Un arquitecto verde, es la filosofía de la arquitectura que aboga por fuentes de energía sostenibles, la conservación de la energía, la reutilización y la seguridad de los materiales de construcción, y la ubicación de un edificio teniendo en cuenta su impacto en el medio ambiente.

A principios del siglo XXI, la construcción de refugios (en todas sus formas) consumió más de la mitad de los recursos del mundo, lo que se tradujo en el 16 por ciento de los recursos de agua dulce de la Tierra, el 30-40 por ciento de todos los suministros de energía y el 50 por ciento en peso de todas las materias primas retiradas de la superficie de la Tierra. La arquitectura también fue responsable del 40-50 por ciento de los depósitos de residuos en los vertederos y del 20-30 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Muchos arquitectos después del auge de la construcción posterior a la Segunda Guerra Mundial se contentaron con erigir iconos cívicos y corporativos emblemáticos que celebraban el consumo derrochador y la globalización omnívora.

Sin embargo, a comienzos del siglo XXI, la integridad ambiental de un edificio, se convirtió en un factor importante en la forma en que este se construía.

La arquitectura verde es simplemente,  un método sostenible de diseño de edificios ecológicos: es el diseño y la construcción teniendo siempre en cuenta el medio ambiente. Los arquitectos ecológicos se toman muy en serio este tipo de arquitectura que es mucho más compleja que los juegos online, ya que, generalmente trabajan con los conceptos claves y minuciosos que se necesitan para crear una casa eficiente en energía pero que a la vez es respetuosa con el medio ambiente.

La ecología natural del planeta debería ser el modelo macro para que los arquitectos lo usen como modelo para las edificaciones verdes. La arquitectura puede modelarse y copiar el entorno ‘verde’ natural, hacer un nuevo edificio ecológico o adaptar un edificio existente, para que sea respetuoso con el medio ambiente, en términos de materiales utilizados y el espacio que ocupe, y eficiente en energía, incluida la tecnología solar.

Un arquitecto verde debe no solo trabajar respetando el medio ambiente, sino también debe escuchar las necesidades de los clientes y traducirlas en un plan de diseño viable y sustentable.

Asimismo, debe también poder asesorar a un cliente en los detalles que hacen que un edificio sea energéticamente eficiente.

El arquitecto debe ser capaz de traducir las ideas del cliente a la realidad, utilizando tanto el sentido arquitectónico común como la tecnología y los métodos más actualizados. Esto podría incluir paneles solares, construcción de edificios de masa térmica, materiales ecológicos, como madera, piedra o tierra, o incluso materiales de desecho reciclados, como neumáticos o botellas de vidrio o plástico.

Tanto el diseño como la construcción pueden hacer que un edificio sea verdaderamente sostenible y ecológico, y el arquitecto debe prestar especial atención a ambos aspectos durante todo el proceso.

Un arquitecto verde o ecológico, debe prestar mucha atención al entorno en el que se encuentra el sitio potencial de construcción. Esto debería guiar al arquitecto en su diseño, con la intención de respetar la ecología inmediata del área, y para que la nueva estructura o edificio ecológico esté en armonía con su entorno.

 

Vivir en armonía 

En el caso de que sea un edificio existente, o un edificio que se construya en un llamado sitio de campo marrón, que generalmente se encuentra en un área urbana, donde a menudo las propiedades industriales o residenciales son o han sido demolidas, el arquitecto debe prestar especial atención a lo que ya está en el sitio, cómo se ha utilizado y tratado y debe buscar la manera de aprovechar e integrar el medio ambiente a su proyecto.

La arquitectura verde puede generar la posibilidad real de que los humanos vivan armoniosamente dentro del medio ambiente.

Existen oportunidades para diseñar residencias y lugares de trabajo, energéticamente eficientes y respetuosos con el medio ambiente que demuestren nuestra capacidad humana de adaptarnos y vivir pacíficamente dentro de la ecología del mundo natural.

El movimiento ambiental en el siglo XXI solo puede tener éxito en la medida en que sus defensores logren un acuerdo filosófico de base amplia y proporcionen el mismo tipo de catalizador persuasivo para el cambio que la Revolución Industrial ofreció en el siglo XIX.

