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Los datos publicados por el Banco Central del Uruguay (BCU) indican que la actividad del sector creció 2,5% durante el segundo trimestre de 2018, respecto al mismo periodo del año anterior. Es importante destacar que este es el segundo trimestre consecutivo de crecimiento de la construcción, luego de casi tres años de contracción. Cabe precisar que el crecimiento interanual del trimestre anterior (primer trimestre de 2018 versus mismo período de 2017) fue revisado a la baja, pasando de 2,1% a 1,3%.

Asimismo, cabe destacar que el crecimiento interanual del segundo trimestre de 2018 está influido positivamente por un efecto calendario relacionado con la semana de Turismo. En este sentido, la actividad de la construcción tuvo en el segundo trimestre de este año una semana más de actividad que el segundo trimestre del año 2017, lo que redunda en un impulso adicional sobre el valor agregado.

El crecimiento de la actividad del sector se explica por el incremento de la construcción en el sector privado que contrarrestó la caída en el sector público. En el sector privado, la construcción de edificios en Montevideo explica el dinamismo. En el sector público, las obras de vialidad del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) y las realizadas por Antel, no lograron compensar la contracción en el resto del sector público, según consigna el BCU.

Por el lado de la inversión, medidas como la Formación Bruta de Capital Fijo, tuvieron un leve incremento durante el segundo trimestre de 2018 (+0,8%).

Este incremento se asocia enteramente a la actividad del sector público que incrementó su inversión en 14,7% interanual. En este sentido, la adquisición de una draga por parte de la ANP explica en parte este desempeño. Por el lado del sector privado, la inversión se contrajo 2%.

En síntesis, la construcción volvió a crecer en el segundo trimestre del año. Al igual que en el trimestre anterior, esto está relacionado a la actividad del sector privado en la construcción de edificios en Montevideo y las obras de vialidad realizadas por el MTOP, a las que se agrega obras realizadas por Antel.

El desempeño reciente de la industria de la construcción parece confirmar que el sector comienza a dejar atrás los años de contracción y que ha salido de la recesión, en línea con lo que sugieren otros indicadores como el empleo sectorial.

Por su parte, las importaciones se expandieron 5,6% (con una incidencia negativa de 1,8 p.p.), producto del aumento de las compras de maquinaria y equipo y de la mayor salida de uruguayos al exterior. En la misma línea, las exportaciones se contrajeron 6,7% interanual producto de la reducción de las exportaciones de soja y el menor flujo de turistas hacia Uruguay.

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El sistema constructivo es un conjunto de elementos, materiales, técnicas, herramientas, procedimientos y equipos, que son característicos para un tipo de edificación en particular. Un ejemplo claro de elemento es el ladrillo, que permite levantar muros, hacer pisos y techos. A continuación consignamos  algunos de los sistemas constructivos más utilizados.

Construcción tradicional. Se entiende por sistema tradicional al que está compuesto por estructura de paredes portantes (ladrillos, piedra, o bloques etc.); u hormigón armado. Paredes de mampostería: ladrillos, bloques, piedra, o ladrillo portante, etc. revoques interiores, instalaciones de tuberías metálicas o plásticas y techo de tejas cerámicas, placas, o losa plana. Es un sistema de obra húmeda. Es el sistema de mezcla, badilejo y palas.

Sistema constructivo de paneles estructurales. Dentro de este sistema  prima la utilización de paneles formados por 2 mallas de acero vinculadas por tensores de alambre de acero galvanizado con una placa intermedia aislante térmica. A la que se le coloca, una vez ubicados en su destino, hormigón proyectado. Se construye sobre una platea de vigas de encadenado, sobre la que se montan los paneles; se refuerzan con hierro los ángulos y finalmente se ubican las cañerías de las instalaciones y se proyecta el mortero o revoque en una o dos capas.

Sistema constructivo de madera. Es un sistema económico y con buenas aislaciones Se utiliza fundamentalmente en el interior en zonas madereras, tienen una integración especial con el medio. Las hay íntegramente maderas horizontalmente uno arriba del otro encastrados en sus esquinas, o con el sistema de estructura independiente en madera y paredes interior y exterior de madera en forma de listones.

