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El Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC) prevé que la actividad en el sector continuará estancada en 2018, más allá del dato positivo que tuvo en el primer trimestre. En efecto, el informe de Cuentas Nacionales elaborado por el Banco Central (BCU) correspondiente al período enero-mazo (último dato disponible) marcó que la actividad del sector tuvo un crecimiento de 2,1% en la comparación interanual. Ese revirtió el mal resultado de fin de año cuando la construcción cerró 2017 con una caída de la actividad de 6%.

Sin embargo, el CEEIC marcó que el Índice Líder de la Actividad (ILIC), que elabora mensualmente, arrojó un leve deterioro debido a la influencia negativa de los indicadores que lo componen. Con excepción de los costos y la inflación en dólares, que evolucionaron en línea con lo previsto, según el informe, los otros determinantes mostraron variaciones que incidieron de forma negativa en la evolución del índice.

El ILIC indicó que en el plano local la producción de cemento creció menos de lo proyectado y el desempleo quedó por encima de lo previsto. Adicionalmente, las expectativas empresariales del sector evolucionaron en forma desfavorable y fueron revisadas levemente a la baja.

Además, el nivel de la actividad de la construcción en Argentina tuvo un comportamiento por debajo del esperado, un elemento que incide negativamente a nivel local. En ese sentido, el CEEIC señaló que la incertidumbre sobre la economía en Argentina tendrá un impacto en la actividad local.

Tomando en cuenta esos factores, los determinantes del ILIC registraron cambios que inciden negativamente en el indicador. Por tanto, más allá de modificaciones marginales que no alteran diagnósticos anteriores, el CEEIC estimó que la actividad de la construcción registrará variaciones próximas a cero en 2018, manteniéndose estancada.

 

Trabajo y seguro de paro

El empleo es uno de los indicadores que atraviesa una fase negativa desde hace varios años. Un informe divulgado por la Cámara de la Construcción sostuvo que entre enero de 2013 y el mismo mes de este año se perdieron en el sector más de 25 mil puestos de trabajo. En consonancia con esa realidad también se produjo un descenso en la cantidad anual de jornales.

En ese sentido, el año pasado, en la construcción hubo 8,3 millones de días trabajados, lo que marcó una caída de casi 6 puntos porcentuales respecto a un año atrás. Con ese dato, en 2017 se consolidó la cuarta caída anual consecutiva en los días trabajados.

Maldonado fue uno de los departamentos que más sintió el freno de la construcción. Coincidiendo con los datos generales, la actividad del sector comenzó a debilitarse en 2012 luego del boom que había comenzado a atravesar a partir de 2005.Uno de los factores principales fue la retracción de inversionistas argentinos en el mercado inmobiliario de Punta del Este, debido por el cepo cambiario aplicado por el gobierno argentino anterior.

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La economía uruguaya tendría este año y el siguiente un desempeño económico mejor al que registró en 2017. Mientras que el año pasado el Producto Interno Bruto (PIB) nacional creció 2,7% en términos interanuales, se proyecta que el año en curso cierre con un incremento de 3% y que el siguiente lo haga con uno de 3,1%. Esto se desprende de la encuesta LatinFocus Consensus Forecast  que  recabó la opinión de 18 consultoras, bancos y AFAP entre el 10 de abril y el 16 de abril de este año.

Entre la anterior edición de la encuesta y esta última, se conoció cómo le había ido a la economía uruguaya el año pasado, luego de que el Banco Central divulgara su Informe de Cuentas Nacionales a fines de marzo. Sobre esto, el sondeo indica ahora que el crecimiento de la actividad se aceleró “marginalmente” durante el último trimestre del año, lo que hizo que la tasa de expansión de 2017 fuera la más alta de los últimos tres años (en 2016 el PIB había aumentado 1,6% y en 2015, 1%).

La mejora observada durante el último tramo del año pasado, marca el informe, fue liderado por un sector externo “robusto”,  las exportaciones treparon 7,6% en comparación con 2016, y un “fortalecimiento” del consumo privado, que subió 4,4% en el año. Pese a esto, el relevamiento indica que, según indicadores disponibles hasta ahora, este “impulso” parece haber amainado en el primer trimestre de 2018, y menciona que el consumo de los hogares se contrajo por un salto “considerable” del desempleo y más presiones inflacionarias.

En la vereda de enfrente, marca que el crecimiento de las colocaciones en el exterior continuó viéndose en el arranque del año, y que la producción industrial mostró un buen desempeño en febrero.

Para el resto del año, en tanto, se aguarda que un incremento de las exportaciones dé lugar a un cambio de tendencia en la producción industrial, al tiempo que también se prevé que la inversión vuelva a la senda del crecimiento. De la mano de un consumo que seguiría expandiéndose, estos deberían ser los principales motores de la actividad en el año.

