregó Llambías y reclamó que el gobierno vuelva a poner foco en el sector.

El empresario advirtió que las perspectivas del negocio son malas y que, por la falta de crédito, las firmas del sector volverán a apostar al mismo público de hace 20 años: personas que pueden pagar una propiedad en el tiempo que tarda en construirse. También señaló que la actividad de la construcción amplifica los ciclos. “Cuando el país crece 3 puntos,  la construcción crece 10. Pero cuando el ciclo es negativo, la caída es mayor. Es matemático y pasa en todo el mundo”, explicó Llambías.

La mirada del sector es que esta nueva crisis los obliga nuevamente a reciclarse de forma forzosa. “Toda crisis aporta oportunidades. Si la demanda genuina queda rezagada, siempre existe el mercado de poder adquisitivo más alto, que busca un refugio para sus ahorros”, indicó Miguel Camps, presidente de la asociación y titular de la empresa Argencons.

Por su parte, Lucas Salim, CEO del Grupo Proaco de Córdoba y directivo de la Cámara Empresarial De Desarrollistas Urbanos de Córdoba (CEDUC), detalló que en esa provincia se mide un índice de la actividad basado en 45 desarrolladoras con base 100 en 2010. El máximo de actividad se dio un 2011, previo al cepo cambiario, y hoy está un 45% por debajo.  En tanto, Damián Tabakman, presidente de CEDU (Cámara Empresaria de Desarrolladores Urbanos), señaló que las diferentes cámaras y asociaciones están armando proyectos sectoriales, con una agenda urgente,  para presentar a los candidatos a las próximas elecciones.

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