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Otro aspecto innovador de la carrera que ofrece la ORT es el lugar que se le da a la arquitectura sustentable, considerada como un pilar fundamental en la actualidad. Por ejemplo, en la materia Energías Renovables, los futuros profesionales aprenden sobre las principales innovaciones en energía solar, eólica, biomasa y geotermia.

Gastón Boero, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad ORT Uruguay, en entrevista con el diario El País, señaló que “estudiar Arquitectura involucra muchas habilidades al mismo tiempo. Un arquitecto tiene que saber dibujar, proyectar, diseñar y ejecutar un proyecto. Transmitir ese conocimiento requiere de una relación muy cercana, casi de maestro a aprendiz”.

Esta formación práctica se manifiesta de diferentes maneras. En clase los estudiantes reciben conocimientos teóricos, pero también asisten a numerosas prácticas en obras donde aprenden de primera mano los procesos de trabajo de la construcción y participan de tareas como encofrados, hormigón, muros, revoques, y revestimientos.

Otro reflejo de este perfil es la materia Proyectos, el corazón del plan de estudios, que acompaña al estudiante a lo largo de la carrera con desafíos que van creciendo en complejidad a medida que los alumnos avanzan. Mientras que a un estudiante de primero se le pide una tarea inicial, como el diseño de una casa, en el último año debe presentar un proyecto ejecutivo que contemple todas las áreas de una obra, desde la tecnología de construcción hasta la proyección de costos.

 

Conciencia ambiental

Según Boero, hoy los grandes desafíos del mundo pasan por la sustentabilidad y la conservación del ambiente, y en ese sentido la tendencia en el mundo es la construcción de ciudades y edificios inteligentes, que generan su propia energía a partir de fuentes renovables y consumen menor cantidad de recursos.

“Hoy existen sistemas muy avanzados que crean energía a partir de paneles fotovoltaicos, molinos eólicos, e incluso el movimiento de la marea. Algunas de estas tecnologías ya están consolidadas y se aplican en Uruguay, mientras que otras son más experimentales. Pero es importante que los futuros arquitectos las conozcan y puedan incursionar en ellas”, aseguró el decano.

En esta perspectiva global, tener una experiencia en el exterior es fundamental. Para ello, la Universidad ORT Uruguay tiene convenios con universidades en más de quince países que permiten a los estudiantes cursar un semestre en el extranjero y revalidar las materias a su regreso.

Según Boero, los intercambios son instancias muy enriquecedoras, tanto a nivel académico como personal, que permiten a los alumnos familiarizarse con los problemas de otros países y las soluciones que aplican. También es una oportunidad única para medirse con sus pares.

A estos intercambios individuales se suman los viajes grupales a universidades de la región, en Chile, Argentina o Perú, donde los estudiantes uruguayos participan en distintos desafíos de diseño junto a los locales.

Este perfil internacional se completa con el flujo constante de alumnos, investigadores y docentes que cada año llegan a ORT, así como también la posibilidad de realizar un postgrado en el exterior una vez culminada la carrera. Pero si bien la academia puede enseñar muchas cosas, hay otras que solo se aprenden con la experiencia, y por eso es importante ingresar pronto al mercado laboral, reflexionó el decano.

 

Plan de estudios

En este sentido, el diferencial de ORT es que su plan de estudios está organizado en horarios compactos, que permiten al estudiante trabajar mientras estudia. La facultad también facilita pasantías tuteladas en los principales estudios y empresas del país.

Además, al aprobar tercer año los estudiante obtienen, el título intermedio de Asistente de Obras y Estudio. Todo esto les da un plus a la hora de presentar el currículum.

Estas características llevan a que la tasa de empleo entre los graduados supera el 90%.

Según Boero, hoy la profesión no tiene fronteras, y muchos  graduados ofrecen servicios tercerizados para el exterior, como la realización de renders.

Una de las prioridades de ORT es alimentar el espíritu emprendedor. La carrera incluye contenidos de marketing, administración y ventas, así como talleres de emprendedurismo, con la intención de que los profesionales no se acostumbren a esperar sino que salgan a buscar las oportunidades.

“La relación entre el conocimiento teórico y práctico, las prácticas reales y las pasantías aseguran que el estudiante salga de la universidad con oficio y solvencia técnica. Todo esto alimenta su confianza y hace que sea eficiente desde su primer trabajo. Ese es nuestro gran objetivo”, concluyó Boero.

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En la periferia de Sonoma -una ciudad ubicada en el norte de San Francisco, California- se abre un gran valle de colinas onduladas sobre las que crecen miles de hileras de vides y pinares. Sonoma se hizo conocida en octubre de 2017, cuando fue una de las poblaciones más afectadas por los 250 incendios que arrasaron bosques, plantaciones y viviendas.

