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La Maison Bernand, edificada en la Costa Azul, próximo a Cannes, es una de los ejemplos más llamativos de la arquitectura de mitad de siglo XX.  Construida en 1971, parece más un submarino o una representación cinematográfica retro-futura, que un edificio real, que fue renovado, tras una gran reforma que duró cinco años. La particularidad de esta construcción,  creación del arquitecto búlgaro Antti Lovag, es la de una casa parecida a un hormiguero en la que son humanos los que pasean a través de sus túneles y cavidades.

Con una visión única Lovag llamó a su proyecto “Habitologist”,  y lo definió como “una casa envoltorio que abarcaba las necesidades del hombre”. Edificada en la región de la Provenza junto a los Alpes y la Costa Azul es el primer trabajo del arquitecto húngaro a la cual se le sumarían posteriormente otras logradas construcciones como, Le Palais Bulles, un proyecto para el diseñador Pierre Cardin.

En concreto, Maison Bernad se construyó para un empresario francés con unas formas orgánicas que posiblemente fueran destinadas más a llamar la atención, que para vivir en ella.

En “Habitologist”, las paredes revestidas con extraños orificios sustitutivos a los ventanales de una casa convencional y sus pasillos recuerdan a un pasadizo de hormiguero realizado a escala humana. Sus impresionantes vistas al mar Mediterráneo es otro de su atractivo principal, realmente sorprende encontrar en plena Provenza una casa con un diseño tan singular y construida hace 46 años.

Antti Lovag concibió esta casa encuadrando las vistas más espectaculares con las zonas principales de la vivienda, a partir de ahí se conectaron las habitaciones mediante largos pasillos de metal. Las renovaciones de la Maison Bernad han sido supervisadas por la arquitecta Odile Decq, cosa que a la profesional le ha deleitado entre tanto arte y excentricidad. Estoy convencida que ha colmado el trabajo de Lovag dando ese punto extravagante y actual que le faltaba por completar en nuestros tiempos y que al gran arquitecto no le habría importado en absoluto.

 

Arquitectura orgánica

Antti Lovag, quien falleció en el 2014, fue uno de los altos exponentes de lo que se denominó como “arquitectura orgánica”. De hecho, en la década de 1960, trabajó con Jacques Couëlle, uno de los primeros arquitectos en desarrollar ese estilo de arquitectura en Francia. A principios de los años setenta inició la construcción de la casa Bernard donde implementó su radical e innovador diseño de viviendas.

La arquitectura orgánica u organicismo arquitectónico es una filosofía de la arquitectura que promueve la armonía entre el hábitat humano y el mundo natural. Mediante el diseño busca comprender e integrarse al sitio. El estilo orgánico es un movimiento arquitectónico que se deriva del funcionalismo o racionalismo y que puede considerarse promovido fundamentalmente por los arquitectos escandinavos en la década 1930-40 y por el arquitecto estadounidense Frank Lloyd Wright.

Lo que deseaba transmitir con la mansión su diseñador  Antti Lovag  era el círculo, en materia de construcciones,  como una forma simple y básico de cualquier vida, por lo que él, antes que arquitecto, se definía a sí mismo como “habitólogo” y preconizaba la “democracia de proximidad” como principio de urbanización.

Lo cierto es que la Mansion Bernard sigue cautivando por su estructura de “hormiguero”,  sus colores exteriores e interiores que recuerdan a la década del setenta. Hoy es una visita obligada para quienes se maravillan por los estilos arquitectónicos no tradicionales, pero, para preservar el misterio y su encanto, las visitas guiadas se realizan con los móviles en modo silencioso, los animales no están permitidos, los videos y fotografías están prohibidos desde cualquier dispositivo y no se facilita la ubicación real de la casa, ni siquiera en el mapa aparece su lugar específico, sólo una señas donde más tarde el trayecto se desvía.

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La “Vivienda Ampliada” es el término utilizado para el sistema de construcción que se extiende ocupando metros cuadrados disponibles o añadidos que no forman parte de su superficie útil inicial. De esta manera, los nuevos espacios pueden crecer hacia el interior o exterior del volumen inicial de la vivienda. Un ejemplo del tipo de espacios que se añaden podrían ser terrazas, balcones o altillos, por ejemplo.

En Batam, considerada la ciudad de crecimiento más rápido del mundo, la “Casa Ampliable” se ha transformado en un modelo de vivienda autosustentable y con capacidades productivas propias, ya que se trata de una respuesta sostenible a los desafíos que plantean las ciudades de rápido desarrollo, como el caso de la referida, ubicada en el archipiélago Riau, en Indonesia, que originariamente fue habitada por pequeños pueblos de pescadores muy dispersos.

