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Un predio de 50.000 metros cuadrados sobre la ruta N° 101,fue adquirido por la empresa Bromyros, para localizar su nueva planta industrial. La inversión del proyecto ronda los US$ 12 millones e implica maquinaria innovadora.

Según informó el diario El País, en una nota de Elisa Tuyaré, dicha planta, cuya inauguración se prevé para fines de este año, consta de dos estructuras: la primera alberga una nueva línea de producción y tiene una superficie de 6.000 m²; la segunda operará como centro logístico de materias primas y ocupará unos 700 m².

En la actualidad, la empresa uruguaya, especializada en desarrollar aislaciones térmicas, se enfoca en construir “paneles sándwich” (isopaneles) con núcleo de espumaplast (EPS) como aislante térmico para la construcción. No obstante, en mercados maduros como el europeo los paneles más utilizados en el rubro de la construcción son con núcleos de Poliuretano (PUR) y Poliisocianurato (PIR), productos más eficientes, que, en Uruguay, por el momento se importan por no contar con fabricación propia, según apuntó el gerente general de la empresa, Uwe Thomsen.

Bromyros pretende cambiar esta situación. “Vamos a fabricar paneles con núcleo PUR y PIR para atender otros segmentos, cubrir necesidades y requisitos a los que en la actualidad no podemos llegar con el EPS”, afirmó Uwe Thomsen a El País.

Con el fin de lograr este objetivo,  la empresa adquirió maquinaria de última generación que permitirá realizar todo el proceso en forma totalmente automatizada, controlada por un software y videocámaras que otorgan un “grado de precisión y calidad al nivel de las principales líneas de producción de Europa”, explicó el jerarca. La innovadora producción será pionera en la región y ofrecerá una ventaja para comercializar los productos en el exterior a precios competitivos.

En la actualidad, Bromyros produce por año 400.000 m² de paneles de EPS y con la nueva planta prevé incrementar la producción entre 40% y 50% a mediano plazo. Sin embargo, la maquinaria tiene capacidad para aumentar un 300% la fabricación actual aunque la firma quiere ganar mercados antes de explotar al máximo la producción.

La empresa aspira exportar a países de América Latina más allá de los limítrofes Brasil, Paraguay o Argentina que suelen estar en el radar de toda industria uruguaya. “El costo del transporte marítimo muchas veces es inferior al terrestre, lo que permite llegar a destinos más lejanos con costos iguales o inferiores que los regionales”, sostuvo. “Obviamente no descartamos África y Europa”, concluyó el ejecutivo.

La planta estará finalizada para el 70° aniversario de la compañía que comenzó en 1948 como un taller metalúrgico e incursionó en la producción del material aislante térmico: poliestireno expandido, descubierto por la multinacional alemana BASF. El producto se registró en Uruguay con el nombre de espumaplast. Veinte años después, produjo «paneles sándwich» con núcleo de este material, producto estrella de Bromyros. “Al coincidir con el aniversario 70 de la compañía (2018), queremos dejar otra huella de crecimiento y desarrollo inaugurando una nueva planta industrial que permita la fabricación de ‘paneles sándwich’ de última tecnología y diversas aplicaciones, alineados a las tendencias mundiales”, subrayó Uwe Thomsen.

Comenzaron los trabajos para montar las vigas de grandes dimensiones que forman parte de la estructura del techo del Antel Arena.

La empresa Teyma, encargada de la ejecución del proyecto, encomendó a Grúas MAR, líder del mercado de servicios de grúas y transportes especiales, el montaje de 8 vigas de 80 metros de largo y 78.000 kilos de peso que forman parte de la estructura que soporta la cubierta del estadio multifuncional.

Grúas MAR está utilizando una grúa nueva de 300 toneladas con tecnología de avanzada, incorporada recientemente a su flota.

El Departamento Técnico de Grúas Mar diseñó los planes de izado y se encargó de importar los elementos de izaje específicos para las maniobras.

En un mes de trabajo se estima que Grúas MAR montará las ocho vigas, a razón de dos por semana.

En entrevista con Del Constructor, el experto inmobiliario Julio Villamide realizó un balance sobre lo ocurrido en el sector durante el 2016 y cuáles son las expectativas, teniendo en cuenta la región y la leve reactivación económica en Uruguay para este año. En este sentido, se mostró cauto al señalar que si bien el 2017 será mejor que el año pasado “no será un gran año”, porque aún persisten los problemas en la industria inmobiliaria. De hecho, afirmó que a los costos altos de construcción se le suma una tasa de interés en créditos hipotecarios muy alta. “Es la más alta del Cono Sur, que no se condice con el riesgo país. El riesgo país de Uruguay es el segundo más bajo de la región, pero la tasa de interés no se alinea con esa realidad”, subrayó el experto inmobiliario.

