Con el objetivo de “generar estímulos a la inversión” el gobierno emitió un decreto que incrementa…

Respecto de la nueva causal para configurar la residencia fiscal en Uruguay consistente en una inversión en inmuebles por más de UI 3.500.000 (aproximadamente USD 370.000) y presencia física de al menos 60 días en el año civil, el nuevo decreto aclara que únicamente se toman en cuenta inversiones en inmuebles efectuadas a partir del 01/07/2020, no computándose a los efectos de esta causal los bienes inmuebles comprados anteriormente.

 

Flexibilización de obtención de residencia fiscal en Uruguay:

El decreto del 163/20 del 11 de junio del 2020 introduce dos nuevas causales para configurar la residencia fiscal en Uruguay en el marco de política de promoción de inversiones y generación de empleo en el país.

El artículo del estudio Guyer & Regules dice que, a las causales existentes se suman dos nuevas opciones para configurar la condición de residente fiscal en Uruguay, a saber:

  1. A) Poseer una inversión en inmuebles por valor superior a UI 3.500.000 (aproximadamente USD 370.000) realizada a partir del 1/7/2020 y una presencia efectiva en territorio uruguayo de 60 días en el año civil. A éstos efectos se considerará el costo fiscal actualizado de cada inmueble.
  2. B) Poseer participación directa o indirecta en una empresa por valor superior a UI 15.000.000 (aproximadamente USD 1.585.000) realizada a partir del 1/7/2020 y que genere al menos 15 nuevos puestos de trabajo directo en relación de dependencia, contratados a partir del 1/7/2020, a tiempo completo, en el año civil y que no impliquen disminución de puestos de trabajo en empresas vinculadas.

 

Situación actual: causales anteriores y agregados nuevo decreto:

La normativa uruguaya establece que una persona física será considerada residente fiscal en Uruguay si se da alguna de las siguientes condiciones:

Que la persona permanezca más de 183 días durante el año civil en territorio uruguayo. Las ausencias esporádicas, aquellas que no excedan de los 30 días corridos, serán consideradas para el cómputo de los 183 días, salvo que la persona acredite que tiene residencia fiscal en otro país.

Que radique en territorio nacional el núcleo principal o la base de sus actividades o de sus intereses económicos o vitales:

Intereses Vitales.

Se presume, salvo prueba en contrario, que la persona tiene sus intereses vitales en territorio nacional, cuando residan habitualmente en Uruguay su cónyuge y sus hijos menores de edad que dependen de él. El cónyuge no deberá estar separado legalmente y los hijos deben estar sometidos a patria potestad. En caso que no existan hijos bastará la presencia del cónyuge.

Intereses Económicos por trabajo.

 Se entenderá que una persona tiene el núcleo principal o la base de sus actividades, cuando genere en el país rentas de mayor volumen que en cualquier otro país. No configurará la existencia del núcleo principal de sus intereses económicos ni la base de sus actividades, por la obtención exclusivamente de rentas puras de capital, aun cuando la totalidad de su activo esté radicado en la República. Dado que la norma habla de rentas generadas en el país, no bastará con que el mayor ingreso de la persona sea pago por una empresa uruguaya, sino que deberá corresponder a una retribución por tareas realizadas en Uruguay.

Adicionalmente, y salvo que acredite su residencia fiscal en otro país, se considerará que una persona física radica la base de sus intereses económicos en Uruguay (y por lo tanto es residente fiscal) cuando posea en Uruguay una inversión que cumpla alguna de las siguientes características:

Intereses Económicos por Inversión en Inmuebles.

 Una inversión en bienes inmuebles por un valor superior a UI 15.000.000 (aproximadamente USD 1.585.000) considerando el costo fiscal actualizado de acuerdo a normas del Impuesto a las Rentas de las Personas Físicas (IRPF).

Intereses Económicos por Inversión en Empresa con Proyecto promovido.

Que directa o indirectamente posea una inversión en una empresa por un valor superior a UI 45.000.000 (aproximadamente USD 4.755.000) y que dicha empresa posea  actividades o proyectos que hayan sido declarados de interés nacional de acuerdo a la ley de inversiones. Para valuar la participación se deberá considerar la normativa del Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas (IRAE).

Intereses Económicos por Inversión en Inmuebles más presencia en Uruguay (NUEVO y MODIFICADO).

Poseer una inversión en inmuebles por valor superior a UI 3.500.000 (aproximadamente USD 370.000) realizada a partir del 1/7/2020 y una presencia efectiva en territorio uruguayo de 60 días en el año civil. A éstos efectos se considera el costo fiscal actualizado de cada inmueble, por lo que queda claro que esta causal refiere a nuevas inversiones en inmuebles realizadas a partir del 1/07/2020

Intereses Económicos  por Inversión en Empresa más generación de empleo (NUEVO).

