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El 2018 fue año especial para el Sindicato Único de la Construcción y Afines (SUNCA). Por un lado, logró firmar una convenio colectivo que asegura que sus trabajadores no tendrán pérdida salarial y, por ende, de poder adquisitivo, al tiempo que conmemoró los primeros sesenta años del gremio. Sobre estos aspectos, así como el plan de acción nacional llevado a cabo por el sindicato en busca de la reactivación de la industria, una futura ronda con los candidatos presidenciables y la necesidad de crear viviendas de corte social, se refirió el dirigente gremial Richard Ferreira, en diálogo con Del Constructor.

 

¿Cuál es el balance del SUNCA en este 2018? 

Nosotros arrancamos el 2018 a partir de un Consejo Directivo que se hizo a fines de enero y principios de febrero, marcando tres o cuatro ejes de acción, que tenían que ver con una campaña por el trabajo a partir de la situación de retracción en la industria que, de hecho, en los últimos tres años, fuimos de las industrias que más perdimos puestos de trabajo.

Venimos de un proceso del 2010 al 2015, donde se registraron los picos más altos de actividad. Llegamos a superar los setenta mil puestos de trabajo y, que, a partir del 2015 a la fecha, producto de la situación internacional y regional, significó la pérdida de veinticinco mil, veintiocho mil puestos de trabajo. Entonces, era lógico que la Dirección Nacional del gremio, mirando este escenario diseñara un plan de acción  para el 2018 que tuviera que ver con una fuerte campaña por el trabajo, teniendo en cuenta lo que se iba a discutir este año a partir de la Rendición de Cuentas. Si bien para nosotros no es una solución en sí misma la inversión pública, ayuda, y mucho, a la reactivación de la industria.

A partir de ahí planteamos un primer eje de acción que lo desarrollamos durante todo el año y que seguramente va a seguir en el 2019. El segundo eje tenía que ver con los Consejos de Salarios, que fue la séptima ronda y de las más importantes en los últimos años para todo el movimiento sindical. Para nosotros era un desafío abordar una discusión  de esta importancia en un momento de la industria que no era el mejor. Un tercer eje de acción tenía que ver con el Congreso del PIT-CNT, donde ahí teníamos un desafío como sindicato de colaborar en el marco de la unidad del movimiento sindical  y que pudiéramos sacar resoluciones claras. Además, poniendo al movimiento sindical de cara a un próximo período.

Esto, en el medio de lo que fue este año, particularmente en el mes de mayo que nuestro sindicato cumplió sesenta años.  A partir de estos ejes es que empezamos a desarrollar un plan de acción a nivel nacional, sin descuidar la protección y el fortalecimiento de todas las estructuras del SUNCA.

 

¿Y cuáles han sido las conclusiones?

Hoy, como primer balance, tenemos un convenio firmado para toda la industria. Hace más de un mes se firmó para el grupo mayoritario el convenio colectivo y ya tenemos la firma para la rama extractiva y la rama de cerámica, que eran los dos subsectores que estaban faltando firmar su convenio colectivo. Estamos, en este aspecto, cerrando un año positivo, a partir de la coyuntura que teníamos. Si uno mira la realidad de los otros grupos que están discutiendo sus convenios colectivos con mucha complejidad, con sectores empresariales que han vaciado la negociación colectiva al no hacerse presentes, lo que dificulta cerrar un año a nivel general con un porcentaje de acuerdo mayor al que existe hoy, que anda en aproximadamente un 50%. Mirando todo esto, para nosotros cerrar un año con un convenio colectivo donde se asegura que no habrá pérdidas salariales y con una plataforma con un profundo contenido social, nos parece sumamente positivo.

 

Ese contenido social, ¿qué planteaba?

Incluimos aspectos que hace a lo social, a la atención, tanto de los cuidados para los gurises de la construcción, como también incorporar a la negociación colectiva aspectos como, por ejemplo, lo que tiene que ver con el lenguaje de señas. Esto va de la mano con otro aspecto del plan de acción y que son las leyes laborales. Y, dentro, de ellas, la ley para mano de obra con discapacidad. Nosotros entendíamos que una vez aprobada esta ley, también teníamos que dar otro paso paralelo en la negociación colectiva, y que era introducir conocimiento a la industria que tiene que ver con el lenguaje de señas. Esto quedó establecido en la negociación colectiva. Cerramos una etapa de negociación, por lo menos hasta el 2020, que cierra la posibilidad de pérdida de salario real de los trabajadores, pérdida de poder adquisitivo y profundiza en la dirección de seguir trabajando desde la negociación colectiva en aspectos que no son salariales estrictamente, pero que sí que hacen a mejorar la calidad de vida del trabajador y su familia. Por otro lado, está la Rendición de Cuentas. Si bien es una Rendición de Cuentas parada en la realidad del país, nosotros creemos que se debieron hacer más esfuerzos para que hubiera mayor inversión en todas las áreas: educación, salud, infraestructura y vivienda. Si bien hubo una señal de inversión que, en parte, ya está en ejecución y que se va a notar más el año que viene, esperábamos, en función de la coyuntura actual de la industria, que fuera mayor. Que ayudara a la industria hasta que hubiera un componente de inversión privada, que es la otra pata importante para lograr la reactivación. Como SUNCA hicimos los esfuerzos, hasta donde pudimos llegar, para que esta Rendición de Cuentas diera resultados y hubiera una distribución de acuerdo a las necesidades que tenía nuestra sociedad en su conjunto, producto de la actual situación. El 2018 fue un año que, dentro de la coyuntura general, no fue el menor por la baja de actividad. Pese a esa situación, logramos mantener una estructura con diecinueve departamentales constituidas, funcionando y logramos crecer en el medio de una baja de actividad en organización. Hay datos que hay que mirarlos en detalles. Por ejemplo, si nos comparamos con el 2010 y 2011, cuando teníamos setenta mil trabajadores a los cuarenta y cinco mil de hoy, según datos del Banco de Previsión Social, y que hayamos logrado mantener toda la infraestructura de nuestro sindicato a nivel nacional, con las departamentales, con diecinueve locales funcionando en todo el país y manteniendo un nivel de sindicalización bien importante, no nos parece nada menor.

