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Con la llegada de obras de gran porte, la industria de la construcción mostró ciertas carencias en trabajos que requerían cierto grado de especialización por lo que, en algunos casos, se debió recurrir a trabajadores extranjeros.

El tema de la falta de capacitación, que está ligado a la productividad y a la competitividad,  sigue en el tapete, por lo que Del Constructor entrevistó al ingeniero Jorge Pazos, presidente del Fondo de Capacitación de la Construcción (FOCAP), quien además es Director Ejecutivo de la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU), para que explicara cuál es la situación en el sector. Desde los cursos tradicionales de albañilería hasta simuladores virtuales de Soldadura y Torres Grúa, Pazos explicó cómo se preparan los trabajadores ante los nuevos sistemas constructivos y los avances tecnológicos.

 

¿Cuándo fue instrumentado el Fondo de Capacitación y cómo funciona? 

El Fondo de Capacitación para obreros y empresarios de la Construcción (FOCAP), fue acordado en el Convenio Colectivo de 1997, refrendado por el Decreto del Poder Ejecutivo  227/97. Debido a diferentes circunstancias, administrativas en cuanto a la forma legal y a las crisis económicas, su concreción se vio postergada hasta la segunda mitad de la primera década del 2000. En el 2009 se comenzó con un Plan Piloto de capacitación y, desde entonces, unos 1.300 trabajadores se capacitan al año. La financiación del FOCAP, que es una asociación civil sin fines de lucro, se realiza a través de aportes de los empresarios (cada empresa aporta 0,8575%)  y de los trabajadores (un 0,3925%.) existiendo en los últimos años convenios específicos donde se logran importantes apoyos económicos. Su dirección bipartita contando con un Consejo Directivo formado por representantes de las gremiales empresariales y del  SUNCA.

 

Usted ya lleva tres presidencias en el FOCAP.

Es cierto, es mi tercera presidencia en el FOCAP, que tiene una Comisión Directiva integrada por seis representantes, tres del sector empresarial y tres del sindicato. El hecho de ser presidente, diría que es más nominativo que otra cosa. En la comisión se discute todo y las decisiones son tomadas por consenso. O sea, mi rol es más de representación hacia afuera. De hecho, el SUNCA tiene la Secretaría y discutimos, como decía, todos los temas. A los efectos del trabajo, es indistinto ser presidente o ser uno de los vocales, porque el FOCAP se creó como una institución para la capacitación de obreros, pero en la realidad los objetivos son más amplios. La  última evaluación de tarea y definición de perfiles del sector fue financiada por el FOCAP, porque nos da, además de todos los perfiles, las potencialidades para poder generar las curriculas necesarias para poder capacitar en todas las áreas del sector. Ese fue un trabajo que llevó dos años, donde trabajamos con Cintefor y OIT. También hacemos trabajos de investigación. Ahora estamos por hacer una  investigación sobre salud ocupacional, por ejemplo.  Si bien el foco es la capacitación, cuando aparece un estudio de este tipo, que el sector necesita, el FOCAP es el instrumento idóneo para poder trabajar en esos estudios. Obviamente que nosotros no generamos una estructura específica  para dichos trabajos, sino que nos apoyamos en estructura ya existentes.  En el caso de la investigación sobre salud ocupacional posiblemente lo hagamos con el Instituto Cuesta Duarte y la Facultad de Medicina.  El FOCAP lo que hace es tratar de conseguir los instrumentos y los apoyos para lograr los objetivos planteados, y a los efectos de no generar una súper estructura que después genere mayores costos y no se pueda mantener en el tiempo. Apuntamos a conseguir socios estratégicos para cada uno de sus estudios.  Por eso decía, que si bien la capacitación es el corazón, hemos venido haciendo otros tipos de estudios que le sirven, no sólo al FOCAP, sino a todo el sector. 

 

¿Cuántas personas acceden a dicho fondo?

Vale aclarar que para ser beneficiario de los Fondos de la Construcción es necesario ser aportantes a los mismos. Desde el 2009 hasta el momento se han capacitado casi 10.000 trabajadores en todo el país, lo que nos indica que entre 1100 y 1300 trabajadores se han capacitado por año. En los últimos años, hemos firmado convenios de apoyo con INEFOP donde se recibe por parte de este Instituto un apoyo económico importante lo que nos permite poder capacitar a un número mayor de trabajadores al año. Tenemos unos 60 docentes en todo el país y se imparten entre 70 a 90 cursos anuales. Además, por la ley 18721, y ante el pedido de los actores sociales, es decir gremiales empresariales y el SUNCA, INEFOP contrató y contrata como instructores a jubilados del Sector, los cuales se encuentran desarrollando capacitación en Programas Sociales para lo cual se apoya entre otros al Instituto Nacional de Rehabilitación, Mides y Plan Juntos.