Esto significa dar forma a una filosofía del medio ambiente verdaderamente global que sea optimista y persuasiva.

Mucho dependerá de las artes de la construcción y el pensamiento integrador.

Los arquitectos tendrán que abandonar la especialización del siglo XX y la dependencia de la tecnología y, con los constructores y los clientes, deberán ayudar a apoyar objetivos de base, orientados a la comunidad que sean unificadores a nivel mundial. En palabras del fundador del Día de la Tierra, Gaylord Nelson  “la prueba definitiva de la conciencia del hombre será su disposición a sacrificar algo hoy por las generaciones futuras cuyas palabras de agradecimiento, no escucharán”.

 

Forma y contenido

Para que la arquitectura se vuelva verdaderamente verde, es esencial una revolución de la forma y el contenido, incluidos cambios radicales en todo el aspecto de la arquitectura.

Esto solo puede suceder si aquellos involucrados en las artes de la construcción crean un lenguaje fundamentalmente nuevo que sea más integrador en el contexto, socialmente receptivo, funcionalmente ético y visualmente pertinente.

Las potencialidades de la ciencia y la tecnología ambiental deben ser examinadas creativamente.

Ya existe una rica reserva de ideas de la ciencia y la naturaleza: cibernética, realidad virtual, bioquímica, hidrología, geología y cosmología, por mencionar algunas.

Además, así como la Revolución industrial una vez generó cambios en muchos campos en el siglo XIX, también la revolución de la información, con su modelo de sistemas integrados, sirve como modelo conceptual en el siglo XXI para un nuevo enfoque de la arquitectura y el diseño en un entorno sostenible y más amplio.

Finalmente, la arquitectura verde y el diseño sostenible tienen que ser capaces no solo de ser respetuosos con el medio ambiente, sino también brindar propuestas de construcciones más económicas y más eficientes que las construcciones tradicionales.

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La arquitectura, asociada al género masculino, tiene varias representantes mujeres talentosas, innovadoras y emprendedoras. Del Constructor comparte con sus lectores algunas de las más importantes del panorama mundial.

Por una buena trayectoria mantenida en el tiempo, su precocidad, un lenguaje personal o su talento (diferente) que las une a todas, estas arquitectas merecen ser conocidas o reconocidas. Cada una proviene de distintas latitudes, pero todas son autoras de una arquitectura excepcional. Junto a otras colegas de profesión aparecen en el nuevo libro de Phaidon Breaking Ground; un total de 150 arquitectas y 180 edificios, según reseña la periodista especializada María Díaz del Río, para Arquitectura y Diseño.

 

Farshid Moussavi.

 Con 30 años esta arquitecta ganó –junto al arquitecto español Alejandro Zaera, por entonces su esposo– un proyecto de peso: la terminal internacional marítima de Yokohama (Japón). Iraní y británica de adopción, a lo largo de su formación se entretejen algunos de los proyectistas más importantes de las últimas décadas, como Zaha Hadid, en cuyo estudio hizo prácticas, Renzo Piano, con quién colaboró en sus inicios, Rem Koolhaas o Rafael Moneo, quienes fueron sus profesores durante una estancia en Harvard. Cuenta con proyectos diseminados por el globo, como el edificio de viviendas sociales de Carabanchel o la tienda de Victoria Beckham en Londres, pensada como “una galería”, en palabras de la arquitecta.

 

Denise Scott Brown.

La veterana de la lista, a sus 88 años ha recibido este año el premio Carrera en la Trienal de Lisboa Millennium. Un premio que sin embargo no quita el sabor amargo de haber visto cómo su marido Robert Venturi recibía el premio Prizker y ella no, algo inexplicable si pensamos que con él fundó Venturi, Scott Brown and Associates. Además, es una prolífica autora de publicaciones relacionadas con su especialidad como Aprendiendo de Las Vegas (1972) o Architecture as Signs and Systems for a Mannerist Time (2004, publicado junto a 2004). Vanguardista -como muestra el Franklin Court de 1976 en Philadelphia, Pennsylvania- ha abanderado la posmodernidad arquitectónica en la teoría y en la práctica. Arquitecta, urbanista y profesora ha sabido investigar con ojos abiertos y encontrar inspiración en el mundo cotidiano.

