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En diálogo con Del Constructor, Diego O´Neill, el nuevo presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, quien asumió el pasado 15 de noviembre, se refirió a los desafíos que se plantea su nueva administración. Dentro de ellos, expuso O´Neill, se encuentran la inversión y el fortalecimiento de las empresas del sector, así como la capacitación y la promoción de los operarios, que permita el desarrollo de la industria.

 

Como nuevo presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, ¿cuáles son los desafíos que se ha planteado? 

Venimos de un período muy prolongado de presidencia de Ignacio Otegui, entonces es todo un cambio para la CCU y la industria el pasar a un nuevo régimen de rotación en la presidencia. Yo asumo por un período de dos años, luego vendrá otro presidente. Esa es la dinámica que se espera tener  en adelante. Continuaremos con una cantidad de cosas que son tradicionales en la Cámara, pero también impulsando renovaciones en otros aspectos.

 

¿Cuáles son los cambios que pretende proyectar durante su mandato? 

En primer lugar, creo que hay estilos de conducción diferentes. Soy de una generación de empresarios más dispuesta al trabajo en equipo, de liderar equipos, de involucrar más gente en la construcción.

Creo que eso es una característica de renovación en lo que hace a la CCU. Y por otra parte, hay cosas muy claras como impulsar el desarrollo sustentable de la construcción en el Uruguay.

Hay que trabajar en líneas que me parecen fundamentales. Por un lado, la inversión para que haya construcción y, por otro lado, fortalecer las empresas que son las que llevan adelante la industria. Y, también, capacitar y promover a los operarios para tener un equipo de trabajo fuerte que nos permita crecer y desarrollar la industria.

 

Se refirió a la inversión como uno de los pilares del sector. ¿Cómo está hoy, luego del boom histórico de hace unos años?

Es cierto lo que usted dice que aquello fue un pico histórico y que era muy difícil que se mantuviera en el tiempo, pero caímos bastante, por ejemplo, a nivel de ocupación. Los últimos datos son un poco más auspiciosos. Actualmente estamos alrededor de cuarenta y siete mil trabajadores, pero con respecto a aquel pico de setenta y tres mil trabajadores, se han perdido veinticinco mil puestos de trabajo.

 

Es un número muy importante para la tasa de desempleo de Uruguay.

Yo le diría que es un número muy significativo esa cantidad de gente que no está en la industria hoy. El 2018 fue un año en que la actividad no siguió cayendo, ya que veníamos de tres años consecutivos de caída entre el 2015 y 2017. El año pasado se detuvo esa caída, pero tampoco se produjo un rebote, un principio de crecimiento.

 

Inversiones

¿Y cómo fue el 2018?

Si bien aún no están los números, estimamos que fue un año neutro, sin crecimiento. Lo positivo es haber detenido la tendencia a la baja, aunque sin generar crecimiento. Esto se debió, precisamente, a que la inversión privada está bastante venida a menos. La construcción tiene dos fuentes de inversión: la pública y la privada. 

La inversión pública es muy importante, pero en los últimos diez años ha significado una tercera parte del total de la inversión. Las otras dos terceras partes corresponden a la inversión privada. 

Una parte es vivienda  y la otra parte es inversión privada no vinculada a la vivienda, que es la más importante de todas y la que se ha resentido más.

 

¿Cuáles fueron las causas de esta caída en la inversión? ¿La coyuntura internacional u otros mercados más seductores para el inversor?

Los países compiten por la inversión. Hoy existen destinos más atractivos. En Uruguay tenemos un tema de competitividad, de costos elevados y de baja rentabilidad a nivel de las empresas en general. Todo esto lleva a una merma de la inversión que está bastante alicaída con respecto a años anteriores.

Esto se ve, por ejemplo, si uno analiza los montos promovidos bajo la ley de inversiones  en la COMAP (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones) o si se analiza la cantidad de proyectos de viviendas que han ingresado a la Agencia Nacional de Vivienda (ANV) para ser promovidas. 