 

¿Cómo ha sido el 2016 para el sector inmobiliario?

Bastante irregular. Comenzó muy mal en el primer semestre del 2016 y en el último tramo del 2015. Como que se concentró en ese período el peor momento. Por ejemplo, las compras ventas registradas en Montevideo en el primer semestre 2016 fueron las más bajas desde el 2004.  O sea, el peor semestre en doce años.  En el segundo semestre, sobre todo en el tercer trimestre del 2016, las cosas comenzaron a cambiar. Hubo una reactivación fuerte de unidades nuevas. De hecho, se batió el record de venta de unidades nuevas de este siglo, desde la crisis en adelante, fundamentalmente por las viviendas promovidas por la ley 18.795. Ellas fueron las grandes protagonistas. Las expectativas con este cierre del 2016 mejor, con la buena temporada turística que hemos tenido y que impacta bien en el invierno siguiente, ya que parte de ese dinero se recicla en mejoras, compras y cambios de propiedades en el Este o acá en Montevideo, hacen pensar que las perspectivas para el 2017 son mejores, pero sin imaginarnos un año exuberante, ni nada que se parezca. Pero la economía va a crecer más, los dos vecinos van a dejar de tirarnos para abajo como lo han venido haciendo, particularmente en el 2016, con recesión en Argentina y Brasil. En Argentina ya se perciben cambios, y probablemente la economía comience a crecer en el 2017. En Brasil las cosas están un poco más complicadas,  pero se espera que por lo menos deje de caer.

 

¿Entonces se espera un 2017 mejor que el 2016?

Sí, pero no será un gran año, porque parte de los problemas que tiene la industria inmobiliaria en general lo va  a seguir teniendo. Tenemos costos constructivos muy altos y eso con el nuevo convenio se va a consolidar en una suba en términos reales en los salarios que tiene un impacto sobre el costo final. Tenemos una tasa de interés en créditos hipotecarios muy alta, la más alta del Cono Sur que no se condice con el riesgo país. El riesgo país de Uruguay es el segundo más bajo de la región, pero la tasa de interés no se alinea con esa realidad.

 

¿Pero que cambió en el escenario? Porque Uruguay tuvo un boom de la construcción y sin embargo los costos altos ya existían.

La actividad inmobiliaria está muy vinculada con un indicador que nosotros no relevamos, pero sí lo hace, por ejemplo, la Universidad Católica y que es el optimismo de los consumidores.  Y justamente en el último tramo del 2015 y en el primer semestre del 2016, el optimismo de los consumidores estuvo casi alcanzando el nivel del 2002 y muy por debajo del 2009 que fue otro año difícil.

 

Pero el 2002 fue un año muy crítico…

Claro, y ese optimismo de los consumidores impacta en la compra de bienes durables. La gente compra menos autos, menos propiedades y toma menos créditos a largo plazo. Esto sucede por la incertidumbre laboral porque subió la tasa de desempleo. Y no es casualidad que ese  contexto de descenso en el nivel de actividad coincidió con los niveles más bajo de optimismo de los consumidores. En el segundo semestre del 2016 el optimismo de los consumidores empezó a subir, producto de que bajó un poco la tasa de desempleo y de que la economía mostró en el tercer trimestre señales de que volvió  a  crecer en el 2016.  Lo cierto es que los analistas esperaban que el año pasado fuera el primer año de recesión desde el 2002 y sin embargo, pese a que el crecimiento se situó entre el 0.5% y 1%, completamos 14 años de crecimiento consecutivo. Seguramente hay que irse al siglo XIX para encontrar un período tan largo de expansión económica sin interrupciones. En el 90 crecimos pero por la crisis del tequila en el 94, en el año 95 tuvimos recesión en el país. Creo entonces que esas buenas señales vienen acompañadas de buenos indicadores, más allá que algunos de ellos, como en el caso de la actividad industrial, aún no se recupere porque el sector de la construcción tiene mucho peso, y seguramente se va recuperar a partir del segundo semestre del 2017 con la obra pública.

 

Y alguna mega obra, como sería, en caso de concretarse, la nueva planta de UPM.