 

Frida Escobedo.

Ha sido la persona más joven y la segunda mujer elegida para diseñar el Serpentine Pavilion, el de 2018. La mexicana se desmarca por un diseño elegante y discreto. Para el famoso pabellón creó una construcción en comunicación con el parque, con una celosía que lo separa y a la vez conecta con el jardín, creando un patio ventilado propio de la arquitectura de su país de origen. Plantea la arquitectura como un medio crucial para debatir sobre fenómenos sociales, económicos y políticos. Las viviendas sociales en Guerrero y Saltillo o la Librería Octavio Paz, ambas en ciudad de México, han colocado su nombre a la altura de los más reputados arquitectos.

 

Amale Andraos.

Esta estadounidense de origen libanés ubicada en Nueva York, no sólo se centra en el diseño y la construcción, su faceta educativa como Decana de la Universidad de Columbia, y profesora en las universidades de Harvard o Princeton ocupa gran parte de su tiempo. Su arquitectura lúdica y atrevida busca conectar lo urbano, lo rural y lo natural. Entre sus últimos proyectos, se encuentra la creación de un nuevo barrio en San Francisco junto a otros grandes estudios contemporáneos, como MVRDV, Srudio Gang o Henning Larsen. Sus edificaciones, imaginativas, recurren a los vacíos, a la curva en contraste a las verticales y horizontales, como pone de manifiesto el Museum Garage de Miami o el proyecto para el futuro BeMA: Beirut Museum of Art (que se completará en 2023), donde incorpora espacios exteriores e interiores como si fuera uno solo.

 

Eleena Jamil.

Discreta, sencilla y centrada en materiales naturales, la propuesta de Jamil atrae por su honestidad. Como The pavilion diseñado para UNHabitat, un lugar modesto pero atractivo, con sus paredes formadas por anillos de bambú con paneles de colores donde se puede escribir, invitando a los transeúntes a contribuir con sus promesas para una ciudad mejor y más sostenible. También la casa de juegos de Bambú en el jardín botánico en Kuala Lumpur pone de manifiesto su arquitectura sincera, en contraste con los rascacielos acristalados que pueblan la capital de Malasia. Para la estructura de este último proyecto, se inspiró en los pabellones de Malasia y construyó 31 plataformas elevadas del suelo cuyas cubiertas asemejan un parasol. Su sabio juego con los volúmenes y las soluciones arquitectónicas, como en la Escuela Mahkota Desa, aportan frescura a la arquitectura habitual de su país. Jamil es aire fresco en esa zona del globo.

 

Elizabeth Diller.

La ciudad del futuro distópico que presenta Her, en parte le debe mucho a Diller ya que el director de cine Spike Jonze recurrió a ella para idear esa urbe inexistente. No es de extrañar: al principio de su carrera junto con su marido el también arquitecto Ricardo Scofidio se dedicaban a idear utopías arquitectónicas. Podemos decir que el Manhattan de hoy lo ha esculpido esta mujer a base de escuadra y cartabón. En los últimos 10 años, desde el estudio Diller Scofidio + Renfro, ha transformado la cara de Nueva York con la rehabilitación del High Line (el paso verde), la ampliación del MoMA o el futurista centro de artes escénicas The Sed. Visionaria, consciente de un mundo cada vez cambiante, concibe una arquitectura mutable para que el futuro permita que el espacio recicle sus usos.

 

Mariam Kamara.

La arquitectura con conciencia. Con esta etiqueta podríamos designar a Mariam Kamara, la arquitecta nigeriana que abandera el estudio Atelier Masomi, fundado en 2014 en Níger. Aunque se formó como ingeniera siguiendo los deseos de su familia y trabajó como tal durante seis años en distintas ciudades de los Estados Unidos, nunca abandonó su sueño de ser arquitecta y se graduó posteriormente en la Universidad de Washington. Para su tesis se enfocó en una arquitectura social, buscando soluciones a los problemas de género en el espacio público, también ha trabajado en proyectos para dar solución a la crisis habitacional consecuencia del rápido crecimiento de la población en Niamey, Níger. Su interés es generar una arquitectura alejada de lo occidental y crear la propia modernidad africana. Es la protegida de David Adjaye gracias a la Iniciativa Artística Rólex para Mentores y Discípulos por la que formará tándem junto al arquitecto para realizar un centro cultural en Niamey.

