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Como si se tratara de un proyecto “hazlo tú mismo” para decorar el hogar, cada vez son más los arquitectos que comparten planos y diseños de viviendas de forma gratuita y desinteresada, ya que el objetivo de este movimiento de casas de código abierto no es otro que el de democratizar el mundo de la construcción de hogares.

De hecho, convertirse en el fabricante de nuestra propia casa puede suponer un importante ahorro económico: la mayoría de proyectos de esta índole persiguen abaratar los costos y  promover prácticas de construcciones accesibles y sostenibles, especialmente dirigidas a aquellos que más lo necesitan.

 

Asequibles y descargables

Al igual que compartir código para que otros programadores puedan acceder a él y modificarlo ha supuesto una revolución en el software, la filosofía de código abierto en la construcción podría cambiar en un futuro la forma en la que construimos casas. Así lo han querido demostrar unos estudiantes de arquitectura daneses, quienes en colaboración con el laboratorio de diseño Space 10 han delineado y publicado los planos de una microvivienda elaborada con materiales sostenibles y asequibles. El primer prototipo se ha instalado en la ciudad danesa de Stevns y su construcción ha costado unos 8.000 euros.

Cualquiera podría descargarse los archivos de este diseño, comprar los materiales y seguir los pasos de fabricación de las distintas piezas que forman este rompecabezas de contrachapado que se ensambla gracias a una fresadora. A partir de este plano base, los dueños pueden mejorar y ajustar el propio diseño de la casa a los materiales disponibles, el clima local (esta cabaña en principio está pensada para un ambiente nórdico) o el estilo de vida de cada uno. Porque una de las claves de esta iniciativa de código abierto es que dichos proyectos sean versátiles y puedan adaptarse a las necesidades de cada cual.

Una de las plataformas que más proyectos de código abierto alberga en su biblioteca digital es WikiHouse. Allí, el estudio japonés Dot Architects ha publicado el diseño de una pequeña vivienda diseñada para espacios urbanos, donde la mayoría de muebles son plegables y cuenta con paredes móviles. Ubicado en un barrio de Pekín, los creadores de este proyecto buscaban un microhogar que pudiese ser transformable, a veces en espacio de trabajo, otras en dormitorio.

“Los límites entre el hogar y la sociedad cada vez se ven más borrosos debido al aumento de la economía colaborativa, los trabajadores nómadas y la tecnología”, argumentaron los diseñadores. Las plantillas de la casa están pensadas para que se puedan reproducir por medio de fresadoras guiadas desde un ordenador, cortando principalmente madera. Esto ha permitido a los arquitectos crear una casa para el ciudadano moderno y urbano de bajo coste y rápida de construir.

 

Grandes casas

Algunos estudios han apostado por abrir al mundo proyectos más ambiciosos que las anteriores microcasas. El estudio francés Studiolada Architects, por ejemplo, ha querido combinar elementos básicos sostenibles y asequibles para diseñar un hogar impresionante y ‘open source’.

Sustituyendo los principales materiales por madera, esta casa ubicada en Baccarat, en Francia, ha conseguido ser rentable y energéticamente eficiente. El resultado es una vivienda moderna con dos pisos, terraza, patio privado: aquí se pueden consultar los planos y estimaciones de coste de forma gratuita. Ahora bien, aunque puedas aprovecharte de diseños como estos, has de tener en cuenta que en España vas a necesitar un proyectista y un director de obra, según lo establecido en la Ley de Ordenación de la Edificación.

Paperhouses también ha decidido centrar su proyecto en diseños más ostentosos. Su objetivo es popularizar a través de la arquitectura de código abierto casas dirigidas a la clase media poniendo especial cuidado en los detalles. Mientras que muchos arquitectos piensan que su obra es única e irreproducible, los muchos profesionales (algunos de renombre) que trabajan para la plataforma Paperhouses creen que la colaboración entre usuario y el arquitecto puede dar resultados distintos e interesantes. La arquitectura de código abierto nace en un clima de compromiso social y medioambiental, ya que hay profesionales que quieren aportar su granito de arena para cambiar el modelo actual. Por ejemplo, las iniciativas Open Source Ecology y Open Building Institute están trabajando en el desarrollo de viviendas ecológicas, modulares, asequibles y de código abierto. Una unión entre arquitectos, ingenieros y agricultores para que la construcción de casas sea un proceso abierto y colaborativo.

