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Una casa de 27 metros cuadrados que se puede configurar con 20 diseños distintos. Fácil de trasladar y con paneles solares. ¿Con o sin techo? ¿Paneles divisorios o un gran ambiente? ¿Vista al mar? La Casa Ojalá es una micro estructura que se puede montar en la playa o la montaña. El diseño, de la arquitecta italiana Beatrice Bonzanigo, socia de IB Estudio, permite configurar los 27 metros cuadrados en 20 espacios distintos.

A partir de cuerdas y poleas los paneles corredizos proponen modificaciones a los ambientes de la casa: terraza, dos dormitorios, cocina y baño. Fusionar, abrir o separar los espacios forman parte del menú de opciones que se activan a partir de cuerdas, poleas y manivelas. “Un juego de niños”, señaló la autora.

El modelo en escala 1:10 se presentará el mes que viene en la galería Post Design, en el marco de la Semana de Diseño de Milán. El prototipo llegará acompañado por propuestas textiles, materiales y visuales para presentar “el horizonte de posibilidades infinitas que Casa Ojalá ofrece al público por primera vez: un producto sostenible, mínimo, conciso y flexible en el que surge una nueva forma de confort, alejada de la televisión o el aire acondicionado. Se supera la frontera entre el espacio interior y el exterior, que constituye un elemento sustancial, irrenunciable, precioso”, describió la arquitecta italiana.

Bonzanigo diseñó la casa para ofrecer una alternativa al “mundo de la arquitectura estática”, ofreciendo la oportunidad de conectarse con la naturaleza.

 

Múltiples soluciones

El prototipo invita a configurar el espacio a partir de múltiples soluciones internas que funcionan de manera unificada,  sin modificar en ningún caso la estructura original ni la forma.

La originalidad de la casa consiste en un equipo mecánico de funcionamiento manual provisto de cuerdas, poleas y manivelas. “Evocan en quien la habita el recuerdo de viajes en el viento a bordo de un velero”, apuntó Beatrice.

Su singularidad y adaptabilidad estética se manifiestan a través de maderas y tejidos que enlazan en cada caso con las tradiciones del lugar en el que Casa Ojalá se ubica, preservando siempre su capacidad de ser formalmente reconocible y comercializable en todo el mundo.

La arquitecta presentará la casa inmersa en distintos paisajes. Desde Canadá a Islandia, pasando por Hawai, Indonesia y Chile. “Casa Ojalá es un producto sustentable, minimalista, compacto y flexible. Lejos de la televisión o el aire acondicionado”, explicó  Bonzanigo junto a su socia Isabella Invernizzi.

La propuesta de desdibujar los límites entre el interior y el exterior fue el punto de partida para esta arquitecta inspirada en la arquitectura minimalista de Peter Zumthor, Manuel y Francisco Aires Mateus y Valerio Olgiati.

El foco del proyecto fue generar un conjunto que se transformara en una enorme plataforma al aire libre, una casa sin techo, o incluso sin suelo. Un espacio de juegos, una casa sin paredes o con distintos estratos matéricos, perfumados y tangibles.

“La flexibilidad del espacio se alcanza gracias a la innovadora solución de paredes corredizas, de Wood-Skin y tela, que se enrollan sobre pernos colocados en el borde de la circunferencia y en el centro de la estructura”, detalló la autora.

¿Para qué tipo de habitante está pensada esta casa? La autora enumera: “Familias, parejas, deportistas, viajeros, cazadores de estrellas, artistas, filósofos, buscadores de nuevos lujos o aquellos hastiados de la vida cotidiana, curiosos, investigadores, apasionados de mar, montaña, lagos o desiertos”. Graduada en la Accademia di Architettura di Mendrisio (Italia), la arquitecta puso especial énfasis en proyectar una vivienda sustentable, que minimice el espacio.

En este sentido, un sistema de recolección de agua de lluvia y un tanque séptico proporcionan agua para beber y bañarse y  los paneles fotovoltaicos suministran energía.

Una casa personal, que cambia según los estados de ánimo y necesidades de sus habitantes y cuyo paisaje configura la fachada.