La expectativa de 3% de aumento del PIB para este año implica un leve ajuste a la baja respecto a la edición anterior, cuando los analistas habían barajado un incremento de 3,1%. Por el lado de los precios, en tanto, se destaca que en marzo la inflación volvió a estar dentro del rango meta definido por el Central (entre 3% y 7%). Así, los consultados esperan que la inflación se ubique a fines de 2018 en 7,3%, 0,1 por encima de lo que preveían un mes atrás.

 

Escenario regional

Si se mira cuál es el escenario en América Latina en general, el sondeo indica que parece haber dejado los malos años 2015 y 2016 “firmemente” en el espejo retrovisor. Según las estimaciones de esta edición de la encuesta, la región se expandió 2% en términos interanuales durante el cuarto trimestre de 2017, la tasa más elevada de crecimiento desde el primer trimestre de 2014.

Se espera, asimismo, que la economía latinoamericana se acelere este año, producto de un contexto externo favorable, con precios de las materias primas más elevados, baja inflación y políticas monetarias más “acomodaticias”. Pese a que las dinámicas de crecimiento hoy son más “fuertes” que en años pasados, se plantea también que la recuperación hasta ahora ha sido “moderada”, y la capacidad ociosa persiste entre los jugadores regionales de mayor peso. Además, los altos déficits fiscales y externos que presentan los países latinoamericanos “amenazan” con sacar a la región de este momento de expansión. Los analistas consultados aguardan que América Latina crezca 2,3% este año y 2,8% el próximo.

Con respecto a Brasil, el reporte indica que la recuperación económica parece estar “fortaleciéndose”, luego de que el crecimiento se acelerara en la última parte de 2017. A pesar de esto, los problemas persisten y se prevé que la mejoría sea “gradual”. Ahora el foco del país está en las elecciones presidenciales que se celebrarán en octubre. Quien se calce la banda presidencial “tendrá que enfocarse en corregir las finanzas del gobierno”, lo que incluye la implementación de una postergada  reforma del sistema de previsión social. Los analistas esperan que la economía más grande de la región crezca 2,5% este año y 2,8% en 2019.

Argentina, por su parte, presenta buenas señales,  como un desempleo en caída y una producción industrial “robusta”, pero la preocupación continúa por el lado de los sectores externo y monetario. Los encuestados creen que la actividad en el país vecino se incrementará 2,6% en 2018 y 3,2% el año que viene.

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En último informe elaborado por el Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC), realizado en abril, da cuenta que se deteriora  la  percepción  actual  de  la  economía  y  del  sector,  al  tiempo  que  las  expectativas son menos optimistas en relación al informe anterior. Asimismo, los resultados de la consulta señalan que los indicadores de clima desmejoran, tanto para la economía como para el sector y  mejora levemente la utilización de la capacidad instalada actual, aunque empeoran  las expectativas para los próximos meses.

El trabajo realizado por el CEEIC, que tiene como principal objetivo monitorear las expectativas de las empresas del sector respecto  a  las  principales  variables  económicas,  su  capacidad  instalada  y expectativas de crecimiento, recabó la opinión de 71 empresas asociadas a la  Cámara de la Construcción de Uruguay (CCU) y a 10 empresas asociadas a la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU). Del total de empresas contactadas se obtuvo una tasa de respuesta de 35,8% que giró en torno a tres ejes: Expectativas, Capacidad Instalada y Evolución de los costos.

En el primero de ellos, las empresas fueron consultadas sobre su percepción actual y qué expectativas tenían para la economía y el sector de la construcción en particular. La  percepción  actual  es relevada mediante la apreciación  del presente  de la variable de interés como (Buena, Ni buena ni mala, Mala) mientras que las expectativas son recogidas mediante la percepción de la evolución futura respecto al estado actual (Al alza, Igual, A la baja).

“En cuanto a la  percepción actual de la economía, predominan las respuestas neutras (79%), seguidas por  las  respuestas  negativas  (17%)  y  en  último  lugar  las  positivas  (3%),  evidenciándose  una disminución en las respuestas positivas. En cuanto a la percepción actual del sector, los porcentajes se tornan aún más negativos, dado que 52% de respuestas son neutras, 45% son negativas y apenas 3% son respuestas positivas”, señala el informe..

Al ser consultadas sobre expectativas a futuro, también predominaron las visiones  neutras tanto para la economía (76%) como para el sector (72%). En segundo lugar, se observa una mayor prevalencia de expectativas  negativas  para  la  economía  en  su  conjunto  (21%  frente  a  un  3%  de  expectativas positivas) mientras que, en el caso de la percepción sectorial, las expectativas positivas y negativas se encuentran igualadas (14% de las empresas relevadas).