Pero un acuerdo de libre comercio entre Indonesia y Singapur produjo una explosión migratoria en Batam, que rápidamente se convirtió en una ciudad cosmopolita de más de un millón de habitantes, cuyas edades no superan los 40 años. En 2015, Batam fue nombrada la ciudad de más rápido crecimiento en el mundo.

 

Cinco principios

Como consecuencia, la ciudad se enfrentó a grandes problemas de planificación: ¿Cómo acomodar la abrupta afluencia de población interna? ¿Cómo proporcionar suficientes viviendas y sistemas adecuados de agua y alcantarillado? ¿Cómo financiar una infraestructura de transporte y construir suficientes escuelas, universidades y hospitales?

La premisa básica del proyecto fue permitir que el edificio se configure de manera flexible en torno a las fluctuantes variables de consumo energético y producción de desechos. Según definen los autores, “como este metabolismo suele ser desigual y a menudo precario, es importante que la arquitectura se convierta en generadora de ingresos”.

La casa está diseñada en torno a los siguientes cinco principios: uno, a la que los proyectistas bautizaron como “Sándwich”, es un concepto modular compuesto por un techo izable, el piso y los cimientos (el pan), que pueden soportar hasta tres pisos adicionales (el relleno).

Este sistema permite una financiación por etapas. En un principio el desarrollador proporciona el techo y las fundaciones, mientras que los residentes van aportando "el relleno" según lo exijan sus circunstancias y su presupuesto.

Es decir, según el crecimiento familiar y las posibilidades de financiación irán agregando niveles y desarrollando nuevos espacios.

 “El segundo punto, puntualizaron los proyectistas, tiene que ver con la densidad doméstica. La casa fomenta la densificación a nivel vertical, respaldando los beneficios de la ubicación conjunta de las viviendas”. También ayuda a reducir la posibilidad de ocupar los lotes circundantes para destinarlos a huertas urbanas.

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La  arquitectura ha demostrado ser el arte más presente en las sociedades, dándole forma  y sentido a todas las ciudades en todas las  épocas. Por ejemplo, fue en Italia cuando artistas como Miguel Ángel o Francesco Borromini marcaron los cánones de belleza al servicio de la Iglesia durante el Renacimiento. O en Nueva York, cuando se construyó el skyline para mostrar el poderío capitalista con edificios como el Chrysler Building de William van Alen o el Empire State Building de Willliam F. Lamb durante el siglo XX. O en Medio Oriente, para mostrar el poderío de los capitales provenientes del petróleo al construir ciudades de la nada y tornarlas en grandes metrópolis como Dubai.

Como parte de la época en la que actualmente vivimos, tendencias por construir edificios con diseños innovadores, materiales renovables, o simplemente utilizar de mejor manera los recursos disponibles, han resultado en diseños y creaciones completamente distintos, edificios que dicen mucho de la sociedad, y las ciudades, del  siglo XXI.

 

Casa PopUp. El concepto de esta casa se basa en una corriente de arquitectura sustentable llamada construcción pasiva en el cual, las casas que se construyen están bien diseñadas, son de bajo costo y usan modos alternativos de energía. Con estas tres premisas, las casas que se construyen bajo este concepto son casi autosustentables y tienen una huella de carbono muy baja. La casa se construye en aproximadamente cuatro días y solo necesita armarse usando un desarmador ya que se ensambla de manera parecida al Lego. Cada pie cuadrado tiene un costo de entre $1,200 y $1,900 USD y cada casa es personalizable. La construcción de estas casas está disponible únicamente en Francia por el momento, pero la compañía dueña de la patente de este diseño tiene planes de expansión a Estados Unidos e Inglaterra.

 

Arquitectura cinética. La tendencia por hacer la arquitectura más sustentable se está desarrollando principalmente en Australia. Debido a las sequias que el país tiene en gran parte de su territorio, distintos despachos de arquitectura han creado edificios “inteligentes” que se adaptan al medio ambiente, ya sea para captar agua, usar el sol para generar energía o simplemente para generar brisas o corrientes de aire. Este edificio, el Anz Center en Melbourne, fue diseñado y construido por el estudio del arquitecto Hassell y es uno de los edificios con oficinas abiertas más grande del mundo.