Poseer participación directa o indirecta en una empresa por valor superior a UI 15.000.000 (aproximadamente USD 1.585.000) realizada a partir del 1/7/2020 y que genere al menos 15 nuevos puestos de trabajo directo en relación de dependencia, contratados a partir del 1/7/2020, a tiempo completo, en el año civil y que no impliquen disminución de puestos de trabajo en empresas vinculadas.

Configuración de las causales y sus efectos:

El cumplir con alguna de las siete causales descritas anteriormente implica configurar la calidad de residente fiscal en Uruguay debiéndose por lo tanto ceñirse al régimen tributario uruguayo.

Tal cual mencionado, en el caso de las causales económicas por inversiones, las mismas aplican salvo que el contribuyente acredite su residencia fiscal en otro país.

Lo descripto refiere a la normativa interna uruguaya que debe ser integrada conjuntamente con los Convenios Internacionales para evitar la doble imposición vigente entre Uruguay y los diferentes países eventualmente involucrados.

Un arquitecto verde, es la filosofía de la arquitectura que aboga por fuentes de energía sostenibles, la conservación de la energía, la reutilización y la seguridad de los materiales de construcción, y la ubicación de un edificio teniendo en cuenta su impacto en el medio ambiente.

A principios del siglo XXI, la construcción de refugios (en todas sus formas) consumió más de la mitad de los recursos del mundo, lo que se tradujo en el 16 por ciento de los recursos de agua dulce de la Tierra, el 30-40 por ciento de todos los suministros de energía y el 50 por ciento en peso de todas las materias primas retiradas de la superficie de la Tierra. La arquitectura también fue responsable del 40-50 por ciento de los depósitos de residuos en los vertederos y del 20-30 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Muchos arquitectos después del auge de la construcción posterior a la Segunda Guerra Mundial se contentaron con erigir iconos cívicos y corporativos emblemáticos que celebraban el consumo derrochador y la globalización omnívora.

Sin embargo, a comienzos del siglo XXI, la integridad ambiental de un edificio, se convirtió en un factor importante en la forma en que este se construía.

La arquitectura verde es simplemente,  un método sostenible de diseño de edificios ecológicos: es el diseño y la construcción teniendo siempre en cuenta el medio ambiente. Los arquitectos ecológicos se toman muy en serio este tipo de arquitectura que es mucho más compleja que los juegos online, ya que, generalmente trabajan con los conceptos claves y minuciosos que se necesitan para crear una casa eficiente en energía pero que a la vez es respetuosa con el medio ambiente.

La ecología natural del planeta debería ser el modelo macro para que los arquitectos lo usen como modelo para las edificaciones verdes. La arquitectura puede modelarse y copiar el entorno ‘verde’ natural, hacer un nuevo edificio ecológico o adaptar un edificio existente, para que sea respetuoso con el medio ambiente, en términos de materiales utilizados y el espacio que ocupe, y eficiente en energía, incluida la tecnología solar.

Un arquitecto verde debe no solo trabajar respetando el medio ambiente, sino también debe escuchar las necesidades de los clientes y traducirlas en un plan de diseño viable y sustentable.

Asimismo, debe también poder asesorar a un cliente en los detalles que hacen que un edificio sea energéticamente eficiente.

El arquitecto debe ser capaz de traducir las ideas del cliente a la realidad, utilizando tanto el sentido arquitectónico común como la tecnología y los métodos más actualizados. Esto podría incluir paneles solares, construcción de edificios de masa térmica, materiales ecológicos, como madera, piedra o tierra, o incluso materiales de desecho reciclados, como neumáticos o botellas de vidrio o plástico.

Tanto el diseño como la construcción pueden hacer que un edificio sea verdaderamente sostenible y ecológico, y el arquitecto debe prestar especial atención a ambos aspectos durante todo el proceso.

Un arquitecto verde o ecológico, debe prestar mucha atención al entorno en el que se encuentra el sitio potencial de construcción. Esto debería guiar al arquitecto en su diseño, con la intención de respetar la ecología inmediata del área, y para que la nueva estructura o edificio ecológico esté en armonía con su entorno.

 

Vivir en armonía 

En el caso de que sea un edificio existente, o un edificio que se construya en un llamado sitio de campo marrón, que generalmente se encuentra en un área urbana, donde a menudo las propiedades industriales o residenciales son o han sido demolidas, el arquitecto debe prestar especial atención a lo que ya está en el sitio, cómo se ha utilizado y tratado y debe buscar la manera de aprovechar e integrar el medio ambiente a su proyecto.

La arquitectura verde puede generar la posibilidad real de que los humanos vivan armoniosamente dentro del medio ambiente.

Existen oportunidades para diseñar residencias y lugares de trabajo, energéticamente eficientes y respetuosos con el medio ambiente que demuestren nuestra capacidad humana de adaptarnos y vivir pacíficamente dentro de la ecología del mundo natural.