 

¿Y cuáles son los objetivos de dicho fondo?

El FOCAP tiene como objetivo principal establecer las bases de un sistema sectorial de formación profesional que exprese la concreción de políticas de formación para la capacitación de los trabajadores y empresarios del sector. Es decir, posicionar a la formación como eje central, establecer los programas que desarrollen la transferencia de conocimiento y  la actualización tecnológica, así como los estudios y proyectos sectoriales que ayuden a concretar estos objetivos.

 

Capacitación y tecnología

 

Teniendo en cuenta los avances tecnológicos en la industria de la construcción, ¿qué cursos se imparten para acompañar estos cambios?

En los comienzos,  para poder comenzar con el Plan Piloto, se diseñaron y se impartieron los cursos de Oficial Albañil, Herrero y Carpintero por ser los oficios tradicionales del sector. En la actualidad, se imparten Taller de Ingreso a la Industria, para aquellas personas que no tienen experiencia en el Sector, además de Medio Oficial Albañil, Medio Oficial Herrero y Medio Oficial Carpintero. También capacitación en: Pintura, Electricidad, Sanitaria y Soldadura. No obstante, hemos capacitado trabajadores para grandes emprendimientos como el de UPM, Montes del Plata y la de Hyundai, en Punta del Tigre, en lo que refiere a soldadores y andamistas. Esa capacitación la hacemos a requerimiento de esos emprendimientos que necesitaban gente calificada y en Uruguay y, si bien había, no en la cantidad que se necesitaban. También, a través de un convenio con el Ministerio de Defensa Nacional y el Batallón de Ingenieros, venimos realizando cursos de maquinistas. Con respecto a la pregunta sobre la capacitación en nuevos sistemas constructivos, capacitamos en yeso y en Steel Framing. En los últimos cuatro años hemos implementado un curso de lectura de planos, que, además de la lectura tradicional de planos para que el trabajador pueda  trabajar con un croquis en obra, le incorporamos lectura de planos en CAD. Esto consiste en una primera parte de lectura de planos tradicional y después, en la segunda fase, es el trabajo con laptop donde el trabajador ve ese plano diseñado en una pantalla. De esta manera, si en algún momento se trabaja con una tablet en la obra, que él pueda ver el plano, manejarlo e identificar todo lo que tiene que hacer en una computadora.  Es un paso muy importante y ya tenemos tres equipos  de computadoras portátiles en todo el país. Esto ha funcionado muy bien. Hemos tratado de implementar, cada vez más, las nuevas tecnologías y tratar que el trabajador las vaya incorporando.   

 

Los grandes inversores se quejan de que no hay, o escasea, la mano de obra calificada.

