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Alejandro Ruibal, vicepresidente Comercial y de Operaciones de Saceem; Víctor Rossi, ministro de Transporte y Obras Públicas; Assis de Souza, presidente de Saceem

 

Fue adjudicada a Saceem la obra número 100 de trabajos en puentes, un nuevo hito para la empresa ampliamente reconocida por su expertise en ese tipo de proyectos en los que combina experiencia, innovación y profesionalismo.

Saceem celebró este acontecimiento con un cocktail en las obras del nuevo hotel Hampton, de la cadena internacional Hilton, ubicado en el predio de Lago Mayor -ambos proyectos de Saceem en el rubro Desarrollos Inmobiliarios- en Avenida de las Américas. Asistieron autoridades nacionales, empresarios de la industria y los colaboradores de Saceem y Grinor (empresa vial del Grupo Saceem) vinculados a obras de puentes.

En sus 65 años de trabajo ininterrumpidos, Saceem ha estado a cargo de obras únicas para el país. “Cada vez que hay una innovación en una obra vinculada a un puente, Saceem está ahí, ya sea porque ejecutamos o porque proponemos las innovaciones”, destacó el Ing. Civil Alejandro Ruibal, vicepresidente Comercial y de Operaciones, durante su alocución en la que presentó la trayectoria de la empresa en este rubro.

La empresa alcanzará su trabajo en puentes número 100 con la construcción del nuevo puente sobre el río Rosario y sus accesos en Ruta 1 Km 127, en el departamento de Colonia. Allí Saceem estará a cargo del proyecto y ejecutará las obras que incluyen la demolición del puente existente.

Saceem es pionera en la construcción de distintos tipos de puentes. Inició su historia en 1969 con el primer puente postesado del país: Paso Pache sobre el río Santa Lucía (en Ruta 5, Canelones). A este le siguió el puente de Paso Aguiar (en Ruta 26, sobre el Río Negro) para el que se utilizó la misma técnica.

También estuvo a la vanguardia en la construcción de puentes mixtos, de estructura de acero y hormigón, como los de los arroyos Solís Grande y Solís Chico en Ruta Interbalnearia.

Introdujo otras tipologías sin precedentes en el país como el primer puente atirantado (Puente de las Américas, en Canelones) y los primeros puentes en arco con tablero inferior atirantado (puentes sobre Paso del Bote en el arroyo Tacuarembó Chico, Tacuarembó). En 2015 finalizó la construcción del puente sobre la Laguna Garzón, que une Maldonado y Rocha y es el primer puente de planta circular completa, proyecto del arquitecto Rafael Viñoly, único de su tipo en el mundo.  

Además construyó el puente más largo del país: Picada de las Piedras en el KM 329 de Ruta 6 sobre el Río Negro con más de 2 KM.

En el futuro cercano, Saceem tiene por delante la construcción de 14 obras vinculadas a puentes, ya sea por concepto de construcción de puente nuevo o por adecuación de puentes existentes con ensanches y refuerzos, o por reparación.

Entre estos se destacan la ejecución de las obras del puente sobre arroyo Sauce en Ruta 21 y los trabajos de refuerzos en puentes sobre los arroyos Negro, Bellaco y Rabón, en Paysandú y Río Negro. Estas obras forman parte de la primera PPP vial del país que fuera adjudicada al consorcio formado por Grinor y la española Sacyr.

El último desafío de Saceem durante 2016 vinculado a puentes, fue el ensanche y refuerzo de los puentes sobre arroyo Pando, en Ruta Interbalnearia, debido a su exigencia en cuanto a cumplimiento de plazos, dado que le fue adjudicada en octubre 2016 y debió culminar antes del inicio de la temporada estival.

El Ing. Ruibal finalizó su discurso agradeciendo al equipo de profesionales de Saceem, “quienes se comprometen ante cada nuevo proyecto; hoy, al igual que desde hace 65 años”.

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En una extensa entrevista con Del Constructor, el dirigente gremial del Sindicato Único Nacional de la Construcción y Afines (SUNCA), Óscar Andrade, se refirió a la situación de la construcción, la probabilidad de una mayor inversión en obra pública y a los desafíos que plantea la innovación tecnológica y los nuevos sistemas constructivos para el sector.

También reflexionó sobre reducir la dependencia  con la inversión extranjera y a la polémica, y conflicto generado, por el tema de diferendo en el cálculo de la licencia para los trabajadores del sector.

 

¿En qué situación se encuentra hoy la construcción?