El movimiento ambiental en el siglo XXI solo puede tener éxito en la medida en que sus defensores logren un acuerdo filosófico de base amplia y proporcionen el mismo tipo de catalizador persuasivo para el cambio que la Revolución Industrial ofreció en el siglo XIX.

Esto significa dar forma a una filosofía del medio ambiente verdaderamente global que sea optimista y persuasiva.

Mucho dependerá de las artes de la construcción y el pensamiento integrador.

Los arquitectos tendrán que abandonar la especialización del siglo XX y la dependencia de la tecnología y, con los constructores y los clientes, deberán ayudar a apoyar objetivos de base, orientados a la comunidad que sean unificadores a nivel mundial. En palabras del fundador del Día de la Tierra, Gaylord Nelson  “la prueba definitiva de la conciencia del hombre será su disposición a sacrificar algo hoy por las generaciones futuras cuyas palabras de agradecimiento, no escucharán”.

 

Forma y contenido

Para que la arquitectura se vuelva verdaderamente verde, es esencial una revolución de la forma y el contenido, incluidos cambios radicales en todo el aspecto de la arquitectura.

Esto solo puede suceder si aquellos involucrados en las artes de la construcción crean un lenguaje fundamentalmente nuevo que sea más integrador en el contexto, socialmente receptivo, funcionalmente ético y visualmente pertinente.

Las potencialidades de la ciencia y la tecnología ambiental deben ser examinadas creativamente.

Ya existe una rica reserva de ideas de la ciencia y la naturaleza: cibernética, realidad virtual, bioquímica, hidrología, geología y cosmología, por mencionar algunas.

Además, así como la Revolución industrial una vez generó cambios en muchos campos en el siglo XIX, también la revolución de la información, con su modelo de sistemas integrados, sirve como modelo conceptual en el siglo XXI para un nuevo enfoque de la arquitectura y el diseño en un entorno sostenible y más amplio.

Finalmente, la arquitectura verde y el diseño sostenible tienen que ser capaces no solo de ser respetuosos con el medio ambiente, sino también brindar propuestas de construcciones más económicas y más eficientes que las construcciones tradicionales.

Los vidrios fotovoltáicos se pueden colocar en las fachadas y los techos. Además de generar energía limpia, reducen el gasto en climatización y mejora el factor de sombra un 50%, aproximadamente.

En Argentina, la integración de sistemas solares fotovoltaicos a un edificio para combinar la arquitectura con los sistemas de ahorro energético es muy novedosa. En lugar de adosar un panel tradicional en el techo, los vidrios fotovoltaicos tienen la ventaja de que se pueden disimular en la fachada como reemplazo de los vidrios tradicionales, logrando un conjunto estéticamente más armónico.

 

Primeros empredimientos

Hace un par de años, uno de los primeros emprendimientos en sumar paneles en la fachada fue Solar One1. El pequeño edificio de viviendas en Conde al 2200 (en el porteño barrio de Colegiales) tiene un parasol que captura la energía del sol para producir energía renovable, provisto por Hissuma Solar. Al hacer visibles los paneles en la fachada, el desarrollo inmobiliario resulta beneficiado desde el punto de vista comercial sin modificar sustancialmente los costos.

Otro caso es el de la empresa Hegicorp, que promociona los vidrios fotovoltaicos como representante de la española Onyx Solar.

“Estamos participando en 18 proyectos en Argentina, con superficies de captación que van desde unos 240 m2 en una obra comercial, hasta 36.000m2 para resolver tres fachadas de una torre de oficinas”, señala Heraldo Giménez, titular de Hegicorp. Y se excusa de dar más datos porque los contratos de confidencialidad con sus clientes se lo impiden.

El vidrio fotovoltaico se adapta a cualquier carpintería como frente integral, curtain wall y frame -entre otros- sin ninguna modificación o costo extraordinario. Solo hay que prever en cada módulo un orificio para pasar el cable en una zona no expuesta al agua.

 

Onyx Solar

El producto de Onyx Solar consiste en una película fotovoltaica que se incorpora a cualquier tipo de vidrio y marca comercial. La empresa local se encarga del asesoramiento técnico sobre el proyecto y realiza el pedido del material a la planta de Ávila (España). “Entregamos un informe con el cálculo de la producción según el mapa solar y asesoramos respecto a dónde conviene ubicar los vidrios fotovoltaicos para que rindan más”, detalla Giménez.