La realidad a julio de 2017 es un poco diferente. En el 2013 teníamos 73.000 trabajadores en la industria y era evidente que había un número muy importante de gente que no era del sector. Hoy estamos en unos 45.000, lo que significa que hubo una depuración. No nos gusta que haya quedado gente sin trabajo, pero fue una depuración hasta lógica si se quiere. Y ha quedado mucho más personal de la industria, por lo cual hoy la capacitación va más al perfeccionamiento del trabajador y a tener una visión teórica más aplicada. Hay trabajadores, que si uno le sigue la curricula, han hecho tres o cuatro cursos. Además el FOCAP tiene una didáctica donde cada curso tiene su propio manual. El trabajador que realiza el curso que sea luego se lleva ese manual a su casa, lo que le permite rever y refrescar conocimientos, y seguir  chequeando con lo que hace cotidianamente.  Creo que la capacitación es importante a nivel nacional y no sólo en la industria de la construcción.  La capacitación técnica hoy en Uruguay es una carencia y no sólo en el sector de la construcción. Tal vez sea más visible en nuestro sector porque lo hacemos más público que necesitamos esa capacitación, pero lo cierto es que debería ser un tema de capacitación continua en todos los trabajadores de todas las áreas.  En el FOCAP tenemos dos metas en este sentido. Que el trabajador se forme por propia satisfacción y para que mejore, en segundo lugar, con el ingreso de nuevas tecnologías, la necesidad de que sigue aggiornándose a los tiempos que corren. Por ejemplo, el año pasado se desarrolló el Programa del Cursos para Delegados de Seguridad con el apoyo de la Inspección General del Trabajo y de la Seguridad Social del MTSS, pero, además, creamos el área de aprendizaje mediante simuladores, para lo cual hemos incorporado dos simuladores de Soldadura y un simulador de Torre Grúa. Lo trajimos como plan piloto porque no sabíamos cómo iba a impactar en el trabajador, en el sentido si se iba a adaptar.  Y es otro mundo. Es una realidad virtual, donde el trabajador se pone ese casco y este en un taller virtual donde está soldando. Y tienen una ventaja no menor. En un área donde todos quieren hacer el curso de soldadura porque hay una demanda muy grande, no necesariamente todos tienen la habilidad manual para ser soldador. Este sistema detecta todas las fallas cometidas y si se tiene o no habilidades  para ese oficio, sin mayores costos. Se le da la tranquilidad al trabajador que puede practicar y cometer errores sin riesgo para él o terceros. Está un tiempo en una capacitación teórica práctica con simuladores y después pasa a la realidad de un taller físico y comienza a soldar.  Genera algo que para mí es fantástico: poner a los trabajadores en otro nivel  de formación.  Lo mismo ocurre con el simulador de Torre Grúa, donde generás el ambiente de trabajo que querés, con viento, lluvia, y en qué intensidad.  Todas las variantes que se pueden ocurrir. Y, otro detalle no menor, ninguno de los dos programas deja avanzar al trabajador sino cumple con todas las normas de seguridad. Se crea una alarma y no puede pasar al otro nivel. Esto va creando en el trabajador un hábito de cumplir con todas las normas de seguridad. Ahora estamos analizando la formación a distancia, ver qué cursos podemos adaptar y qué sistema podemos utilizar para crear un aula virtual y capacitar a trabajadores que está, por ejemplo, en Quebracho.  El teórico por aula virtual y que el docente solo se traslade para las prácticas.  La idea es llegar a todos lados en el momento que exista la demanda. 

 

Productividad

 

Hablemos de la relación entre capacitación y productividad, otro de los temas que está en la agenda del sector.

Independientemente del sector, Uruguay tiene problemas de productividad y competitividad. La solución de la productividad no pasa técnicamente por una sola solución. El que piense así está equivocado, porque es una cuestión multicausal. Hay varios componentes. Uno de ellos es si se necesita mejorar la gestión de una obra o incorporar equipamiento y tecnología, hay que tener capacitación. Hace diez años la productividad era una palabra prohibida en Uruguay, porque se asociaba a un régimen de trabajo esclavo. Se hablaba de mejorar los niveles de producción y no de productividad.  Yo viví esa discusión. Y la productividad no necesariamente implica un esfuerzo mayor del trabajador. Se puede hacer lo mismo, trabajar lo mismo, si mejoro los procedimientos y la gestión. Hay muchos factores. Obviamente que en un proceso donde está involucrado el trabajador, este tiene que poner parte de sí, pero todo va enrabado. Hay que tener en claro que debemos mejorar ese aspecto. Después nos quejamos si vienen trabajadores extranjeros.

 

Hace poco un documento del Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción daba cuenta que la productividad había caído un 20% en comparación a 1995.

Sí, es ponerle un número a algo que todos sabemos que pasa. El tema es cómo seguimos para adelante y qué tenemos que hacer para que eso mejore. El salario en la construcción fue el que más creció por encima de los salarios reales y las condiciones de trabajo mejoraron sustancialmente, entonces ¿por qué cayó la productividad? Mi visión es que, y aclaro que la caída de la productividad no es exclusividad de la construcción, se perdió lo que el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, ha denominado `la cultura del trabajo´.  Es decir, la preocupación de hacer las cosas bien, sea en el trabajo que sea. Es un tema más profundo y hay que sentare a pensar soluciones para revertir esta situación en todos los ámbitos. Pero en lo que compete al sector de la construcción, y ahora que nombramos el estudio del CEEIC, acá se hace estudios sin poder acceder a toda la información que posee el Estado. Los organismos que tiene la información para poder hacer un análisis real de la situación no la brindan. Si no quieren dar nombres de empresas o de trabajadores, en el caso del BPS, está bien. No identifiquemos, ni empresas ni trabajadores, procesemos los datos y que se brinden los números, los resultados. Eso sacaría de arriba de la mesa cualquier discusión sobre si el porcentaje de caída está bien o está mal, o si tal o cual  hipótesis es la correcta. Es un tema que va más allá del gobierno de turno, es un tema de Estado. Si se libera, si se comparte esa información, se demuestra como país que se está trabajando con seriedad sobre el tema.