Sistema constructivo de módulos prefabricados. En el sistema de módulos tridimensionales, se construyen módulos prefabricados en forma seriada y secuencial, formados por paredes, piso y techo que contienen carpinterías, aislaciones, instalaciones, solados, revestimientos y todas las terminaciones necesarias, son módulos autosuficientes. Se utilizan siempre en dimensiones que sean transportables por camión u otros medios y se montan en su lugar definitivo con grúa.

Sistema de muros. Se denomina muro de carga o muro portante a las paredes de una edificación que poseen función estructural; es decir, aquellas que soportan otros elementos estructurales del edificio, como arcos, bóvedas, vigas o viguetas de forjados o de la cubierta.

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El contador, promotor inmobiliario y asesor financiero de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU), quien está al frente de su estudio desde 1974, analizó para Del Constructor la situación del sector en lo que va del año y qué perspectivas se visualizan a corto y mediano plazo. Para Kaplan, el mercado inmobiliario “está lento” y urge un cambio de rumbo en la ley 18.795 de incentivo a la Vivienda de Interés Social, hoy rebautizada como Vivienda Promovida, y regresar al espíritu primigenio de dicha norma creada en el 2011. También se refirió a las exoneraciones para las obras de gran porte, a la necesidad de flexibilizar los créditos hipotecarios para viviendas y a la situación en la región.

 

¿Cómo se comportó el mercado inmobiliario en el primer semestre del año y qué se puede esperar para el resto del 2018?

Es una buena pregunta que no tienen contestaciones binarias, pero que vale la pena planteársela para entender la situación en la cual estamos. Una situación internacional compleja, con todas las medidas que ha tomado, fundamentalmente, el presidente Trump, temas proteccionistas que influyen en el comercio internacional a nivel mundial, más allá de Estados Unidos, China y Europa. En segundo lugar, la situación de nuestros vecinos, Argentina y Brasil, los cuales tienen tensiones políticas, económicas y financieras, que son bastante visibles. En tercer lugar, Uruguay.  La síntesis de todo eso es que el mercado inmobiliario está lento. Hay datos objetivos, por ejemplo, que al día de hoy hay casi la mitad de gente ocupada en la construcción que lo que llegó a existir en los momentos de mayor auge hace unos pocos años. ¿A qué se debe esto? Bueno, hay muchos motivos, dentro de los cuales está la realidad internacional, la realidad de nuestros vecinos. Los argentinos que eran los grandes inversores en el Uruguay. Entre el tema de la transparencia y la moratoria en la Argentina y la ley de inclusión financiera, ya no fluyen los capitales tan favorablemente hacia Uruguay. Por otro lado, Uruguay se ha encarecido mucho en materia de costos. En estos últimos años simplemente vale la pena remarcar un número: la Unidad Indexada, que es un elemento interesante, pues, que tiene  que ver con el IPC, surgió en mayo de 2002, un mes antes de la devaluación de junio de ese año. En ese momento valía un peso, hoy vale 3,91 después de 16 años. El dólar, en setiembre de 2002, cuando se dio ese pico alcista, llegó a estar a 31 pesos, que es la cotización al día de hoy. Eso marca que a nivel de dólares el Uruguay se encareció notoriamente. Cuando uno mira lo que eran los costos en la construcción hace 16 años y hoy, parecen dos mundos absolutamente distintos. Entonces tenemos costos altos en una actividad que es, además, y vale la acotación, en Uruguay, bastante artesanal y poco industrial, en la cual influyen factores de competitividad, factores de productividad, que hacen que no sea el escenario ideal. En esa situación, el gobierno, en el año 2011, saca una ley de Vivienda de Interés Social, aprobada por rara unanimidad por todo el Parlamento. Si se le hubiese puesto de ley de Vivienda de Interés para la Clase Media, probablemente no hubiera salido.  Esa ley trató de mejorar el acceso a la vivienda, sea para que se pueda adquirir o para que se pueda alquilar. Todo el riesgo de esa inversión era del sector privado. Y el sector privado no es el responsable de que gente con sueldos pequeños y medianos pueda comprar esas unidades. Para eso el gobierno debería atender de alguna forma esas soluciones y no pedírselas a la ley de Viviendas de Interés Social.

 

Por ejemplo, habilitar créditos hipotecarios. 

