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Instalado el tema de la automatización o robotización (la sustitución de tareas hecha por humanos), el mismo podría desembocar en la pérdida importante de empleos. Sustancialmente para obreros o trabajadores de edades intermedias, 45 años hasta cerca de los 60, ya que los más jóvenes sin duda se adaptarán al cambio (como dice Darwin) y los más veteranos, se acogerán a la jubilación.

 

Un estudio de la Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo (IEMM), se ocupó del tema.

El estudio concluyó que un 57% de los empleos analizados están en el cuadrante más expuesto, es decir, puede ser sustituidos por la tecnología. Y se estima que el citado porcentaje son más de 900.000 trabajadores.

Ante un estudio serio como éste, profesional y analítico, que se enunció,  difundió y no tengo claro que repercusión tuvo: no sería de desear que sea un tema determinante de los precandidatos a gobernarnos. Estarán enterados? En nuestro sector, la construcción, hemos visto videos de robots colocando ladrillos o revocando paredes con la  exactitud y rapidez de una tarea de excelencia.

El estudio califica a la construcción como de riesgo intermedio, “con un grado medio de exposición a la tecnología y resultado variado en las resistencias al cambio (hay factores que lo estimulan y otros lo frenan).

Quedarnos de brazos cruzados, es ir contra la corriente y a mediano o largo plazo se verán las consecuencias.

También se puede enlentecer el proceso, por ejemplo poniendo impuestos a la importación de capital (las máquinas que sustituyan el trabajo humano) o establecer que no se puede despedir a nadie cuando se incorpora un robot, lo que en definitiva estira en el tiempo el proceso, pero el desenlace será inevitable.

O finalmente, ver la realidad, avenirnos a lo que dice el mundo y crear las condiciones para que los trabajos que demanden mucha mano de obra calificada, se hagan aquí y se creen nuevos empleos.

Esto implicará abrirnos mucho más al mundo, mayor apertura comercial y adaptar la educación a ese nuevo mundo (valga la redundancia)  que se avecina.

Escuchar a los versados en ese tema, alejar ideologías anacrónicas, porque estamos hablando del futuro de cientos de miles de jóvenes. 

La industria de la construcción necesita antes que versación en la tarea, una disposición de actitud positiva, aspecto que se ha venido perdiendo paulatinamente y parecería que se estuviera revirtiendo.

El obrero debe tomar conciencia que sólo preparándose con excelencia, podrá seguir remándola en este mundo innovador.

Seguramente se requieran adaptaciones de la normativa laboral, lo hemos mencionado,  implica también flexibilizar leyes anquilosadas que tienen décadas y pertenecen a un mundo del pasado.

Decíamos antes, la tecnología no sustituye la creatividad por ende todas las actividades en que la creación juegue un rol importante, estarán más protegidas que la automatización.

Los trabajadores que tengan iniciativa y posean ideas originales, se destacarán.

Los gobiernos de turno deben captar estos mensajes, para aggiornar la currícula y acompasarla a la realidad.

No nos olvidemos de la actitud empática, algo claramente humano, que juega a favor del trabajador que astutamente capta la situación y actúa en consecuencia.

Los sindicatos y los políticos deberían hablar de estos temas todos los días, sin preocuparse por el agravio o la mezquindad al  otro, porque si nos perdemos en esas nimiedades, la derrota será irreversible.

 

Aníbal Durán

Gerente Ejecutivo de APPCU

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El 2018 fue año especial para el Sindicato Único de la Construcción y Afines (SUNCA). Por un lado, logró firmar una convenio colectivo que asegura que sus trabajadores no tendrán pérdida salarial y, por ende, de poder adquisitivo, al tiempo que conmemoró los primeros sesenta años del gremio. Sobre estos aspectos, así como el plan de acción nacional llevado a cabo por el sindicato en busca de la reactivación de la industria, una futura ronda con los candidatos presidenciables y la necesidad de crear viviendas de corte social, se refirió el dirigente gremial Richard Ferreira, en diálogo con Del Constructor.