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En la periferia de Sonoma -una ciudad ubicada en el norte de San Francisco, California- se abre un gran valle de colinas onduladas sobre las que crecen miles de hileras de vides y pinares. Sonoma se hizo conocida en octubre de 2017, cuando fue una de las poblaciones más afectadas por los 250 incendios que arrasaron bosques, plantaciones y viviendas.

 

La “Sonoma Guesthouse” -un condominio de fin de semana por entonces en construcción- logró sobrevivir a la tragedia, pese a estar en el epicentro de las llamas. No fue por azar: conocedores de los cíclicos avatares climáticos de la zona, los propietarios habían planteado en su encargo la necesidad de que la vivienda fuera robusta y especialmente resistente a las posibles catástrofes naturales.

Por eso convocaron al estudio noruego Mork-Ulnes Architects, cuyas soluciones arquitectónicas buscan “honrar el carácter natural e histórico de un sitio”, según declaran como parte de su carta de presentación.

Los propietarios, una familia de cinco personas, soñaban con un condominio compuesto por tres casas para compartir sus fines de semana y épocas de veraneo con familiares y amigos. Mork-Ulnes debió hallar un área plana en medio de las colinas para desarrollar tres volúmenes de un nivel, de carácter austero y compacto, con un área común conformada por un jardín con solarium y piscina. Cada volumen aloja una vivienda separada, con su entrada, su baño privado y su terraza al aire libre independientes.

Un techo continuo con múltiples tejas, a la manera de “crestas oblicuas”, da unidad al conjunto, integrándose a los picos montañosos y valles que completan el paisaje como telón de fondo. “Dado el programa solicitado -explica el autor-, para desarrollar la casa debimos seleccionar una de las pocas franjas estrechas, de manera de ‘empujarla’ a lo largo de la ladera y así maximizar la superficie al aire libre”.

 

Hormigón y rocas

En cuanto a la robustez, se eligió al hormigón, sobre todo por su capacidad para integrarse a las colinas rocosas. En las habitaciones, los cerramientos acristalados generan un contraste espacial y material.

En estares y dormitorios, estos planos vidriados son aventanamientos de piso a techo, mientras que en el cuarto de baño se dispusieron pequeñas aberturas perforadas para que penetre la luz natural. La única presencia de madera se percibe en las puertas de pino macizo, generando otro contraste con las superficies grises y las transparencias .

“La ubicación, la forma y materialidad de la casa crean distintas perspectivas interiores. El ingreso se genera a través de un umbral de imagen contundente que se abre para ofrecer vistas panorámicas del valle”, explicaron desde Mork-Ulnes.

 “El hormigón no sólo es un material de alta resistencia sino que también funciona como regulador térmico, ya que permite conservar la temperatura durante el verano. Los profundos aleros del techo dan sombra a las terrazas exteriores y resaltan la continuidad del espacio interior y exterior en cada suite”, describen. El techo es de hormigón liso, lo que crea una ruptura en las paredes a medida que las placas giran y van pasando de una posición horizontal a otra vertical.

Visto desde afuera, el conjunto se integra a la colina generando una mixtura de gris combinado con coloraciones “oxidadas” propias de la roca del lugar. “Dado el deseo de los clientes de tener una carcasa de bajo mantenimiento y resistente al fuego, el hormigón se convirtió en la opción material definitoria del proyecto. Cuando usamos un material con cualidades distintivas como la textura, la masa y la capacidad estructural, exploramos qué puede hacer este material para mejorar la experiencia espacial y sensorial”, dicen los proyectistas.

Con sedes en Oslo y San Francisco, Mork-Ulnes Architects recibió en 2015 el Design Vanguard Award de Architectural Record y fue nombrado por el Museo Nacional de Noruega como “uno de los estudios jóvenes más notables del país”.

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ULa organización TECHO, presente en 19 países de América Latina, tiene como objetivo superar la situación de pobreza que viven millones de personas en asentamientos populares, a través de la acción conjunta de sus habitantes y jóvenes voluntarios. En Uruguay según su último informe regional, en Uruguay hay 60.191 viviendas en esta situación. Más de un tercio de ellas (33%) no tiene acceso al agua potable.