 

Situación del sector 

Ustedes son conscientes que va a ser muy difícil volver a ese pico histórico de trabajadores activos.  

Sin duda. Nosotros lo dijimos, incluso, cuando estábamos con setenta mil trabajadores. Dijimos que si bien era una situación que nos alegraba, éramos conscientes que era una situación excepcional. Y que si uno miraba lo que es la historia de la industria, el promedio de actividad, sabíamos que en algún momento eso iba a bajar. En algún momento, a raíz de esa baja de trabajadores con respecto a ese récord histórico, se debatió si la industria estaba en crisis o no. Nosotros no dejamos de reconocer que si la comparación se hace con esos setenta mil trabajadores podríamos llegar a la conclusión que estamos en crisis. Es cierto que hay veinticinco mil, treinta mil trabajadores menos. Ahora, si la comparación se hace tomando como referencia los niveles históricos de actividad, el promedio nos da que estamos en la media.    

 

¿Pero, consideran que la industria está en crisis o en una especie de meseta? 

No consideramos que la industria esté en crisis a nivel general. Ahora bien, es cierto que cuando uno recorre departamento por departamento o determinada región del país, estamos en dificultades serias, con un nivel de desocupación importante y que, en definitiva no hay, a corto plazo, una perspectiva de reactivación de la industria. Ahí somos muy cuidadosos  de no generar una opinión de que todo está mal, ni tampoco de que todo está bárbaro. Sabemos que la industria ha sufrido un impacto importante, producto de los factores que mencioné anteriormente. También es cierto que si miramos los números generales estamos dentro de la media de actividad. Creemos que la industria debería generar, a partir del 2019 y durante el 2020, determinados niveles de inversión que dieran respuesta a las necesidades que tiene la industria. Pero en cuanto a tu pregunta concreta, nosotros no creemos que la industria esté en crisis, sí que estamos con una concentración de la inversión que es dispar, que se concentra en Montevideo y donde ahora aparece, aunque aún no de forma contundente, cierta posibilidad de aumento de inversión en la zona del este, especialmente en Maldonado. Somos conscientes que solo con la inversión pública no alcanza. Por eso la pelea del SUNCA este año fue fundamentalmente una campaña por el trabajo y mayor inversión. Esperemos que el año que viene tengamos algunas señales diferentes en lo que tiene que ver con la inversión privada.

 

¿Cuánto pesa en este panorama la instalación de una segunda planta de UPM?

Creemos que a nivel de reactivación y empleo pesa mucho. Nuestra industria tiene la particularidad de generar actividad y reactivación no solamente al sector, sino a todo lo que gira alrededor, como es el caso de los proveedores, y ni que hablar a la sociedad en su conjunto. Y este tipo de emprendimientos tienen esa particularidad de concentrar, en función del tamaño de la inversión, un nivel de actividad importante, no solamente en la ejecución de la obra, sino también en el transcurso de la misma y después lo que queda, en particular para la zona. Ahí el desafío es que este tipo de inversiones, si es que se conforma su instalación, le deje algo más que una pastera al país. Estamos hablando de mayor conocimiento, más infraestructura y viviendas. En particular, creo que este tipo de emprendimientos para la industria de la construcción y para otros sectores que forman parte de la cadena, significan un impacto en función del empleo bien importante.

 

¿Cómo sindicato tienen previsto realizar una ronda con los presidenciables para saber qué idea tienen en políticas de vivienda, por ejemplo?

Nosotros siempre lo hacemos. En cada año electoral, como sindicato, queremos conocer la opinión de los candidatos en caso de llegar a la presidencia, qué opinión tienen sobre el tema de la reactivación en la industria.

No hemos abordado esa discusión, será parte del plan de acción del 2019, pero sin duda nos interesa. Tenemos claro que en nuestro país, más allá de los esfuerzos que se han hecho, todavía existe un déficit importante de vivienda y, especialmente, de corte social. Nos interesa saber de los presidenciables cuál es su opinión en cuanto a la construcción de vivienda, a la inversión de vivienda, fundamentalmente las de corte social.

Y que aquellos sectores de menores recursos realmente puedan acceder a la vivienda. Las viviendas de interés social, hoy llamadas promovidas, más allá del esfuerzo del gobierno con exoneraciones y subsidios para la construcción de las mismas, en el precio final del producto nos encontramos con una cuota que para muchos sectores de la sociedad es inaccesible. Es cierto que no estamos en la misma situación que hace quince años atrás en lo que tiene que ver con el tema vivienda, pero también es cierto que queda mucho por hacer. Hay que seguir potenciando y facilitando el acceso a la vivienda a través del sistema cooperativo y seguir profundizando en planes de vivienda que tengan como objetivo aquellos sectores más vulnerables.

Publicado en Noticias

El titular de la Liga de la Construcción del Uruguay, que reúne a unas trescientas empresas del todo el país, Ubaldo Camejo, analizó la situación del sector durante el 2018 y las expectativas para el 2019, teniendo en cuenta las elecciones nacionales y la coyuntura política y social de la región, especialmente en Argentina y Brasil.

