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La gran torre hueca de los herederos de Zaha Hadid

Convertido en uno de los estudios más avanzados en el uso de la tecnología BIM, Zaha Hadid Architects ha sabido continuar dignamente el legado de su fundadora. La mayoría de las obras de Zaha Hadid -en marzo se cumplirán cuatro años de su desaparición física- han llevado cada vez más lejos las fronteras de la técnica y la voluntad innovadora que mantuvo en vida la arquitecta de origen iraquí.

De hecho, todos los sistemas de modelado digital parecen haber sido creados para ella y su necesidad de generar formas inéditas. De otra manera, no hubiera sido posible construir muchas de sus obras, y habrían quedado en papel, como sus sorprendentes dibujos de la década del 80. Ese es el caso del famoso “520 West 28th Street” de Manhattan, un edificio regular envuelto en una piel llamativa que se hizo famoso por su visibilidad desde el popular High Line. Se trata de un coloso de 45 pisos formado por dos mitades que se elevan y retuercen abrazando un espacio central de 194,15 metros de altura, convertido en el atrio más alto del mundo.

 

Atrio y luz natural 

Envuelta en una misma cáscara continua, las dos mitades de Leeza Soho generan un giro cruzado por ocho puentes que conectan los niveles 13°, 24°, 35° y 45°. Pero más que un capricho formal, la resolución del edificio saca partido, de manera magistral, de lo que podría ser considerada una dificultad del terreno: debajo de la mole corre, en diagonal, una de las nuevas líneas de subte del barrio.

La gran jugada del proyecto es el atrio que genera una gran plaza pública en su planta baja con el objetivo de darle vida urbana al nuevo distrito de negocios y que conecta todos los lobbies de los diferentes pisos brindando visuales inesperadas gracias a su forma escultural y retorcida. Además, el enorme hueco aporta luz natural hasta las profundidades del edificio y funciona como una chimenea térmica. A su vez, un sistema de ventilación mantiene una presión positiva en los niveles bajos para limitar la entrada de aire y polvo proveniente de la ciudad.

El nuevo “espacio cívico” que se genera a nivel de vereda cuenta con una ventaja adicional, fruto de la característica del terreno que podría haber sido considerada una desventaja en un principio: tiene el subte en el subsuelo lo que vincula a todo el edificio directamente a la red de transporte de la ciudad.

 

Dos mitades 

La idea inicial de construir las dos mitades a ambos lados del túnel del metro sugería la creación de un volumen cilíndrico generado por la extrusión de una planta ovoide con dos núcleos separados. Entre ambos cuerpos se generaba una grieta cosida por los ocho puentes.

La división de la planta en los niveles bajos siguió la dirección del túnel del subte y, a medida que el edificio va subiendo, se decidió que la cisura se orientara en sentido Este-Oeste, en el sentido que tiene la avenida Liza Lu.

Para aumentar la superficie cubierta del edificio, los proyectistas engrosaron la parte central de la torre generando también un ensanchamiento de la grieta que separa las dos partes, lo que aportó nuevas e inesperadas perspectivas hacia el exterior.

La envolvente distingue sutilmente los espacios habitables de los de la grieta sin perder la continuidad visual.

Pero, cuando funciona como cierre de las oficinas, el muro cortina se convierte en un sistema corpóreo facetado generado por un doble acristalamiento con registros de ventilación en los lados que permiten incorporar aire del exterior. El edificio logró la certificación LEED Gold del US Green Building Council gracias a que, entre otras cosas, el avanzado sistema de administración de energía supervisa el control ambiental y la eficiencia energética en tiempo real.

 

Estos sistemas incluyen la recuperación de calor del aire de escape y la recolección de agua grises, así como un techo verde aislante con matriz fotovoltaica para aprovechar la energía solar.

En el subsuelo hay 2.680 espacios para estacionar bicicletas, junto a lockers y duchas, además de estacionamientos para automóviles eléctricos e híbridos, todos aspectos muy valorados por la certificación LEED.

También, entre los materiales usados, lideran los compuestos orgánicos de baja volatilidad para minimizar los contaminantes interiores.

Desde siempre, cualquier obra del estudio transmite una sensación de “creatividad intuitiva” que, en muchos casos, a poco de analizar el proyecto se transforman en fundamentos de un pensamiento sofisticado y racional desde una lógica que siempre sorprende.

Hoy, la mayoría de las obras del estudio de Zaha no buscan sólo crear una forma llamativa, como tampoco lo hacía ella, más bien, persiguen alcanzar una belleza magistral apoyada en soluciones fuera de lo común.

La arquitectura de ZHA se ha convertido en un instrumento de comunicación en el que los edificios se convierten en un entorno artificial tan potente como el natural, con un orden propio y totalizador, dirigido a impactar los sentidos y que se orientan, según el legado de Zaha, en una búsqueda a tres bandas: sustentabilidad, urbanidad y belleza singular.

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