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A casi tres años de la creación del Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC), Del Constructor entrevistó a su presidente, el economista Gabriel Oddone, integrante de CPA-Ferrere, quien, acompañado por el economista  Santiago Rego, también integrante del CEEIC y de CPA-Ferrere, analizaron algunos de los documentos elaborados por el instituto sobre las diferentes situaciones, a veces coyunturales, otras estructurales, que atraviesa la industria de la construcción.

¿Qué problemas detectaron en el sector a partir de los documentos elaborados por el Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción?

En realidad hemos trabajado en varios capítulos, pero le diría que si tuviéramos que listar los puntos que identificamos como relevantes, esencialmente son tres. El primero tiene que ver con el rezago en inversión vial en Uruguay, donde se acumularon en los últimos años niveles de inversión que fueron importantes y elevados, pero que no lograron compensar el crecimiento de la actividad económica y, sobre todo, el aumento de los costos de la reposición de las obras. Esto quiere decir que, si bien el país siguió invirtiendo en obra vial, el ritmo al que lo hizo fue inferior al que demandó el aumento del tráfico y lo que demandaba como aumento de los costos de mantenimiento de la infraestructura. Eso supuso una conclusión importante en nuestro primer trabajo. La conclusión fue que se abrió un gap (distancia) respecto de cuál es el nivel de inversión efectivamente realizada con respecto a la que debería haberse realizado para poder mantener la calidad de la vialidad. Eso supuso, en un trabajo hecho en el 2014, que había un gap de inversión de 4.5 puntos del PIB, en términos del espacio de inversión que no se hizo respecto a lo que se debería haber hecho. Por otro lado, detectamos que la inversión anual estaba un punto del PIB por debajo anual respecto a lo que debería haberse realizado. Ese fue el primer trabajo que hicimos y el diagnóstico fue que la inversión en vialidad fue insuficiente a lo largo de los últimos años para poder mantener la calidad de la vialidad respecto a lo que el país demandaba.

Esto obviamente creó un desfasaje que se transformó en un boomerang.

Lo que hay es que, frente a un país que creció mucho hasta el 2014, ese gap que se abrió en materia de vialidad, fue una restricción ya que la capacidad en transporte, en términos de eficacia, fue severamente afectada. Luego la economía se desaceleró y, probablemente, ese gap no se siguió abriendo a la misma velocidad que se abrió en los diez años previos, pero seguro que todavía no está cerrado. Por lo tanto, se requiere un esfuerzo importante en materia de inversión en vialidad.  Este fue un trabajo que marcó un poco el inicio de nuestra tarea.

También realizaron un trabajo sobre los proyectos de Participación Público Privada (PPP).