Un recorrido por los 19 departamentos, entrevistas a referentes vecinales y formularios de entorno urbanístico diseñados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) para el censo de 2011 y replicados por Techo Uruguay, permitieron que esta organización armara un informe con la lupa puesta en un epicentro de vulnerabilidad social. El estudio arrojó que existen 656 asentamientos informales en todo el país, con 60.191 viviendas.

Montevideo, Canelones y Artigas lideran este ranking: el 61% de los asentamientos se ubica en la capital, el 15% está en el departamento vecino, y el 6% en la jurisdicción más al norte del país. Flores es el único departamento que no tiene asentamientos.

A su vez, el informe de Techo arroja otros datos preocupantes: el 86% de los referentes consultados aseguró que en su asentamiento no hay acceso regular al saneamiento. Y el 33% carece de agua potable.

 

En América Latina

El número de viviendas de estas características trepa a 7.500 en América Latina. La información se logró recabar gracias a trabajos realizados por 12 de los 17 países del continente miembros de la organización Techo.

Uruguay se alineó a los esfuerzos: capacitó a 70 voluntarios para que salieran por todo el territorio nacional entre marzo de 2018 y enero de 2019 y relevaran datos. Las conclusiones fueron a parar a la investigación titulada “Derechos Humanos y Asentamientos Informales”, que se presenta hoy en el Centro de Formación de la Cooperación Española.

Para desarrollar este informe se partió de la definición de asentamiento informal que maneja el Programa de Mejoramiento de Barrios (PMB) del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA).

Son agrupamientos de 10 viviendas o más ubicadas en terrenos públicos o privados construidos sin autorización del dueño, en condiciones irregulares, y sin respetar la norma urbanística. Tienen, además, severas dificultades para acceder a servicios sociales básicos e infraestructura.

Techo se trazó como meta la georreferencia: los voluntarios caminaron cuadra por cuadra para identificar la ubicación exacta de cada asentamiento informal. Se pretendía dar cuenta de las características en que se vive, las carencias y derechos vulnerados.

 

Visibilizar

Otro objetivo era visibilizar la producción social del hábitat, es decir, acciones comunitarias organizadas por los pobladores con miras a mejorar la situación crítica.

Por ejemplo, los vecinos de Gruta de Lourdes construyeron medio kilómetro de caminería interna para mejorar la conectividad y acceso al asentamiento los días de lluvia.

“En Uruguay hay mucho hecho a base de mano y músculo de los vecinos, grupos barriales, comisiones y cooperativas”, según Belén González, directora ejecutiva de Techo Uruguay.

Se usó como antecedente para esta investigación el registro de cartografía del PMB en 2011, y actualizado en 2018. Los instrumentos usados en la recolección de datos fueron: los formularios de entorno urbanístico diseñados por el INE con alguna modificación puntual, y las entrevistas en profundidad a los referentes del asentamiento, o a sus pobladores más antiguos.

Las variables a relevar fueron: alumbrado público, estado de las veredas y calles, presencia de basurales y arbolado, y paradas de ómnibus.

 

Concentración

El 61% de los asentamientos de Uruguay se concentra en Montevideo y totalizan 346. La periferia es la zona más afectada: el Municipio A acumula 111, le sigue el D con 88, y el F tiene 77. Los Municipios B y CH no presentan viviendas de estas características.

Los referentes de 140 asentamientos (22%) reconocieron que hubo incendios en el último año. “El fuego puede representar perderlo todo”, señala González. En 57 viviendas declararon haber sufrido riesgo de desalojo en los últimos 12 meses. Otro 41% fue víctima de las inundaciones.

Uno de cada tres asentamientos cuenta con organización comunitaria interna. Esto significa que hay una estructura, capital social y humano que trabaja para avanzar en procesos de mejora barrial.