Claro; especiales y a tasas de interés más bajas. Esa ley funcionó y funciona hasta marzo del 2017 bastante bien, más allá que en el 2014 se pusieron topes, pero eran topes que de alguna forma el promotor los direccionaba para hacerse de mayor fluidez financiera  para venderle a determinados inversores  y tener un flujo de fondos para hacer el edificio. Llega marzo de 2017 y el tope es distinto. Se topean unidades  a valores muy bajos, prácticamente en la zona de pérdida. Se adjudican esas unidades al Ministerio de Vivienda para que luego la redistribuya y en el año posterior a la finalización de las obras, el MVOTMA dice si las compra o no las compra a esos precios. Todavía no se ha dado el caso de alguien termine un obra y que el MVOTMA haya tenido que decidir. Pero no tengo dudas que a ese nivel de precios, el Ministerio va adjudicar esas viviendas y el promotor va a recibir tarde, seis meses o un año después de terminado el edificio, un dinero, digamos a pérdida. ¿Qué sucede con eso?  Tendrá que bajar la utilidad o recargar el precio de las otras unidades. Cuando han pasado dieciséis meses de ese cambio, los proyectos de vivienda social cayeron a más de la tercera parte.  Esa es la temperatura. La sensación térmica es que aún no se ve todo esto porque había muchos proyectos presentados antes de marzo de 2017 que son las obras que uno ve ahora. Son muy pocas las obras nuevas  posteriores a esa fecha que ya se han iniciado.

 

O sea que esa caída se va a profundizar.

Se va a profundizar sin duda a fines de 2018 y 2019. Si uno es un lector atento de la realidad, hace unos días estuvo el senador y expresidente Mujica y la vicepresidenta del República, Lucía Topolansky, en la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay, en la cual APPCU le hizo ver esta situación que ya se la había hecho ver al Ministerio de Economía.  Quedaron impresionados con los datos y se comprometieron a estudiar el tema para ver qué se podía hacer. Entonces, desde el punto de vista de Vivienda Social, hoy denominada Vivienda Promovida, el panorama es complejo si no se rectifican los temas. Las perspectivas para el 2018 y 2019 son de menos actividad en ese sector. El que tiene una actividad productiva trata de que sea rentable, máxime una actividad que genera disponer de recursos importantes, de tener un tiempo prolongado de construcción, más allá de comprar el terreno, de presentar el proyecto a la Intendencia, a la Agencia Nacional de Vivienda, de obtener los permisos, vender las unidades y cobrarlas. Eso es un ciclo de no menos de cuatro años. ¿Cuál es el mensaje de todo esto? ¿Por qué darle tantas exoneraciones a este sector si no llegamos a los quintiles más bajos de la población? Y es cierto que hay exoneraciones de IVA, de Rentas y del Impuesto a la Transmisiones Patrimoniales (ITP) que son importantes. Pero cuando uno saca la cuenta de cuánto cuestan las exoneraciones, yo diría que las exoneraciones cuestan menos que cero. Las exoneraciones fueron una gran idea del gobierno y del Parlamento uruguayo. Treinta años antes de la aprobación de la ley de Vivienda de Interés Social  creo que se pueden contar con los dedos de las dos manos cuántos edificios se construyeron en el Centro, Cordón, en La Blanqueada o en El Prado. La conclusión es: ¿cuánto recaudada el Estado por esas zonas? Prácticamente cero. Al día de hoy, el que está exonerado  es el promotor, pero el constructor, el arquitecto, las barracas, y otros tantos actores, tienen que pagar sus impuestos. Se genera trabajo, se paga un aporte unificado de la construcción altísimo, con lo cual si lo analizamos a nivel macro, se llega a la conclusión de que no fue un freno para nada, sino que simplemente le dio más recursos al Estado, más allá de la generación de puestos de empleo. 

 

Además se revitalizaron zonas que estaban perimidas. 

