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Passivhaus: La casa del futuro se calentará con el calor de sus inquilinos

El concepto nació en los años 90 de la mano de un grupo de arquitectos alemanes y suecos. Se llama Passivhaus, y se trata de una serie de normas energéticas que se pueden aplicar a cualquier construcción. Lo básico: aislamiento térmico de suelo, muros y techos, sin puentes térmicos y con sistemas de ventilación de recuperación de calor.

Un 40% de la energía que consumimos se usa para calentar los edificios. Partiendo de esta premisa, la pregunta que se hicieron los responsables de Passivhaus fue:¿Qué ocurriría si fuésemos capaces de calentar una estancia sin necesidad de encender la calefacción? La respuesta está en un menor consumo de energía y una reducción en las emisiones CO2, aparte de un máximo confort y un clima acogedor sin caídas de temperatura. Y todo eso es lo que se consigue construyendo según el estándar Passivhaus.

En comparación con los métodos convencionales, la Passivhaus permite la conservación de recursos, uso activo y pasivo de energías renovables, incremento del valor de las propiedades y una mayor conservación de edificios. A diferencia de los inmuebles de bajo consumo energético, este estándar evita pérdidas de calor gracias a una cubierta estanca, a un aislamiento óptimo, que previene la formación de puentes térmicos en puntos críticos como ventanas, y a una orientación que aprovecha la radiación solar. La empresa Sto Ibérica, que fabrica elementos constructivos para edificación sostenible, reconoce que su aplicación “supone un incremento de entre el 5% y el 8% en los costos de construcción”, pero se consigue un ahorro económico a largo plazo.

 

Cinco conceptos

Según la Plataforma de Edificación Passivhaus se puede disminuir hasta un 75% el consumo de energía. Para ello hay que construir a partir de cinco conceptos básicos:

 

Aislamiento térmico de suelos, muros y techos. Toda la envolvente de la casa debe estar perfectamente aislada. Es decir, que no haya intercambio de calor entre el interior y el exterior. Hay que tener en cuenta el clima de la zona para calcular el grosor de los materiales aislantes que se utilicen. Cuanto más frío, más cantidad de material aislante.

 

Ventanas y puertas de altas prestaciones. Son los huecos naturales de las casas, por donde se suele perder o absorber una gran cantidad de calor. El cristal debe ser doble o triple. La mejor carpintería para el cerramiento, por sus propiedades térmicas y acústicas, es el PVC y la madera. Una casa pasiva reduce el gasto de energía hasta un 75%.

 

Eliminar los puentes térmicos. Son las pérdidas de calor que se producen en los ejes y las juntas, donde coinciden dos materiales distintos dejando huecos entre sí. La solución es no interrumpir la capa de aislamiento y, en el caso de que sea inevitable, colocar en esas zonas un aislante térmico adicional.

 

Sistemas de ventilación mecánicos con recuperación de calor. Permiten renovar el aire controlando la entrada y la salida, de tal manera que, si el aire es frío se aprovechará el calor generado por las personas y los aparatos eléctricos de la casa para aumentar su temperatura. Si por el contrario la temperatura exterior es alta, se expulsará el aire viciado refrescando el que entra. La inversión energética para lograrlo es muy baja.

 

El entorno tiene que ser estanco. No debe haber corrientes de aire. Eso permite que se controle la temperatura del interior de la casa con una mínima intervención de los sistemas de climatización.

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