 

La “Sonoma Guesthouse” -un condominio de fin de semana por entonces en construcción- logró sobrevivir a la tragedia, pese a estar en el epicentro de las llamas. No fue por azar: conocedores de los cíclicos avatares climáticos de la zona, los propietarios habían planteado en su encargo la necesidad de que la vivienda fuera robusta y especialmente resistente a las posibles catástrofes naturales.

Por eso convocaron al estudio noruego Mork-Ulnes Architects, cuyas soluciones arquitectónicas buscan “honrar el carácter natural e histórico de un sitio”, según declaran como parte de su carta de presentación.

Los propietarios, una familia de cinco personas, soñaban con un condominio compuesto por tres casas para compartir sus fines de semana y épocas de veraneo con familiares y amigos. Mork-Ulnes debió hallar un área plana en medio de las colinas para desarrollar tres volúmenes de un nivel, de carácter austero y compacto, con un área común conformada por un jardín con solarium y piscina. Cada volumen aloja una vivienda separada, con su entrada, su baño privado y su terraza al aire libre independientes.

Un techo continuo con múltiples tejas, a la manera de “crestas oblicuas”, da unidad al conjunto, integrándose a los picos montañosos y valles que completan el paisaje como telón de fondo. “Dado el programa solicitado -explica el autor-, para desarrollar la casa debimos seleccionar una de las pocas franjas estrechas, de manera de ‘empujarla’ a lo largo de la ladera y así maximizar la superficie al aire libre”.

 

Hormigón y rocas

En cuanto a la robustez, se eligió al hormigón, sobre todo por su capacidad para integrarse a las colinas rocosas. En las habitaciones, los cerramientos acristalados generan un contraste espacial y material.

En estares y dormitorios, estos planos vidriados son aventanamientos de piso a techo, mientras que en el cuarto de baño se dispusieron pequeñas aberturas perforadas para que penetre la luz natural. La única presencia de madera se percibe en las puertas de pino macizo, generando otro contraste con las superficies grises y las transparencias .

“La ubicación, la forma y materialidad de la casa crean distintas perspectivas interiores. El ingreso se genera a través de un umbral de imagen contundente que se abre para ofrecer vistas panorámicas del valle”, explicaron desde Mork-Ulnes.

 “El hormigón no sólo es un material de alta resistencia sino que también funciona como regulador térmico, ya que permite conservar la temperatura durante el verano. Los profundos aleros del techo dan sombra a las terrazas exteriores y resaltan la continuidad del espacio interior y exterior en cada suite”, describen. El techo es de hormigón liso, lo que crea una ruptura en las paredes a medida que las placas giran y van pasando de una posición horizontal a otra vertical.

Visto desde afuera, el conjunto se integra a la colina generando una mixtura de gris combinado con coloraciones “oxidadas” propias de la roca del lugar. “Dado el deseo de los clientes de tener una carcasa de bajo mantenimiento y resistente al fuego, el hormigón se convirtió en la opción material definitoria del proyecto. Cuando usamos un material con cualidades distintivas como la textura, la masa y la capacidad estructural, exploramos qué puede hacer este material para mejorar la experiencia espacial y sensorial”, dicen los proyectistas.

Con sedes en Oslo y San Francisco, Mork-Ulnes Architects recibió en 2015 el Design Vanguard Award de Architectural Record y fue nombrado por el Museo Nacional de Noruega como “uno de los estudios jóvenes más notables del país”.

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La remodelación de una fachada es una excelente oportunidad para corregir eventuales deficiencias en su comportamiento térmico. Construir una fachada ventilada es una de las posibilidades, ya que ofrece una amplia variedad de materiales de revestimiento y, por lo tanto, estética.

Esta solución de cerramiento consiste en la colocación de una perfilería especial sobre el tabique exterior para recibir algún tipo de revestimiento. La clave es realizar una cámara de aire con el espesor adecuado para que se produzca la ventilación natural por el efecto chimenea, y colocar un aislante térmico dentro de ella. De esa manera, se puede alcanzar una reducción de entre un 43 a 53% en el consumo de energía para calefaccionar un edificio y entre un 19 y 27% para refrigerarlo.

La eficiencia del cerramiento depende del espesor de la cámara (que se calcula en función de la altura de la fachada) y de la colocación de las placas de revestimiento dejando juntas abiertas. La variedad de revestimientos es amplia y con opciones de color, brillo y textura. Por ejemplo, chapas perforadas, microonduladas o conformadas, paneles de acero Corten o compuesto de aluminio, símil madera, cementicios y cerámicos (CG y Hunter Douglas). Todos poseen una buena relación peso/rigidez y resistencia al rayado y la intemperie. Algunas placas tienen tratamientos ignífugos que mejoran su comportamiento ante el fuego en solicitaciones especiales.