Camejo afirmó que este año ha sido “muy difícil” para las pequeñas y medianas empresas, debido a la baja inversión en obra pública, la presión tributaria, los costos de masa salarial y materia prima. En este contexto, abogó por una revisión de todos los componentes que hacen al costo final de las viviendas promovidas y a la búsqueda de soluciones para permitir el acceso a quienes no tienen la capacidad de ahorro suficiente para adquirirlas.

 

¿Qué balance hace la Liga de la Construcción de este año?

La Liga, conjuntamente con el resto de las gremiales de la construcción, hemos transitado durante este año de una forma normal, dentro de lo que teníamos previsto. Sabíamos que no iba a ser un año espectacular, sabíamos de las carencias que está padeciendo  el gobierno y que las obras de promoción pública iban a ser mínimas por razones que ya son de público conocimiento. Evidentemente que si queremos ajustar el déficit fiscal que el país tiene, no hay más alternativa que apretar la canilla.  Por otro lado, hemos logrado un convenio en los Consejos de Salarios sin que haya dolores de cabeza para ninguna de las partes, quiero decir que se llegó a un acuerdo sin enfrentamientos, ni paros, más allá de que es un convenio totalmente atípico a veintiún meses, pero hubo acuerdo entre las partes. Y así lo transitaremos hasta el 2020. En cuanto al balance de este año, le diría que  tratamos de sobrevivir a la mínima expresión, porque todas las empresas tuvimos que desprendernos de operarios, ya sea enviando trabajadores al seguro de paro o despidiéndolos. Las empresas del sector se enfrentan, hoy, a un problema bastante serio, porque los costos de producción no dan como para cerrar los números. Me atrevo a decir que la gran mayoría de las empresas subcontratistas están teniendo problemas bastantes serios en el aspecto económico, ya sea por las cobranzas tardías o la escasez de trabajo. A eso hay que agregarle la voracidad del Estado a la hora de recaudar que no nos da respiro. Ha sido un año muy difícil para las pequeñas y medianas empresas que integran la Liga.

 

¿Cuáles son las expectativas para el próximo año?

Este es un año extraño. En otras épocas, en los dos últimos años de  gobierno, era cuando las empresas teníamos más trabajo. De alguna manera, sin importar el partido político, los gobiernos querían dejar una buena impresión al final de su mandato. Hoy sucede lo contrario, porque el gobierno tiene que tapar en parte el déficit fiscal que tiene. Desde nuestra óptica, el 2019 no va a tener mayores diferencias con este año. Creo que si no es peor, será igual. 

 

¿La construcción de una segunda planta de UPM podría reactivar la industria?

El gobierno está jugado a eso, pero en este momento hay silencio sobre el tema. Más allá de que se sigan las gestiones entre la empresa y el gobierno, tengo que suponer que es así, poco se sabe en este momento. Recién lo sabremos el año que viene. Lo que sí es fundamental para la implementación de esta segunda planta, y todos los sabemos, es el ferrocarril. Si el Estado uruguayo no empieza la línea férrea de Paso de los Toros a Montevideo  en los próximos primeros tres meses del año que viene va a ser muy difícil que se concrete la construcción de la planta.    

 

¿Las Viviendas Promovidas, antes llamadas  Viviendas de Interés Social, han repercutido favorablemente en el sector?

Muy poco, es un punto donde creo que el gobierno tiene que ahondar más.  El tema de los topes fue negativo y, más allá de eso, debe ahondar en la posibilidad  de acceso a la vivienda de una gran parte de la población que hoy está imposibilitada por el costo de las mismas. Hay gente que lamentablemente no puede pagar una cuota  porque los salarios no son suficientes.

 

Y, a su juicio, ¿cuáles serían las medidas que habría que adoptar para reactivar la industria o, al menos, bajar los costos de producción?

Creo que necesitamos una fuerte inversión pública en distintos rubros de la construcción, ya sea en infraestructura u obra civil, además de una inversión privada que sea relevante. Para esto último, el Estado debe  incentivar a las empresas y a los capitales de inversión privada. En las condiciones actuales va a ser muy difícil. Otra medida que ayudaría sería una baja de la presión fiscal o una disminución de los aportes sociales al BPS como forma de incentivar la inversión. Hay que buscar fórmulas para atraer al inversor.  La presión fiscal y el costo de la masa salarial son dos componentes importantísimos dentro del costo final del producto. Por eso, acá habría que hacer una revisión total de varios componentes. Por un lado, los costos de la vivienda; después el acceso a la misma y la presión fiscal. 

 

¿Cuánto influye la situación en la región, sobre todo lo que está ocurriendo en Argentina y Brasil?

Somos dependientes de Argentina, así como lo somos de Brasil. En Argentina hay una situación delicada y en Brasil aún no sabemos qué puede ocurrir hasta que asuma el nuevo presidente el 1º enero. El ministro de Economía dice que ya no dependemos tanto de estos países y en parte tiene razón. Es cierto que Uruguay se abrió más al mundo y ya no sólo le vendemos a Argentina y Brasil. No obstante, creo que sigue existiendo un grado de dependencia, por lo que habría que profundizar los vínculos comerciales con otros países, por fuera de nuestros vecinos. Claro que para eso hay que ser un país competitivo y Uruguay no lo es. Tenemos una mano de obra cara, no solamente para el producto interno sino para el producto de exportación. Eso es otro de los temas que hay que solucionar.

 

Hablando de inversión y ante una nueva temporada estival, ¿cómo está Punta del Este en ese sentido? 