Totalmente perimidas y con infraestructuras ya hechas para la ciudad. En todo sentido fue positivo. Salgo de la Vivienda de Interés Social a la vivienda, llamémosle, no promovida en Montevideo, Puntal de Este y el resto del país. El gobierno, que precisa inversiones, sacó en el 2017 una ley de megaproyectos  para construcciones de más de quince millones de dólares, que cumplieran determinado porcentaje (20%) de amenities y si se hacían en determinado plazo las obras, se les otorgaría determinadas exoneraciones fiscales menores a las de Viviendas Promovidas, pero importantes  al fin. Se han presentado una serie de proyectos, algunos de los cuales todavía no comenzaron. Se prorrogó, porque eso vencía el 31 de diciembre de 2017,  al 31 de diciembre de 2018, tratando de generar actividad.  Se puede decir de ese límite de 15 millones que hoy son 12 millones para Montevideo, a través de un nuevo decreto de febrero de 2018, que es una medida que incentiva inversiones de gran porte. Ahora, ¿por qué no incentivar también a alguien que hace dos edificios de 8 millones cada uno?  Que es tan valioso como alguien que hace uno de 15 millones. Por otro lado, la sumatoria de la inversión y del empleo que van a dar los megaproyectos es mucho menor, o es menor por lo menos, que las que significaban los proyectos de Vivienda Social que dejaron de presentarse. Y si uno lo analiza a los ojos del Estado, creo que con las Viviendas de Interés Social, hoy Promovidas, se llega a que más gente sea propietaria de viviendas, que más gente tenga una vivienda digna en el mercado de alquileres y que  mejora la calidad de vida indirectamente de una gran cantidad de personas y familias. Y, además, es un regulador de los precios de alquileres, porque al haber más oferta se para un poco el efecto inflacionario que pudiese tener. Quiero ser claro. No estoy en contra de los megaproyectos. Me parecen bien, pero por qué no volver al tema de las Viviendas Promovidas que genera más inversión en sectores que más precisa el país. Y por qué  el que no llega a un proyecto de 15 millones de dólares y hace un proyecto mediano de tres, cuatro o diez millones de dólares, no tiene ningún beneficio. Dicho sea de paso, los grandes inversores se fueron a Punta del Este, porque en Montevideo hay pocos terrenos para poder hacer una obra de esa envergadura.

 

La pregunta sería, ¿por qué una ley que funcionó bien y supuso un empuje importante en su momento fue cambiada por el gobierno?

Esa es una buena pregunta que debería responderla el gobierno más que yo. Pero puedo decir lo siguiente: Creo que es un tema filosófico donde no se ve bien de que haya sectores que obtengan ganancias  que son razonables y no mucho más que eso en los programas de promoción privada. La Agencia Nacional de Vivienda tiene las declaraciones de precios de venta de cada uno de los  promotores que actúan en Vivienda Promovida y tiene los costos de los proyectos que aprobó. Si hace los números y le agrega los costos financieros de esas obras, los costos de las comisiones de las ventas y si le agrega los costos de los gastos administrativos, entre otros gastos,  se va a dar cuenta que los números no escapan a un concepto de una utilidad razonable. Creo que sería bueno que se rectificara este tema porque daría más inversión, más ocupación y más empleo. 

 

La situación en la región

 

La devaluación del peso argentino, a consecuencia de la subida del dólar, planteó un cambio en las reglas de juego en el mercado inmobiliario de ese país. Por ejemplo, con la irrupción de “dólar ladrillo” ¿Esta situación puede afectar a Uruguay?

Hace unos años éramos mucho más dependientes de Argentina que hoy. En la actualidad, en el mercado inmobiliario uruguayo ya el comprador argentino dejó de ser el comprador mayoritario para pasar a ser un comprador minoritario en general. Hay dos cosas que vale mencionar. La primera es qué es lo que se compra hoy en materia inmobiliaria. Fundamentalmente unidades chicas. Lo cual demuestra, siguiendo el hilo de su pregunta, que hay gente que, más allá de un tema de vivienda, apuesta al factor ladrillo como renta. En lugar de tener la plata en el banco, prefiere tener algo que le genere un alquiler como forma de mejorar la tasa de rentabilidad. Por otro lado, desde agosto del 2011, con la aplicación de la ley de Vivienda de Interés Social, los edificios aprobados no podían  tener más del 50% de unidades de un dormitorio. Es decir entre 2 y 3 dormitorios tenías que ser la mitad de las unidades, como excepción podría llegar haber un 20% de monoambientes no promovidos. Creo que ese razonamiento, con el temor de que los programas de vivienda social fuesen para promover oficinas, ha hecho que en el mercado que quiere unidades más chicas se vendan fluidamente las unidades de un dormitorio y las ventas de las de dos dormitorios sean más lentas. Cuando cambió la composición de los hogares y, hoy se demanda mucho más unidades de un dormitorio que de dos dormitorios, porque las parejas comienzan a independizarse más jóvenes y los veteranos, de alguna forma, se van achicando, ocurre que el producto que promueve la ANV está condicionado por esos requisitos. Creo que este es un tema importante que debería, vía decreto, poder permitir un mix distinto de unidades. Estoy de acuerdo con que no se promueven los monoambientes, pero que no sean tan rígidos los porcentajes, de manera de darle más fluidez al mercado.