Las fachadas ventiladas también se pueden resolver con placas de superficie ultracompacta, fabricadas a partir de mezclas minerales. Se trabajan como si fueran pétreos naturales y son aptos para uso en exteriores. Por otro lado, la solución EIFS (en inglés, sistema de aislación exterior y terminación) mejora notablemente el comportamiento térmico de una pared. Consiste en superponer una placa aislante (de EPS o lana de vidrio) sobre el revoque grueso. La terminación final se logra con un revoque fino armado con malla de fibra o revestimiento acrílico.

Por ejemplo, una placa rígida de lana de vidrio aplicada sobre un muro de ladrillo hueco de 12 cm consigue un K de 0,83 W/m2K, obteniendo una pared eficiente con un espesor total de 16,5 cm.Como referencia, la transmitancia máxima admisible para el nivel B (intermedio) según IRAM es de 0,93 W/m2K.

Siempre es más efectivo aislar desde la cara externa del muro para lograr mayor inercia térmica y llevar al punto de rocío lo más alejado posible de la cara interna de la pared. Si resulta imposible trabajar en la cara externa de la fachada, se pueden colocar perfiles del lado interior, sobre el muro desnudo o el revoque, luego un aislante y placas de terminación.

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François Mitterrand planeó una ópera “moderna y popular”, la colosal sede de la Bastilla de la Ópera de París. El expresidente aceptó romper los esquemas y levantar un edificio que esconde el mayor dispositivo escénico del mundo.

Le encomendó la misión a un por entonces desconocido joven arquitecto compatriota residente en Canadá, Carlos Ott, que en 1983, con 37 años, ganó uno de los concursos de arquitectura más importantes, donde compitieron 756 proyectos.

Las dimensiones de este edificio son abrumadoras por mucho que, vista desde la plaza que presenció el acto fundacional de la Revolución Francesa, el transeúnte pueda dejarse engañar por su silueta minimalista.

Sus bastidores, los más grandes del mundo, con 5.000 metros cuadrados de dispositivo.

“La particularidad de este teatro son sus bastidores, los más grandes del mundo, con 5.000 metros cuadrados de dispositivo escénico”, cuenta Patrick González, que dirige las visitas a este teatro lírico desde su apertura. Este aficionado, de padres españoles, siguió la construcción desde su misma concepción y transmite su pasión por la ópera de Bastilla a los grupos que recibe cada mañana.

“El tamaño de la ópera Garnier (la sede clásica, inaugurada en 1875) no permitía acoger a los numerosos aficionados. Pero la necesidad que primaba era tener un espacio que permitiera organizar producciones diferentes con distribuciones artísticas diferentes”, cuenta.

Para practicar esta alternancia, se construyeron alrededor del escenario principal (de 750 metros cuadrados) numerosos escenarios similares que el espectador no ve pero en los que se manipula un gran número de decorados, ya construidos y montados, y se realizan ensayos en paralelo en espacios perfectamente insonorizados.

Algunas técnicas, hasta entonces inéditas, permiten mover decorados de toneladas mediante raíles e incluso trasladarlos al segundo dispositivo escénico, a 26 metros de profundidad, en la planta -6, en un ascensor situado en la escena principal de 400 metros cuadrados.

La gesta se produce cada madrugada al final de la representación: así se hizo con el barco de 14 toneladas que mandó construir Calixto Bieito para “Simon Boccanegra”, de Giuseppe Verdi, o los edificios que conforman el espectáculo de “Los Troyanos”, de Hector Berlioz, adaptada por Dmitri Tcherniakov.

Solo en ciertas obras, como esta última, el espectador llega a percibir la grandeza del plató: cuando se levanta el telón del escenario y del de su parte trasera y se intuyen sus 1.500 metros cuadrados.

Pese a ocupar tan solo el 5% del total del edificio, la sala, con 20 metros de alto, 40 de largo y 32 de profundidad, no merece desprecios. “Fue un objeto de preciosos cuidados para el arquitecto y sus colaboradores. Aquí no hay micrófonos ni amplificadores. La acústica, como debería ser en cualquier ópera, es perfectamente natural”, dice González.

Aunque en los años ochenta ya existían teatros capaces de acoger a más de 3.000 espectadores, como el Colón de Buenos Aires o el Lincoln Center de Nueva York, se escogió la opción más favorable para la acústica: 2.745 plazas, la sala más grande de Europa. El arquitecto compatriota Carlos Ott  se alió con físicos y especialistas en sonido de Francia, con los que apostó por materiales que reflejen el sonido, pues los asientos de terciopelo -o en su defecto las prendas de los asistentes- lo absorben.

Un exquisito granito gris procedente de la Bretaña decora las paredes, mientras la madera de peral, anaranjada, de China, y el acero negro de balcones y asientos recuerdan inevitablemente a los colores de la orquesta. Los 720 metros cuadrados del techo ondulado de cristal ayudan también a que el sonido reverbere.