Estos son dos claros ejemplos donde se ve la reducción de la inversión. Cuando entró en vigencia la ley N° 18.795 de promoción de la inversión privada en Viviendas de Interés Social, en la primera reglamentación que no había topes de ningún tipo, durante cinco años, entre el 2011 y 2016, hubo un promedio de alrededor de dos mil setecientas viviendas que ingresaban anualmente a la ANV.

A partir de la segunda modificación en marzo de 2017, hubo una primera modificación en 2014 que tuvo su impacto, donde el tope baja al 10%  de las unidades cada programa, pero con un precio muy por debajo de los costos, además, ese 10% de viviendas, en alguna medida, hay que pasárselo al MVOTMA  para que lo comercialice y también le pusieron topes a los alquileres.

Hay que tener en cuenta que, en muchos casos, las viviendas promovidas, más que ir al usuario final, va a un inversor que alquila, pero también se pusieron topes a la exoneración del IRPF de los alquileres. Todo eso ha llevado a que de dos mil setecientas viviendas por año caímos a mil quinientas viviendas. Si bien no se puede decir que se frenó completamente, pero tuvo una caída sensible.

 

En definitiva, estos cambios desestimularon a los inversores cuando el país precisa de ellos.

Nosotros pensamos que el mejor escenario sería volver al principio. Que ambas modificaciones, tanto la del 2014 como la del 2017, en el aspecto de los topes han sido perjudiciales, por lo que creemos que lo ideal sería volver al régimen inicial, cuando no había limitaciones, y el mercado iba regulando los precios de la vivienda en función de la oferta y la demanda.

 

Y fuera de las viviendas promovidas, pensado en mega obras, ¿a qué le atribuye la caída en ese tipo de inversiones?

 Es cierto que desde hace un par de años en que salió el decreto que extiende los beneficios de la ley de inversión a los proyectos inmobiliarios de gran dimensión económica, eso ha tenido un efecto positivo. Hay proyectos de este tipo que se están construyendo al amparo de ese beneficio fiscal. Por ejemplo, en Punta del Este hay varios y existen algunos en Montevideo.  Eso ha sido un estímulo que las autoridades han buscado para acomodar la inversión y ha sido positivo. Pero tiene un alcance acotado. 

 

Usted decía que otros de los elementos que componen el sector son los costos y, dentro de ellos, la masa salarial, como un componente que eleva el precio final del producto.

Es cierto que los últimos 10, 12 años, la construcción  ha sido el sector que ha tenido el mayor incremento de salario real, por encima de la media de la economía, pero a nosotros no nos parece mal, al contrario, estamos de acuerdo con eso. Lo que sí reclamamos, aspiramos, a la reciprocidad. Es decir, frente al salario que se recibe, el trabajo que se desempeña.  Y me refiero a la productividad, que es una de las grandes preocupaciones que tenemos.

Todos los empresarios, desde hace muchos años, vienen manifestando  su preocupación sobre este tema. No había información estadística que permitiera sacar conclusiones ciertas al respecto. Ahora el Centro de Estudios Económicos de la Industria de  la Construcción (CEEIC) hizo un estudio muy serio que muestra una caída de la productividad en los últimos veinte años en edificios de viviendas en el entorno del 20%.  Esto significa que se necesita un 20% más de jornales para construir los mismos metros cuadrados, cuando, en ese mismo período, se incorporaron una cantidad de tecnologías nuevas y de equipamiento. La construcción ha invertido fuerte en grúas torres, en sistema de encofrado, se ha generalizado el uso de los hormigones preelaborados y bombeados. Todo esto tendría que indicar una mejora en la productividad y, por el contrario, tenemos un deterioro.

Ese es un tema que preocupa mucho y desde la CCU estamos tratando de hacer cosas al respecto. Ahora, en concreto, hay un proyecto para la medición de la productividad en obra, con la misma metodología que se usa en Chile y que ha sido muy exitosa,  que comenzará a funcionar en los próximos meses. Es una herramienta para comenzar a generar información  y atacar este problema.

 

Productividad y capacitación

La productividad es un tema que siempre está en la mesa de los Consejos de Salarios, pero no logran un punto de acuerdo.