 

¿Cuál es el balance del SUNCA en este 2018?

Nosotros arrancamos el 2018 a partir de un Consejo Directivo que se hizo a fines de enero y principios de febrero, marcando tres o cuatro ejes de acción, que tenían que ver con una campaña por el trabajo a partir de la situación de retracción en la industria que, de hecho, en los últimos tres años, fuimos de las industrias que más perdimos puestos de trabajo.

Venimos de un proceso del 2010 al 2015, donde se registraron los picos más altos de actividad. Llegamos a superar los setenta mil puestos de trabajo y, que, a partir del 2015 a la fecha, producto de la situación internacional y regional, significó la pérdida de veinticinco mil, veintiocho mil puestos de trabajo. Entonces, era lógico que la Dirección Nacional del gremio, mirando este escenario diseñara un plan de acción  para el 2018 que tuviera que ver con una fuerte campaña por el trabajo, teniendo en cuenta lo que se iba a discutir este año a partir de la Rendición de Cuentas. Si bien para nosotros no es una solución en sí misma la inversión pública, ayuda, y mucho, a la reactivación de la industria.

A partir de ahí planteamos un primer eje de acción que lo desarrollamos durante todo el año y que seguramente va a seguir en el 2019. El segundo eje tenía que ver con los Consejos de Salarios, que fue la séptima ronda y de las más importantes en los últimos años para todo el movimiento sindical. Para nosotros era un desafío abordar una discusión  de esta importancia en un momento de la industria que no era el mejor. Un tercer eje de acción tenía que ver con el Congreso del PIT-CNT, donde ahí teníamos un desafío como sindicato de colaborar en el marco de la unidad del movimiento sindical  y que pudiéramos sacar resoluciones claras. Además, poniendo al movimiento sindical de cara a un próximo período.

Esto, en el medio de lo que fue este año, particularmente en el mes de mayo que nuestro sindicato cumplió sesenta años.  A partir de estos ejes es que empezamos a desarrollar un plan de acción a nivel nacional, sin descuidar la protección y el fortalecimiento de todas las estructuras del SUNCA.

 

¿Y cuáles han sido las conclusiones?

Hoy, como primer balance, tenemos un convenio firmado para toda la industria. Hace más de un mes se firmó para el grupo mayoritario el convenio colectivo y ya tenemos la firma para la rama extractiva y la rama de cerámica, que eran los dos subsectores que estaban faltando firmar su convenio colectivo. Estamos, en este aspecto, cerrando un año positivo, a partir de la coyuntura que teníamos. Si uno mira la realidad de los otros grupos que están discutiendo sus convenios colectivos con mucha complejidad, con sectores empresariales que han vaciado la negociación colectiva al no hacerse presentes, lo que dificulta cerrar un año a nivel general con un porcentaje de acuerdo mayor al que existe hoy, que anda en aproximadamente un 50%. Mirando todo esto, para nosotros cerrar un año con un convenio colectivo donde se asegura que no habrá pérdidas salariales y con una plataforma con un profundo contenido social, nos parece sumamente positivo.

 

Ese contenido social, ¿qué planteaba?