Tengo la impresión de que hay auspicios de que este año va a ser, por distintas circunstancias, y de hecho tuvimos reuniones con los distintos jefes comunales de las intendencias más importantes para la construcción como Montevideo y Canelones, para ver la situación de evolución de obras previstas para este año, y hay un incremento con respecto a años anteriores. Pareciera que en el 2017 y 2018 se concentraría una parte importante de la obra pública según los anuncios del Poder Ejecutivo. Por lo tanto, este es un impacto que jugaría a favor. Otro elemento es que tuvimos una temporada turística excepcional. En general, la construcción es un sector que es sensible al turismo. La decisión de invertir o no invertir en la zona costera, donde se explica una parte de la actividad del nivel de industria, en general depende de otras actividades que están vinculadas. Y un tercer componente es que Uruguay viene demostrando una fortaleza inédita con respecto a los países vecinos, Argentina y Brasil.  Nos encontramos por primera vez, en la historia económica del Uruguay por lo menos en los últimos sesenta años,  que no acompañamos los vaivenes de la región. No había forma, hasta ahora, que el desempeño económico de Uruguay no estuviera relacionado a los vaivenes, sobre todo, de Argentina. Eso ha cambiado por varias razones. Sobre todo por la diversificación de mercados que ha hecho Uruguay. Argentina viene de una caída pronunciada, por lo menos durante tres años consecutivos, al igual que Brasil, y Uruguay ha demostrado en esos años un crecimiento económico. Hoy elcomercio con Argentina representa un tercio de lo que representaba.  La situación de Argentina hoy si se hubiera dado con la relación de dependencia económica que teníamos con ellos en el 99 y en el 2000, estaríamos en una situación extremadamente compleja desde el punto de vista económico y seguramente social.  Por eso esto es una clara demostración de fortaleza. La industria de la construcción, en general, no depende de sí misma, depende de terceros. No hay posibilidad de desacople, de que le vaya bien,  sino le va bien a otros sectores.  Otro componente, si se concreta, es la tercera planta de celulosa.  Y no solamente por la construcción en sí de la planta, que ya es un factor importante, sino por todas las obras conexas. Lo que sería el ferrocarril y alojamientos, por ejemplo. Este tipo de obra ha demostrado un fuerte impacto en la construcción y las actividades relacionadas con ella. También tenemos que pensar en lograr que la participación de las empresas y de mano de obra nacional sea del máximo posible. Hay también una necesidad de equilibrio entre los plazos de obra y una necesidad de desarrollo nacional que hay que encontrar. Esto es una de las claves para pensar el impacto de desarrollo de una inversión de estas características. 

 

En algunas localidades, que se han manejado como posibles destinos de esta tercera planta, hay mucha expectativa en la población.

Claro, porque este tipo de inversiones tiene fuertes encadenamientos productivos. Pero cuidado, tampoco que ocurra lo que muestra la película “El baño del Papa”. Es cierto que en algún pico de actividad de la construcción de la planta puede dar trabajo a miles de trabajadores, pero tampoco pensar que es una tabla de salvación. Si tuvimos 70 mil trabajadores y hoy tenemos 50 mil, no va a haber 20 mil trabajadores que van a trabajar en la planta de celulosa.

 

El sector tuvo un registro histórico de unos 73 mil trabajadores cotizantes en el BPS. Ha bajado 20 mil puestos de trabajo. ¿El SUNCA es consciente que va a ser difícil retornar a ese guarismo?

Sí, claramente. Ese pico tuvo que ver con que la inversión de Montes del Plata estaba en el máximo de su nivel de actividad. Simultáneamente teníamos un boom de inversión en Punta del este, un boom de inversión en la franja costera de Montevideo, un boom de inversión en la obra pública, como la fibra óptica, y simultáneamente teníamos un boom de inversión en toda la nueva demanda de la industria de la construcción que tenía con ver con silos, puertos y logística vinculada al desarrollo del sector agropecuario, en materia de rutas. Esos motores de la industria de la construcción estaban a un 150% a mediados del 2014. Ahora es muy complejo pensar, por lo menos en un breve plazo, que esas condiciones se vuelvan a dar. A mediano y largo plazo si Uruguay calza un modelo de desarrollo productivo de transformaciones más profundas y la matriz productiva se desarrolla mucho, y si los grandes problemas demográficos que tenemos comienzan a revertirse con corriente migratorias que tienen una demanda de vivienda fuerte, ahí la industria de la construcción  va a acompañar. Pero eso podrá ser a mediano y largo plazo. Pero una industria que tuvo un nivel de actividad del ´85 a 2000 entre 30 mil y 35 mil puestos de trabajo, en el mejor de los casos 40 mil, es muy difícil pensar que tenga, en breve, más de 60 mil trabajadores cotizantes. Sí creo que, probablemente, estemos en una circunstancia de que nos ubiquemos entre los 50 mil y 60 mil puestos de trabajo en los próximos dos años.  Esto es un pronóstico relativo. Las circunstancias actuales demuestran que Uruguay se ha desacoplado de la recesión regional. Pero este desacople es en  parte, porque veníamos con tasas de crecimiento muy altas, y si bien sigue en alta, es mucho menor. No estamos ni cerca del escenario dantesco de Argentina y Brasil, pero tampoco estamos en las mismas circunstancias del 2014, donde se podían atender demandas sociales con otra agilidad.

 

Reducir la dependencia

¿Para mantener cierto nivel de actividad en la construcción qué falta? ¿Más obra pública, otro incentivo para el desarrollo de las viviendas de interés nacional?