Claro, eso tendría un impacto muy fuerte.

 

¿Y cómo impacta una obra de gran porte como esta en el mercado inmobiliario?

Impacta por la vía de succionar obreros calificados.  Hay que pensar que cuando Montes del Plata se implantó nosotros teníamos unos cincuenta, sesenta mil obreros ocupados en todo el país y en todas las actividades de la construcción y relacionados con Montes del Plata había unos siete mil trabajadores. Es decir que más del 10% de esa masa de trabajadores provenía de ese emprendimiento. Obviamente que después de instalada, eso trabajadores calificados se van del mercado y de eso es de lo que se quejan los constructores. De que los que los sustituyen no tienen calificación o espíritu de trabajo.

 

La impronta de la región

 

 Al comienzo de la entrevista, usted hablaba del contexto de la región, y se refería a Argentina y Brasil. ¿Cuánto impacta en Uruguay los dos países vecinos?

Por primera vez en las últimas décadas Uruguay dejó de moverse en el promedio lineal de los dos países. Es decir, si antes Brasil crecía un 2 y Argentina un 4, Uruguay crecía un 3, y si Brasil bajaba un 2 y Argentina un 8, nosotros estábamos en el medio, pero en recesión. En el 2016 se dio un hecho inédito. Los dos países tuvieron recesión y Uruguay igual creció. Eso habla de un desacople importante  de las economías regionales por la vía del crecimiento de las exportaciones hacia países extrarregionales. Uruguay ha consolidado una relación fundamentalmente con China y también con Rusia y la Comunidad Europea, que le permite que el peso de las exportaciones a Brasil y Argentina haya bajado considerablemente en los últimos 10 años. Eso nos permite  monitorear la crisis de una manera mejor. Pero además, los sucesivos equipos económicos, han hecho cosas que ha sido alabada incluso por la oposición, como el manejo de la deuda pública en los momentos apropiados. Por supuesto que también hemos hecho cosas mal. A mí me hubiera gustado llegar a esta situación con un déficit fiscal que fuera la mitad del actual y con una inflación que fuera la mitad de la actual y de esa manera Uruguay estaría muy cómodo para esta situación. El haber llegado tan comprometidos con déficit alto y una inflación alta, restringe muchísimo los márgenes de maniobra del equipo económico. Pero en general, la respuesta es que Uruguay depende hoy menos, salvo en el turismo, de los dos grandes vecinos.  

 

¿Y cómo nos impacta Paraguay, que ha tenido un  mercado en expansión tanto a nivel de la construcción como inmobiliario?    

Paraguay claramente es uno de los países que más ha estado creciendo en el Cono Sur, que tiene muchos problemas políticos y estructurales, pero que tiene también una potencialidad de crecimiento enorme. En dos o tres años alcanzó, por ejemplo, la producción de carne de Uruguay. Y en algunos años seguramente estará por arriba. No tanto en precios, porque la carne uruguaya es de mayor calidad. Lo que le digo a la gente que se interesa en el mercado inmobiliario de Paraguay es que es un mercado perfecto a la hora de que un inversor uruguayo va a construir porque tiene salarios muy baratos, los costos andan en el entorno de la mitad en comparación con Uruguay, producto de los salarios bajos y de medidas de seguridad laboral prácticamente inexistentes. Ese es, entre comillas, el mundo ideal de producción de bajo costos. Ahora, cuando el inversor sale a vender tiene el mismo problema. Es decir, gana poco. No es que los obreros de la construcción ganan poco y el resto del país tiene salarios altísimos. El resto del país también gana poco. Se puede salir a vender el metro cuadrado a 800 o mil dólares, que son precios inalcanzables por los costos en Uruguay, pero a ellos les resulta caro por sus salarios bajos.  Entonces creo que Paraguay es un diamante en bruto, que con una buena conducción y bajando los terribles niveles de corrupción, tiene una potencialidad enorme, además de mucha afinidad con Uruguay y muchas posibilidades de complementación, no solamente en la salida de la hidrovía a través de la salida a Palmira y el puerto de Montevideo, que fueron los clientes paraguayos que nos permitieron pasar el mal momento de aquella prohibición de Cristina Kirchner de utilizar puertos uruguayos. Hoy tenemos ese problema de que estamos empezando a recuperar los clientes argentinos y los clientes paraguayos siguen utilizando el puerto uruguayo, por lo que estamos necesitando ampliarlo constantemente. Pero más allá de eso, y con un gobierno razonable en Argentina y Paraguay, deberíamos tener instancias de complementación y de actividad.