En este sentido, se celebró hace unos años una competición de casas de código abierto para desafiar a profesionales del sector a diseñar una casa asequible y unifamiliar en la región de Ghana. La convocatoria fue un éxito y el ganador fue el estudio Blaanc, que diseñó una vivienda elaborada con materiales locales, ecológica y a un coste de unos 10.500 euros. Después, los planos quedaron a disposición de la población local.

Por otro lado, Alejandro Aravena, arquitecto chileno y ganador del prestigioso premio Pritzker 2016, sorprendió al mundo cuando ese mismo año decidió liberar y dejar en código abierto cuatro de sus proyectos de vivienda social para que todos los usuarios pudieran hacer uso libre de los planos.

Su estudio ELEMENTAL publicó en su web un breve resumen con los principios (la planimetría, cortes, secciones, alzados y detalles constructivos) que apuntalan estos proyectos de vivienda social. Aravena recalcó la necesidad de trabajar todos juntos en el desafío que supone la rápida urbanización alrededor del mundo. En definitiva, la arquitectura de código abierto viene a dar respuesta a un mundo cada vez más interconectado, colaborativo y concienciado. Se trata de una iniciativa aún en cimientos, pero con proyectos bastante ambiciosos y con futuro.

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Tel Aviv fue el refugio de muchos estudiantes de arquitectura que huyeron de la Alemania nazi. Con ellos se llevaron la influencia de la Bauhaus, y es por eso que la UNESCO reconoció a esta ciudad con más de 4000 edificios que reflejan esta corriente, como Patrimonio de la Humanidad. Allí se erige el proyecto Tel Aviv Arcades, un edificio residencial de 116 metros de altura en esa ciudad de Israel, donde se cruzan factores de distintos universos como el clima, la historia y la cultura del lugar

El respeto por este legado y las fuertes temperaturas de la región inspiraron al estudio Penda, con sedes en Austria y China, para la realización de un edificio con fachadas de arcadas pronunciadas y amplios balcones - terrazas. En rigor, esta estrategia es parte de una adaptación ya probada en la región. Mientras que en Europa uno de los elementos que definen a las obras Bauhaus son las grandes superficies acristaladas, en Tel Aviv se presentan con largos balcones que generan sombras hacia los niveles inferiores. En el caso del proyecto de Penda, la singularidad está, no solamente en el uso de las arcadas, sino también, en los retiros, que demuestra la intención deliberada de generar un espacio para que los vecinos disfruten del sol y al mismo tiempo tengan mayor intimidad.

Dos tipos de plantas diferentes se apilan en un patrón repetitivo para crear un plano de arcos "en cascada" que sobresalen para crear entradas a los balcones -terrazas de cada departamento. Esta configuración produce una alternancia de lugares sombreados y soleados.

Tel Aviv Arcades tendrá 18 pisos con unidades que van de dos ambientes a 5, mientras que los penthouse tendrán doble altura. En el basamento, un espacio que los autores describen como "tipo cueva" albergará una pileta y un área de spa, con espacios comunitarios que incluyen un estudio de yoga y un restaurante ubicados en el segundo piso. La construcción hará referencia a la mampostería tradicional de la región, mientras que la repetición de las líneas rectas y las curvas remiten a los edificios construidos entre los años 30 y 60.

"Las terrazas son como un vecindario en vertical. Permiten la interacción entre los habitantes del edificio y revitalizan la ciudad", afirmaron desde el estudio. Para sus autores, habría sido inadmisible proyectar una torre vidriada desconectada del entorno. Por el contrario, un proyecto debe tener "un sentido del lugar, respetar el medioambiente, la historia y la cultura".