Falta todo. La inversión pública jugó un papel relevante en casi un tercio de la actividad de la industria. En algunos casos, cuando la demanda privada es muy baja ha llegado al 35%, pero es claro que siendo importante no es el único factor. Sin embargo, todo ayuda. Es más, la obra municipal, que no tiene el impacto de la obra pública nacional, es un elemento muy importante en muchos lugares del interior. Pongámosle que una obra municipal da trabajo a quince, veinte personas, son quince o veinte familias que de no existir esa inversión, de repente tendrían que emigrar a un asentamiento en la periferia de Montevideo.  La construcción tiene una fuerte importancia económica y también una fuerte importancia social.  Hay que mantener esa fortaleza de la que hablaba, pero sin renunciar a las conquistas sociales. Este es un dato muy importante para que la inversión extranjera directa se pueda mantener. También pienso que hay que ir a un proceso donde reduzcamos la dependencia de la inversión extranjera directa y tengamos más posibilidades, que la inversión nacional  nos dé más soberanía. De lo contrario, estamos prendiendo velas a lo que pueda pasar. Es bueno pensar en un proceso donde en forma relativa vayamos cortando niveles de dependencia. Y si la inversión extranjera se mantiene, tomarlo como un plus. Sobre todo para una industria de este tamaño. Es obvio que esto tiene que ver con una demanda de trabajo, pero no se agota en eso.  El desarrollo productivo de la industria depende de múltiples variables.  Depende de la formación profesional,  de la incorporación de tecnología, de que pensemos los procesos de calidad a la alta. Y ese tipo de variables es muy difícil de hacerlo si la construcción entra en condiciones de caída y de inestabilidad. Para todos los actores que estamos en la industria de la construcción es muy difícil pensar en capacitar si un empresario comienza una obra y a los tres meses no sabe si la va a continuar. Ahora, si los niveles de demanda se sostienen en el tiempo, los procesos productivos de calidad serán más fáciles de desarrollar.  Tener apuntalada la industria de la construcción tienen que ver con componentes que son sociales. Es la industria que más trabajo genera en relación a cada peso  que se invierte,  que se puede colocar fácilmente en todo el país, que tiene un efecto cascada en los pequeños comercios y que para ingresar al sector no se requiere mayor calificación y, por tanto, absorbe  mano de obra de otras ramas de actividades. O sea, la construcción tiene que ver con componentes económicos y sociales, pero también productivos. Sostenerla tiene que ver con un concepto de desarrollo productivo que es el único que un país, del tamaño de Uruguay, puede tener: a la alta y a la especialización en calidad. Hace poco escuché al ministro de Economía de Paraguay ofreciendo a su país por el lado de la no preocupación por el medio ambiente y bajo costos salariales.  Por escala, si tomamos ese camino de costos bajos, no vamos a competir con nadie.

 

Muchos empresarios de la construcción ven a Paraguay como un mercado seductor para invertir. 

Sí, pero los indicadores sociales de Paraguay son un desastre. El resultado de esas circunstancias para los paraguayos es un desastre. Puede ser un negocio a corto plazo para una inversión, pero termina ahí.

 

Esos empresarios argumentan que en Uruguay el costo salarial, leyes sociales incluidas, es muy alto.

La industria de la construcción, salario más leyes sociales, según datos del Banco Central 2015, representan casi un 18% y un 50% de componentes de insumos y materiales. La construcción tiene tres factores que explican su caída.  La decisión de no sostener los niveles de inversión que existían en las empresas públicas, la caída de Montes del Plata y la caída de la inversión en Punta del Este. Y puedo asegurar que la caída de la inversión en Punta del Este no tiene que ver con los salarios.  Es el lugar donde el salario incide menos en el metro cuadrado. O sea, en un metro cuadrado que vale cinco mil dólares en Punta del Este, el salario incide muy poco. No llega al 17% de los datos del Banco Central.  En general, la caída de la actividad fue por otras razones en Punta del Este. Una fue la gran recesión que tuvo Argentina. Otra, según argumentan algunos, es la decisión de Uruguay de compartir información tributaria de manera de combatir el delito de lavado de dinero vinculado al narcotráfico. Si esto es así, a mí no me preocupa. Yo no quiero trabajo en la construcción que se vincule con apuntalar el narcotráfico en otro país. Increíblemente hay opiniones políticas que defienden que no importa qué origen tengan los capitales, que Uruguay debería mirar para el costado. No comparto para nada esa idea. Es una actitud poco digna y poco ética.  Por eso digo que, si nos ponemos a analizar, no es el salario el componente principal de la dificultad en la industria. Además no quiero una industria que le ofrezca a los trabajadores salarios que no le permitan una vida digna.

 

Avances tecnológicos y desafíos

¿Qué posición tiene el SUNCA ante las nuevas tecnologías de construcción donde se necesita menos mano de obra?

Es cierto que los avances constructivos quitan mano de obra. Esto ocurre porque estamos organizados como sociedad de espalda al sentido común. Tengo en claro que no es un problema del Uruguay, ni de los empresarios del Uruguay.  No puede ser que cada vez que tenemos un cambio tecnológico, en vez de estar alegres porque nos permitiría sacar  al mismo  en menos horas y en mejores condiciones,  el trabajador se entristece porque otros compañeros quedan sin trabajo. Esto no es racional. Uno tendría que darle la bienvenida a los cambios tecnológicos.  Y pensar, a nivel mundial, que en vez de trabajar ocho horas, se trabajen seis horas. Esto es un debate más profundo.  Nosotros lo hicimos en el 2008, 2009, cuando bajamos en Uruguay de 48 horas a 44 horas.  Y la discusión de la reducción de la jornada laboral, que no generó ninguna catástrofe en la construcción,  tiene que ver con eso. Hace 25 años, una torre de diez pisos llevaba determinadas horas de trabajo, ahora se hace en la mitad de tiempo y con la mitad de trabajadores. Esto está relacionado con el tema de la productividad en la construcción.  He visto informes sobre el papel de la competitividad en el sector con los que no estoy de acuerdo. Hay datos de la Encuesta Continua de Hogares que marcaban que la construcción representaba poco más del 4% de la estructura productiva del Uruguay hace 11 años. Hoy representa un poco más del doble. Ahora el PBI uruguayo pasó de 15 mil millones a más de 50 mil millones. Entonces es muy relativo decir que es un sector que representa números dramáticos desde el punto de vista de la competitividad. Creo que no es justo esta afirmación.  

 

Ahora que nombra productividad y competitividad, ¿hay acuerdo sobre estos temas con las cámaras empresariales?