 

Capacidad y expectativa 

En cuanto al segundo punto de la encuesta, capacidad instalada actual y su expectativa sobre el futuro, los resultados  muestran que el 63% de quienes respondieron se encuentran operando por debajo del 70% de su capacidad instalada. Al momento de analizar las expectativas, este valor se ubica en 74%. Estas cifras, respecto al informe anterior del CEEIC, “suponen una variación positiva para la capacidad actual y negativa para la capacidad esperada dado que estas se ubicaron en 68% y 60,7% respectivamente.  Por  lo  tanto,  incluso  cuando  la  capacidad  actual  mejoró  levemente,  las  expectativas  sobre  la misma han empeorado. También se observa que aunque existe un mayor porcentaje de empresas operando  por  encima  del  70%  de  capacidad,  el  porcentaje  de  empresas  que  declaran  operar  a  niveles de 90% o más de capacidad pasó desde 3,5% en febrero a un 0%”, señala el documento.

Consultadas las empresas sobre la probabilidad de expansión de la capacidad instalada en cuanto a maquinaria y personal, los datos recabados arrojaron que 67,9% ve como “muy poco probable o poco probable” la expansión de maquinaria, mientras que, consultadas sobre la contratación de personal, el valor se situó en 79,3%. Lo que demuestra que es más probable para los encuestados adquirir nueva maquinaria, que contratar nuevo trabajadores.

 

Costos y factores

En materia de la evolución de los costos, el 72% de las empresas encuestadas aguardan que aumenten a la par del IPC, mientras que un 21% cree que serán mayores al mismo y solo un 7% contestó que espera que estos sean menores. Estos porcentajes reflejan las menores expectativas sobre la evolución de costos desde el primer relevamiento realizado por el CEEIC en  octubre de 2015,  ya que el porcentaje de respuestas con expectativas menores o iguales al IPC ha sido el máximo registrado hasta el momento (79,3%).

En cuanto a los principales factores que influyen sobre los costos,  tales como  subcontratos, mano de obra, insumos importados y locales o costos financieros, el 93,1% reportó como principal factor la mano de obra, seguido de los  costos  en  insumos  locales  con  un porcentaje de 6,9%.

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La devaluación de la moneda argentina frenó el avance que registraba el sector inmobiliario y, según los analistas, probablemente llegue un período de reacomodamiento. Los desarrolladores coinciden en que la tendencia alcista se terminó o, al menos, no continuará al mismo ritmo.

Un informe elaborado por el diario La Nación señala que los especialistas están de acuerdo en que los efectos de la devaluación, que ya lleva acumulado un 20,1% de depreciación del peso desde el pasado 24 de abril no pueden medirse en toda su extensión.

No obstante, hay tres vertientes de proyecciones con respecto al precio: que la suba se terminó; que seguirá, pero a menor ritmo o que habrá bajas. También hay historias mínimas pero reales: corredores inmobiliarios que en los últimas semanas de incertidumbre cerraron operaciones de inmuebles usados con descuentos en el orden del 10%.

El primer escenario de estancamiento de precios se da especialmente en departamentos usados, cuya demanda está un tanto enfriada por los inconvenientes con los créditos hipotecarios. Hubo operaciones que se cayeron por la imposibilidad de juntar dinero extra, o tomadores que se retractaron ante un escenario menos estable.

“Desde septiembre venían creciendo fuerte con los préstamos, y ahora esa subida encontró una pausa, sobre todo por las contraofertas de los potenciales compradores, que piden descuento, y la mayor predisposición de los propietarios de negociar más agresivamente los valores”, afirmó Gabriel Brodsky, director de la desarrolladora e inmobiliaria Predial, al diario argentino.

 

Créditos hipotecarios

Por su parte, el presidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina, Alejandro Bennazar, dijo que hay que “mirar al largo plazo”. Afirmó que el ladrillo sigue siendo un “resguardo valioso” y defendió que las propiedades dolarizadas no estarán más baratas, “y menos si solamente son dos o tres semanas de movimiento”.

De todas maneras, las realidades son distintas según el segmento y se estima que impactará negativamente en propiedades dirigidas a la clase media y a un nivel socioeconómico menor, pero el impacto de la devaluación aún no llegó al sector medio alto. “Las propiedades usadas ubicadas en el corredor Norte de  Buenos Aires tienen un perfil de vendedores que, por lo general, no tienen una necesidad económica urgente de desprenderse del activo sino que ofrecen sus unidades para conseguir dinero para hacer otro negocio o para resguardarse en otro inmueble. Ninguno de ellos me habló de bajar el precio, sino de esperar”, detalló Hernán Siwacki, socio de Capital Brokers.