No diría que no nos ponemos de acuerdo. Quizá es un tema que no hemos discutido tanto. Se empezó a tomar en serio en los últimos tiempos. La productividad es la suma de una serie de cosas, un proceso en cadena. Por ejemplo, en una obra de arquitectura  comienza por el diseño, por las tecnologías que se van a utilizar, la organización del trabajo, el equipamiento con el que se cuenta para desarrollar esa tarea y, por supuesto, el factor mano de obra.  No hay un único factor que sea  responsable de la productividad final. Es una sumatoria e, indudablemente, hay que trabajar en toda esa cadena de proceso.  Hoy estamos en una etapa en la que se completó un diagnóstico, se llegó a una conclusión de que hay un problema y hay que trabajar en los distintos eslabones de la cadena para poder mejorar la productividad.

 

¿Falta capacitación en la mano de obra?  

Si la industria vuelve a los niveles de actividad que tuvimos hace tres o cuatro años, cuando se registró ese pico de puestos de trabajo, se necesita capacitación. En ese momento, esa fue una de las razones de la caída de la productividad porque ingresó una cantidad de personal a la industria que no tenía la capacitación adecuada. Cuando se producen estos picos de actividad suelen pasar estas cosas.

Pero es claro que la capacitación es un tema muy importante. La industria trabaja con el Fondo de Capacitación, que es uno de los Fondos Sociales, en capacitar trabajadores.  Esto ha sido importante, más que nada en la capacitación a la iniciación en los oficios como albañilería, herrería y carpintería. Tenemos que desarrollar una capacitación superior para los mandos medios sobre todo de cara a las nuevas tecnologías.

 

¿Se refiere a los sistemas constructivos no tradicionales como la construcción en seco, por ejemplo?

Indudablemente que sí. La obra en seco en Uruguay ya tiene una penetración interesante, aunque también tiene sus resistencias culturales. A la gente a veces no le gusta golpear y sentir que la pared no es maciza. Pero ya hay muchos proyectos que han incorporado la obra en seco. Como la incidencia de la mano de obra  ha aumentado mucho en el costo total del producto, las soluciones tradicionales se han vuelto bastante más caras, por lo que hay que pensar en tecnologías que ahorren tiempo y reduzcan el tiempo de la mano de obra.

 

¿Cuánto ha influido la situación de la región? Sobre todo lo ocurrido en Argentina con la devaluación de su moneda y el nuevo gobierno de Brasil que apunta hacia una economía cerrada, proteccionista.

Cuando se produjo la corrida cambiaria en Argentina tuvo rápido efecto en Uruguay y eso produjo una retracción en el mercado inmobiliario. La gente especula con que los precios van a bajar, con que el dólar va a subir, y eso posterga decisiones.

Creo que lo que se dio fue un fenómeno de postergación de decisiones. Las operaciones venían a cierto ritmo y se enlentecieron básicamente por eso. Las compras ventas en el mercado inmobiliario han bajado sensiblemente, pese a que hay un nivel de inversión no menor en viviendas. Hay obras de viviendas promovidas que estamos haciendo hoy que fueron aprobadas antes de la modificación del decreto, por lo que hay una inercia de una cantidad de obras que están en curso, además de los proyectos grandes.

El sector vivienda no está tan deprimido, hay actividad, pero el tema de la colocación de los apartamentos, de los productos, se ha enlentecido y hay un stock importante para comercializar.

 

¿Y preocupa la migración de inversores del sector hacia Paraguay, por ejemplo?

Lo que nos preocupa a nosotros es Uruguay. No tener las condiciones que permitan que los inversores se queden acá. Ojalá que a Paraguay le vaya muy bien, pero que a nosotros también. La preocupación pasa porque nuestro país debe corregir su situación de competitividad con el resto de la región para mejorar las condiciones de inversión. También el clima de negocios.

 

Modalidad PPP

¿Cuál sería el clima de negocios?