Nosotros tenemos una preocupación que, creo, es compartida.  Lo que hemos intentado hacer son esfuerzos por estudios compartidos, y no solo sobre este tema, sino también sobre el tema de la conflictividad. En un momento dijimos: tenemos dos miradas, interpretaciones de la realidad, que son opuestas. Y por eso trabajamos en ese sentido. Nosotros reclamamos más formación profesional y, de hecho,  empezamos este año un sistema de formación profesional que pondere, a la hora de realizar esos cursos, una cultura del trabajo y el presentismo, que haga esfuerzo por ensanchar las capacidades de formación y aprendizaje en los oficios. Ojalá sigamos teniendo una revalorización de las tareas que le dé una estructura diferente y ordene la industria de la construcción para  profesionalizarla y generar certificación de competencia.  Y que tengamos con las cámaras empresariales una  política en común para incorporación de tecnología e innovación en la industria. Esta es una apuesta que hay que hacer, sino difícilmente peguemos el salto.

 

Conflicto por licencias

Hace poco hubo un conflicto por la diferencia de dos días en el cálculo de la licencia. ¿En qué situación quedó el tema?

Hace poco menos de un año se publicó en un medio de prensa que el BPS nos calculaba mal la licencia y que en función de eso había que recortar la licencia y el vacacional. Y esto lo trataba de explicar por el déficit en el 2014 y el 2015 en el Fondo de Reserva con el que se paga la licencia y el vacacional en la construcción.  Y si bien esos dos años tuvo déficit, solamente se encuentra déficit entre lo que recauda el BPS de los empresarios para pagar licencia y salario vacacional  entre tres de los últimos 24 años. En todos los demás dio superávit el BPS. El balance en términos reales de relación ingresos y egresos es ampliamente favorable al BPS. Nuestra primera discusión es que no tiene sentido tomar una decisión apresurada con un fundamento que es falso. No se puede decir que se tomó una decisión para atender un déficit, cuando ese déficit no existe.  El superávit actual,  permitiría que aun sosteniendo déficit, cosa que no creemos que ocurra en los próximos años en la industria, tendría que darse diez años de déficit de corrido.

 

¿Pero qué generó ese déficit en el 2014 y 2015?

Lo que ocurrió fue que en el momento del aumento de salario  hubo un cambio de categoría, acordado en los Consejos de Salarios, y el BPS recaudó sobre una categoría y cuando tuvo que pagar la licencia en diciembre, tuvo que pagar sobre otra categoría. Eso no va a ocurrir, porque no se va a cambiar de categoría. Otro elemento es que no hay  ningún privilegio inadmisible. Yo trabajé en el medio rural y si un trabajador es efectivo en el medio rural trabajando en una quinta  y trabaja todo el año, aunque muchos días del año no pueda trabajar por lluvia, cuando sale de licencia, sale con veinte días.  Eso que pasa en la construcción lo establece la ley de licencia. Dice que los jornales que pierde el trabajador por causas ajenas, no computables a él, tienen que considerarse como días trabajados. Ese escándalo, esa propuesta absurda, de recortarte un derecho por algo ajeno al trabajador, es un disparate. La ley de licencia es clara al respecto. Nosotros presentamos estos argumentos y algunos medios salieron a decir que el sindicato estaba presionando. Poco más que éramos una horda de inadaptados. Lo que dijimos es que no hay argumentos porque es superavitario y porque la ley de licencia así lo establece. Ahora estamos en una mesa de negociación abierta que se va a extender hasta junio. Pensamos que se tiene que resolver con racionabilidad.

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Un predio de 50.000 metros cuadrados sobre la ruta N° 101,fue adquirido por la empresa Bromyros, para localizar su nueva planta industrial. La inversión del proyecto ronda los US$ 12 millones e implica maquinaria innovadora.

Según informó el diario El País, en una nota de Elisa Tuyaré, dicha planta, cuya inauguración se prevé para fines de este año, consta de dos estructuras: la primera alberga una nueva línea de producción y tiene una superficie de 6.000 m²; la segunda operará como centro logístico de materias primas y ocupará unos 700 m².

En la actualidad, la empresa uruguaya, especializada en desarrollar aislaciones térmicas, se enfoca en construir “paneles sándwich” (isopaneles) con núcleo de espumaplast (EPS) como aislante térmico para la construcción. No obstante, en mercados maduros como el europeo los paneles más utilizados en el rubro de la construcción son con núcleos de Poliuretano (PUR) y Poliisocianurato (PIR), productos más eficientes, que, en Uruguay, por el momento se importan por no contar con fabricación propia, según apuntó el gerente general de la empresa, Uwe Thomsen.

Bromyros pretende cambiar esta situación. “Vamos a fabricar paneles con núcleo PUR y PIR para atender otros segmentos, cubrir necesidades y requisitos a los que en la actualidad no podemos llegar con el EPS”, afirmó Uwe Thomsen a El País.

Con el fin de lograr este objetivo,  la empresa adquirió maquinaria de última generación que permitirá realizar todo el proceso en forma totalmente automatizada, controlada por un software y videocámaras que otorgan un “grado de precisión y calidad al nivel de las principales líneas de producción de Europa”, explicó el jerarca. La innovadora producción será pionera en la región y ofrecerá una ventaja para comercializar los productos en el exterior a precios competitivos.

En la actualidad, Bromyros produce por año 400.000 m² de paneles de EPS y con la nueva planta prevé incrementar la producción entre 40% y 50% a mediano plazo. Sin embargo, la maquinaria tiene capacidad para aumentar un 300% la fabricación actual aunque la firma quiere ganar mercados antes de explotar al máximo la producción.

La empresa aspira exportar a países de América Latina más allá de los limítrofes Brasil, Paraguay o Argentina que suelen estar en el radar de toda industria uruguaya. “El costo del transporte marítimo muchas veces es inferior al terrestre, lo que permite llegar a destinos más lejanos con costos iguales o inferiores que los regionales”, sostuvo. “Obviamente no descartamos África y Europa”, concluyó el ejecutivo.