Incluimos aspectos que hace a lo social, a la atención, tanto de los cuidados para los gurises de la construcción, como también incorporar a la negociación colectiva aspectos como, por ejemplo, lo que tiene que ver con el lenguaje de señas. Esto va de la mano con otro aspecto del plan de acción y que son las leyes laborales. Y, dentro, de ellas, la ley para mano de obra con discapacidad. Nosotros entendíamos que una vez aprobada esta ley, también teníamos que dar otro paso paralelo en la negociación colectiva, y que era introducir conocimiento a la industria que tiene que ver con el lenguaje de señas. Esto quedó establecido en la negociación colectiva. Cerramos una etapa de negociación, por lo menos hasta el 2020, que cierra la posibilidad de pérdida de salario real de los trabajadores, pérdida de poder adquisitivo y profundiza en la dirección de seguir trabajando desde la negociación colectiva en aspectos que no son salariales estrictamente, pero que sí que hacen a mejorar la calidad de vida del trabajador y su familia. Por otro lado, está la Rendición de Cuentas. Si bien es una Rendición de Cuentas parada en la realidad del país, nosotros creemos que se debieron hacer más esfuerzos para que hubiera mayor inversión en todas las áreas: educación, salud, infraestructura y vivienda. Si bien hubo una señal de inversión que, en parte, ya está en ejecución y que se va a notar más el año que viene, esperábamos, en función de la coyuntura actual de la industria, que fuera mayor. Que ayudara a la industria hasta que hubiera un componente de inversión privada, que es la otra pata importante para lograr la reactivación. Como SUNCA hicimos los esfuerzos, hasta donde pudimos llegar, para que esta Rendición de Cuentas diera resultados y hubiera una distribución de acuerdo a las necesidades que tenía nuestra sociedad en su conjunto, producto de la actual situación. El 2018 fue un año que, dentro de la coyuntura general, no fue el menor por la baja de actividad. Pese a esa situación, logramos mantener una estructura con diecinueve departamentales constituidas, funcionando y logramos crecer en el medio de una baja de actividad en organización. Hay datos que hay que mirarlos en detalles. Por ejemplo, si nos comparamos con el 2010 y 2011, cuando teníamos setenta mil trabajadores a los cuarenta y cinco mil de hoy, según datos del Banco de Previsión Social, y que hayamos logrado mantener toda la infraestructura de nuestro sindicato a nivel nacional, con las departamentales, con diecinueve locales funcionando en todo el país y manteniendo un nivel de sindicalización bien importante, no nos parece nada menor.

 

Situación del sector

Ustedes son conscientes que va a ser muy difícil volver a ese pico histórico de trabajadores activos. 

Sin duda. Nosotros lo dijimos, incluso, cuando estábamos con setenta mil trabajadores. Dijimos que si bien era una situación que nos alegraba, éramos conscientes que era una situación excepcional. Y que si uno miraba lo que es la historia de la industria, el promedio de actividad, sabíamos que en algún momento eso iba a bajar. En algún momento, a raíz de esa baja de trabajadores con respecto a ese récord histórico, se debatió si la industria estaba en crisis o no. Nosotros no dejamos de reconocer que si la comparación se hace con esos setenta mil trabajadores podríamos llegar a la conclusión que estamos en crisis. Es cierto que hay veinticinco mil, treinta mil trabajadores menos. Ahora, si la comparación se hace tomando como referencia los niveles históricos de actividad, el promedio nos da que estamos en la media.    

 

¿Pero, consideran que la industria está en crisis o en una especie de meseta?

No consideramos que la industria esté en crisis a nivel general. Ahora bien, es cierto que cuando uno recorre departamento por departamento o determinada región del país, estamos en dificultades serias, con un nivel de desocupación importante y que, en definitiva no hay, a corto plazo, una perspectiva de reactivación de la industria. Ahí somos muy cuidadosos  de no generar una opinión de que todo está mal, ni tampoco de que todo está bárbaro. Sabemos que la industria ha sufrido un impacto importante, producto de los factores que mencioné anteriormente. También es cierto que si miramos los números generales estamos dentro de la media de actividad. Creemos que la industria debería generar, a partir del 2019 y durante el 2020, determinados niveles de inversión que dieran respuesta a las necesidades que tiene la industria. Pero en cuanto a tu pregunta concreta, nosotros no creemos que la industria esté en crisis, sí que estamos con una concentración de la inversión que es dispar, que se concentra en Montevideo y donde ahora aparece, aunque aún no de forma contundente, cierta posibilidad de aumento de inversión en la zona del este, especialmente en Maldonado. Somos conscientes que solo con la inversión pública no alcanza. Por eso la pelea del SUNCA este año fue fundamentalmente una campaña por el trabajo y mayor inversión. Esperemos que el año que viene tengamos algunas señales diferentes en lo que tiene que ver con la inversión privada.

 

¿Cuánto pesa en este panorama la instalación de una segunda planta de UPM?