Ese fue el segundo trabajo en el 2015 y trato sobre los temas que tienen que ver con la modalidad de financiamiento para las obras públicas en general, pero en particular para las obras de vialidad. Precisamente porque había que cubrir el gap del que hablaba. Entonces formulamos la pregunta al revés: si hay que invertir 4.5 puntos del PIB para cerrar la brecha y, por otro lado, hay que incrementar el nivel de inversión corriente para poder hacer un mantenimiento  más eficaz, lo que hace falta es decir de dónde van a salir esos recursos en un país que tiene una restricción fiscal importante. El gobierno había decidido el camino de las PPP y nosotros el trabajo que hicimos fue poner sobre la mesa distintas modalidades que el gobierno tenía a su disposición para poder acometer esas inversiones buscando financiamiento. Algunas de ellas eran concesiones de obra pública, pura y llana, aplicando el marco legislativo que ya existía.  Por otro lado, quisimos mostrar que las PPP eran un camino alternativo y, sobre todo, haciendo visibles algunas dificultades que ya en el 2015 nosotros creíamos que el régimen de PPP iba a enfrentar en un país como el Uruguay, por el tipo de legislación que había y por las dificultades intrínsecas al modelo de PPP. Ahí identificamos que había problemas que tenían que ver con la naturaleza institucional de los agentes involucrados en las PPP, como el ministerio incumbente , que podía ser el MTOP, el Ministerio del Interior, el MEC, la ANEP, la OPP o el Ministerio de Economía y Finanzas. Desde nuestra perspectiva había un exceso de complejidad en la conformación institucional para gestionar el régimen de PPP. El segundo problema era el tamaño de las compañías locales que hacían que sus espaldas patrimoniales pudieran ser no lo suficientemente grandes como para cometer proyectos de cierta envergadura, sobre todo si requerían de un acceso a financiamiento, a endeudamiento, elevado con el sector privado. Ese no era un problema determinante, pero sí estaba sobre la mesa. Otro problema bien identificado, y ahora parcialmente superado, tenía que ver con el tipo de riesgos que es necesario mitigar en los procesos PPP.  Cuando una hace un proceso PPP le transfiere a un privado la construcción y la gestión de una operación durante determinado período. Ahí hay involucrado dos tipos de riesgo. Uno que es el riesgo construcción  de la obra, que pueda llegar a tener algún tipo de dificultad, y el otro es el riesgo performer, el riesgo de la gestión a lo largo del proyecto.  Nosotros veíamos que los agentes financieros adicionales, como Fondo de Pensión o Fondo de Inversión,  generalmente tienen capacidades para asumir, mitigar y gestionar, los riesgos performer, pero hay más dificultades para gestionar los riesgos asociados a la primera fase, que es la constructiva.  Básicamente, esto sucede porque la información que hay para un Fondo de Inversiones o un Fondo de Pensiones, sobre cuáles son los riesgos asociados a un proyecto constructivo, son mucho más difíciles de evaluar que el riesgo performer. Nos parecía que ese iba a ser un problema y que había que buscar un mecanismo financiero que permitiera mitigar estos riesgos. La CAF, un fondo creado por el Banco de Desarrollo de América Latina, junto con la OPP, desarrollaron un fondo en el 2015 precisamente dirigido a mitigar esto. Por lo cual, nuestro trabajo lo que hizo fue poner sobre la mesa los tres o cuatro problemas que las PPP en nuestra opinión iban a enfrentar, cosa que finalmente terminó ocurriendo.

Con las PPP había muchas expectativas, pero no se cumplieron. De hecho, el ministro Víctor Rossi dijo hace unos días a la bancada de legisladores del Frente Amplio que “ni una carretilla de tierra hemos podido mover con la ley de Participación Público Privada”.

Se vienen desarrollando a una velocidad lenta. De hecho, las primeras licitaciones adjudicadas son de finales del año pasado. Este año se están adjudicando otras. Lo que nosotros decíamos en aquel momento es que se le están atribuyendo expectativas de logro de muy corto plazo, cuando es un proceso que va a madurar más lentamente.

 

Productividad

Otro de los temas que ustedes abordaron fue la productividad, que suele estar en el tapete cada vez que el sector negocia en los Consejos de Salarios. ¿A qué conclusiones arribaron?

Hicimos una estimación en base a lo que se conoce como un cálculo de productividad aparente, que básicamente es relacionar una unidad de volumen físico con una unidad de quantum de insumos incorporados. En este caso, una productividad aparente fue calculada como el volumen físico de la industria de la construcción general contra las horas trabajadas, efectivas, en un período determinado, del 1995 al 2015,  y lo que muestra efectivamente ese índice es que la productividad, medida  de esa manera, registra una caída. Demuestra que el volumen físico producido requiere más horas trabajadas que hace veinte años. Vimos que en estas dos décadas la economía aumentó su productividad en un 45%, pero la actividad de la construcción cayó un 10%.  Hubo sectores como el transporte y comunicaciones que crecieron mucho, y otros sectores como la construcción que cayeron. Este trabajo fue hecho porque la percepción de los empresarios era que se estaba asistiendo a un proceso continuo de caída de la productividad. La idea del trabajo fue ponerle números a esta precepción que tienen los empresarios. Cuando hicimos esta apreciación global, en base a información público que divulga el Banco Central y el INE, encontramos que la industria de la construcción tiene una performance peor que el resto de los sectores de la economía, y en particular, comparado con el año 95 tenemos una caída de la productividad.