 A veces hay cosas que no pasan necesariamente por las condiciones económicas. Cuando hablo de clima de negocios me refiero a la rentabilidad indudablemente, pero también a la normativa, a la burocracia, a la conflictividad sindical, que en algunos sectores ha sido fuerte generando dificultades a las empresas. Queremos mejorar las condiciones en todo sentido y en este año electoral, esperamos poder dialogar de estos temas con todos los candidatos a presidente para poder incidir, dentro de nuestras posibilidades y en la materia específica de nuestra actividad, en la agenda de la próxima administración.   

 

Y en lo que respecta a una segunda planta de UPM, ¿en cuánto puede inclinar la balanza a favor de la construcción en puestos de trabajo, por ejemplo?

Nosotros pensamos que la inversión de UPM es positiva y necesaria para el país. Una inversión que se va a radicar en una zona del país que está bastante deprimida, por lo que va a generar mucho movimiento, puestos de trabajos directos e indirectos, lo que llamamos el efecto cascada, el derrame al resto de la economía.

Hay una cantidad de inversiones que la gente asigna que se va hacer sólo para UPM, pero son inversiones que quedan para todas las actividades del país, sea en rutas o en el ferrocarril central.  De concretarse esta inversión va a mover la aguja de manera significativa porque entre la propia obra y todas las obras conexas se estima que pueda haber alrededor de ocho mil trabajadores  en su momento de máxima ocupación. Eso equivale a un 20% de la ocupación que hoy tenemos.

 

¿Qué expectativa tiene para este año?

Creo que el 2019 va a ser parecido al año pasado, donde la actividad estuvo sostenida, más que nada, por una inversión pública fuerte, sobre todo en lo que tiene que ver con la vialidad. También durante el presente año se van a ir concretando algunos proyectos de Participación Público Privada (PPP), que están en el proceso entre la adjudicación provisional y la firma del contrato, que lleva su tiempo. También hay proyectos de PPP para centros educativos que van a empezar este año. Creemos que toda la inversión pública directa más estas obras que son públicas con financiamiento privado, van a sostener la actividad por lo que falta de inversión privada.

 

El algún momento el ministro Rossi manifestó su malestar por la lentitud en la concreción de las PPP.

Creo que es una curva de aprendizaje para el país, los organismos estatales, las empresas y el sistema financiero.  Es cierto que se ha demorado -en algunos casos un año, en otros bastante más- el cierre financiero que es el proceso entre que se adjudica provisionalmente la licitación y se concreta la firma del contrato.

No nos olvidemos que hay muchos actores, Ministerio de Transporte, Ministerio de Economía, organismos financiadores, todo eso ha generado estos procesos largos. Creo que esto es mejorable, corregible, pero la modalidad PPP es una herramienta valiosa y poderosa para permitirle al país mejorar su infraestructura.

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El evento contará con actividades para profesionales, estudiantes y público en general.

El jueves 14 de marzo tuvo lugar el evento lanzamiento de la 10ma. edición de Feria de la Construcción, en la Sala de Conferencias  de la Rural del Prado. En el evento se presentaron las principales novedades que la exposición tendrá en esta oportunidad, entre las que se destacan los renovados espacios del predio ferial para generar nuevas oportunidades de desarrollo de los diferentes stands, así como la agenda de actividades y conferencias.

En el lanzamiento hizo también uso de la palabra el intendente Daniel Martínez, quien destacó que “las Ferias son de gran importancia para colectivizar innovaciones tecnológicas y oportunidades de cara a la necesidad de un país de primera, de competitividad, de inclusión tecnológica. El mundo en que vivimos será cada vez más el mundo del cambio, de innovación, donde lo nada estable, y lo cada vez más competitivo serán las características, por lo tanto necesitamos que nuestra gente, y en particular de este sector de actividad tan importante en la economía nacional, se prepare, se informe y adquiera conocimientos”.