 

Sofía von Ellrichshausen.

A pesar de su juventud (Argentina, 1976), ya ha recibido varios galardones internacionales -el Premio MCHAP Emerge del IIT (Chicago, 2014), el Premio de la Rice Design Alliance (Houston, 2012)- por la originalidad y la calidad de las propuestas arquitectónicas, sobre todo en viviendas y arquitectura efímera. Fundadora y socia del estudio Pezo-Von Ellrichshausen, la geometría y el recurso a una arquitectura cúbica son su sello de identidad. Sus edificios surgen de forma contundente debido en parte al uso d materiales únicos y también en algunos casos a recurrir al color. Las ventanas se abren de forma estratégica y expresiva produciendo una cierta sensación de movimiento.

 

Neri Oxman.

Colmenas sintéticas para abejas, técnicas para imprimir cristal, “prendas” fotosintéticas pensadas para viajes interplanetarios, unos fiberbots que construyen estructuras arquitectónicas de forma autónoma… La arquitecta y diseñadora iraní y profesora del MIT capitanea el Mediated Matter group desde donde conciben semejantes creaciones futuristas en un cruce de arquitectura, ingeniería, computación y ciencia aplicados al diseño. Lo último salido de la imaginación de este grupo: Aguahoja I, una estructura como un cocoon diseñada digitalmente y creada por un biocompuesto flexible formado por componentes moleculares que se pueden encontrar en ramas, exoesqueletos de insectos e incluso en huesos humanos. Una verdadera visionaria centrada en la investigación.

 

Ángela García de Paredes.

El Teatro Valle-Inclán de Madrid, con sus tres grandes miradores abiertos a la plaza de Lavapiés, que recibió el Premio de Arquitectura Española de 2007, supone una de sus obras más reconocidas, junto a Pradolongo II de Madrid o la Biblioteca Pública de Ceuta. Ángela García de Paredes, Profesora del Dpto. de Proyectos Arquitectónicos de la Escuela de Arquitectura de Madrid, dirige junto a Ignacio Pedrosa el estudio Paredes Pedrosa arquitectos y juntos firman los proyectos mencionados. Obra pública de gran escala pero también viviendas como la rehabilitación de dos viviendas en Oropesa donde un uso inteligente de la cerámica como material envolvente y que dota de carácter. Estudiando cada proyecto y su entorno, su arquitectura se adapta sabiamente y se abre o se cierra según las circunstancias. Rectilínea, rotunda con un diálogo entre el volumen y las aberturas.

 

Francine Houben.

Contundente, sólida y geométrica en el sentido más amplio de la palabra. Houben imagina, desde el despacho holandés Mecanoo de arquitectura, urbanismo y paisajismo, construcciones a gran escala para espacios públicos como el Centro de Congresos de Lérida, la Biblioteca de Birmingham, en el Reino Unido, o el parque Nelson Mandela en Ámsterdam. Su aproximación intuitiva y con una especial sensibilidad por la luz se pone de manifiesto en unos edificios concebido pensando en las personas y creados para dotar de relevancia al lugar que los acoge. Su intención es mejorar el mundo y a la vez materializar sueños.

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En medio de un tejido urbano abigarrado y cruzado por decenas de cables, las casas contemporáneas japonesas sorprenden por sus formas audaces. Es el caso de vivienda y atelier diseñada por DOG Architects para un pintor y su familia en la localidad de Kanagawa.

El encargo, según narró la periodista Graciela Baudel para el suplemento ARQ del diario argentino Clarín, surgió del artista, quien pidió una casa que pudiera ser a la vez una galería de arte donde mostrar su obra y dar cobijo a su esposa, su hijo y su madre.