Por último, el desarrollo se construirá con estructuras prefabricadas para acortar el tiempo y los costos. Además, según sostienen en el estudio, de esta manera "será más fácil de mantener a largo plazo".

 

La Bauhaus 

Tel Aviv Arcades es uno de los tantos homenajes previstos para el próximo año, cuando se cumpla el centenario de la Staatliche Bauhaus (Casa de la Construcción Estatal), o simplemente Bauhaus, la escuela de arquitectura, diseño y arte fundada en 1919 por Walter Gropius en Weimar, y que revolucionó el mundo de las artes. El nombre Bauhaus deriva de la unión de las palabras en alemán Bau, "construcción", y Haus, "casa"; irónicamente, a pesar de su nombre y del hecho de que su fundador fue un arquitecto, la Bauhaus no tuvo un departamento de arquitectura en los primeros años de su existencia.

Sus propuestas y declaraciones de intenciones participaban de la idea de una necesaria reforma de las enseñanzas artísticas como base para una consiguiente transformación de la sociedad de la época. La primera fase (1919-1923) fue idealista y romántica, la segunda (1923-1925) mucho más racionalista y en la tercera (1925-1929) alcanzó su mayor reconocimiento, coincidiendo con su traslado de Weimar a Dessau. En 1930, bajo la dirección de Mies van der Rohe, se trasladó a Berlín donde cambió por completo la orientación de su programa de enseñanza.

La importancia de la Bauhaus radica en que sentó las bases normativas y patrones de lo que hoy conocemos como diseño industrial y gráfico; puede decirse que antes de la existencia de la Bauhaus estas dos profesiones no existían como tales y fueron concebidas dentro de esta escuela.

Sin duda la escuela estableció los fundamentos académicos sobre los cuales se basaría en gran medida una de las tendencias más predominantes de la nueva Arquitectura Moderna, incorporando una nueva estética que abarcaría todos los ámbitos de la vida cotidiana. Dada su importancia, las obras de la Bauhaus en Weimar y Dessau fueron declaradas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.

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El 13 de noviembre del año pasado, Marcelo Danza fue nombrado el nuevo Decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. Veinticuatro horas después, asumió el desafío, luego que su antecesor, el arquitecto Gustavo Scheps, había terminado su decanato y se jubiló. En entrevista con Del Constructor, Danza se refirió al origen de la arquitectura, a Montevideo y su acervo patrimonial, a la relación entre la arquitectura y las  necesidades sociales, y al déficit habitacional.

Para el imaginario colectivo, la Facultad de Arquitectura, los arquitectos, es como algo muy lejano, no integrado podríamos decir, a lo cotidiano.

 

Por un lado está el trabajo, la profesión, lo que sería la función del arquitecto, y después la formación y la Universidad. Aquí entra, de algún modo, el Decano. El trabajo de un arquitecto, como toda actividad que vincula a los hombres en una construcción cultural, es que, con el paso del tiempo y gente con ciertas habilidades, fueron generando especializaciones.

En el caso de la arquitectura específicamente fue la necesidad de transformar el hábitat para sobrevivir, que es algo inherente al ser humano. De hecho, el inicio de la tecnología para muchos es cuando el primer hombre agarra una piedra y la usa para defenderse.  O sea, tira la piedra para alejar a alguien, ante la amenaza de un semejante o un animal. El uso de algo con un destino diferente, sigo con el ejemplo de la piedra como herramienta para generar un área de protección, es considerado el inicio de la tecnología. Es decir, tomar del medio algo y darle un uso que me es funcional a algo que preciso y que, en este caso, es protección, generando un área de resguardo para el hombre. Hasta donde llega la piedra, no se acerca el animal. Hay como una primera delimitación del territorio. Y después, la necesidad, en un día de frío por ejemplo, de generar una segunda piel, o confort ante un clima hostil. Esa actividad funcional para protegerte, que es la transformación del espacio, del lugar donde se vive, de la naturaleza, es en esencia la arquitectura. Ese es el origen que no hay que perder.

El sentido de dar cobijo. Y cuando vas a un grado de acondiciomiento que excede ponerse algo en el cuerpo directamente, se genera la arquitectura.