Respecto a la celebración de la 10ma. edición del evento, desde la organización, Silvano Viera, director de Proyectos y Promociones, señaló: “Estamos orgullosos de lo que hemos logrado en estos 18 años, desde aquel comienzo en 2001 junto a un conjunto de empresarios que confiaron y apostaron a seguir creciendo y fortaleciendo el sector. Como articuladores de un ámbito que estimula, actualiza y fortalece la industria, nos inspira el proyecto de seguir construyendo futuro. Uruguay ha evolucionado en diferentes aspectos que hacen al sector, para esto es que es importante que juntos sigamos aportando para la construcción de ámbitos de crecimiento, aprendizaje, intercambios, negocios, actualización y desarrollo, que potencien aún más la actividad”.

Durante el lanzamiento se saludó también a la Liga de la Construcción y a la Cámara de la Construcción, instituciones que en este 2019 celebran su primer centenario, cuyos líderes hicieron uso de la palabra desde su posición de patrocinadores oficiales del evento.

Diego O’Neill, presidente de la Cámara de la Construcción, destacó que “La Feria es una realidad ya instalada en la industria y en la sociedad, que año a año ha ido creciendo en su importancia y participación.” En cuanto a la relevancia del sector para el país, también destacó que “la Construcción representa el 9% del PBI y una participación similar en los puestos de trabajo, y que los estudios científicos y relevamientos han demostrado que cuando se mueve la Construcción, se mueve la economía”.

A esta última declaración de O’Neill, Martínez agregó que la magnitud de este punto toma dimensión también cuando se tiene en cuenta el peso de la obra pública, y la importancia de generar obras para la activación de la economía.

Entre los asistentes al evento se encontraban autoridades nacionales y departamentales, además de representantes de diferentes partidos, que manifestaron su preocupación por el desarrollo de la Construcción de cara a los próximos años, y dialogaron al respecto con los empresarios presentes.

La Feria de la Construcción tiene lugar cada dos años y este año se realizará nuevamente en el predio de la Rural del Prado, lugar elegido por quinta vez para albergar las diferentes propuestas de los expositores, los cuales en este 2019 serán más de 260.

El evento es elegido por la industria como el principal punto de negocios del sector, dado que potencia el vínculo con proveedores y genera también nuevas oportunidades de sinergia entre los más destacados protagonistas de dicha actividad, además de recibir a más de 50.000 visitantes que llegan desde todo el país. La Feria de la Construcción también es un destacado nodo de actualización y capacitación para profesionales, técnicos y estudiantes, por ser un núcleo de conferencias y actividades centradas en tendencias, técnicas y otros aspectos relevantes a la industria.

Los interesados en ser parte de esta edición pueden acceder a más información a través de la web www.feriaconstruccion.com.uy y las redes sociales del evento.

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La Torre de la Defensa será un edificio “solemne y monumental, que dialoga en clave posmoderna con el marco histórico en el que se emplaza. Tiene la expresividad contemporánea del cristal y el hormigón, y aunque tiene reminiscencias clásicas prescinde de sobregestos ornamentales innecesarios”. Así lo explicó  al diario sanducero El Telégrafo el arquitecto Jorge Paggi, quien junto al arquitecto Alberto Zinno y al ingeniero Estanislao Gossi, llevan adelante la propuesta técnica enmarcada en el emprendimiento Babel Desarrollo y Promoción. Será construido en la esquina de Zorrilla de San Martín y Florida, en pleno centro sanducero,  en un terreno de más de 1.100 metros cuadrados y tomando el predio de una casa construida a fines del siglo XIX. Se prevé que la obra esté finalizada en 2021

Paggi afirmó que con sus 75 metros de altura será la torre más alta del interior del país, exceptuando las existentes en Punta del Este, y significará para Paysandú “un paso decisivo para que vuelva a situarse como una de las principales capitales de la región”, y que la obra se realiza “apostando a su casco urbano, celebrándolo y reconvirtiéndolo para lanzarse al futuro”.