 

¿Hay muchas empresas uruguayas invirtiendo en Paraguay?

Ya hay más de cien empresas uruguayas en Paraguay de acuerdo al relevamiento de la embajada uruguaya en Asunción. Muchas de ellas son del sector agropecuario pero también hay muchas del sector de la construcción. Pero Paraguay es un país con problemas, no es Chile que es un país ordenado, que funciona dentro de la normalidad. 

 

Consecuencias de los topes

Vuelvo a Uruguay. Hace un tiempo hablamos con usted del stock de viviendas en la franja costera. El incentivo a la construcción de viviendas sociales, entre otras cosas, trató de balancear ese superávit con el déficit de viviendas en otras zonas de Montevideo.  ¿Cómo es la situación en estos momentos?

Esa situación ha mejorado sensiblemente. Antes de la aprobación de la ley en el 2011, llegamos a tener un 80%, 90% de la producción de viviendas de propiedad horizontal en la costa contra apenas un 20% en la demanda, y eso generaba un sobre stock que iba creciendo cada año. A partir de la ley, la relación se ha invertido.  Aquellos que tenían el 70%, 80%, 90%, hoy tienen el 30%, el decir que el 30% de la viviendas que se construyen son en la costa, y el 70% restante se está construyendo en el resto de la ciudad, donde no se construía hace más de medio siglo. Entonces, como se está construyendo menos en la costa, y se ha seguido vendiendo, el stock dejó de subir, entró en una meseta y en los últimos semestres ha ido bajando. Esto significa que la situación es mucho más normal. Creo que ese es uno de los aspectos positivos de la ley, porque también hay otros como la revitalización de zonas que estaban totalmente perimidas. Dentro de los aspectos negativos está que aún esperamos ese decreto de la baja de los topes que nos habían prometido que iba a entrar en vigencia el 1 de enero. El Ministerio de Vivienda se comprometió públicamente a que iba a entrar en vigencia ese día, pero no pasó así. Nos consta que hubo resistencia por parte del Ministerio de Vivienda que no quiere ampliar los topes o ampliar los beneficios. Y por otro lado está el Ministerio de Economía que quiere más inversiones, más ocupación y mano de obra, para tratar que la economía se recomponga lo más rápidamente posible.

Yo creo que en esa puja el tema es más ideológico que económico, pero es lamentable porque hay tres mil o cuatro mil obreros que se quedaron sin trabajo por el tema del tope en Montevideo. Nosotros les advertimos, antes de que pusieron los topes que, de hacerlo, las inversiones iban a caer a la mitad. Y esto fue lo que sucedió.

En el 2016, UNIT conmemoró los 45 años del primer curso sobre calidad, dictado en 1971 y, desde entonces se ha capacitado a más de cien mil alumnos. ”Por año tenemos más de 6.500 alumnos y más de doscientos cursos sobre temáticas diferentes”, afirmó el ingeniero Pablo Benia, director del instituto.

El Instituto Uruguayo de Normas Técnicas (UNIT), creado en 1939, tiene como cometido la promoción y mejoramiento de la calidad en beneficio de la comunidad. Su creación fue iniciativa de varias organizaciones, como la Asociación de Ingenieros que fue el promotor de la idea, la Facultad de Arquitectura, la Sociedad de Arquitectos del Uruguay y organismos estatales como el Ministerio de Industria, el Ministerio de Defensa, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, asociaciones profesionales y empresas privadas.

“La tarea inicial era la normalización y establecimiento de normas, es decir los requisitos que debe cumplir un producto o un servicio para ser seguro y apto para su uso. Inmediatamente se hizo un acuerdo de intercambio de publicaciones con los organismos de normalizaciones existentes en ese momento y se comenzaron a recibir las normas publicadas por organismos de otros países, ya que en ese momento aún no estaba constituida la organización internacional de normalización”, explicó el ingeniero Pablo Benia, director de UNIT.

Un hecho a destacar es que el Instituto Uruguayo de Normas Técnicas es anterior a la organización internacional de normalización, por lo que había que hacer acuerdos bilaterales con cada organismo de normalización. Así se comenzaron a recibir las publicaciones, llegando a tener en versión papel más de  doscientas mil normas. “Hoy en día, gracias a la Organización Internacional de Normalización (ISO), al Comité Electrotécnico Internacional  y a lo que se ampliado el campo de las normalización, tenemos acceso, vía internet, a más de dos millones de normas. Esto hace que podamos brindar la máxima información  sobre todo lo que acontece en el mundo en temas de normalización. Es el único centro de documentación que puede ofrecer ese servicio”, dijo Benia a Del Constructor.