 

Tiene entonces un componente funcional.

Exacto. Y después, como pasa con los seres humanos, todo tiene un componente simbólico. Una vez que se empieza a hacer una construcción, esa construcción puede tener simbolismo.

En la medida que empieza la transformación del espacio, material, real, por un tema operativo, funcional, empieza también la transformación simbólica del espacio.  Se dice que, históricamente, se ha asociado la arquitectura al sedentarismo, pero hay un arquitecto italiano que dice que en el nomadismo se encuentra el origen de la arquitectura. Porque los nómades cuando comienzan a reconocer un espacio, un río que está cercano, por ejemplo, construían un mapa mental de ese territorio que permite la comunicación y la orientación.  Esa construcción ya es simbólica y eso ya es un primer acto de arquitectura.  Eso fue evolucionando con gente que tenía más capacidad manual para generar construcciones y la trasmisión de códigos y conocimientos de uno al otro. Esto fue generando un oficio. Miles de años después llegamos a la arquitectura dentro de nuestra cultura occidental, donde inclusive hay una búsqueda de una vinculación de la arquitectura con los dioses y con la matemática.

Después llegamos al arquitecto, escultor y orfebre renacentista italiano Filippo Brunelleschi, a través de un concurso que hubo en Florencia, donde se da por primera vez la separación entre quien piensa la arquitectura y quien la ejecuta. O sea, el arquitecto que dibuja y el maestro de obra, el capataz, el artesano, que la ejecuta. Ese momento de separación entre el creador intelectual y el creador material, algo que no sucede en las otras artes. Esa separación intelectual es la que da el surgimiento del arquitecto.

 

¿Cuál sería entonces la función del arquitecto en la actualidad? 

Es la persona que se formó para generar esa transformación en el espacio, que hoy, obviamente, maneja tecnología y una lógica producto del siglo XXI que vivimos, pero sigue siendo eso primigenio de lo que te hablaba.  

 

La arquitectura y lo social 

Hay un separación entre el arquitecto que proyecta una obra y quienes la ejecuta. Ahora, ¿cuándo el arquitecto se une, si es que lo hace, con las necesidades sociales de los habitantes de una ciudad? 

Acabas de tocar un tema clave, en el sentido de que, también, cunado pasan estas cosas se generan las elites, se genera la cultura paralela como pasa en todas las disciplinas. Un grupo de gente que empieza a hablar de cosas que solo les interesa a ellos por su propia formación. Entonces se empiezan a discutir temas que van generando su propio código de palabras, de problemáticas. Pero las ciudades siguen transformándose, la persona que vive con sus hijos y no tiene dinero para contratar a un arquitecto, agarra cuatro chapas, le pregunta al vecino cómo hizo el ranchito, y se lo pone a hacer. Esa necesidad básica, elemental, humana que, insisto, no deberíamos perderla como perspectiva.

Y es verdad que a veces, y sobre todo cuando se genera una profesión nueva, se empieza a generar ese clima de elite. Y ¿cómo logras que exista una vinculación entre ambos mundos? Bueno, ahí está el éxito de la profesión. Hay otra cosa clave que tiene la arquitectura en ese sentido. Es que esa persona que piensa intelectualmente la obra, básicamente vive del excedente del ahorro. Quiero decir, alguien piensa en llamar a un arquitecto para hacer o reformar una casa cuando hay un dinero ahorrado. Por lo tanto, primero hay que tener un trabajo, luego que ese trabajo sea lo suficientemente bueno para tener capacidad de ahorro. Eso ha generado que la gente que accede al arquitecto sea un grupo pequeño de la sociedad.

Lo mismo con las instituciones, primero tienen que generar ahorros para acceder a un arquitecto. Por eso es una profesión que ha estado históricamente vinculada a las élites, pero no a la transformación del espacio. Insisto, la transformación del espacio la hace la persona que cada mañana decide sobre su casa. Así se hacen las ciudades. Y esto es una de las tensiones que creo tenemos que resolver. Esto ha sido histórico pero, sin duda, a medida que pasa el tiempo y que la sociedad no logra resolver las contradicciones, las diferencias sociales que son cada vez más radicales, se hace más fuerte y necesario el cruzar estos dos aspectos de los que hablaba.