El lote está ubicado en el camino Tokaido, una de las cinco carreteras que unían distintas regiones de Japón durante el período Edo. Esta ruta fue muchas veces dibujada por el gran maestro del paisaje Utagawa Hiroshige.

El estudio DOG, especialista en viviendas, fue fundado en 2015 por Ryutaro Saito, arquitecto nacido y formado en Tokio, con un master en la Tokyo University of Science. En pocos años, junto con Yuki Kojima, recibieron numerosos premios por su diseño de viviendas en distintas regiones de Japón.

 

Una gran vidriera

Su trabajo se centra en la búsqueda de nuevas relaciones entre la arquitectura, la ciudad y el hombre. Saito y Kojima aseguran que intentan innovar pero siempre atados a sus raíces, sin descuidar las enseñanzas del pasado. Entre sus obras se destacan la Acquired Stilt House, en Matsudo; y la Administrative House, en la ciudad de Yokohama.

En la casa 8.5, para lograr una pared de exhibición lo más larga posible, los proyectistas dividieron el terreno por la diagonal. Y tomaron la parte de cara al acceso para ubicar la vidriera y la entrada, resignando unos metros cuadrados para ampliar la vereda.

La idea fue conseguir una expansión que, cuando el taller se encuentra abierto, funciona como espacio al aire libre para mostrar el trabajo del artista e invitar a los transeúntes a ingresar. La ventana que cala la fachada sigue la línea triangular del prisma, enfatizando el efecto del volumen.

En el espacio de exhibición, de doble altura, se encuentra la escalera, con escalones flotantes de madera que otorgan liviandad.

Del otro lado de la diagonal, en planta baja, se disponen un depósito para la obra del artista, dos habitaciones y un baño. En el primer piso, un estar con la cocina integrada que balconea hacia la planta baja y recibe luz natural desde una ventana en la contrafachada.

Una de las inspiraciones del propietario fue la obra del artista Hiroshige, en especial su famosa serie de grabados Las 53 estaciones del Tokaido, de las que Frank Lloyd Wright fue un entusiasta coleccionista.

Actualmente, el camino de Tokaido es el corredor de transporte más transitado de Japón, ya que conecta al Gran Tokio con Yokohama, Nagoya y luego con Osaka a través de Kioto.

La cubierta inclinada se dobla como una pared hacia el Tokaido en el lado norte del sitio para reducir la sensación de presión sobre la ciudad y enfatizar la forma escultórica de la vivienda.

El techo -empinado e inclinado- y el muro diagonal de exhibición se cruzan para crear una figura tridimensional que genera espacios de distintas escalas. La idea, dice la memoria del estudio, fue crear ambientes que sacudieran la percepción en la vida cotidiana y estimularan la imaginación del pintor y su familia. Espacios atípicos, pero confortables y llenos de luz.

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El estudio catalán Harquitectes hace de la materialidad expuesta al natural una constante en su producción. Con una sólida trayectoria nutrida por concursos y obra construida, el equipo construye exclusivamente en la región de Cataluña, según un artículo publicado por la revista ARQ del diario Clarín.

La producción de Harquitectes establece en su génesis una relación estrecha con la arquitectura vernácula catalana. De ella reivindica al muro en su capacidad dual, como elemento portante y de cerramiento, para la definición de los espacios; a contrapelo de la tradición moderna que desliga al cerramiento de una función estructural. A su vez, gran parte de su obra involucra intervenciones en edificios de valor patrimonial, donde el rescate de la memoria constructiva se superpone a la obvia condición histórica.

El estudio radicado en Sabadell (Barcelona) fue fundado en el año 2000 por cuatro compañeros de estudios de la Escuela Técnica Superior Arquitectura del Vallés. David Lorente Ibáñez, Josep Ricart Ulldemolins, Xavier Ros Majó y Roger Tudó Galí, conforman un equipo sólido que, a fuerza de ganar concursos, se ha consolidado en su práctica profesional.

Los socios provienen de la periferia de Barcelona donde, por entonces, era sencillo conseguir pequeños encargos con los que alimentar los primeros pasos del despacho. Eran tiempos de la burbuja inmobiliaria española. Actualmente, Harquitectes está conformado por un equipo de 18 personas que ha aprendido a trabajar en forma remota a causa del confinamiento obligatorio.