 

Capacitación en calidad

En 1971 se inició  la capacitación en materia de calidad. De hecho, fue en la UNIT donde se dio el primer curso abierto en Uruguay relacionado con este tema. El primer curso sobre calidad estuvo a cargo de un docente argentino (en ese entonces era el director del Instituto Argentino para la Calidad), por lo que la UNIT conmemoró, en el 2016, los 45 años de ese inicio. “Hasta el día de hoy continuamos con esa tarea. Actualmente, desde que se inició la capacitación, hemos sobrepasado los cien mil alumnos. Por año tenemos más de 6.500 alumnos y más de doscientos cursos sobre temáticas diferentes”, afirmó Benia.

A diario surgen nuevas normas y, una de las tareas de UNIT, es mantenerse actualizado al respecto. “Una de las tareas que hace el instituto es actualizar las normas. Por ejemplo, la tan conocida norma 9000 fue publicada en 1987, revisada en 1994, en el 2000, en el 2008, y fue revisada nuevamente en el 2015. Prácticamente cuando se publica una norma, o a poco de publicarse, se comienza una nueva revisión.  Esto ocurre porque en las normas internacionales hay que poner de acuerdo a todos los organismos miembros de la ISO que en la actualidad representan a 165 países.  Nosotros somos el representante de Uruguay ante la ISO y representante exclusivo de la ISO en Uruguay”, explicó el director de UNIT.

El primer paso en el procedimiento para establecer una norma es convocar a todos los sectores involucrados, desde productores, usuarios, organismos dependientes del Estado, la Academia (representada por las facultades correspondientes), entre otros organismos. Luego se buscan los antecedentes existentes que existan sobre esa materia, tanto a nivel de normas internacionales  como nacionales. Luego se llega a un consenso en el cual se establecen los requerimientos que deben cumplir el producto o el servicio para ser apto y seguro para su uso. Establecida esa norma, puede ser utilizada para certificar productos. Esto implica que los inspectores de UNIT concurran a las fábricas para verificar si la especificación del producto cumple con la norma y si el producto cumple con dicha especificación. Posteriormente se realizan ensayos de los componentes del producto y del producto en sí. Una vez que se aprueba el prototipo, se hace un seguimiento permanente de que toda la producción cumple con lo exigido en el producto.

 

Certificación de productos

Hasta 1984, Uruguay carecía de certificación de productos. Ese año fue cuando UNIT comenzó con este proceso, siendo el primer organismo en desarrollar la certificación de productos. “Se comenzó con la certificación de extintores, calentadores de agua y recipientes para gas licuado. Hoy en día es una diversidad muy amplia de productos que certificamos. Ya en 1995 se inició la certificación de sistemas de gestión de la calidad. A partir de ahí se siguió con distintos sistemas de gestión, como el sistema de gestión ambiental, sistema de la seguridad y salud ocupacional, sistema de gestión de la seguridad de la información, sistema de gestión de la seguridad vial. O sea, hay unos cuantos sistemas de gestión que se están certificando en este momento, según normas internacionales que han sido adoptadas como normas nacionales. Durante todo este tiempo se hacen permanentemente actividades de promoción de las más diversas índoles, desde la propia fundación del instituto”, señaló Benia.

En el caso de la certificación del sistema de gestión ambiental, algo relativamente nuevo en el mundo, si tenemos en cuenta que las normas son de la década del 90, Benia dijo que, si bien, algunas de las normas referentes a este tema ya existían, existe un proceso por lo que demora su homologación. “Hoy el tema, calentamiento climático mediante, está en las tapas de los diarios. Hace unos años, cuando nosotros estábamos trabajando en esto, era un tema al que no se le prestaba mucha atención”, señaló.

En lo que refiere a la industria de la construcción, UNIT siempre estuvo ligada desde sus comienzos. “Si uno ve las primeras normas del instituto, se referían en su mayoría a temas vinculados a la industria de la construcción. Después se fue expandiendo ampliamente su radio de acción y hoy hay normas de todo tipo. Nosotros por ejemplo certificamos el cemento Portland, barras de acero, materiales eléctricos y materiales sanitarios. Todo lo que sea materiales vinculados a construcción, no así procedimientos constructivos”,  afirmó Benia.

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