La planta estará finalizada para el 70° aniversario de la compañía que comenzó en 1948 como un taller metalúrgico e incursionó en la producción del material aislante térmico: poliestireno expandido, descubierto por la multinacional alemana BASF. El producto se registró en Uruguay con el nombre de espumaplast. Veinte años después, produjo «paneles sándwich» con núcleo de este material, producto estrella de Bromyros. “Al coincidir con el aniversario 70 de la compañía (2018), queremos dejar otra huella de crecimiento y desarrollo inaugurando una nueva planta industrial que permita la fabricación de ‘paneles sándwich’ de última tecnología y diversas aplicaciones, alineados a las tendencias mundiales”, subrayó Uwe Thomsen.

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En entrevista con Del Constructor, el experto inmobiliario Julio Villamide realizó un balance sobre lo ocurrido en el sector durante el 2016 y cuáles son las expectativas, teniendo en cuenta la región y la leve reactivación económica en Uruguay para este año. En este sentido, se mostró cauto al señalar que si bien el 2017 será mejor que el año pasado “no será un gran año”, porque aún persisten los problemas en la industria inmobiliaria. De hecho, afirmó que a los costos altos de construcción se le suma una tasa de interés en créditos hipotecarios muy alta. “Es la más alta del Cono Sur, que no se condice con el riesgo país. El riesgo país de Uruguay es el segundo más bajo de la región, pero la tasa de interés no se alinea con esa realidad”, subrayó el experto inmobiliario.

 

¿Cómo ha sido el 2016 para el sector inmobiliario?

Bastante irregular. Comenzó muy mal en el primer semestre del 2016 y en el último tramo del 2015. Como que se concentró en ese período el peor momento. Por ejemplo, las compras ventas registradas en Montevideo en el primer semestre 2016 fueron las más bajas desde el 2004.  O sea, el peor semestre en doce años.  En el segundo semestre, sobre todo en el tercer trimestre del 2016, las cosas comenzaron a cambiar. Hubo una reactivación fuerte de unidades nuevas. De hecho, se batió el record de venta de unidades nuevas de este siglo, desde la crisis en adelante, fundamentalmente por las viviendas promovidas por la ley 18.795. Ellas fueron las grandes protagonistas. Las expectativas con este cierre del 2016 mejor, con la buena temporada turística que hemos tenido y que impacta bien en el invierno siguiente, ya que parte de ese dinero se recicla en mejoras, compras y cambios de propiedades en el Este o acá en Montevideo, hacen pensar que las perspectivas para el 2017 son mejores, pero sin imaginarnos un año exuberante, ni nada que se parezca. Pero la economía va a crecer más, los dos vecinos van a dejar de tirarnos para abajo como lo han venido haciendo, particularmente en el 2016, con recesión en Argentina y Brasil. En Argentina ya se perciben cambios, y probablemente la economía comience a crecer en el 2017. En Brasil las cosas están un poco más complicadas,  pero se espera que por lo menos deje de caer.

 

¿Entonces se espera un 2017 mejor que el 2016?

Sí, pero no será un gran año, porque parte de los problemas que tiene la industria inmobiliaria en general lo va  a seguir teniendo. Tenemos costos constructivos muy altos y eso con el nuevo convenio se va a consolidar en una suba en términos reales en los salarios que tiene un impacto sobre el costo final. Tenemos una tasa de interés en créditos hipotecarios muy alta, la más alta del Cono Sur que no se condice con el riesgo país. El riesgo país de Uruguay es el segundo más bajo de la región, pero la tasa de interés no se alinea con esa realidad.

 

¿Pero que cambió en el escenario? Porque Uruguay tuvo un boom de la construcción y sin embargo los costos altos ya existían.

La actividad inmobiliaria está muy vinculada con un indicador que nosotros no relevamos, pero sí lo hace, por ejemplo, la Universidad Católica y que es el optimismo de los consumidores.  Y justamente en el último tramo del 2015 y en el primer semestre del 2016, el optimismo de los consumidores estuvo casi alcanzando el nivel del 2002 y muy por debajo del 2009 que fue otro año difícil.

 

Pero el 2002 fue un año muy crítico…

Claro, y ese optimismo de los consumidores impacta en la compra de bienes durables. La gente compra menos autos, menos propiedades y toma menos créditos a largo plazo. Esto sucede por la incertidumbre laboral porque subió la tasa de desempleo. Y no es casualidad que ese  contexto de descenso en el nivel de actividad coincidió con los niveles más bajo de optimismo de los consumidores. En el segundo semestre del 2016 el optimismo de los consumidores empezó a subir, producto de que bajó un poco la tasa de desempleo y de que la economía mostró en el tercer trimestre señales de que volvió  a  crecer en el 2016.  Lo cierto es que los analistas esperaban que el año pasado fuera el primer año de recesión desde el 2002 y sin embargo, pese a que el crecimiento se situó entre el 0.5% y 1%, completamos 14 años de crecimiento consecutivo. Seguramente hay que irse al siglo XIX para encontrar un período tan largo de expansión económica sin interrupciones. En el 90 crecimos pero por la crisis del tequila en el 94, en el año 95 tuvimos recesión en el país. Creo entonces que esas buenas señales vienen acompañadas de buenos indicadores, más allá que algunos de ellos, como en el caso de la actividad industrial, aún no se recupere porque el sector de la construcción tiene mucho peso, y seguramente se va recuperar a partir del segundo semestre del 2017 con la obra pública.

 

Y alguna mega obra, como sería, en caso de concretarse, la nueva planta de UPM.

Claro, eso tendría un impacto muy fuerte.

 

¿Y cómo impacta una obra de gran porte como esta en el mercado inmobiliario?