 “Implementamos un sistema de chat justo dos días antes de que viniera todo esto. Hemos trabajado con una normalidad razonable de una manera excepcional. En este tiempo han coincidido tres proyectos en etapas finales que han tenido la suficiente inercia para sortear estos dos meses y los que vendrán”, cuentan Josep y Xavi a ARQ, con una mezcla de alivio en el corto plazo e incertidumbre respecto de una crisis en ciernes.

Por lo pronto, siguen adelante con el proyecto de reforma del antiguo Teatro Arnau, situado en la Avenida del Paralelo de Barcelona (un concurso ganado en 2018). Y están arrancando la construcción de dos casas que repiten la lógica del sistema de compresión de la Casa 1413, con pilares de ladrillo y hormigón ciclópeo, donde “se combina el muro como gran contenedor y el pilar que acaba por organizar el espacio por dentro”, destacó Josep.

En un conjunto de vivienda pública de 136 unidades, pronto a iniciar la obra, los proyectistas nuevamente apostaron a un sistema murario de hormigón, de planta baja y cuatro pisos, que intenta cuestionar la vivienda de carácter celular muy ajustada de metros. “El confinamiento nos ha hecho descubrir el lujo del espacio, de los metros cúbicos. Pero claro, el precio de la construcción de vivienda pública no lo permite”, reflexiona Josep. Anticipando esa realidad, el encargo obtenido mediante un concurso de proyectos reduce metros en “lo previsible” y apuesta a los espacios intermedios. ”El sistema de distribución en las viviendas es exageradamente grande para convertirse en una sala que complementa a todas las otras. Además, una terraza corrida de ancho generoso va en paralelo para conseguir ventilaciones cruzadas”, describe.

 

Intensidad y polivalencia

La voluntad para lo imprevisto siempre está en la producción de Harquitectes: “Si en los espacios no es previsible lo que va a ocurrir es que pueden ocurrir más cosas”, sugiere Xavi. Nuevamente, entra en revisión un precepto de la arquitectura moderna para reemplazar el concepto de flexibilidad de un espacio, en el sentido que puede cambiar su función por el de polivalencia, donde prima la ambigüedad.

 “En el momento en que la vivienda en la que solo veníamos a comer y dormir se ha tenido que convertir en escuela, oficina y demás en estos días, es seguro que ya no valen las recetas habituales de espacios que solo sirven para una cosa”, señaló  Josep.

Ambos alternan sus aportes y van hilvanando ideas en una amena entrevista virtual. Cuentan que siempre han defendido espacios que están muy caracterizados por su materialidad, la luz, su geometría, pero no por su funcionalidad. “En nuestras casas es muy difícil identificar la especialización programática. Un distribuidor de 2 por 3, o de 3 por 3 se puede convertir en un estudio; en cambio un pasillo está tan especializado que es muy difícil convertirlo en otra cosa. Nuestra postura siempre ha sido la polivalencia más que la flexibilidad, porque al final no hacemos otra cosa que proyectar el uso de lo inesperado”.

Para Xavi, la intensidad con la que estamos experimentando nuestras viviendas en el último tiempo “es interesante para lo bueno y para lo malo” y traerá consecuencias en las expectativas de la gente: “Estoy seguro de que los pisos con terrazas razonables tendrán mejor salida que otros, si algún día se recupera la capacidad económica de la gente”, acotó.

Esa polivalencia funcional del espacio tiene su paralelo en la materia. Ya desde el inicio del estudio, hallaron en la arquitectura vernácula de la casa de pueblo y la construcción agrícola un interés común y un lenguaje que era fácil de compartir entre los cuatro socios. Con el tiempo, descubrieron que lo que más los emocionaba de este tipo de construcciones es que su condición estructural explica la naturaleza de los espacios: “Nos empezó a interesar ese dos por uno, de estructura más cerramiento”, destacaron.