 

Esa imposibilidad de acceder a un arquitecto en la mayoría de los habitantes de una ciudad, pongamos como ejemplo Montevideo, hace que esa transformación se haga de forma caótica. 

Absolutamente. Los arquitectos y los urbanistas nos enojamos a veces con lo que se hace en la ciudad. Pero, en el fondo, es enojarse con una realidad, y lo digo como autocrítica y como desafío, donde nosotros, los arquitectos, no estamos  interactuando. Y esto es uno de los problemas que sucede especialmente en Latinoamérica. La cultura arquitectónica y urbanística occidental, la norteamericana y europea, en la que nosotros más nos hemos formado, tiene preparación para interactuar con la ciudad formal, con la administración pública que tenga un plan urbano. Hay sí existen herramientas que te da la formación, pero no tenemos la formación para interactuar con la ciudad que cambia cotidianamente, con la ciudad que se autogenera. Ha habido como cierta impotencia que durante mucho tiempo significó mirar para el costado. Es más, se veía como algo que había que barrerlo, sacarlo. Pero cuando algo se mantiene en el tiempo, ya no es una patología, de repente es una característica de las ciudades latinoamericanas.    

 

Ese, llamémosle “divorcio”, entre la profesión de arquitecto y la realidad social que se genera día a día, ¿cómo se resuelve? 

Hubo intentos de diferentes tipos, pero hay experiencias  en ciudades como Medellín en donde, si bien ese divorcio no se supera, en el sentido de que muchas de las intervenciones que se hicieron en esa ciudad fueron a través de las intendencias  y de concursos de arquitectos, es decir que surgen, y esto lo digo entre comillas de la alta cultura arquitectónica, tuvieron sí como objetivo interactuar, poner edificios, espacios públicos, bibliotecas, en los lugares marginales. La importancia de estas experiencias es aprender de lo que eso va dando como resultado.  Existe un diálogo con los protagonistas, existe un ensayo sobre donde se colocan los espacios públicos, por ejemplo, se recoge información de esa experiencia que se aplica en la próxima. Entonces no miraría a la arquitectura como una profesión de cortesanos para un grupo de elite, ni tampoco la miraría ingenuamente como una profesión que puede cambiar  una ciudad, un espacio, de un día para el otro.    

 

Arquitectura y humanismo

¿La Facultad de Arquitectura es consultada por organismos del Estado, como el MVOTMA, la Agencia Nacional de Vivienda o las intendencias? 

Hay cosas que se han hecho, convenios, acuerdos, y cosas que se están haciendo ahora como lo del proyecto APEX de la Universidad de la República. De hecho, tenemos un asistente académico, Miguel Faccioli, que trabaja mucho en eso. Ahora estamos tratando de lograr un acuerdo con el Congreso de Intendentes. Con los alcaldes, por ejemplo, como tercer nivel de gobierno y con mayor cercanía con la gente, estamos realizando talleres de manera de tener insumos. Lo primero es entender, tener un diagnóstico, de lo que está pasando. También con los ministerios ha habido experiencias puntuales. Yo creo que hay un proceso en construcción. Si bien no estamos en una situación ideal, tampoco estamos en cero.  Además, hay una cosa importante y es darle visibilidad a estos acuerdos, acercamientos y talleres. Que la gente sepa lo que se está haciendo y que lo sienta como propio.

 

¿Cómo ve a Montevideo a nivel arquitectónico?

La veo bien porque es una hermosa ciudad. Tiene una matriz geográfica muy buena, con una exposición directa al río, con arena y playas, y eso significa un espacio público increíblemente democrático. También tiene una matriz urbana buena, con buenas avenidas y edificios icónicos del Art Decó. Lo que creo, también, es que hay que pensarla seriamente para el futuro en dos aspectos. El primero es en cómo mantenemos lo que tenemos y, en segundo lugar, cómo la proyectamos para el futuro. La expansión del parque automotor ya es un hecho. 