En Maldonado, Paysandú, Salto y Rivera la mitad de los asentamientos tienen plataformas de acción para garantizar sus derechos. “Se ejerce la ciudadanía activa y responsable frente a la marginalización. Hay comunidades organizadas para producir su hábitat”, señala Laura Posadas, directora territorial de Techo al diario El País.

 

Situación y cifras

 El 45% de los asentamientos del país son pequeños: tienen menos de 40 viviendas. El 34% se consideran medianos (40 a 120 viviendas), el 12% grandes (120 a 200) y 9% clasifica como macro por contar con más de 200 viviendas. Hay 60 asentamientos macro: 41 en Montevideo, y 19 entre Paysandú, Salto, Maldonado y Rivera.

El 86% de los referentes consultados aseguró que en su asentamiento no hay acceso regular al saneamiento. El 33% carece de agua potable, es decir, no existe conexión de OSE donde abrir la canilla y tener facturación. Otro 41% de los entrevistados negó tener acceso a la energía regular, y por ende falta de una conexión segura.

El 76% de los asentamientos cuenta con un CAIF en su interior o a menos de 1 km. Un 75% declara tener una escuela a esa misma distancia, y el porcentaje se eleva a 80% en materia de educación secundaria: solo el 3% tiene el centro de estudio dentro del asentamiento; el 42% lo encuentra a 1 km, y el 36% entre 1 y 3 km.

La razón principal que motiva a una persona a instalarse en un asentamiento es porque es la única chance de acceder a una tierra o vivienda después de haber hecho varios intentos. La opción más frecuente cuando los núcleos crecen es permanecer en el mismo terreno que la familia: en Montevideo sucede en el 79% de los casos.

El principal plan era generar un aporte útil para el análisis y posterior toma de decisiones a nivel país. Por eso, a partir de hoy estará disponible una plataforma SIG con información libre, abierta y pública que permita “monitorear la situación de los asentamientos y hacer las reflexiones pertinentes”, sostuvo Belén González.

 

Aspiraciones

Otra de las aspiraciones es contribuir en políticas integrales para la emergencia habitacional y urbana que aún se mantiene en Uruguay.

Muchas personas habitan en situaciones muy precarias sin la seguridad necesaria, y los voluntarios de Techo han sido testigos de estas dinámicas gracias al plus que les dio pisar el territorio y recorrer los asentamientos uno a uno. Los vecinos de La Vía, por ejemplo, les contaron que pasaron un 31 de diciembre a oscuras porque carecen de acceso a la energía regular con conexión segura.

El informe dio luces para que se apueste a la realización de pilotos de inversión pública para potenciar la autogestión entre los vecinos, y la autoconstrucción de su hábitat.Por último, se plantea hacer foco en los departamentos con densidad de vivienda crítica y alta: Canelones, Artigas, Paysandú, Salto, Maldonado y Rivera.

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El reciclaje de contenedores de mercancías en viviendas asequibles es una solución que lleva practicándose ya desde hace algún tiempo. Las casas hechas con contenedores marinos pueden llegar a ser un 40% más económicas que las casas tradicionales. Es, además, una forma de dar salida a los aproximadamente 300 millones de contenedores sin uso que se calcula que hay actualmente en todo el mundo. De este modo, además de abordar la necesidad de vivienda social se hace frente también a un problema medioambiental.

La novedad que aporta el estudio LOT-EK, fundado en 1993 por Ada Tolla y Giuseppe Lignano y con base en Nueva York, es la dimensión del proyecto Drivelines Studios: todo un conjunto residencial de seis plantas realizado con 140 contenedores en Maboneng, una zona de la ciudad surafricana de Johannesburgo de reciente transformación y revitalización urbana.

Para los autores, el proyecto responde al deseo de la generación post-apartheid de recuperar el centro urbano como lugar habitable a través de nuevos modelos habitacionales.

Abarcando la geometría triangular de la parcela, el edificio está integrado por dos volúmenes independientes que forman una V, enmarcando de este modo el espacio social del patio interior abierto. Al igual que una valla publicitaria, las fachadas exteriores son lisas y alineadas con la calle, mientras que las caras interiores están articuladas por las escaleras, pasillos y puentes que conectan todas las plantas y dan acceso a las viviendas.