Impacta por la vía de succionar obreros calificados.  Hay que pensar que cuando Montes del Plata se implantó nosotros teníamos unos cincuenta, sesenta mil obreros ocupados en todo el país y en todas las actividades de la construcción y relacionados con Montes del Plata había unos siete mil trabajadores. Es decir que más del 10% de esa masa de trabajadores provenía de ese emprendimiento. Obviamente que después de instalada, eso trabajadores calificados se van del mercado y de eso es de lo que se quejan los constructores. De que los que los sustituyen no tienen calificación o espíritu de trabajo.

 

La impronta de la región

 

 Al comienzo de la entrevista, usted hablaba del contexto de la región, y se refería a Argentina y Brasil. ¿Cuánto impacta en Uruguay los dos países vecinos?

Por primera vez en las últimas décadas Uruguay dejó de moverse en el promedio lineal de los dos países. Es decir, si antes Brasil crecía un 2 y Argentina un 4, Uruguay crecía un 3, y si Brasil bajaba un 2 y Argentina un 8, nosotros estábamos en el medio, pero en recesión. En el 2016 se dio un hecho inédito. Los dos países tuvieron recesión y Uruguay igual creció. Eso habla de un desacople importante  de las economías regionales por la vía del crecimiento de las exportaciones hacia países extrarregionales. Uruguay ha consolidado una relación fundamentalmente con China y también con Rusia y la Comunidad Europea, que le permite que el peso de las exportaciones a Brasil y Argentina haya bajado considerablemente en los últimos 10 años. Eso nos permite  monitorear la crisis de una manera mejor. Pero además, los sucesivos equipos económicos, han hecho cosas que ha sido alabada incluso por la oposición, como el manejo de la deuda pública en los momentos apropiados. Por supuesto que también hemos hecho cosas mal. A mí me hubiera gustado llegar a esta situación con un déficit fiscal que fuera la mitad del actual y con una inflación que fuera la mitad de la actual y de esa manera Uruguay estaría muy cómodo para esta situación. El haber llegado tan comprometidos con déficit alto y una inflación alta, restringe muchísimo los márgenes de maniobra del equipo económico. Pero en general, la respuesta es que Uruguay depende hoy menos, salvo en el turismo, de los dos grandes vecinos.  

 

¿Y cómo nos impacta Paraguay, que ha tenido un  mercado en expansión tanto a nivel de la construcción como inmobiliario?    

Paraguay claramente es uno de los países que más ha estado creciendo en el Cono Sur, que tiene muchos problemas políticos y estructurales, pero que tiene también una potencialidad de crecimiento enorme. En dos o tres años alcanzó, por ejemplo, la producción de carne de Uruguay. Y en algunos años seguramente estará por arriba. No tanto en precios, porque la carne uruguaya es de mayor calidad. Lo que le digo a la gente que se interesa en el mercado inmobiliario de Paraguay es que es un mercado perfecto a la hora de que un inversor uruguayo va a construir porque tiene salarios muy baratos, los costos andan en el entorno de la mitad en comparación con Uruguay, producto de los salarios bajos y de medidas de seguridad laboral prácticamente inexistentes. Ese es, entre comillas, el mundo ideal de producción de bajo costos. Ahora, cuando el inversor sale a vender tiene el mismo problema. Es decir, gana poco. No es que los obreros de la construcción ganan poco y el resto del país tiene salarios altísimos. El resto del país también gana poco. Se puede salir a vender el metro cuadrado a 800 o mil dólares, que son precios inalcanzables por los costos en Uruguay, pero a ellos les resulta caro por sus salarios bajos.  Entonces creo que Paraguay es un diamante en bruto, que con una buena conducción y bajando los terribles niveles de corrupción, tiene una potencialidad enorme, además de mucha afinidad con Uruguay y muchas posibilidades de complementación, no solamente en la salida de la hidrovía a través de la salida a Palmira y el puerto de Montevideo, que fueron los clientes paraguayos que nos permitieron pasar el mal momento de aquella prohibición de Cristina Kirchner de utilizar puertos uruguayos. Hoy tenemos ese problema de que estamos empezando a recuperar los clientes argentinos y los clientes paraguayos siguen utilizando el puerto uruguayo, por lo que estamos necesitando ampliarlo constantemente. Pero más allá de eso, y con un gobierno razonable en Argentina y Paraguay, deberíamos tener instancias de complementación y de actividad.

 

¿Hay muchas empresas uruguayas invirtiendo en Paraguay?

Ya hay más de cien empresas uruguayas en Paraguay de acuerdo al relevamiento de la embajada uruguaya en Asunción. Muchas de ellas son del sector agropecuario pero también hay muchas del sector de la construcción. Pero Paraguay es un país con problemas, no es Chile que es un país ordenado, que funciona dentro de la normalidad. 

 

Consecuencias de los topes

Vuelvo a Uruguay. Hace un tiempo hablamos con usted del stock de viviendas en la franja costera. El incentivo a la construcción de viviendas sociales, entre otras cosas, trató de balancear ese superávit con el déficit de viviendas en otras zonas de Montevideo.  ¿Cómo es la situación en estos momentos?