 

Mini casas japonesas. La tendencia por construir edificios pequeños donde puedan caber muchas personas es la propuesta arquitectónica y de diseño japonesa. Cell Brick es un edificio de 108 pies cuadrados pero aprovechado al cien por ciento. Las mismas paredes del edificio sirven para guardar cosas y los simples pasillos fueron eliminados para hacer al edificio más funcional.

Edificios ultra modernos. La desaparecida arquitecta anglo-iraquí Zaha Hadid,  quien se convirtió en la primera mujer en recibir el Premio Pritzker en el 2004, transformó  las barreras de la arquitectura tradicional con diseños vanguardistas. Diseños orgánicos que marcan un compás muy distinto a los que habían sido construidos antes, marcan los skylines de ciudades, principalmente emergentes, para transformarlas en las visiones auténticas del futuro.

 

Arquitectura flotante.  El cambio climático plantea una grave pregunta, ¿cómo afrontarán nuestras ciudades el aumento del nivel del mar? Algunos arquitectos creen que los edificios flotantes son la respuesta, y han creado una rica variedad de diseños para probarlo, desde simples casas prefabricadas hasta barrios completamente anfibios.

Por ejemplo, en Ámsterdam, una nueva generación de casas flotantes ha aparecido por toda la ciudad. Entre éstos se halla una estructura de madera de Framework Architecten y Studio Prototype, que muestra cómo las casas flotantes pueden incluir fácilmente un piso sumergido bajo el agua. También se planeó una propuesta ambiciosa para la capital holandesa a principios de este año. La firma danesa BIG y el estudio Barcode Architects de Rotterdam revelaron diseños para un enorme complejo de viviendas que flotará en el lago IJ. El edificio de 46.000 metros cuadrados será la puerta de entrada a IJburg, un vecindario entero situado en islas artificiales.

Para algunos arquitectos, las construcciones flotantes son una oportunidad para viajar fácilmente. Por ejemplo, un equipo de la Universidad de Coimbra en Portugal ha creado una casa flotante prefabricada que se puede enviar a cualquier parte del mundo, permitiendo a sus ocupantes residir en ríos y lagos.

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La torre, diseñada por RB-Systems, utiliza un innovador sistema estructural que determina su apariencia. Debido al sitio extremadamente restringido, la opción fue eliminar columnas perimetrales y sustituirlas por un conjunto de cables de acero, que recorren la torre en su altura a la vez que se van torsionando sobre la fachada. Eso permitió obtener una estructura ultraliviana y resistente.

En ese sentido, el cilindro es una de las formas más eficientes para la carga de viento. Los cables están anclados en una base profunda y vinculado al núcleo en el anillo estructural superior. La disposición en espiral de los cables crea una fuerza de tensión superficial, dando como resultado un “corsét”. El concepto es similar a un caramelo que se sostiene dentro de una envoltura porque sus extremos están retorcidos.

Arquitectónicamente, el edificio se convierte simplemente en una expresión de su estructura, con una estética orientada a la tecnología. Una de las características más distintivas del proyecto es un volumen toroide (similar a una dona) que se eleva sobre el área de acceso. Está revestido con vidrio reflectante y paneles de cromo abollonado para reflejar sutilmente el entorno y generar interés al peatón.

El hall que recibe al visitante es un espacio austero de varios pisos, es una aproximación a los interiores híper modernos. Mientras que los niveles inferiores dependen en gran medida de la iluminación artificial, a medida que se asciende, las oficinas se transforman en espacios luminosos.

Además, para ganar eficiencia en el transporte vertical, los ascensores tienen cabina de dos pisos. En lo más alto, nivel 96, una plataforma de observación ofrece vistas panorámicas de la ciudad.

Para resolver la fachada curva se empleó un software paramétrico que permitió descomponerla en paneles planos conformados por triángulos apareados.

Cada panel está inclinado un grado hacia el interior del edificio. Las vainas en las que corren los cables están cubiertas por paneles estampados de aluminio con ventilaciones integradas y controladas por un software que gestiona el acondicionamiento natural. Los extremos cónicos de la losa permiten una mayor penetración de la luz a la vez que el vidrio de alto rendimiento bloquea la ganancia térmica excesiva.

En la parte superior del núcleo, la torre posee un amortiguador de masa con forma de toroide para que ocupe el menor espacio posible en planta y dejar libre el centro para localizar instalaciones y para proporcionar continuidad en las escaleras de evacuación. Por lo tanto, el amortiguador rodea el núcleo con una distribución uniforme de masa y cumple su función para contrarrestar las oscilaciones causadas por los vientos a gran velocidad.

