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Uruguay tiene una de las mejores construcciones del mundo realizada con materiales reciclados

Combinar materiales reciclados con una buena arquitectura es cada vez más frecuente en los diseños arquitectónicos y de interiores. De hecho, una de las grandes tendencias del interiorismo en el 2018 es usar materiales sustentables y crear con ellos nuestro propio mobiliario.

Construir este tipo de casas es sumamente rentable por varias razones. Se aprovechan al máximo los recursos, abaratamiento de los costos y se evita la contaminación mediante el uso de materiales reciclados.  Además se promueve el cuidado del medio ambiente y que a la vez crean ambientes interiores funcionales y acogedores, gracias a las grandes visiones de diferentes arquitectos, ingenieros y constructores.

 

El pionero

Se dice que el primero en tomar esta iniciativa fue el alemán Gernot Minke, quien cursó estudios de arquitectura e ingeniería y fue luego director del Instituto de Investigación de Construcciones Experimentales de la Universidad de Kassel. En este instituto estudió construcción con materiales naturales y tecnologías alternativas. Sus estructuras hoy en día cumplen con estándares de calidad en habitabilidad de primer nivel. Sus obras de bajo costo tienen tanto éxito que ha impartido talleres y capacitaciones en Latinoamérica, Europa y la India.

Otro de sus propulsores es Michael Reynolds, un arquitecto estadounidense que cuenta con más de 40 años de experiencia en el rubro de las construcciones sustentables, y quizás sea el más conocido. Hace cuatro décadas, Reynolds se reveló contra la arquitectura tradicional, a la que considera “alienada” y lejos de las necesidades urgentes de las personas y el medio ambiente.

Lo supo a poco de terminar su carrera en la Universidad de Cincinnati, en 1969, y desde entonces comenzó a indagar en nuevas formas de construir, convencido de que el mundo requiere un cambio de enfoque ante las amenazas del calentamiento global, la sobrepoblación, la escasez de recursos y la espiral de catástrofes naturales.

 

La“nave tierra” oriental 

Para Reynolds, la solución está en lo que denomina “biotectura”, una forma distinta de edificar, con la eartheship (la “nave tierra”) como su máxima expresión. Se trata de viviendas levantadas con métodos sencillos y usando lo que está a mano, en especial, eso que a simple vista solo parece basura. Cada unidad es por completo independiente de la red: no recibe energía eléctrica, tampoco agua ni gas, produce sus propios alimentos y cuenta con un sistema para el manejo de efluentes.

Con el paso de los años, junto a su equipo, comenzó a difundir sus diseños por todos los rincones del mundo. Hicieron casas para personas en busca de una vida en armonía con su entorno; actuaron en zonas de desastre natural, instruyendo a los sobrevivientes para reconstruir sus hogares; y hace unos años llevaron el desafío a otro nivel: hacer de la “nave tierra” una escuela. Y nuestro país, Uruguay,  fue elegido. Se trata de la escuela sustentable ubicada en Jaureguiberry,  Canelones.

 Sus materiales de construcción predilectos son los ladrillos hechos con botellas, latas y neumáticos, además de materiales naturales. Su diseño de construcción, llamado Earthship (“Nave Tierra”), intenta eludir por completo el uso de cables y cañerías y en cambio fomentar el uso de paneles solares para convertir la luz y el calor en energía. Hasta el último detalle es pensado: las casas producen sus propios alimentos y almacenan el agua a través de la recolección y la filtración. Esta fabricación de energía y recursos aprovechando lo natural, apunta a una reducción de costos a largo plazo y a una mejor calidad de vida.

 

Todo sirve

Otro de los impulsores de las construcciones sustentables es también el estadounidense Dan Phillips, que se preocupa por la creación de viviendas para personas de bajos recursos. Su mayor mérito es que utiliza materia prima reciclada, que llega a ser el 80% de lo utilizado en el producto final. La reducción de costos, debido a que estos materiales son donados o recolectados, hace que las viviendas sean mucho más accesibles. Y Dan Phillips utiliza corchos, trozos de losa, marcos de cuadros y botellas de vidrio, que los transforma en materiales para una ventana, un techo, una división interior o una pared, por ejemplo. Se trata de dar una nueva vida a elementos que se convirtieron en chatarra o desperdicios y que ya cumplieron su función original, para poder utilizarlos nuevamente en hogares.

“Esta visión de la arquitectura sustentable nos inspira a hacer lo mismo en nuestro propio hogar. Con pequeños cambios, reutilizando lo que parece ya no tener uso, pensando en cómo ahorrar energía, podemos hacer que nuestra casa sea más ecológica y aportar nuestro granito de arena al cuidado del medioambiente”, explicó Phillips.

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