La ópera de la Bastilla ha logrado cumplir con el deseo de sus creadores pues junto a la sede de Garnier acoge anualmente a cerca de dos millones de espectadores.

En sus asientos, todos igualmente cómodos, sin columnas o plazas ciegas que dificulten la visión, y por un precio que va desde los 15 euros hasta los 220 -los mejores sillones en noches de estreno-, la Bastilla presume finalmente de ser un teatro popular. “Lo difícil no es dar con plazas baratas, sino encontrar un hueco pues siempre está llena”, dice González, que susurra un secreto: “Mientras más cerca del techo, mejor el sonido. De ahí que sean las plazas que más rápido se agotan”.

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El Centro Harvard para Edificios yJoshua Tree National Park es un parque nacional ubicado en California, donde se encuentran los desiertos de Mojave y Colorado, un paisaje desértico con formas naturales únicas que ha sido codiciado por muchos e inspirador para artistas y pensadores a lo largo del tiempo, además de albergar auténticas singularidades arquitectónicas que pasan por una comprensión más innovadora y escultórica de la arquitectura.

Entre estos ejemplos se encuentran el campamento Wagon Station Encampment de Andrea Zittel, La Casa Del Desierto de Kendrick Bang Kelloggs cuya estructura simula un esqueleto de leviatán, la Residencia Joshua Tree de James Whitaker, las Cabinas Folly de Cohesion Studio o los Pabellones estacionales de Arata Isozaki.

La artista estadounidense Andrea Zittel, una de las figuras más interesantes del panorama creativo por aplicar las actividades artísticas a lo cotidiano, cuyo trabajo se centra en la sostenibilidad y una vida autosuficiente, construyó el campamento The Wagon Station Encampment. Las cápsulas están disponibles para artistas o pensadores que comparten el deseo de Zittel de comprender mejor la naturaleza humana y la construcción social de las necesidades. Se trata de doce estaciones dormitorio de la A a la Z, con una cocina y ducha al aire libre e inodoros de compostaje abiertos al público en general, aunque al tratarse de una comunidad íntima, está dirigida a personas más reflexivas y amantes de la naturaleza. Diseñados para evocar los clásicos carros cubiertos tirados por caballos del viejo oeste, abren dos temporadas al año. Para alojarte debes enviar una breve biografía de presentación, pagar 18 euros de inscripción y el precio por semana ronda los 110 euros.

 

Arquitectura orgánica

Kendrick Bang Kellogg, conocido arquitecto americano exponente de la arquitectura orgánica creó La Casa Del Desierto, un encargo del matrimonio de artistas Jay y Bev Doolittle a Kellogg en el año 1986, en forma de carta. En ella le pedían la construcción de una casa en una propiedad poco convencional. La idea era que estuviese integrada en el paisaje, a modo de animal dormido entre las rocas. Fue construida con materiales naturales, consta de un esqueleto de 26 piezas independientes de hormigón, cuya estructura fue fijada a dos metros de profundidad en el lecho de roca para garantizar la estabilidad de la casa.

La Residencia de Joshua Tree por Whitaker Studio ha sido realizada con catorce contenedores de carga pintados de blanco. La casa fue un encargo de un productor que tras pasar unas vacaciones por la zona con su mujer, se enamoró del paisaje del desierto y le pidió a Withaker que se encargara del proyecto, finalizado este 2018. La estructura crea una composición estrellada que nos recuerda a las espinas de algunos arbustos del desierto.

Cada contenedor maximiliza las vistas del paisaje, ya que la casa tiene la intención de ofrecer una conexión entre el paisaje y el sol, al tiempo que proporciona una sensación de protección y privacidad.

Las Cabinas Folly de Cohesion Studio son todo un ejemplo de integración en el espacio y ejemplo de sostenibilidad, abasteciéndose con energía solar. La experiencia ecofriendly que propone a sus visitantes vivir en comunión con el entorno y la naturaleza, con techos descubiertos para ver los cielos estrellados y las bañeras colocadas al aire libre.

Por último, otra de las singularidades que nos podemos encontrar a tan solo 15 km de Joshua Tree son los Pabellones de Arata Isozaki, concebidos a modo de esculturas-tótems construidas para su amigo el coleccionista de arte de Los Ángeles, Jerry Sohn. Isozaki visitó la propiedad en la década de 1990, y después de pasar una noche durmiendo bajo las estrellas, propuso diseños para una serie de habitaciones al aire libre.

Después de esa tarde en el desierto anotó: “El techo es el cielo, la cordillera circundante y las rocas son las paredes y las particiones, y la mayoría del piso es el desierto”. Decidió crear espacios que realzaran esa experiencia y este fue el resultado.

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