En el mundo contemporáneo sino hay una expansión del mercado automotor es porque la gente empezó a tener menos trabajo y menos poder adquisitivo. Todo esto requiere que la ciudad tenga algunas vías de comunicación más fluidas. Hoy, por más que si los montevideanos salimos a una hora pico terminamos desconociendo a Montevideo por su flujo en el tránsito, esto ocurre solo en algunos horarios.  En ciudades de México, o en San Pablo, eso no pasa. Son ciudades que están colapsadas las veinticuatro horas del día. Ahora, para que eso no nos ocurra dentro de cincuenta años, hay que pensar la ciudad del futuro.       

Creo que nosotros tenemos medidas cortoplacistas que no tenían los que, por ejemplo, plantaron los árboles de Montevideo. Pongo un ejemplo cualquiera. Si uno sale a caminar por Parque Rodó, La Comercial o Palermo, hay que ver lo que significa la arbolada. En otoño las hojas en el piso, la sombra en verano. Los tipos que plantaron esos árboles, lo hicieron para el disfrute de otra generación. Había una mirada al futuro. Otro ejemplo de esa concepción de proyectar una ciudad es la Rambla Sur. Cuando se proyectó y se construyó era para cuatro cachilas en aquel momento, pero si hoy no existiera sería imposible descongestionar el tránsito. Eso lo hizo gente que no lo vio y que tuvo una visión increíble de futuro. Eso es lo que nos está faltando. Otro ejemplo, el Prado tiene un parque y unos árboles increíbles y hoy está muy descuidado. Barandas del  puente sobre  Buschental que se rompieron hace cuatro años y siguen rotas, luz que no hay. Se trata de mantener lo que ya hay. Eso lo recibimos como legado y debemos mantenerlo. Y así ocurre con un montón de espacios públicos y edificios simbólicos. Mantener lo que está y tener una visión de futuro. Ahora está toda la polémica sobre la torre en Maldonado (se refiere al proyecto del arquitecto Rafael Viñoly para el ex hotel San Rafael). Este debate nos debe servir para pensar hacía el futuro. ¿Las torres en algún momento van a venir o no? Bueno, van a venir. Y si no vienen es porque a nadie le interesa Uruguay. Tal vez no sea ese el lugar, pero hay que definir donde se pueden construir. Lo hizo París, generó una ciudad paralela que destinó a la instalación de todas las corporaciones y edificios, y el París antiguo, histórico, quedó preservado. Es decir, Francia no le dijo a esos inversores `váyanse para otro país´. En el mundo contemporáneo es así. Si nadie viene a golpear en tu país, es porque tu país no está siendo atractivo para nadie. Hay un equilibrio, o debería haberlo, entre no negar la realidad y preservar lo que ya está construido.  Estas cosas, la arquitectura y el urbanismo deben evaluarlas.  Esa perspectiva de pensamiento a futuro es lo que nos está faltando.

 

Otro de los aspectos, a esta altura, un problema endémico, es la carencia de viviendas cuando hay decenas de edificios abandonados.

Es cierto. La arquitectura y el urbanismo, como todo, tienen mucho de ideas y tienen muchísimo de gestión y de decisión política. 

Entre la idea y que eso se transforme en algo real pueden pasar años de gestión. Hay una demanda de vivienda grande, proporcionalmente para lo que es una población chica como somos, con lo cual siempre da esa sensación que este problema sería abordable un proceso en el tiempo de generación de viviendas o, como bien dijiste vos, usar metros cuadrados vacíos que tenemos, pero vacíos abandonados, no vacíos en el sentido de que alguien que tiene una segunda casa en un balneario muchos veces vacías, pero que la usa como lugar de descanso. 

Me refiero a viviendas vacías porque falleció el propietario hace décadas y no hay sucesores. Esas construcciones después aparecen tapiadas, lo que es un desastre desde el punto de vista de la calidad urbana.  Y a la vez, tenés personas durmiendo en la calle. Ahí hay, sin duda, cosas para hacer. 