 

Usted se refirió a que la construcción es casi artesanal y que sigue existiendo un alto costo, debido a la masa salarial. También está sobre el tapete el tema de la productividad.

 Sin duda, un alto costo de mano de obra que tiene dos factores. El primero son los aumentos importantes que tuvo el sector de la construcción vía SUNCA, que es un sindicato sumamente fuerte, mejorando el salario real de los obreros, que al día de hoy son más que interesantes. El otro factor es, por un lado, la rigidez de las negociaciones laborales, y por otro lado el sector empresarial que no ha hecho las innovaciones que corresponderían para poder trabajar mejor. También hay un tema de volúmenes. Con esta situación que describíamos en Viviendas Promovidas, el nivel de obras disminuye y, entonces, el empresario no se industrializa porque no tiene volumen para poder hacerlo. Hay que buscar productos atractivos con mejores técnicas de trabajo para poder hacer las cosas mejor. En cuanto a la productividad, nunca se pudo ahondar en ese tema en las negociaciones salariales. Es decir, la productividad ha quedado de lado. Hay una mentalidad que es muy difícil de cambiar.    

 

Volver a las fuentes

 

A su juicio, ¿cómo se combate el enlentecimiento del sector inmobiliario?

El primer cambio, y el más grande, es volver a las fuentes. A lo que estaba estipulado en la ley 18.795 del 2011. Creo que el tema de los topes fue una decisión equivocada en el 2014 y mucho más equivocada en el 2017.  Si eso se diese vuelta, yo le diría que habría inversiones, en un año y medio, por un monto mayor de lo que podría ser la segunda planta de UPM. Un segundo tema es cambiar el mix de las unidades y, por último, si se quiere llegar a sectores más vulnerables de la población hay que otorgar una tasa de interés especial por parte del Banco Hipotecario del Uruguay, o del banco que el Estado designe, a esos consumidores, porque un punto en la tasa de interés es mucha plata en la cuota mensual que paga cada comprador. Creo que de adoptarse estas medidas, el gran ganador sería el propio Estado. Tendría más inversión, más empleo y regularía más el mercado de alquileres.

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El Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC) prevé que la actividad en el sector continuará estancada en 2018, más allá del dato positivo que tuvo en el primer trimestre. En efecto, el informe de Cuentas Nacionales elaborado por el Banco Central (BCU) correspondiente al período enero-mazo (último dato disponible) marcó que la actividad del sector tuvo un crecimiento de 2,1% en la comparación interanual. Ese revirtió el mal resultado de fin de año cuando la construcción cerró 2017 con una caída de la actividad de 6%.

Sin embargo, el CEEIC marcó que el Índice Líder de la Actividad (ILIC), que elabora mensualmente, arrojó un leve deterioro debido a la influencia negativa de los indicadores que lo componen. Con excepción de los costos y la inflación en dólares, que evolucionaron en línea con lo previsto, según el informe, los otros determinantes mostraron variaciones que incidieron de forma negativa en la evolución del índice.

El ILIC indicó que en el plano local la producción de cemento creció menos de lo proyectado y el desempleo quedó por encima de lo previsto. Adicionalmente, las expectativas empresariales del sector evolucionaron en forma desfavorable y fueron revisadas levemente a la baja.

Además, el nivel de la actividad de la construcción en Argentina tuvo un comportamiento por debajo del esperado, un elemento que incide negativamente a nivel local. En ese sentido, el CEEIC señaló que la incertidumbre sobre la economía en Argentina tendrá un impacto en la actividad local.

Tomando en cuenta esos factores, los determinantes del ILIC registraron cambios que inciden negativamente en el indicador. Por tanto, más allá de modificaciones marginales que no alteran diagnósticos anteriores, el CEEIC estimó que la actividad de la construcción registrará variaciones próximas a cero en 2018, manteniéndose estancada.

 

Trabajo y seguro de paro

El empleo es uno de los indicadores que atraviesa una fase negativa desde hace varios años. Un informe divulgado por la Cámara de la Construcción sostuvo que entre enero de 2013 y el mismo mes de este año se perdieron en el sector más de 25 mil puestos de trabajo. En consonancia con esa realidad también se produjo un descenso en la cantidad anual de jornales.