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Combinar materiales reciclados con una buena arquitectura es cada vez más frecuente en los diseños arquitectónicos y de interiores. De hecho, una de las grandes tendencias del interiorismo en el 2018 es usar materiales sustentables y crear con ellos nuestro propio mobiliario.

Construir este tipo de casas es sumamente rentable por varias razones. Se aprovechan al máximo los recursos, abaratamiento de los costos y se evita la contaminación mediante el uso de materiales reciclados.  Además se promueve el cuidado del medio ambiente y que a la vez crean ambientes interiores funcionales y acogedores, gracias a las grandes visiones de diferentes arquitectos, ingenieros y constructores.

 

El pionero

Se dice que el primero en tomar esta iniciativa fue el alemán Gernot Minke, quien cursó estudios de arquitectura e ingeniería y fue luego director del Instituto de Investigación de Construcciones Experimentales de la Universidad de Kassel. En este instituto estudió construcción con materiales naturales y tecnologías alternativas. Sus estructuras hoy en día cumplen con estándares de calidad en habitabilidad de primer nivel. Sus obras de bajo costo tienen tanto éxito que ha impartido talleres y capacitaciones en Latinoamérica, Europa y la India.

Otro de sus propulsores es Michael Reynolds, un arquitecto estadounidense que cuenta con más de 40 años de experiencia en el rubro de las construcciones sustentables, y quizás sea el más conocido. Hace cuatro décadas, Reynolds se reveló contra la arquitectura tradicional, a la que considera “alienada” y lejos de las necesidades urgentes de las personas y el medio ambiente.

Lo supo a poco de terminar su carrera en la Universidad de Cincinnati, en 1969, y desde entonces comenzó a indagar en nuevas formas de construir, convencido de que el mundo requiere un cambio de enfoque ante las amenazas del calentamiento global, la sobrepoblación, la escasez de recursos y la espiral de catástrofes naturales.

 

La“nave tierra” oriental 

Para Reynolds, la solución está en lo que denomina “biotectura”, una forma distinta de edificar, con la eartheship (la “nave tierra”) como su máxima expresión. Se trata de viviendas levantadas con métodos sencillos y usando lo que está a mano, en especial, eso que a simple vista solo parece basura. Cada unidad es por completo independiente de la red: no recibe energía eléctrica, tampoco agua ni gas, produce sus propios alimentos y cuenta con un sistema para el manejo de efluentes.

Con el paso de los años, junto a su equipo, comenzó a difundir sus diseños por todos los rincones del mundo. Hicieron casas para personas en busca de una vida en armonía con su entorno; actuaron en zonas de desastre natural, instruyendo a los sobrevivientes para reconstruir sus hogares; y hace unos años llevaron el desafío a otro nivel: hacer de la “nave tierra” una escuela. Y nuestro país, Uruguay,  fue elegido. Se trata de la escuela sustentable ubicada en Jaureguiberry,  Canelones.

 Sus materiales de construcción predilectos son los ladrillos hechos con botellas, latas y neumáticos, además de materiales naturales. Su diseño de construcción, llamado Earthship (“Nave Tierra”), intenta eludir por completo el uso de cables y cañerías y en cambio fomentar el uso de paneles solares para convertir la luz y el calor en energía. Hasta el último detalle es pensado: las casas producen sus propios alimentos y almacenan el agua a través de la recolección y la filtración. Esta fabricación de energía y recursos aprovechando lo natural, apunta a una reducción de costos a largo plazo y a una mejor calidad de vida.

 

Todo sirve

Otro de los impulsores de las construcciones sustentables es también el estadounidense Dan Phillips, que se preocupa por la creación de viviendas para personas de bajos recursos. Su mayor mérito es que utiliza materia prima reciclada, que llega a ser el 80% de lo utilizado en el producto final. La reducción de costos, debido a que estos materiales son donados o recolectados, hace que las viviendas sean mucho más accesibles. Y Dan Phillips utiliza corchos, trozos de losa, marcos de cuadros y botellas de vidrio, que los transforma en materiales para una ventana, un techo, una división interior o una pared, por ejemplo. Se trata de dar una nueva vida a elementos que se convirtieron en chatarra o desperdicios y que ya cumplieron su función original, para poder utilizarlos nuevamente en hogares.

“Esta visión de la arquitectura sustentable nos inspira a hacer lo mismo en nuestro propio hogar. Con pequeños cambios, reutilizando lo que parece ya no tener uso, pensando en cómo ahorrar energía, podemos hacer que nuestra casa sea más ecológica y aportar nuestro granito de arena al cuidado del medioambiente”, explicó Phillips.

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