Llama la atención esa caída porque coincide con el boom de la construcción y con la accesibilidad a nuevos sistemas constructivos y nuevas maquinarias que, en teoría, deberían mejorar la productividad.

Ese es un buen punto. El paso siguiente fue preguntar cuáles son las posibles explicaciones de esta caída. ¿Se trata de un fenómeno de escasa inversión? ¿De escasa inversión en tecnología? ¿Un problema de capital humano incorporado en un volumen menor y de alguna manera impacta? ¿O se trata de un problema de organización del trabajo? Eso fue lo que intentamos responder, y no necesariamente tenemos respuestas para todo, pero si para algunos puntos. Por ejemplo, una cosa que estimamos fue la incorporación de maquinar y equipo. Armamos un índice de importación de maquinaria y equipo del sector de la construcción durante ese período referido y vimos que la industria incorporó  de manera creciente maquinaria y equipo. O sea que no podríamos decir que la razón por la cual cayó la productividad haya sido por la escasa incorporación de tecnología.  O sea que esta hipótesis quedó descartada. La segunda hipótesis tenía que ver con que -como el fenómeno está medido después de la crisis del 2002- mucha mano de obra especializada hubiera tenido que emigrar, con lo cual, cuando se produce el inicio de la recuperación de la actividad en el sector por el 2004, se hizo con un capital humano de menor calidad. Eso no lo pudimos medir con la estadística pública, aunque ahora estamos haciendo un trabajo sobre las características del sector de la construcción. Lo que hicimos fue descartar el problema de incorporación de tecnología, tenemos dudas si puede ser un problema de capital humano, que se corroborará o no con el trabajo en paralelo que estamos haciendo. La tercera interrogante era si es un problema asociado a los procesos organizativos de trabajo asociados a las obras. Para tener una respuesta más precisa sobre esta última hipótesis, lo que precisaríamos era acceder a una información que no está disponible a nivel público. Lo ideal acá hubiera sido poder acceder a los jornales que el BPS tiene estadísticamente asociados a distintos tipos de obras. Esto no fue posible porque es información que está protegida por secreto tributario. Esto nos llevó a recorrer un camino alternativo, más complejo, que fue tomar un conjunto de obras tipo para lo cual le pedimos información a las empresas constructoras sobre metros cuadrados construidos  y jornales afectados a la construcción de esos metros cuadrados construidos.  No es una mirada global, pero sí una muestra que entendemos es medianamente representativa. Los resultados, que representan al 20% de las obras construidas en Montevideo, señalan que si partimos la muestra en dos, o sea si comparamos los primeros cincuenta metros cuadrados construidos versus los últimos, hay una caída en los requerimientos de obra por metro cuadrado de un 20%. Es una caída importante y significativa. La conclusión más importante es que efectivamente la información disponible, tanto por el cálculo de productividad aparente como por el cálculo que hicimos a partir de la muestra de obras, confirman la hipótesis de que hay una caída de la productividad en la industria de la construcción del Uruguay.

 

¿Y cuáles serían las causas de esta caída?

Es imposible saberlo a ciencia cierta con la información que tenemos disponible. Lo que sí podemos decir es que no se trata de un problema de baja incorporación de tecnología. Por lo tanto la respuesta está en el capital humano, esto es la cantidad de metros cuadrados que está en condiciones de incorporar el capital humano nuevo, o bien en problemas organizacionales. Cuál de los factores pesa más, es difícil saberlo. Probablemente sea una combinación de ambas. Es decir, una incorporación masiva de mano de obra al sector, porque hubo un crecimiento importante, con muchas personas no calificadas que tuvieron que ser calificadas durante el proceso constructivo, lo que hizo que el metro cuadrado cayera. Y segundo, en la medida que el proceso fue muy grande y hubo mucha obra en el período, probablemente los procesos operativos de las obras no se fueron organizando a la velocidad necesaria. Por lo tanto, constituye un desafío para la industria de la construcción  capacitar mejor a sus recursos humanos, como organizarlos mejor en el proceso de trabajo.                     

Las cámaras empresariales del sector y el Sunca hablan de productividad pero parece, a juzgar por los resultados hasta el momento, que ambos la entienden de forma diferente.