Los contenedores no se pintaron, de modo que el color del conjunto fue dictado por la disponibilidad de elementos. Los contenedores fueron apilados y cortados en el sitio para combinarse y formar las unidades. Un corte en diagonal recorre la cara larga de cada contenedor para generar las ventanas a cada lado. La repetición de este gesto dibuja el patrón gráfico de la fachada. La superficie de las viviendas varía entre los 28 y los 56 metros cuadrados dependiendo de si ocupan uno o dos contenedores. Todas ellas disponen de zona exterior a lo largo de los pasillos que se asoman al patio interior.

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MEVIR atiende a familias de escasos recursos del medio rural y localidades de hasta 5.000 habitantes que tienen necesidad de vivienda nueva o refacción, infraestructura productiva y/o mejoras de acceso a servicios básicos de energía, agua y saneamiento. Además, deben ser núcleos familiares con ingresos de hasta 60 Unidades Reajustables (UR) mensuales, unos 61.000 pesos.

Los últimos datos procesados hasta el momento corresponden a 2016. En aquel año, las familias participantes de MEVIR tuvieron las siguientes características: 3,74 integrantes promedio por núcleo familiar, con la siguiente distribución: 71% nuclear completo, 22% nuclear monoparental, 5% extendida y 2% unipersonal. El ingreso promedio per cápita de las familias atendidas fue de 6,1 UR (6.033 pesos).

MEVIR tiene varias líneas de trabajo, entre ellas la intervención en viviendas de terreno propiedad de los solicitantes y emplazadas en plantas urbanas.  Se enfoca en familias que tienen vivienda en su propio terreno con necesidades de refacción o cuentan con terreno baldío en la localidad. El objetivo es propiciar la consolidación de la trama urbana existente, indica el documento de MEVIR, que subraya que se colabora con las tareas de autoconstrucción. El organismo también realiza intervenciones en el área rural en el caso de familias del medio rural disperso que necesitan vivienda y/o construcciones para la producción y tienen predio propio. La intervención puede involucrar vivienda nueva o refacción de la existente y construcciones productivas, como en el caso de galpones.

La organización trabaja además en viviendas nucleadas en centros poblados. En este caso, se asiste a familias que no tienen terreno ni vivienda propia. La intervención incluye también sistemas de agua potable y saneamiento, conexión a red de energía eléctrica, espacios públicos y comunitarios. Para este quinquenio de gobierno, la organización viene trabajando por regiones del país a fin de mejorar la atención que brinda a la población del medio rural y también a aquellos que residen en localidades pequeñas del interior profundo.

 

Estrategia

La estrategia para lograr las metas reside en “trabajar  en  modalidad  de  Planes  Integrales  de  Proyectos  Locales,  interviniendo  de  manera  planificada  y  coordinada  con  otros  actores  del territorio, para lograr soluciones integrales a las complejas situaciones que se presentan en el territorio”.

En el documento elaborado recientemente por MEVIR se señala que “las  intervenciones  se  priorizan  a  partir  de  la  combinación  de  los  datos  de déficit y pobreza rural, contextualizados en el territorio y en el conjunto de las políticas públicas para el medio rural”.

Desde su fundación, en 1967, en MEVIR se han inaugurado un total de 29.753 unidades constructivas: 3.878 unidades productivas en el área rural, 25.107 viviendas nucleadas, 52 inmuebles en plantas urbanas y trabajó en 716 otras construcciones.

Pese al trabajo desarrollado, se estima que debe incrementarse el stock de viviendas en 9.638. Asimismo, entiende que se deben procesar obras en 36.069 unidades habitacionales. En ese sentido, el documento de MEVIR señala que 17.035 hogares de su área de acción no cuentan con un espacio apropiado para cocinar, 3.466 no cuentan con energía eléctrica, 8.559 hogares viven bajo hacinamiento, 19.043 no tienen acceso al agua potable y 8.067 cuentan con carencias en los servicios higiénicos.

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