En ese sentido, el año pasado, en la construcción hubo 8,3 millones de días trabajados, lo que marcó una caída de casi 6 puntos porcentuales respecto a un año atrás. Con ese dato, en 2017 se consolidó la cuarta caída anual consecutiva en los días trabajados.

Maldonado fue uno de los departamentos que más sintió el freno de la construcción. Coincidiendo con los datos generales, la actividad del sector comenzó a debilitarse en 2012 luego del boom que había comenzado a atravesar a partir de 2005.Uno de los factores principales fue la retracción de inversionistas argentinos en el mercado inmobiliario de Punta del Este, debido por el cepo cambiario aplicado por el gobierno argentino anterior.

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El Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC) elaboró una nueva edición del Índice de Importación de Maquinaria de la Industria de la Construcción (IME), y detalló su evolución en el período 2016-2017. Como principal conclusión, el informe revela que la inversión en maquinaria y equipos disminuyó 9,8%, en promedio, en los dos últimos años, y su participación en el PIB pasó de ser 8% en 2012 a 5% en 2017. Asimismo, la actividad de la industria de la construcción viene en retracción desde 2015, y cayó 6% en 2017.

El IME tiene como objetivo realizar una aproximación de las inversiones de capital que se realizan en la industria de la construcción, a partir de los datos de importación de maquinaria y equipos.

 

Inversiones 

Para entender lo que sucedió con el IME de la construcción en los últimos dos años, el CEEIC aconseja tener en cuenta que la economía uruguaya evidenció en el período analizado (2016 y 2017) un marcado descenso en la inversión.

En efecto, la inversión general medida como formación bruta de capital fijo aumentó 4% en 2016 y cayó 5% en 2017, cuando entre 2006 y 2015 la tasa de crecimiento promedio anual fue de 16%. En línea con estos resultados, la participación de la inversión en activos fijos en el PIB se ubicó en torno a 19% en 2016 y en 16,7% en 2017, en contraste con el 20% de participación promedio para el período 2005-2015.

En este contexto, la actualización del Índice arrojó resultados en línea con las conclusiones obtenidas en la primera edición del informe (que relevó entre 2000 y 2015) en la que, los principales resultados confirmaban que la industria de la construcción había acompañado el crecimiento de la inversión en el resto de la economía, incrementando de forma significativa su inversión en maquinaria y equipos.

Desde el pico de inversión en 2013, lo destinado a maquinaria y equipo en la industria de la construcción se redujo en US$ 120 millones frente a 2017. Esto implica una retracción significativa en la incorporación de infraestructura, aunque porcentualmente menor a la registrada por la economía en su conjunto.

 

Maquinaria

En cuanto a la participación de la construcción en el total de las inversiones en maquinaria y equipos de la economía (sin incluir importación de celulares), se ha mantenido dentro del rango de variación histórico.

Sin embargo, a pesar del menor dinamismo sectorial, la incorporación de maquinaria y equipos en la construcción representó en los últimos dos años una mayor proporción de la incorporación total de infraestructura a nivel agregado.

El estudio explica que esto indica que la disminución en la incorporación de bienes de capital en otros sectores de la economía, es mayor que en la industria de la construcción.

 

IME y Producto Bruto

Al comparar la evolución del IME y el Producto Bruto de la Construcción, ambas se mueven en conjunto. El sector se contrajo fuertemente en los últimos años (2,6% y 6% en 2016 y 2017 respectivamente) y, si bien, se observa un leve aumento del IME en 2016 (del orden de 7%), este se explica por una disminución del Índice de Precios de Importación de Bienes de Capital que se utiliza para deflactar el índice. En tanto, en 2017 el IME se contrajo 17%.

El rubro “Maquinarias, artefactos y aparatos mecánicos” continúa predominando en las importaciones del sector, y representan más del 90% del total en 2016 y 2017. A la interna de esa categoría, las importaciones de “Topadoras frontales, topadoras angulares, niveladoras, tráiler, palas mecánicas, compactadoras, apisonadoras” representan algo más de un tercio del total, seguidas por “Herramientas neumáticas, con motor eléctrico, sierras, tronzadoras, taladros” que explican cerca del 20% de lo importado, detalla el informe del CEEIC.

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