No diría que se entienda diferente. En realidad hay un grave problema que es el acceso a la información. Todos sabemos que la productividad al final del día alude a un concepto que es una relación técnica entre una unidad física producida, un output, versus una unidad física de insumo, o sea de input. En este caso, el volumen de metros cuadrados construidos con horas hombre, o cantidad de jornales. Esta es una definición estándar de la productividad que nadie controvierte desde el punto de vista conceptual. El problema está en cómo lo medimos. Ese es un primer elemento. Y en la medida que la información pública que hay es muy agregada, que es esta información de productividad aparente, que es volumen físico del sector versus horas trabajadas, y dentro de esto hay mucha heterogeneidad.  Me refiero a obras muy diferentes, tipos de mano de obra muy diferentes, con categorías laborales muy dispersas, que se utilizan en el sector vial, en vivienda o en el sector ingenieril. Por eso, hablar de la productividad en base a la productividad aparente es algo muy grosero. Estamos de acuerdo que la productividad aparente da una pista, pero para discutir temas como los salarios, necesitamos dar un click adicional. El tema es que cuando queremos darlo, no hay información pública. Tampoco la tienen las empresas, ya que generalmente su organización interna no está concebida para evaluar este tipo de indicadores. Más bien, la información de las empresas tiene que ver con temas de gestión operativa o temas contables. No hay información que permita precisar de manera transparente la discusión entre las dos partes enfrentadas, o con intereses dispersos, sobre la productividad.

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Un informe elaborado por el Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC) señala que la productividad en el sector se ha mantenido incambiada desde el 2005, pero situándose en niveles inferiores a los de mediados de la década del  90.

El documento analiza el período 1995-2016 y el indicador “productividad” al que refiere incluye tanto la construcción de vivienda como obras viales e hidráulicas, montaje de plantas industriales, entre otros. Cabe señalar que en el mismo período la economía en promedio experimentó una mejora en la productividad por ocupado, determinando que la Construcción es uno de los sectores con peor desempeño relativo en términos de productividad de la mano de obra.

El informe analiza la productividad desde dos ópticas diferentes, pero complementarias. La primera refiere a la productividad de la mano de obra de la Industria de la construcción a través de la productividad aparente, mientras que la segunda es  un análisis de la productividad en la construcción de viviendas en base a los cierres de obra tal como se reportan al BPS. Lo anterior se complementa con un análisis de los cambios al proceso productivo y la incorporación de capital ocurridos en los últimos años. 

“En primer lugar”, señala el documento, “el análisis de la productividad aparente de la mano de obra permite concluir que la productividad en la construcción se ha mantenido incambiada desde 2005 aunque ubicándose en niveles sistemáticamente inferiores a los de mediados de los 90”. También se analizó la productividad en la construcción de viviendas, en base a información micro, que señala que en los últimos cinco años la productividad de la mano de obra en la construcción de viviendas habría caído 20% respecto al período 1995-2010. “Esto ocurre, a pesar de los cambios en los procesos constructivos ocurridos en los últimos años. Más precisamente, en los últimos 15 años se han incorporado diversas tecnologías que modificaron la función de producción en la construcción de viviendas y habrían derivado en un ahorro significativo de los requerimientos de mano de obra en etapas clave del proceso de trabajo”, expresa el informe.

Como ejemplo, se cita que la incorporación del hormigón premezclado, los sistemas de encofrado racionalizados y los muros interiores secos habrían derivado en un ahorro de más de 12% en el total de jornales necesarios para construir una torre económica. Sin embargo, pese a estos cambios tecnológicos, la productividad en el sector habría caído en los últimos años.

 

Menos productividad

La caída de la productividad en la industria de la construcción planteó otra interrogante. Y es si este descenso de la productividad aparece en otros sectores de la economía uruguaya o si, por el contrario, es un fenómeno específico. La comparación realizada por el CEEIC arriba a tres conclusiones. La primera de ellas es que la caída de la productividad aparente durante la crisis 2002 fue un fenómeno generalizado (salvo el sector de Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones), que está en línea además con la evidencia internacional de los cambios en productividad de factores durante el ciclo económico. Sin embargo, en el caso de la construcción la caída de la productividad durante la fase baja del ciclo fue mayor que en otros sectores.

Otras de las conclusiones es que a diferencia de lo que ocurrió en la construcción, la productividad aparente de la economía uruguaya creció sostenidamente a partir de 2005, superando los niveles pre crisis. A modo de ejemplo, la productividad aparente de la economía uruguaya en el último bienio (2014-15) fue 45% superior a la registrada en 1995-96, mientras que en la construcción el indicador es 10% inferior.