El arquitecto detalló que el edificio “es de una planta circular, con estructura de hormigón y vidrio, que reduce el 75% de las patologías de otros métodos constructivos y resistirá vientos de hasta 350 kilómetros por hora (que no se dan en Uruguay), según fue calculado por un profesor grado 5 de la Facultad de Ingeniería”. Asimismo, contará con dos subsuelos, dos niveles para oficinas que ocupan todo el frente urbano, “por lo que no será agresivo para las pequeñas viviendas aledañas al edificio”. En la mitad del padrón, “sale el edificio con 16 niveles hacia arriba (que hacen 18 con los dos subsuelos) donde van los apartamentos. Y el remate del edificio es un duplex, que se achica un poco pero le da esa imagen de punta que tiene la torre. Y al final, arriba de todo, habrá un remate iluminado, que será como un faro para la ciudad”.

En total, el edificio contará con entre 24 y 27 plantas independientes, entre apartamentos y oficinas con sus diferentes características. Los 16 pisos cubren los 360º, por lo que tienen vista para todos los puntos cardinales en el caso de los que son de un apartamento por planta, con más de 200 metros cuadrados de superficie.

Los apartamentos tendrán hasta tres dormitorios, living comedor, dos baños, lavadero, losa radiante por unidad y por sector, aire acondicionado central por unidad y una gran innovación: va a estar totalmente domotizado, esto es que podrá controlarse a distancia y por la voz o el teléfono celular los blackouts motorizados, las luces y acondicionamiento térmico y por los toma corrientes integrar el sistema de electrodomésticos, definiendo así el encendido o apagado del microondas, por ejemplo. Para la torre habrá dos ascensores con capacidad de ocho personas, y otros dos ascensores para las oficinas.

 

Diseñadores de interiores

Como un servicio extra, los apartamentos “estarán equipados, y tenemos dos diseñadores de Buenos Aires que brindarán la posibilidad de arreglar a su manera el equipamiento, y van a diseñar los accesos y las salas de recreación (‘amenities’) para las oficinas y para la torre”, explicó el arquitecto Paggi.

En el primer piso, para las oficinas, habrá una cafetería con balcón hacia la plaza Constitución, también habrá un gimnasio de 125 m2 con vestuario. Y para la torre, serán dos piscinas climatizadas, una para niños y otra para adultos con baños, casilleros y vestuarios asociados ocupando cien metros cuadrados. Habrá dos barbacoas que suman 145 m2 y un jardín solarium de 340 m2 con balcón a la plaza.

También tendrá regulador de la intensidad de las luces y el audio, y dispositivos de oscurecimiento con cortinas de enrollar motorizadas y controladas a distancia. “Tecnológicamente hablando es un edificio de punta”, afirmó Paggi, “y pondrá a Paysandú al nivel de cualquier capital del mundo”.

En los dos primeros pisos de la torre habrá cuatro apartamentos de dos dormitorios, o también como posibilidad de que haya dos de unos 90 m2 o un gran apartamento de 230 metros cuadrados, “de acuerdo a las necesidades y el interés de los compradores”.

El edificio y todos los apartamentos tendrán una terraza que rodea cada piso con vidrio laminado en tubos de aluminio anodizado.

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La remodelación de una fachada es una excelente oportunidad para corregir eventuales deficiencias en su comportamiento térmico. Construir una fachada ventilada es una de las posibilidades, ya que ofrece una amplia variedad de materiales de revestimiento y, por lo tanto, estética.

Esta solución de cerramiento consiste en la colocación de una perfilería especial sobre el tabique exterior para recibir algún tipo de revestimiento. La clave es realizar una cámara de aire con el espesor adecuado para que se produzca la ventilación natural por el efecto chimenea, y colocar un aislante térmico dentro de ella. De esa manera, se puede alcanzar una reducción de entre un 43 a 53% en el consumo de energía para calefaccionar un edificio y entre un 19 y 27% para refrigerarlo.

La eficiencia del cerramiento depende del espesor de la cámara (que se calcula en función de la altura de la fachada) y de la colocación de las placas de revestimiento dejando juntas abiertas. La variedad de revestimientos es amplia y con opciones de color, brillo y textura. Por ejemplo, chapas perforadas, microonduladas o conformadas, paneles de acero Corten o compuesto de aluminio, símil madera, cementicios y cerámicos (CG y Hunter Douglas). Todos poseen una buena relación peso/rigidez y resistencia al rayado y la intemperie. Algunas placas tienen tratamientos ignífugos que mejoran su comportamiento ante el fuego en solicitaciones especiales.