Esa situación ha mejorado sensiblemente. Antes de la aprobación de la ley en el 2011, llegamos a tener un 80%, 90% de la producción de viviendas de propiedad horizontal en la costa contra apenas un 20% en la demanda, y eso generaba un sobre stock que iba creciendo cada año. A partir de la ley, la relación se ha invertido.  Aquellos que tenían el 70%, 80%, 90%, hoy tienen el 30%, el decir que el 30% de la viviendas que se construyen son en la costa, y el 70% restante se está construyendo en el resto de la ciudad, donde no se construía hace más de medio siglo. Entonces, como se está construyendo menos en la costa, y se ha seguido vendiendo, el stock dejó de subir, entró en una meseta y en los últimos semestres ha ido bajando. Esto significa que la situación es mucho más normal. Creo que ese es uno de los aspectos positivos de la ley, porque también hay otros como la revitalización de zonas que estaban totalmente perimidas. Dentro de los aspectos negativos está que aún esperamos ese decreto de la baja de los topes que nos habían prometido que iba a entrar en vigencia el 1 de enero. El Ministerio de Vivienda se comprometió públicamente a que iba a entrar en vigencia ese día, pero no pasó así. Nos consta que hubo resistencia por parte del Ministerio de Vivienda que no quiere ampliar los topes o ampliar los beneficios. Y por otro lado está el Ministerio de Economía que quiere más inversiones, más ocupación y mano de obra, para tratar que la economía se recomponga lo más rápidamente posible.

Yo creo que en esa puja el tema es más ideológico que económico, pero es lamentable porque hay tres mil o cuatro mil obreros que se quedaron sin trabajo por el tema del tope en Montevideo. Nosotros les advertimos, antes de que pusieron los topes que, de hacerlo, las inversiones iban a caer a la mitad. Y esto fue lo que sucedió.

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Para este año se prevé una contracción cercana al 5%  que podría mantenerse durante todo el 2017, mientras que se estima que un 40% de los promotores no iniciarán nuevos emprendimientos una vez terminados los edificios que están construyendo, según datos aportados por el Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC). Ante esta situación, el presidente de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU), arquitecto Eduardo Steffen, en diálogo con Del Constructor, reflexionó sobre la situación que atravesó el sector en el 2016 y qué se puede esperar, en materia de reactivación, para este año.

En este contexto, Steffen hizo hincapié en la construcción de viviendas de interés social (VIS), promovidas a través de la ley 18.795, y en el decreto del Poder Ejecutivo del 13 de octubre de este año que promueve la construcción de proyectos de gran dimensión, como algunos de los incentivos para reactivar la industria de la construcción. También se refirió a los salarios como uno de los elementos que encarecen el costo final de la obra. “Los costos de construcción en nuestro país han aumentado sensiblemente en los últimos años y se alejan cada vez más de las posibilidades de los potenciales adquirentes” y que “los costos salariales en el Uruguay han aumentado 108% en términos reales en los últimos 10 años”.

Sobre el tema productividad, uno de los puntos en los que no concuerdan trabajadores y empresarios, el presidente de la APPCU dijo que existen dos causas que conspiran contra un acuerdo entre ambas partes. La primera son los nuevos procedimientos constructivos  y, la segunda, “la pérdida de gobernanza en las obras”. “Los capataces tienen un margen muy limitado de conducción y las acciones gremiales dificultan la posibilidad de exigir rendimiento en el trabajo. En ese sentido la conocida cultura del trabajo, que se ha ido perdiendo, y la poca posibilidad de revertir esa tendencia, gravitan en forma importante”, sentenció Steffen.

¿Cuál es la situación actual de la construcción?

El sector de la construcción ha experimentado variaciones importantes en la última década. En materia de inversión, alcanzó un máximo de 8.200 millones de dólares en el año 2013 cayendo a 6.800 millones en el 2015.Paralelamente en la ocupación de la mano de obra, llega a 73.115 personas en noviembre de 2012 bajando a 47.656 en julio del 2016. La mayor caída se produjo  durante el año 2015 a razón de 1.000 obreros por mes. En el correr del 2016, se estabiliza entre 47.000 y 48.000.En el sector vivienda es donde se produce la mayor contracción. De representar el 30% de la inversión total en construcción durante 2013, pasa a tener el 14% de participación en el 2015.

Hubo un descenso de la actividad. ¿Cree usted que se frenó la caída?

El Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC) previó una contracción tendencial cercana al 5% para el 2016, pronóstico que se mantiene para 2017. Por otra parte en materia de vivienda, la iniciación de nuevas obras sigue cayendo sistemáticamente y un 40% de los promotores no iniciarán nuevos emprendimientos una vez terminados los edificios que están construyendo. 

 Se habla de una posible reactivación para el segundo semestre  de este año. ¿Qué piensa al respecto?

Hay varios factores que son fundamentales en cuanto a la posibilidad de reactivación del sector vivienda. Los programas promovidos dentro de la Ley 18.795 crecieron fuertemente hasta junio de 2014, momento en el cual se modifica la reglamentación estableciéndose topes de precios para el 25% de las viviendas de cada programa. Esto produjo una retracción importante en el ingreso de nuevas obras para ser promovidas en la Agencia de Vivienda, pasando de 347 viviendas por mes hasta ese momento, a 180 en el año siguiente. Si consideramos el período junio de 2014  a junio de 2016 el promedio baja a 131.Por otra parte, el 72% de las viviendas promovidas se radican en Montevideo, 21% entre Maldonado y Canelones que son los que tienen topes más altos, 7% entre 12 departamentos y ninguna vivienda en 4, que son Rivera, Flores, Río Negro y Treinta y Tres. La Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU), conjuntamente con nuestro asesor en materia habitacional Julio Villamide, hemos mantenido varias conversaciones a nivel del MVOTMA planteando la necesidad de efectuar cambios para reactivar el plan, que tantos beneficios ha reportado sobre todo a Montevideo, construyendo en barrios donde hacía más de 40 años que la inversión privada no se había interesado. Barrios como Cordón, Centro, Unión, Aguada, por nombrar algunas, se revitalizaron con importantes construcciones. Fundamentalmente nuestros petitorios fueron dirigidos a la eliminación de los topes de venta en todo el país, y a la eliminación de la obligación de no superar el 50% de cada programa con viviendas de un dormitorio. La realidad demuestra que dado la variación de las características de los nuevos hogares, tanto para la adquisición como para el arrendamiento, el interés de los nuevos ocupantes se orienta fundamentalmente hacia la vivienda de un dormitorio.