 

Y ese déficit habitacional, ¿no puede ser contrarrestado con el avance de la tecnología en materia de construcción? Esos nuevos sistemas constructivos han logrado bajar el costo de la vivienda y el tiempo de finalización de obra. 

Totalmente. Tuvimos una reunión con un integrante de “Un techo para mi país”,  que se había recibido del arquitecto y, consciente de que lo que se hace es muy precario, las llamadas mediaguas, nos decía que le gustaría hacer un concurso donde surjan ideas para cómo generar un prototipo que solucione más integralmente el problema con otra calidad arquitectónica para el uso de las personas.

Hay una experiencia en Chile muy positiva e interesante al respecto llevada a cabo por el arquitecto Alejandro Aravena. Él hizo una experiencia muy interesante. Pregunta al Ministerio de Vivienda chileno cuánto se gastaba en una vivienda tipo Mevir, por poner un ejemplo. Tomó ese monto e hizo un concurso internacional con ese dato convocando a realizar otras viviendas, con otras características de calidad y de confort, sin pasarse de ese monto. Y se concretó en una experiencia bien interesante, porque además prevenía el crecimiento, prevenía ciertas condiciones de urbanidad  como construir una manzana entera y no casas aisladas. Esto te permite saber cómo funciona, qué pasa a los cinco o diez años, cómo esos pobladores e fueron apropiando, en el buen sentido, del espacio destinado para el crecimiento. Sin duda hay mucho para hacer.

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La idea del arquitecto uruguayo Eduardo Bertiz  fue el centro de su Tesis de Maestría de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. En ella, el profesional propone que la terminal de pasajeros de Tres Cruces sea el eje articulador, que implica la instalación de dos ramales subterráneos que permiten liberar espacio en la circulación vial y, también, revitalizar algunos espacios públicos de Montevideo.

En el marco del Sistema de Transporte Metropolitano (STM), el autor del proyecto propone la puesta en marcha de un sistema de Trenes Ligeros de Montevideo (TLM) “un subsistema independiente más robusto, ya sea por la incorporación de más líneas o por los vínculos metropolitanos que se puedan generar en diferentes puntos de intercambio con otros modos de transporte”, según da cuenta la revista Propiedades.

El (TLM) se define en su etapa inicial por la creación de dos líneas de trenes ligeros con carácter metropolitano que circulan la ciudad por sus ejes Norte/Sur (Bulevar Artigas) y Este/ Oeste (Avenida Italia). Ambas líneas sustituyen a las correspondientes líneas troncales del STM y continúan confluyendo en la zona de la terminal de ómnibus Internacional de Tres Cruces.

El esquema inicial del proyecto establece la creación de un buffer de intercambios que comprende dos estaciones subterráneas enlazadas y conectadas con las líneas del transporte nacional e internacional de la terminal y con el sistema de transporte público local. Se prevén, además, articulaciones con nuevos estacionamientos públicos que estimulen el intercambio modal con el transporte público y con los medios no motorizados en el nivel calle.

 

Tránsito

De acuerdo a la iniciativa del arquitecto, el tránsito vehicular y el transporte público local también circularían en el cruce subterráneamente, sobre un nivel diferenciado al de los trenes. “Estas decisiones dejan liberada en superficie una importante área parquizada, plataforma soporte de actividades de carácter público y preámbulo de un hall urbano funcional al buffer de intercambios desarrollado en el subsuelo”, añade el proyecto.

Ambas líneas se vinculan a lo largo del recorrido en la ciudad con proyectos especiales asociados en puntos significativos del recorrido, manteniendo siempre el carácter de sistema abierto e integrador. Se plantea, en este sentido, contemplar la continuidad del flujo vehicular de Avenida Italia hasta la Terminal de trenes de AFE y la Ciudad Vieja por la calle Ferrer Serra, apostando a la reactivación de dicha terminal como lugar de intercambios a nivel nacional y regional. Estas aspiraciones, recuerda Bertiz, están contenidas en el espíritu de las directivas del Plan Director de 1957 e implican intervenciones de reconexión urbana en las calles Galicia y La Paz.