Al estar integrado en la estructura edilicia como cerramiento de fachada, el material produce un ahorro sustancial de energía más allá de la autogeneración. “La generación eléctrica reporta dinero con el cual se paga el mayor costo del vidrio y, con los ingresos subsiguientes, la totalidad de la obra de la fachada vidriada; es decir, vidrios más estructura”, destaca el empresario. Además, si se compara con el mismo vidrio o composición de vidrios (DVH), el panel fotovoltaico mejora el factor de sombra en un 50% y el coeficiente de conductividad térmica en, por lo menos, un 40%. Estos dos factores contribuyen a la reducción de la carga térmica para la instalación termomecánica y, por consiguiente, resultan otra economía para el proyecto.  “Es el único material de la construcción que genera beneficios económicos y, por lo tanto, se paga solo en los 35 años de vida útil”, destacó Giménez.

Estos vidrios especiales reemplazan a los parasoles en su función de reducción de las ganancias de calor o de control solar. Además, con la instalación de los vidrios fotovoltaicos se puede conseguir hasta 8 puntos para la certificación LEED.

Los especialistas recomiendan utilizar la totalidad de la energía obtenida en uso diurno. El almacenamiento a través de baterías es costoso y poco amigable con el medio ambiente. En una instalación “grid on” se puede inyectar el excedente, si lo hubiera, a la red.

Ambito Financiero de Argentina publicó que, a pesar de la cuarentena por el coronavirus, hay un boom de consultas de argentinos para comprar inmuebles en Uruguay, un clásico que parece afianzarse en cada escenario de crisis que atraviesa el país. “En mayo registramos un 70% más de demanda que en el mismo mes del año pasado”, sostuvieron referentes del sector de bienes raíces del otro lado del río. La explicación: el gobierno uruguayo eliminó casi el total de restricciones en la normativa de vivienda promovida, lo que hace más tentador la inversión en ladrillos a lo que se suma la situación favorable respecto a la pandemia del país vecino.

“Desde el Portal InfoCasas detectamos que las consultas de argentinos se duplicaron en el último mes, respecto a abril de este año. Además, las mismas crecieron un 70% si se compara con mayo de 2019. La mayoría de las búsquedas provienen de Buenos Aires y Provincia de Buenos Aires, así como también Córdoba y Santa Fe en menor medida”, detalló Baltasar Urrestarazu, CEO del portal.

Las consultas están dirigidas a inversión. Apartamentos en pozo o pronto a terminar, menores a U$S 150.000. “Ya veníamos de un boom que había empezado en diciembre, ahora evidenciamos un segundo boom, hay una verdadera ola de demanda de argentinos. Sólo durante el mes de mayo tuvimos cerca de 10.000 consultas”, agregó Urrestarazu.

Las inmobiliarias uruguayas coincidieron en que la demanda creció exponencialmente en el último mes. “Las consultas crecieron tanto de argentinos como de extranjeros”, remarcó Fabián Kopel, CEO de Kopel Sánchez Desarrollos. El principal motivo, los brokers uruguayos lo atribuyen a la gran demanda de alquileres que hoy existe en Montevideo y la nueva legislación para las viviendas promovidas.

El programa que lanzó hace ya algún tiempo el gobierno de Uruguay sobre Viviendas Promovidas, busca generar alternativas de alquiler para la clase media en zonas céntricas y accesibles de la ciudad. La propuesta generó que comiencen a desarrollarse edificios para comprar unidades y poner en alquiler en un mercado seguro y con mucha carrera de expansión. Quienes apuestan a este tipo de construcción, reciben importantes beneficios que consisten en la exoneración del 100% de impuestos a la renta y patrimonio por 10 años, y el 2% del impuesto ITP (a las transmisiones patrimoniales) en la primera venta. Se trata de unidades que van desde los u$s 65.000 a los u$s 165.000 aproximadamente, de 1 a 3 ambientes y que brindan una rentabilidad del 5% o 6% dependiendo la zona, una ganancia que duplica a la de un alquiler convencional en la capital argentina.

“Recientemente, a este ya tentador programa, se sumaron los anuncios vinculados a las flexibilizaciones para obtener la residencia uruguaya y así poder invertir con mayor facilidad en el país”, ejemplifica Kopel. A su vez, no sólo es más simple tramitar la residencia, sino que bajaron los montos que solicita el gobierno para establecerse. Por otro lado, “están permitiendo los pagos en efectivo para la compra de propiedades de hasta u$s 100.000, medida que estaba restringida en Uruguay, y que permite que quienes tengan algunos ahorros pueden asegurarlo en el ladrillo uruguayo”, concluyó Kopel.

Y si bien creció la demanda de argentinos para invertir en Uruguay también hay un público que hoy decide vender sus propiedades por la dificultad para mantenerla. “Hay un perfil de inversores que busca comprar inmuebles en valores muy por debajo de los que establece el mercado. En este caso las oportunidades son en Punta del Este y su zona de influencia donde algunos propietarios argentinos, al tener dificultades para mantener esos inmuebles, salen a la venta con valores muy bajos”, concluyó Gustavo Pereira, titular de la comercializadora uruguaya.

Página 1 de 111
Top