Hay proyectos en Punta del Este que, si bien no se han parado, se han enlentecido. Y esto es lógico. Si Argentina está en un proceso de retroceso económico, evidentemente repercute también en los capitales.

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Durante 23 años, distribuidos en dos períodos, Ignacio Otegui fue el presidente, y la cara visible, de la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU). Hoy, a los 67 años, decidió retirarse y esa fue la excusa perfecta para una extensa charla con Del Constructor donde, fiel a su estilo, no esquivó ninguna pregunta. Balance sobre su gestión, los logros, lo que quedó en el debe, la situación actual de la industria, el proyecto de la segunda planta de UPM y el futuro del sector. Sobre ésto y mucho más respondió Otegui a Del Constructor.

 

Hace 23 años que está al frente como presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay. ¿Qué reflexión hace sobre todo estos años? 

Fue en dos períodos, con reelecciones. De 1992 al 2001 y del 2005 hasta ahora. Es una etapa que la estoy culminando con satisfacción y alegría. La Cámara tiene una razonable estructura interna, mejor de la que yo encontré cuando ingresé. Tiene buenos asesores internos y tiene excelentes asesores externos. Tiene una situación interior sin conflictos, que ponga de manifiesto alguna incomodidad entre sus socios, y una situación económica sólida. En consecuencia, yo me retiro y creo que la Cámara queda ordenada y bien. Yo puse la fecha en la que me quería retirar. Lo dije el año pasado y se va a procesar así. Quien tiene la responsabilidad de hacer la nueva elección es el ingeniero Diego O´Neill, que es el actual vicepresidente, y que ya es aceptado por la industria para que sea el nuevo presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay. Él tiene que armar su consejo y organizar el futuro de la Cámara. En definitiva, me siento tranquilo. Hice lo que pude. Muchas de las cosas que quise hacer en el 92,  cuando asumí la presidencia, se hicieron y otras no, como suele ocurrir. Creo que O´Neill será un buen presidente y va a tener todo mi respaldo y en la medida que él entienda que le puedo dar una mano, se la voy a dar, pero yo tengo 67 años y ya me doy por cumplido con la industria y con el país.

 

¿Y cuál es su balance? 

Mirá, más allá de lo que te dije con respecto al interior de nuestra Cámara, cuando tomé la presidencia en el 92, al año siguiente, en el 93, sufrimos una huelga muy severa. Duró, si mal no recuerdo, ochenta y tres días con la industria parada, en consecuencia con daños muy importantes para el trabajador y su familia, para las empresas constructoras y con daños muy importantes para nuestros clientes.  Todo el mundo salió dañado. Y de ahí, en más, hemos tratado de tener un diálogo frontal y equilibrado con el sindicato. A veces, en situaciones mejores y, a veces, en situaciones peores. Cuando dejé la presidencia la primera vez en el 2001, estaba cansado después de diez años de presidencia y en el 2004 me fueron a buscar de vuelta y al principio no quería. Luego acepté por dos años y finalmente me quedé hasta el 2018. Dentro de las cosas que yo valoro como positivas es que la industria hoy tiene una importancia mayor de la que tenía a nivel de la economía, por algo en el 2017 fuimos el tercer sector de generación de Producto Bruto Interno, más allá de que la industria no está en su mejor momento. En una lógica de que la industria se ha desarrollado de forma diversa. Si se mira hacia su interior, cosa que nosotros hacemos, vas a tener, por ejemplo, al cierre del 2018, toda la inversión de vivienda nueva en todo el país, con las reformas van a representar aproximadamente el 20% de la demanda. En el caso de la obra pública va a representar un 32%,  33% de nuestra demanda y las obras privadas no vinculadas a la vivienda va a representar una cifra del 47%, 48%, lo que cierra el 100%.  Esa lógica, que nosotros la empezamos a estudiar hace ya 8 años de la mano de Julio Villamide, que fue el primero que nos pudo definir cuál era la inversión  que se hacía en vivienda. Villamide es asesor de la Cámara, más allá de que también es asesor de APPCU, y una de las cosas que me preocupaba era cómo yo podía evaluar cada uno de los motores que demandan a la industria de forma independiente. Y la suma de esos tres motores es la industria. Él nos hizo el primer trabajo y para nosotros, en  ese momento, fue una sorpresa descubrir que el sector inmobiliario representaba el 32%, 33% de la industria y era más que la obra pública que era del 25%, y el resto eran obras privadas no vinculadas a la vivienda. Eso va cambiando año a año, en función de cómo venga el flujo de inversiones. Hace dos años fue el peor momento en el sector inmobiliario. El 2016 y el 2017 fueron años de menor actividad y probablemente este año sea un poco mejor que el año pasado. Y también es factible que tengamos en 2018 una inversión privada no vinculada a la vivienda más chica que en el 2017.

 

¿Y en cuanto a la obra pública?

La obra pública viene dentro de los guarismos que fueron aprobados en la ley de presupuesto. ¿Qué quiero decir con esto? Que no esperamos ninguna cosa que haga cambiar el escenario actual de la industria, que es un escenario de mediano nivel de actividad. Estamos con unos 45 mil trabajadores en obra y ya  estamos a fin de año. El promedio de este año va hacer un poco menor al de 2017 y probablemente terminemos entre 3 mil y 4 mil puestos de trabajo menos.

 

Perspectivas 

 

¿Y cómo ve el 2019?

El año que viene no va a ser muy diferente a este, más allá de que tenés la obra de UPM y las obras accesorias. Claro que, esto dependerá si el ferrocarril se empieza antes del 30 de marzo del año que viene. Si es así, es probable que UPM termine confirmando la construcción de la planta. Si el ferrocarril no se empieza, UPM no va a hacer la planta. Este es un dato que tenemos que tener en cuenta. Si la planta se construye va influir en la industria de la construcción a partir del 2020 en adelante.