La Tesis de Maestría indica que las líneas de trenes ligeros presentarán a lo largo de su recorrido diferentes variantes de estaciones en cuanto a su ubicación con respecto al plano calle, evaluando la mejor disposición, generando otros puntos de intercambio y estacionamientos públicos de rotación en lugares estratégicos.

Concretamente, se propone que la primera línea se extienda desde la zona del shopping Punta Carretas, atraviese Bulevar Artigas hasta la terminal de Tres Cruces, prosiga hacia el Nuevo Centro Shopping y, luego, a través de distintas estaciones hasta la terminal de ómnibus de Colón. La segunda línea comienza en la terminal de La Aguada, se extiende hasta la terminal de Tres Cruces y a través de la zona de Avenida Italia finalizará en la calle Barradas, en el barrio Carrasco. 

“La tentativa inicial de programas arquitectónicos abarca la ampliación de la terminal de ómnibus, áreas comerciales y de oficinas, hotel y centro de convenciones, residencia, espacios de ocio y espera y estacionamientos públicos de rotación”, sostiene el proyecto.

Asimismo, se prevé la utilización del espacio del túnel que comunica 18 de Julio con 8 de Octubre. A tales efectos, se contemplan las zonas adecuadas a los intercambios y las conexiones con las estaciones actuales. Entre los objetivos principales está disminuir lo máximo posible el tránsito motorizado en superficie, otorgando mayores espacios al peatón.

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Para construirse, la arquitectura depende de la tecnología; también para representarse. Actualmente, diferentes programas para dibujar siguen transformando de manera radical la manera en que se concibe y resuelve un proyecto arquitectónico.

El dibujo técnico que desde hace más de cien años utilizan los diseñadores, arquitectos e ingenieros, es un lenguaje que, al igual que el dibujo que realizan los niños, busca representar visualmente ideas de algo que no existe. Los símbolos y códigos que integran el dibujo constructivo tienen como finalidad la representación de los espacios y objetos lo más exactamente posible en forma y dimensiones.

Actualmente, los diferentes programas para dibujar están transformando de manera radical, además de la manera de dibujar, la manera como se concibe y resuelve un proyecto arquitectónico.

Para muchos proyectistas la computadora, más allá de utilizarla para sustituir al dibujo técnico a mano, se ha convertido en un espacio de pruebas del espacio físico, lo que detona una verdadera revolución en la manera de crear y construir.

La conexión entre el pensamiento, el ojo, la mano y el ratón del mouse son lo que en el presente siglo está haciendo visibles las fantasías de los nuevos creadores. Existen pogramas como AutoCAD y Revit han cumplido su misión como herramientas de dibujo; por ello, ahora su evolución se ha orientado hacia el diseño arquitectónico.

Las recientes versiones de estos programas aparecen como un instrumento para pensar y representar lo pensado, con el que el proyectista puede plasmar sus ideas de manera inmediata.

 

Simuladores 

De ambos programas, el que propone mayores innovaciones es Revit, enfocado a lo que se denomina como Modelado de Información de Edificios (BIM). Revit permite a los usuarios modelar en 3D, obtener todas las fachadas, cortes y detalles de un edificio desde que comienzan a elaborar la planta.

Lo que se hace con este programa es construir modelos 3D similares a los de los juegos de realidad virtual, en los que aparece una biblioteca de bloques y que con un simple clic se toman los diferentes elementos arquitectónicos, como muros, pisos, techos  y columnas. De esta manera. se seleccionan colores, texturas, materiales, mobiliarios, vegetación y todo lo necesario para darle forma y ambientación al espacio.

Esta manera de trabajar, reconfigura la relación entre lo concebido y lo construido, ya que abandona la preeminencia dada a la planta como generadora del proyecto.

Las nuevas herramientas digitales, además de transformar la forma de representación y creación, podrían simbolizar el primer desarrollo importante de la arquitectura desde los días del movimiento moderno, periodo en que esta disciplina experimentó uno de sus cambios más radicales.

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