Luego le fueron sumando profundidad y matices al análisis para entender el conjunto de fachada, estructura y cerramiento como un sistema de confort, donde se pueden ubicar aberturas enfrentadas para generar una ventilación cruzada y aprovechar la inercia térmica de los muros gruesos.

La materialidad expuesta al natural es una constante en todas las obras del estudio. Pretende generar una sensación de autenticidad en los espacios. “Cuando la construcción se explica a sí misma, cuando está desnuda de revestimientos, vemos la lógica constructiva e incluso la exageramos para que se note más. Aparece allí una narración que no tiene que ver con lo patrimonial, no es la memoria histórica sino la constructiva”, resumen.

Aplica como ejemplo la intervención del Centre Cívic Cristalleries Planell, en el barrio de Les Corts (Barcelona).

“Su materialidad cerámica responde a la voluntad de poner en valor la fachada patrimonial integrándola y no singularizándola, usándola y no sacralizándola”, describen.

La intervención sobre el edificio de una antigua fábrica de vidrio pone prácticamente en el mismo plano lo nuevo y lo viejo con materiales y técnicas similares. La materialidad se compone a partir de razones estructurales y se complementa para mejorar las condiciones de luz de los patios y dotar la fachada de un sector de vidrio repartido vinculado a la memoria de la cristalería Planell.

Las tres obras son proyectos que hablan sobre la preexistencia y dan cuenta de un expertise desarrollado por Harquitectes. “Miramos los atributos físicos, visibles y no visibles, del patrimonio. E intentamos ver cuánto pueden seguir colaborando con el proyecto”, destacaronn los autores.

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El estudio Vo Trong Nghia Architects ha levantado la llamada Ha Long Villa en la ciudad del mismo nombre, ubicada en la ciudad costera homónima al norte de Vietnam de Ha Long, a 160 km al noreste de Hanói.

Precisamente al lado de la bellísima bahía de Ha Long, y no es casual la elección, el referido estudio ha creado un bloque de viviendas que pretende devolver a la zona parte de la naturaleza a la que ha renunciado en los últimos años por culpa del incremento del turismo. Se trata de la bautizada como Ha Long Villa, un edificio compuesto de un pentágono dentro de un pentágono porque su fachada de hormigón en realidad tiene dos capas: la interior, donde se encuentran las zonas habitables privadas, y una segunda semi-exterior comunitaria que sirve para frenar las temperaturas más elevadas y, asimismo, como escaparate de un árbol en todas y cada una de sus aberturas.   El hormigón, la madera y la vegetación aquí son los tres grandes protagonistas que se unen en perfecta armonía.

Los responsables del estudio Vo Trong Nghia Architects presentaron el proyecto, señalando que “estamos ante un hogar sostenible que en todo momento está en armonía con el entorno y, sobre todo, busca formar parte de su paisaje.  Aunque a simple vista no lo parezca, el edificio se compone de un pentágono dentro de un pentágono con dos capas espaciales: una interior y otra semi-exterior”.

De esta manera, el estudio se decantó por una fachada de hormigón con textura de madera, lo cual hace que se asemeje a la estética natural de una roca. Ha Long Villa cuenta en total con seis pisos, los cuales están conectados a través de una escalera que sube alrededor del perímetro.  Y en  cada una de las rectangulares aberturas de hormigón de la fachada, correspondientes a los espacios que hay entre las diferentes secciones de la escalera, se ha plantado un árbol. Esta carcasa que funciona a modo de patio semi-exterior resguarda a las viviendas de las altas temperaturas y el ruido.

Dentro de la especie de doble piel el equipo de arquitectos quiere que los residentes se sientan libres para demostrar sus dotes de jardinería, caminar o incluso aprovechar para poder comer al aire libre, ya que este espacio conecta con la sala de estar, por lo que el interiorismo de las viviendas resulta de lo más cálido. También se trabajó en el  contraste entre las paredes lisas de hormigón y los acabados de madera que, por ejemplo, presiden el suelo y el techo.

Mientras que el salón se encuentra en la primera planta, del mismo modo que la cocina, los dormitorios están en los pisos superiores. De esta manera, la privacidad del interior juega en todo momento con la vegetación y la vida en las calles del exterior.

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