Las fachadas ventiladas también se pueden resolver con placas de superficie ultracompacta, fabricadas a partir de mezclas minerales. Se trabajan como si fueran pétreos naturales y son aptos para uso en exteriores. Por otro lado, la solución EIFS (en inglés, sistema de aislación exterior y terminación) mejora notablemente el comportamiento térmico de una pared. Consiste en superponer una placa aislante (de EPS o lana de vidrio) sobre el revoque grueso. La terminación final se logra con un revoque fino armado con malla de fibra o revestimiento acrílico.

Por ejemplo, una placa rígida de lana de vidrio aplicada sobre un muro de ladrillo hueco de 12 cm consigue un K de 0,83 W/m2K, obteniendo una pared eficiente con un espesor total de 16,5 cm.Como referencia, la transmitancia máxima admisible para el nivel B (intermedio) según IRAM es de 0,93 W/m2K.

Siempre es más efectivo aislar desde la cara externa del muro para lograr mayor inercia térmica y llevar al punto de rocío lo más alejado posible de la cara interna de la pared. Si resulta imposible trabajar en la cara externa de la fachada, se pueden colocar perfiles del lado interior, sobre el muro desnudo o el revoque, luego un aislante y placas de terminación.

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El éxito o fracaso de un hormigón a la vista no radica solamente en mantener una coloración regular sino también en la preservación de su aspecto en el tiempo. Por otro lado, es habitual que la apariencia del hormigón se la vincule fundamentalmente a la coloración y tonalidad, que dependen de la proporción entre los materiales, aunque éstas no son las únicas variables con incidencia en la estética final.

En ese sentido, se destaca la importancia de clarificar las expectativas acerca del tipo de hormigón que se desea obtener. En función de las expectativas, se recomienda a los proyectistas ir cumpliendo todas las etapas del diseño con una mirada abarcativa. Por ejemplo, establecer las especificaciones del hormigón considerando todos los aspectos relacionados al proceso: encofrados, desmoldantes, diseño de acabados, juntas de trabajo, estrategias de llenado y habilidades de la mano de obra.

Respecto de las expectativas, los especialistas advierten que las terminaciones con encofrados entablonados suelen resultar más “tolerantes” a ciertas diferencias de tonalidad y textura; mientras que las terminaciones con encofrados lisos son más “exigentes” en cuanto a uniformidad de esos parámetros. En cuanto a la uniformidad del color, la superficie expuesta del hormigón está especialmente influenciada por las características de la pasta cementicia, por ser la que se aloja en las paredes del encofrado. A su vez, depende del color y tonalidad del cemento, y de la relación w/c (agua/cemento, en masa).

En ese sentido, es necesario mantener una alta uniformidad en la provisión de materiales y sus proporciones, lo cual ayuda a conservar un aspecto homogéneo en el hormigón. Si esto no fuera evitable, se recomienda trabajar con texturas u otros recursos arquitectónicos que impidan una comparación directa de tonalidades entre las distintas etapas de hormigonado.

En la etapa de construcción, una deficiente capacitación de la mano de obra, y también de su supervisión, se pueden omitir con algunas cuestiones básicas. Por ejemplo, la protección temprana que todo hormigón de losa necesita para evitar una rápida evaporación superficial del agua.

Un error muy frecuente, post hormigonado, es no considerar los tiempos de curado imprescindibles durante la ejecución de los trabajos, ya que el curado es el mantenimiento de las condiciones de humedad y temperatura que permiten la correcta hidratación de la pasta cementicia.  De esta manera, el curado cobra fundamental relevancia en la durabilidad al asegurar la calidad del hormigón de recubrimiento. Una buena medida en este sentido es mantener los encofrados durante un período de siete o más días. Si fuera necesario removerlos antes por cuestiones relativas al proceso constructivo se recomienda especialmente tomar las medidas necesarias para mantener condiciones de temperatura y humedad adecuadas.

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