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“La poca consistencia de las políticas macro es una causa de que Uruguay esté caro”, afirmó Oddone

El economista Gabriel Oddone, doctor en Historia Económica (Universidad de Barcelona), Economista (Universidad de la República/ Uruguay), socio de CPA Ferrere e investigador del  Centro de Investigaciones Económicas (CINVE) sostuvo que en Uruguay “estamos caro. Esta es una discusión compleja de abordar, pero las conclusiones que uno puede sacar por la evidencia que recoge por allí, reafirma la impresión que los industriales,  los exportadores, las personas que viajan o compran en el exterior, demuestran que Uruguay es un país relativamente caro”.

Oddone sostuvo que “hay una falta de consistencia de las políticas macro —fiscal, monetaria, de precios— en los últimos años que es una de las causas de que Uruguay esté caro”. Esas variables, agregó, no estuvieron lo coordinadas que debieran “probablemente porque se estuvieron atendiendo otros objetivos, por ejemplo atendiendo a la equidad, a la distribución del ingreso”.

En entrevista con Puntos de vista, en radio Uruguay, Oddone agregó que los precios presentan un desvío al alza respecto al promedio histórico, se importa más de lo que se exporta y los precios en países socios o competidores son más bajos. Esas condiciones “deberían darnos la presunción de que hay algún problema de precios relativos” y de que es acertada la calificación de país caro.

De hecho, la entrevista tuvo como disparador una columna del economista, publicada en su blog Sextante (www.gabrieloddone.com) donde analizó diferentes aspectos de esta realidad.  En la referida columna, el economista  se propuso analizar si hay evidencia que respalde esa percepción y en caso de que sí, ver por qué. Para ello, tomó  la referencia del promedio de precios del período 1980-2018, “el tipo de cambio real bilateral de Uruguay está apreciado respecto a destinos y competidores que son relevantes para su comercio” como Estados Unidos (25%), Nueva Zelanda (18%), Australia (23%), Zona Euro (30%), Argentina (26%) y Brasil (32%).

A su vez, “el crecimiento de la productividad de los factores en algunos sectores de la economía ha sido menor que el aumento de las remuneraciones” y ello “ha sido más intenso en el sector no transable (comercia localmente) que en el transable”.  Pero, ¿por qué Uruguay es caro? “Hay argumentos microeconómicos que tienen un papel relevante en la explicación del fenómeno”, escribió Oddone.

“El primer factor es los mercados donde predominan ambientes de escasa competencia. En ellos suelen comercializarse bienes no transables, muchas veces con esquemas de precios regulados y en los que existen subsidios o transferencias públicas como los combustibles, la energía, las telecomunicaciones, el transporte y la salud”.

En la “producción de combustibles, energía o telecomunicaciones, la naturaleza de las relaciones entre el Poder Ejecutivo y los entes, limitan la posibilidad de que los precios de los servicios reflejen las condiciones de provisión bajo criterios de eficiencia” y esto se “refuerza por la relación asimétrica ‘inversa’ entre regulado y regulador, y por el rol difuso de este último para controlar las condiciones de comercialización”, explicó Oddone.

 

Limitaciones en productividad

En mercados, “como en el transporte o en la salud existen transferencias, subsidios o regulaciones (el corralito mutual, por ejemplo) que están concebidos para preservar la viabilidad económica y financiera de las empresas o entidades prestadoras. Estos esquemas, terminan por limitar los aumentos de productividad por la vía de restringir la entrada y salida de competidores. Además, en la salud y en la educación privada, el conflicto de interés entre el gobierno corporativo de las instituciones, los proveedores y los asalariados es difuso”, afirmó.

A esto, agregó, se suma que “el esquema de negociación colectiva vigente en Uruguay no contempla mecanismos que eviten o, al menos limiten acuerdos salariales que se aparten de las condiciones de eficiencia y que sean fácilmente trasladables a precios. Esto es frecuente en mercados donde la competencia entre agentes es escasa, sobre todo en los que existen definidos subsidios, transferencias o créditos fiscales” como la “salud y la producción de bebida”.

El segundo aspecto es que el “tamaño del mercado interno limita la especialización de los factores, restringe los retornos de la innovación y desestimula la incorporación de tecnología, especialmente en aquellas actividades que no tienen posibilidad de competir en el mercado internacional”. Esto se ve “en los servicios financieros, los servicios profesionales y a las empresas, así como en la salud”, lo que lleva a “un ambiente poco propicio” para que haya “aumentos de la productividad de los factores y mejoras de eficiencia”, indicó Oddone.

El economista, puntualizó que “todo lo anterior no quiere decir que políticas fiscales procíclicas, políticas monetarias con multiplicidad de objetivos o políticas de ingresos que no han logrado terminar con la indexación de precios, no tengan responsabilidad sobre el nivel y trayectoria de los precios de la economía” y añadió que “las distorsiones de precios relativos que afectan la competitividad de Uruguay tienen fundamentos más profundos y que, en todo caso, las políticas macroeconómicas de los últimos años no lograron compensarlos”.

Así que “independientemente de lo que pueda hacerse desde la política macroeconómica, si se quiere atacar el problema de fondo de manera más o menos permanente, se requieren reformas sobre el funcionamiento de ciertos mercados que promuevan más competencia, más transparencia y más eficiencia en la asignación de recursos especialmente en diversas actividades del sector no transable”, afirmó en su blog.

El economista dijo que una de las variables para mejorar la salud macroeconómica es el buen manejo de las empresas públicas. Sostuvo que el esquema de funcionamiento debería integrarse por un Poder Ejecutivo que fije las políticas, un marco regulatorio que vele por condiciones de calidad y precio que estén alineadas a condiciones de eficiencia y un prestador que provea los servicios en base a criterios de eficiencia. “Hoy en Uruguay esos roles están difusos”, concluyó el economista Gabriel Oddone.

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