 

¿Y si no se llega a tiempo con la construcción de la infraestructura férrea, cuánto puede incidir negativamente en el sector?

La que mueve la aguja es la planta de celulosa. Las obras complementarias del ferrocarril equivalen a ochocientos trabajadores; el puerto doscientos cincuenta trabajadores; la interconexión entre el puerto y las vías del ferrocarril serán unos ciento cincuenta trabajadores, más las obras para llegar a donde se va a instalar la planta, si es que se instala en Pueblo Centenario. Estas cuatro obras, que tienen que empezarse antes que UPM diga voy a hacer la planta, y si todas comienzan cuando estén al máximo de actividad, son dos mil puestos de trabajo. Equivale a un 4% de incremento laboral en la industria pero no me cambia el sentido del sector. Otra cosa distinta es la planta. En este caso van a ser entre 5 mil y 7 mil puestos de trabajo directos, más todos los indirectos. Para tener una idea clara: vas a tener administrativos, técnicos, técnicos de UPM, o sea van a entrar a ese predio entre 7 mil y 9 mil personas por día. Esto no es un dato menor y de alguna forma moviliza de forma diferente a la industria, porque además le tengo que agregar los otros dos mil que decía antes. Ahí la industria va a tener un cambio importante. Ahora, esto es una hipótesis. Si el ferrocarril no se hace, el resto no se va a hacer.

 

¿Y usted que percepción tiene de que se concrete la planta? 

No sé; por el momento lo que he resuelto es esperar. Cuando nos han pedido negociar temas con UPM, el SUNCA y el gobierno nacional, lo hemos hecho, prestándole atención y tiempo, salvo por tres semanas en las que estuvimos abocados al Consejo de Salarios, y yo le avisé a UPM que durante el período de negociación de las pautas salariales, suspendíamos las negociaciones. Una vez que tuvimos el nuevo convenio, volvimos a la negociación con UPM. Por el momento hay acuerdo en muchos puntos y no hay acuerdo en otros. Obviamente, vamos a seguir negociando.

 

¿Cuáles son los puntos donde no hay acuerdo?

Todavía no lo saben las empresas. Te voy a poner un ejemplo que es una cosa notoria. Hay un decreto, que es el 215 y que rige los temas de seguridad e higiene en la industria de la construcción. Fue promulgado de forma unilateral por  la administración Mujica y no contó con el respaldo de la Cámara ni de ninguna gremial empresarial. Este decreto le faculta a los delegados sindicales de seguridad e higiene a parar cualquier trabajo, lo cual para nosotros es un error importante. Y UPM lo que quiere es que esa decisión  no la tomen los delegados de seguridad, sino que la tomen la gente de UPM. Y el SUNCA dice `señores, yo tengo un decreto que me ampara, si el Poder Ejecutivo quiere sacar otro decreto que lo haga, pero no me pidan a mi como sindicato mi consentimiento´. Y desde ese punto de vista tienen razón. Es algo obvio y la discusión parece innecesaria. Nosotros tenemos una posición, el SUNCA tiene otra y UPM otra. ¿Qué va a pasar? No lo sé. Este es un ejemplo, hay cinco o seis más, pero en definitiva estamos en tiempos donde UPM empieza a recabar precios indicativos en el Uruguay y comienzan las consultas con las empresas. Sé que ya les han fijado fecha, día y hora a varias, porque estas obras de gran porte se arman así, son muy complejas. Para tener una idea clara: la obra de UPM es como si vos me dijeras que alguien hace 12 mil apartamentos nuevos en Punta del Este y los entrega todos el mismo día. Es esa la influencia que tiene. Es una dimensión impresionante. Y también es cierto que la industria ya ha pasado por ese tipo de etapas y que tiene la capacidad y las condiciones como para manejarse con criterios en este tipo de obras. También tenemos cosas malas hechas.

 

¿Cuáles por ejemplo? 

Lo que no volvería a repetir yo es la experiencia de Montes del Plata, porque creo que dejó más sinsabores que sabores a la industria. En ese momento, además, el país tenía un estado en su requerimiento de economía y de puestos de trabajo diferente al que tiene hoy. Teníamos entonces un Estado más exigido de crecimiento y de actividad, con menos del 5%  de desempleo y en la actualidad estamos arriba del 8%. Hay una realidad diferente.  Pero no tengo dudas que la industria va a dar respuesta en caso de que la planta se haga. Además, es interesante el punto elegido para su construcción. Si vos mirás el Uruguay, vas a ver que en toda la franja del río Uruguay, la franja del Río de la Plata y en menor medida la franja del Océano Atlántico, tenés toda la infraestructura del país ahí. En el centro del país y en el noreste no tenés infraestructura. Como es el caso de Cerro Largo, en Rivera muy poca. Y si mirás América Latina es igual. Es, si se quiere, hasta lógico. Y la pregunta que me he hecho varias veces es ¿cómo puedo pensar que a va a estar toda esa zona circundante a Pueblo Centenario diez años después que la planta esté funcionando? Va a tener una infraestructura distinta, guste o no guste. Va a tener una posibilidad de interacción mucho mayor de la que tiene ahora. ¿Qué hay gente que está en contra? Por supuesto. Hay gente del gobierno que está en contra, gente de los medios de producción que están en contra, de la Cátedra y ciudadanos que están en contra. A la larga, las cosas van a ocurrir como tengan que ocurrir.