 Por otra parte, vemos con mucho interés el último decreto del Poder Ejecutivo del 13 de octubre del 2016 que promueve la construcción de proyectos de gran dimensión. Desde luego que se trata de obras puntuales, de gran envergadura, con una inversión en construcción de obra civil superior a 123.000.000 unidades indexadas (algo más de U$S 15.000.000 a la cotización actual), lo que habla de proyectos excepcionales, ya que la mayoría de los emprendimientos que realizan nuestros promotores son de dimensiones sustancialmente menores. También, vemos con mucha atención a la evolución de la construcción en la República Argentina. Ese mercado, que sufrió una depresión más importante que la de nuestro país, se está revitalizando y los precios de venta de unidades a estrenar ya superan los de Uruguay. La temporada pasada ya se vio gran interés por parte de los argentinos en el arrendamiento de apartamentos en edificios de Punta del Este. Hoy ya constatamos un gran interés en alquilar unidades en la temporada.

 

Costos y posibilidades

Se ha esgrimido que una de las causas del descenso de la actividad es, entre otras razones, la migración de inversores para otros países, como Paraguay. ¿Qué piensa de esto y cuáles serían las otras causas de ese descenso?

Los inversores están permanentemente buscando oportunidades de negocios, y no sólo en Paraguay, dónde la construcción tiene costos sustancialmente inferiores a los de Uruguay, y las condiciones laborales y la facilidad de comenzar nuevos emprendimientos son mucho mejores, sino también en países como Colombia, Panamá y la ciudad de Miami. Los costos de construcción en nuestro país han aumentado sensiblemente en los últimos años y se alejan cada vez más de las posibilidades de los potenciales adquirentes. Si bien a nivel regional no estamos demasiado altos, sí lo estamos a nivel internacional. Los costos salariales en el Uruguay han aumentado 108% en términos reales en los últimos 10 años, y su incidencia en los costos es muy importante. Por otra parte, entre los años 2010 y 2014 se fue generando un sobre stock de viviendas que se está paulatinamente absorbiendo. Ya  desde 2015 la venta de unidades construidas supera en cantidad a las que se inician en nuevos emprendimientos.

La situación regional como el cambio de gobierno en Argentina y crisis en Brasil, ¿cómo afectará a la industria de la construcción en nuestro país?

Tanto la Argentina como Brasil experimentaron una profunda depresión como consecuencia de la aplicación de políticas que crearon grandes desequilibrios macroeconómicos. No poca importancia tienen los motivos económicos a nivel popular, en la voluntad de cambio de gobernantes. Los nuevos gobiernos se ven enfrentados a la necesidad de aplicar correctivos muy duros e impopulares para poder encaminar nuevamente a sus economías. Del éxito de estas nuevas políticas económicas dependerá que puedan emerger de tal situación. Indudablemente que la recuperación de nuestros grandes vecinos influirá sustancialmente en nuestro país. El inversor argentino, y paulatinamente cada vez más el brasilero, experimentan gran atracción por invertir en el Uruguay por razones extra económicas. Punta del Este está considerada como el balneario más selecto de cono sur. Pese a nuestra gran autocrítica, nos ven como un lugar excepcional, tanto desde el punto de vista de la seguridad personal como de la jurídica.

 

Productividad

La productividad es otro de los temas que se han planteado. ¿Por qué es tan difícil llegar a un acuerdo entre empresarios y el Sunca?

Considero que hay dos causas fundamentales. La primera se refiere a la gran complejidad que ha devenido en la construcción como consecuencia de los nuevos materiales, nuevos procedimientos constructivos y la incorporación cada vez mayor de maquinaria. En consecuencia, la definición de una tarea y la posibilidad de establecer un rendimiento mínimo para cada una de ellas es sumamente compleja. La segunda causa es la pérdida de gobernanza en las obras. Los capataces tienen un margen muy limitado de conducción y las acciones gremiales dificultan la posibilidad de exigir rendimiento en el trabajo. En ese sentido la conocida cultura del trabajo, que se ha ido perdiendo, y la poca posibilidad de revertir esa tendencia, gravitan en forma importante.

¿Obras en la modalidad PPP y la nueva planta de celulosa podrán reactivar la actividad en el sector?

Hasta ahora las PPP han tenido un desarrollo limitado. Entendemos que el gobierno está haciendo esfuerzos por llevarlas adelante, lo cual apoyamos. En relación a la planta de celulosa creo que hay dos aspectos que considerar. Uno es la incidencia de la producción que generaría ese emprendimiento en el PBI uruguayo. Sería muy importante en cuanto al incremento de la producción y las exportaciones. Además generaría nuevas fuentes de trabajo, no tanto en el funcionamiento de la planta en sí misma, sino en el sector forestal, que es más intensivo en mano de obra. El otro aspecto es la incidencia en la creación de puestos de trabajo en la construcción. Ya hemos tenido la experiencia en las dos plantas anteriores. Generan un gran crecimiento de la mano de obra durante un período relativamente breve creando una distorsión importante en el mercado laboral y luego de terminada la obra queda una gran cantidad de obreros sin trabajo. Nosotros somos partidarios de políticas que tiendan a la creación de puestos de trabajo en forma permanente, de manera de poder planificar nuestros emprendimientos, como, asimismo, la capacitación del personal, tanto en los diversos oficios que involucran a la construcción como lo atinente a la prevención de accidentes laborales.

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