Para Germán Gómez Picasso, cofundador de la publicación especializada Reporte Inmobiliario, señaló que en este punto también hay matices. El especialista proyectó que el valor de los usados crecerá un 5% este año, frente al 10% del año pasado traccionado por la demanda del crédito, pero que las unidades a estrenar se mantendrán más estables durante un tiempo, al menos hasta que se reacomoden las listas con el costo de la construcción.

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La investigación “Caracterización cíclica y tendencial del producto bruto de la industria de la construcción en Uruguay entre 1988 y 2017”, elaborado por las economistas Eugenia Rodríguez y Bibiana Lanzilotta, analiza la relación existente entre el producto bruto (PB) de la construcción y el Producto Interno Bruto (PIB) uruguayo en las últimas tres décadas.

La investigación hace hincapié en la importancia de la construcción en el país. Para ello marca que el PB de esta industria representó, en promedio, el 8% del PIB nacional en pesos constantes entre 1997 y 2016, y dio trabajo al 7,8% de todos los ocupados en el país en promedio entre 2011 y 2016, lo que significa unas 120.000 personas.

 

Salarios 

A su vez, y pese al bajón que  experimentó la construcción  en los últimos años, los salarios de los empleados del sector medidos por el Índice Medio de Salarios (IMS) crecieron 88,3% punta a punta en esos años y la ocupación aumentó 3,7%. Además “se trata de un sector clave en el proceso de formación de capital, explicando aproximadamente el 50% de la formación bruta de capital fijo, lo que permite el crecimiento sostenible a largo plazo”, destacan las autoras.  Dado todo esto, la investigación afirma que es “importante conocer el desempeño de la industria de la construcción, así como sus rasgos más salientes, para poder caracterizar su relación con el ciclo macroeconómico nacional y comprender la realidad actual”.

Asimismo, agregan que “la caracterización de la evolución del PB del sector, y conocer los principales rasgos de su comportamiento tendencial y cíclico facilitará la comprensión de cuáles son sus determinantes y qué se puede esperar del futuro”.

Las economistas hallan que el producto sectorial y el global presentan un comportamiento “similar”, fruto de que están “estrechamente vinculados”. Así, “en momentos de auge hay una mayor demanda para reparación y creación de nuevas viviendas, así como también hay mayor capacidad de inversión para expandir y construir nuevos establecimientos”, señala el estudio, mientras que “en momentos recesivos la actividad de la construcción se contrae significativamente”.

A pesar de la “evolución similar” constatada entre el PB de la construcción y el PIB, la del primero aparece más “volátil”. De esta manera, cuando se expande lo hace “por encima del nivel general”, mientras que cuando la actividad se contrae “cae por debajo del mismo”.

Los resultados del trabajo permiten concluir que el “PB de la construcción es procíclico respecto del PIB nacional y dependiendo del periodo que se considere, adelanta o sincroniza con éste”.

En la actualidad, y recordando que el trabajo se publicó a fines del 2017, se estaría atravesando por “la parte baja de un nuevo ciclo”, cuyo inicio se remontaría a 2015. La parte más baja de esta fase, en tanto, habría sido entre finales de 2016 y el arranque del año pasado (7% inferior a la tendencia de largo plazo en promedio, se detalla). Se añade, sin embargo, que según la información de los componentes proyectados “la fase a la baja de este ciclo habría sido menos profunda que las anteriores”.

 

Crecimiento

De hecho, con información del primer trimestre de 2017, “las estimaciones de los componentes del PB de la construcción muestran que la tendencia-ciclo se expandió en el orden del 1,9% interanual en el último dato, se está en la fase baja del ciclo, y los últimos datos marcan un punto de giro hacia el crecimiento”.

En esta línea, la última edición del Índice Líder de actividad de la Industria de la Construcción (ILIC), confeccionado por el Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción, difundió estimaciones que “permiten anticipar un posible cambio de tendencia sobre la primera mitad de 2018” para el sector.

Las economistas también pusieron la lupa en de qué manera la actividad de la construcción a nivel regional puede afectar a esa misma industria dentro de las fronteras de Uruguay. En concreto, se observó qué es lo que sucedía con Argentina. Para ello, se recurrió al Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) de Argentina. Desde 1996 “el componente cíclico del ISAC adelanta por lo menos tres trimestres los grandes movimientos de las tasas de variación de la actividad del sector nacional”, señala el estudio. Debido a esto, plantea el trabajo, se cuenta con “evidencia de que existen fuertes interconexiones entre el sector de la construcción y el sector inmobiliario de ambos países”.

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