 

Más allá de UPM

 

Exceptuando la segunda planta de UPM, ¿qué otra obra de gran porte se avizora para movilizar a la industria?

Creo que la industria va a seguir dentro de estos niveles de actividad durante este año, el 2019 y, probablemente, el primer semestre del 2020. Si UPM viene es factible que el sector tenga un crecimiento, pero no creo que haya ninguna otra obra que le cambie el signo a la industria  en forma dramática. Lo digo sin anestesia. No la hay. No lo vas a tener en la vivienda, tampoco en la obra pública, porque una nueva administración tiene dificultades los primeros dos años para tratar de ordenar su economía y la del país, y las obras vinculadas a las viviendas promovidas van a seguir como hasta ahora.

 

¿No habrá un incremento en las obras de viviendas promovidas?   

Hoy existen ocho mil ochocientas viviendas en Montevideo sin vender, de las cuales más de la mitad son viviendas promovidas, antes llamadas de interés social. Esto es un dato importante. Otro elemento: ¿la situación de Argentina va a influir acá? Si uno pregunta cómo fue la venta de unidades nuevas el año pasado y cómo en el 2018, este año están peor que en el 2017. Entre otras cosas por la crisis de Argentina y porque el dólar comenzó a trepar en el Uruguay. Y no hay forma de evitar esa suba. Uruguay tiene que seguir una estrategia de no pegarse a la situación de la Argentina, pero no separarse mucho. Lo mismo ocurre con Brasil. Con vecinos complejos como tenemos, con las situaciones complicadas que tienen a nivel económico y político, y probablemente a nivel social en algún momento, Uruguay algún coletazo va a recibir.

 

Pero el ministro Astori dijo que estamos desacoplados.      

No, no. Te lo voy a decir de otra forma: Uruguay nunca estuvo desacoplado de sus vecinos. En todo caso tienen más incidencia o menos incidencia. Yo creo que hoy tenemos menos incidencia que hace dieciocho años, entre otras cosas porque los bancos uruguayos no les han dado créditos a los argentinos. Antes el 20% de los créditos estaban otorgados a empresarios argentinos y hoy tenés el 0.5%, lo que no es un número menor. Además tenemos una situación económica diferente, internamente en el Uruguay e internamente en Argentina. En consecuencia, las cosas que puedan ocurrir en el Uruguay son más tenues de lo que ocurrieron en aquella época. Ahora, ¿alguien cree que el turismo va a ser el mismo? Que alguien me responda esa pregunta. Si el turismo va a ser igual o mejor que el año pasado, entonces yo estoy equivocado y Astori tiene razón. Si el turismo va a tener una disminución, que es lo que todos esperamos, va a haber una incidencia inferior por lo que dije anteriormente, pero igual va a existir, por más esfuerzos que se hagan por atraer al turismo. Los turistas van a venir si el Uruguay está competitivo y sino vendrán algunos. Es cierto que hay una masa de argentinos que vienen igual, la gente de plata en Argentina va a venir igual, pero está medido en la plata que tenga. Hay un turismo que viene de la Argentina que es gente de dinero que ha venido siempre y seguirá viniendo y luego existe una masa flotante, que es la clase media argentina, que viene siempre y cuando las cosas le funcionen. Y creo que ahí es donde se va a pagar un precio y vamos a tener una menor afluencia de turismo. Y en definitiva, las inversiones que, tradicionalmente, hacen los argentinos en el terreno de la vivienda en Uruguay, la siguen haciendo  pero están más tranquilos porque tienen sus problemas en su propio país.

 

Obra pública y privada

 

A esto habría que agregarle que entramos en año preelectoral y el inversor no arriesga en este período llamémosle “ventana”.   

Tenés a Brasil que no es un tema menor con una situación compleja y después que el 2019 es año electoral. Y el año electoral tiene sus propios parámetros. En este momento, la expectativa está en si empiezo o no una inversión.  Los que están invirtiendo van a seguir invirtiendo. No creo que haya detención de las inversiones que ya están en marcha. Lo que creo que va a haber es una detención de la decisión de comenzar una obra. El que no empezó, no lo hará hasta tener un poco más claro el panorama de su país y del nuestro. Además del año electoral, luego viene el primer año de un nuevo gobierno, sea del partido que sea, que también es un año complejo. ¿O alguien cree que el primer año de un gobierno es fácil? No existe eso. No ha existido nunca.     

 

¿Se espera más de este gobierno en materia de inversión de obra pública y viviendas? 

Creo que el gobierno, en lo que es obra pública, ha invertido lo que aprobó en el presupuesto. Están invirtiendo todo. No es que el Ministerio de Transporte esté invirtiendo el 80%, están invirtiendo todo.  Las que vienen más lentas son las PPP, que son un sistema, por una lógica de lo razonable, que tienen un proceso más lento de lo que yo esperaba. Pero en definitiva, creo que están preadjudicadas cinco obras donde están tratando de articular la parte financiera. Las obras vinculadas a las obras públicas, todos los incisos que maneja en Estado, incluyendo las intendencias, más las obras de las PPP, yo te diría que si aparto estas últimas, el Estado está invirtiendo todo lo que puede. Por algo tenemos el 35% para el 2018 previsto para obra pública.Lo que ocurrió con las viviendas promovidas es que teníamos un escenario que el Estado resolvió cambiarlo, modificó las normas, y lo que hay ahora es una reducción en el volumen de inversión. Mi opinión es que el error fue modificar las normas. Ahora, el mercado uruguayo es un mercado chico. Acá hay un problema: la gente sin recursos, de muy escasos recursos, hoy tiene solamente una línea de acción que es ir a una cooperativa a anotarse. Ahí va a tener, eventualmente, una vivienda. No hay una política de acceso a la vivienda para la gente que gana treinta o cuarenta Unidades Reajustables. Y el Estado no está haciendo políticas para esos segmentos y el privado, si el estado no interviene, no se va a meter. Le guste al que le guste, le pese al que le pese. Nadie va a invertir dinero si no lo va a cobrar.