El documento de trabajo elaborado por el CEEIC señala que el indicador de productividad  de la mano de obra se encuentra relativamente estable desde el año 2005, aunque en niveles inferiores a los que presentó durante 1991-1998. En tanto que, para el total de la economía, y para la mayoría de los sectores de actividad analizados, la productividad aparente de los ocupados muestra un incremento. “Por tanto, esta primera aproximación indica que el valor producido por ocupado en la industria de la construcción se ha mantenido estable en los últimos 10 años pero en niveles inferiores a los del principio de la década del 90, desacoplándose al menos parcialmente de las ganancias de productividad exhibidas por la economía en su conjunto”, señala el informe.

Por otra parte, según el relevamiento realizado en 116 obras de vivienda donde se estudió la productividad de la mano de obra, ésta habría caído en los últimos años. Este resultado es significativo ya que “se encontró que las obras más recientes requieren de 1,2 jornales más que aquellas finalizadas entre fines de los 90’s y los primeros meses de 2010. Esto implica que la cantidad de jornales por metro cuadrado insumidos para la construcción de una obra de vivienda nueva aumentó 20% en los últimos años. Por tanto, ambos enfoques del problema sugieren que la productividad de la mano de obra se ha deteriorado en los últimos años”, afirma el documento.

Sobre cuáles han sido las razones de la caída de la productividad laboral en el sector respecto a la década del 90, la información recabada por el CEEIC permite descartar algunas posibles causas. “Una primera hipótesis sería que la inversión en capital del sector ha sido insuficiente, lo que habría afectado el rendimiento de la mano de obra. Sin embargo, la evolución del Índice de Importación de Maquinarias y Equipos (IME) de la construcción evidencia que el sector incrementó de forma significativa su inversión en capital, en línea con el resto de la economía. En tanto que la participación de la inversión en capital de la construcción sobre el total de la inversión de la economía fue siempre superior a la participación de la Industria en la producción total, a excepción del año 2015”, indica el informe.

Ante esta evidencia, se expresa que la industria de la construcción registró un significativo proceso de incorporación de bienes de capital, lo que en teoría habría de mejorar los procesos y la capacidad de producción. “En este sentido, la falta de inversión en capital no sería uno de los factores que explica el deterioro de la productividad aparente”, expresa el análisis.  Tampoco se puede explicar la caída de la productividad en las obras de vivienda por falta de innovación en los procesos productivos. De hecho, un relevamiento realizado en empresas del sector cuantificó el impacto de tres innovaciones tecnológicas sobre una vivienda de Tipo 1 de 20.000 metros cuadrados.

“Estas innovaciones deberían haber provocado ahorros en los requerimientos de mano de obra de al menos 12,2% en la última década. Los cambios tecnológicos relevados fueron la introducción del hormigón premezclado y bombeado que de acuerdo a las estimaciones realizadas habrían reducido en al menos 3% los jornales totales de la obra; el sistema de encofrados racionalizados, que sustituyó al sistema de encofrados tradicionales, y se estima tuvo un impacto de al menos 6,4% de ahorro sobre el total de jornales, y, en tercer y último lugar, la construcción de muros internos utilizando tabiques drywall, que se estima tuvo un impacto de al menos 2,9% en los  requerimientos de jornales por metro cuadrado”, afirma el estudio. 

 

Conclusiones

El informe del CEEIC determina que la mano de obra en la construcción de vivienda nueva cayó 20% en los últimos años, en tanto que los cambios tecnológicos introducidos en la construcción de viviendas deberían haber generado un incremento de la productividad de al menos 12%.  “Esto determina que se ha generado una brecha en la productividad de la construcción de viviendas superior al 30%. En este sentido, un mayor requerimiento en jornales se traduce directamente en un incremento en los costos enfrentados por las empresas. Considerando la metodología del Índice del Costo de la Construcción (ICC) elaborado por el INE, se encuentra que la mano de obra representaba 25% del costo de construcción de vivienda en 1999. De esta forma, tomando en cuenta la brecha de productividad estimada, construir una vivienda nueva hoy tendría un sobrecosto de 7,5% respecto a las obras de vivienda de fines de la década del 90’, lo que impactaría directamente en los precios de venta de los inmuebles”.

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