 

Las viviendas de interés social, hoy viviendas promovidas, no fueron accesibles para esos segmentos que usted nombra.

A ver: ¿A quién se le ocurrió que se iba a poner foco en esos segmentos? La ley en su origen no decía nada de eso. A lo que vos te referís, lo tiene que atacar el Estado. Dicho de otra forma, nosotros estamos pensando y trabajando las cosas que le vamos a plantear a todos los candidatos presidenciables y después al que resulte electo presidente y luego a sus ministros. Nosotros le hemos encargado a (Julio) Villamide un estudio vinculado a este segmento, al segmento que tiene los menores ingresos, porque creemos que ahí es donde está el déficit y ahí es donde está el problema. El país tiene ahí un problema severo. Hay que poner cabeza, inteligencia y tratar de sumar recursos públicos y privados. Pero los recursos públicos y privados se suman siempre y cuando no se le haga asumir al privado un riesgo que no está dispuesto a asumir. Nadie va a invertir cinco, diez, cincuenta millones de dólares contra nada. No existe en el mundo eso. ¿Por qué debería de existir en Uruguay?

 

El déficit habitacional

 

El déficit de vivienda es un problema estructural en Uruguay. 

En 1986, Julio Villamide hizo, por encargo de la Cámara, un estudio de qué pasaba con la liberación de la ley de alquileres y él dijo lo que iba a pasar. Entre otras cosas, los asentamientos. Y era una visión que lamentablemente se confirmó. ¿Qué cosa hizo la Cámara en el año 87, 88, durante la primera administración del doctor Sanguinetti? Planteamos, frente a ese problema, hacer licitaciones y darles los terrenos, la infraestructura básica y la cimentación a las familias que estaban empezando a formar los asentamientos. Se hizo la primera licitación y se armó un gran lío. La Facultad de Arquitectura, la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, entre otros, salieron a decir que eso no era digno. Y estamos hablando de gente que ya vive en cuarta generación en esa situación. Estos no son temas menores y que no tienen una solución fácil. Por ejemplo, yo veo hoy, con razonable expectativa, las acciones que están tomando algunas personas del Ministerio del Interior para desafectar la usurpación de viviendas. Es brutal eso y alguien tiene que ponerle el límite. Creo que Uruguay tiene en este aspecto un desafío muy grande.

 

Culminó un nuevo acuerdo salarial para el sector. ¿Está conforme con el resultado teniendo en cuenta la situación de la industria?

Nosotros fuimos al rango intermedio. No estamos en una situación de crisis, pero tampoco estamos en una situación de auge. En definitiva dimos el 6.86% de aumento en el primer tramo que son once meses, el 5.80% por el segundo tramo que es por diez meses, y un correctivo si la inflación sobrepasa los aumentos otorgados. Fue eso y no hay misterios. Que puede gustar o no gustar es otra cosa. Pero creo que fue un acuerdo razonable, en un momento difícil que tiene la industria y que tiene el país. Y tiramos el tema para fines de abril de 2020.

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El último informe elaborado por el Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC), que revela  las expectativas de la industria  ,concluye que la percepción actual es más optimista para la economía que para el sector. En cambio, las expectativas son menos pesimistas para el sector que para la economía. Asimismo, los encuestados ven menos probable expandir su capacidad instalada y la adquisición de  maquinaria vuelve a ser más probable que la incorporación de personal.

El principal objetivo del estudio del CEEIC es monitorear las expectativas de las empresas del sector de  la  construcción  respecto  a  las  principales  variables  económicas,  su  capacidad  instalada, así como las expectativas de crecimiento de manera tal de poder obtener información sobre la coyuntura actual y evolución futura del sector y la economía.

Este último informe relevó la opinión de 81 empresas asociadas a Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU),  así como de 10 empresas asociadas a Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU). Del total de empresas  contactadas se obtuvo una  tasa de  respuesta muy baja,  de  apenas  22.2%, esto, señala el documento, “hace que los resultados de esta edición deban ser considerados con cautela.

Los resultados se presentan en tres secciones: Expectativas, Capacidad Instalada y Evolución de los costos. En el primer ítem (Expectativas), las empresas fueron consultadas respecto a  la percepción actual y sus expectativas futuras respecto a la economía y el sector de la construcción. La percepción actual es relevada mediante la percepción del estado actual de la variable de interés como Buena, Ni buena ni mala, Mala, mientras que  las expectativas son recogidas mediante la percepción de la evolución futura respecto al estado actual (Al alza, Igual, A la baja).

“La  percepción  reportada  para  la  economía  en  su  conjunto  es  mayormente  neutra  tanto  para  la economía actual (72%) como para las expectativas a futuro (61%). En  segundo lugar aparecen una cantidad importante de respuestas negativas, tanto para la situación actual como para el futuro. Considerando  las  respuestas  referentes  al  sector  de  la  construcción,  estas  muestran  una  peor evaluación de la situación actual si se la compara con la economía. Para el sector, el  porcentaje de respuestas neutras  se ubica en  56%  mientras que las respuestas pesimistas se ubican en 44%.  No obstante, al  comparar las expectativas  a futuro  del sector con las de la economía, las respuestas revelan  que para el sector las expectativas son algo menos pesimistas que para la economía en su conjunto”, señala el documento.

Comparando  estos  datos  con  los  del  informe  anterior de la CEEIC,  se  constata  un  deterioro  para  el  balance  actual de la economía y del sector. En cambio, en el caso de las expectativas, se observaron dos  movimientos opuestos:  el balance  para la economía general sigue empeorando mientras que  se observa una mejora en el balance sectorial. Por último, los indicadores de clima para la economía y el sector que consideran tanto la situación actual como las expectativas, que en junio se situaron en -22% y -28 %, empeoran en ambos casos.

El informe sotiene que “el mayor retroceso se observa para el indicador de clima de la economía, que presenta por  primera  vez  en  el  año  valores  inferiores  a  los  del  sector”, lo que significa que “las percepciones actuales y futuras sobre la construcción y la economía son  mayormente negativas, lo que permite interpretar este escenario como un clima de caída”.

 

Capacidad instalada

 Consultadas sobre el segundo punto (Capacidad Instalada) y su expectativa sobre el futuro, se les solicitó a las empresas que categoricen su situación actual y sus expectativas. Los datos recabados indican que el 67% de quienes respondieron se encuentran operando debajo  del 70%  de  su  capacidad  instalada.  Al  analizar  las  expectativas,  este valor se  ubica en el mismo porcentaje. Adicionalmente se consultó a las empresas respecto a la probabilidad de expansión  de la capacidad instalada en cuanto a maquinaria y personal. “El 67% de las empresas ve como muy poco probable o poco probable la expansión de maquinaria mientras que  72%  declara  lo  mismo  para  la  expansión  de  personal.  Por  lo  tanto,  se  observa  una  diferencia  respecto al informe anterior donde dichos datos fueron de 78% para la expansión de maquinaria y de 70% para la expansión de personal.  En segundo lugar, el porcentaje de respuestas que considera probable o muy probable la expansión de maquinaria es de 22% y 11% para la expansión de personal, mientras que en el anterior informe tales  porcentajes se ubicaron en 13%  para maquinaria y  expansión de personal.  Por lo tanto, la preferencia por la expansión de maquinaria sobre la expansión de personal vuelve a acentuarse en esta edición”, indica el relevamiento.

 

Evolución de los costos 

En cuanto a la evolución de los costos, un 61  % espera que la evolución sea a la par con el IPC y el restante  39%  espera  que  sus  costos  aumenten  por  encima  de  la  inflación. “Respecto  al  anterior  informe,  estos  valores  reflejan  un  aumento  del  porcentaje  de  respuestas  que  consideran  un aumento de costos por encima del IPC respecto a la edición anterior: (39% actualmente y 35% en el anterior.

También se consultó a los encuestados respecto de los principales factores de influencia sobre los costos. El 78% declaró a la mano de obra como el principal costo, un 11% a los insumos importados y el restante 11% se reparte en partes iguales para los insumos locales y subcontratos. En la encuesta anterior, el 83% de los encuestados declaró la mano de obra como principal factor de costo, y en la relevada en febrero, ese guarismo se ubicó en 93%, por lo que se observa una caída en el peso de la mano de obra en la estructura de costos de las empresas.

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Los datos publicados por el Banco Central del Uruguay (BCU) indican que la actividad del sector creció 2,5% durante el segundo trimestre de 2018, respecto al mismo periodo del año anterior. Es importante destacar que este es el segundo trimestre consecutivo de crecimiento de la construcción, luego de casi tres años de contracción. Cabe precisar que el crecimiento interanual del trimestre anterior (primer trimestre de 2018 versus mismo período de 2017) fue revisado a la baja, pasando de 2,1% a 1,3%.

Asimismo, cabe destacar que el crecimiento interanual del segundo trimestre de 2018 está influido positivamente por un efecto calendario relacionado con la semana de Turismo. En este sentido, la actividad de la construcción tuvo en el segundo trimestre de este año una semana más de actividad que el segundo trimestre del año 2017, lo que redunda en un impulso adicional sobre el valor agregado.

El crecimiento de la actividad del sector se explica por el incremento de la construcción en el sector privado que contrarrestó la caída en el sector público. En el sector privado, la construcción de edificios en Montevideo explica el dinamismo. En el sector público, las obras de vialidad del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) y las realizadas por Antel, no lograron compensar la contracción en el resto del sector público, según consigna el BCU.

Por el lado de la inversión, medidas como la Formación Bruta de Capital Fijo, tuvieron un leve incremento durante el segundo trimestre de 2018 (+0,8%).

Este incremento se asocia enteramente a la actividad del sector público que incrementó su inversión en 14,7% interanual. En este sentido, la adquisición de una draga por parte de la ANP explica en parte este desempeño. Por el lado del sector privado, la inversión se contrajo 2%.

En síntesis, la construcción volvió a crecer en el segundo trimestre del año. Al igual que en el trimestre anterior, esto está relacionado a la actividad del sector privado en la construcción de edificios en Montevideo y las obras de vialidad realizadas por el MTOP, a las que se agrega obras realizadas por Antel.

El desempeño reciente de la industria de la construcción parece confirmar que el sector comienza a dejar atrás los años de contracción y que ha salido de la recesión, en línea con lo que sugieren otros indicadores como el empleo sectorial.

Por su parte, las importaciones se expandieron 5,6% (con una incidencia negativa de 1,8 p.p.), producto del aumento de las compras de maquinaria y equipo y de la mayor salida de uruguayos al exterior. En la misma línea, las exportaciones se contrajeron 6,7% interanual producto de la reducción de las exportaciones de soja y el menor flujo de turistas hacia Uruguay.

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