Creemos que a nivel de reactivación y empleo pesa mucho. Nuestra industria tiene la particularidad de generar actividad y reactivación no solamente al sector, sino a todo lo que gira alrededor, como es el caso de los proveedores, y ni que hablar a la sociedad en su conjunto. Y este tipo de emprendimientos tienen esa particularidad de concentrar, en función del tamaño de la inversión, un nivel de actividad importante, no solamente en la ejecución de la obra, sino también en el transcurso de la misma y después lo que queda, en particular para la zona. Ahí el desafío es que este tipo de inversiones, si es que se conforma su instalación, le deje algo más que una pastera al país. Estamos hablando de mayor conocimiento, más infraestructura y viviendas. En particular, creo que este tipo de emprendimientos para la industria de la construcción y para otros sectores que forman parte de la cadena, significan un impacto en función del empleo bien importante.

 

¿Cómo sindicato tienen previsto realizar una ronda con los presidenciables para saber qué idea tienen en políticas de vivienda, por ejemplo? 

Nosotros siempre lo hacemos. En cada año electoral, como sindicato, queremos conocer la opinión de los candidatos en caso de llegar a la presidencia, qué opinión tienen sobre el tema de la reactivación en la industria.

No hemos abordado esa discusión, será parte del plan de acción del 2019, pero sin duda nos interesa. Tenemos claro que en nuestro país, más allá de los esfuerzos que se han hecho, todavía existe un déficit importante de vivienda y, especialmente, de corte social. Nos interesa saber de los presidenciables cuál es su opinión en cuanto a la construcción de vivienda, a la inversión de vivienda, fundamentalmente las de corte social.

Y que aquellos sectores de menores recursos realmente puedan acceder a la vivienda. Las viviendas de interés social, hoy llamadas promovidas, más allá del esfuerzo del gobierno con exoneraciones y subsidios para la construcción de las mismas, en el precio final del producto nos encontramos con una cuota que para muchos sectores de la sociedad es inaccesible. Es cierto que no estamos en la misma situación que hace quince años atrás en lo que tiene que ver con el tema vivienda, pero también es cierto que queda mucho por hacer. Hay que seguir potenciando y facilitando el acceso a la vivienda a través del sistema cooperativo y seguir profundizando en planes de vivienda que tengan como objetivo aquellos sectores más vulnerables.

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Las empresas desarrolladoras del sector inmobiliario atraviesan un año que arrancó con las mejores expectativas positivas por el boom de los créditos hipotecarios y va a cerrar con una caída de la actividad que, según estiman, será mayor que la esperada para el resto de la economía. En este contexto, buscan alternativas para poder salir de la crisis.

Argentina tiene un déficit de 1,2 millones de viviendas nuevas pero se construyen unas 200.000 por año, según precisaron los empresarios. “El mercado podría ser cinco veces más grande”, proyectaron agentes inmobiliarios durante el  8º Coloquio de la Asociación Empresarios de la Vivienda .

“El año pasado presentamos el inicio de lo que llamamos la década de la vivienda, donde teníamos las mejores expectativas. Con la búsqueda de políticas de Estado que tengan coherencia y consistencia para que la ciudadanía tuviera un acceso a la vivienda”, señaló Gustavo Llambías, vicepresidente de la Asociación Empresaria de la Vivienda, a Infobae.

Hoy, la actividad está lejos del panorama prometedor con el que arrancó el año. “Los créditos UVA estaban produciendo una revolución en el mercado. Y en este momento, con una inflación del 40% el crédito hipotecario, es inviable. En la Argentina no logramos que el sector tenga el desarrollo que debería tener”, agregó Llambías y reclamó que el gobierno vuelva a poner foco en el sector.

El empresario advirtió que las perspectivas del negocio son malas y que, por la falta de crédito, las firmas del sector volverán a apostar al mismo público de hace 20 años: personas que pueden pagar una propiedad en el tiempo que tarda en construirse. También señaló que la actividad de la construcción amplifica los ciclos. “Cuando el país crece 3 puntos,  la construcción crece 10. Pero cuando el ciclo es negativo, la caída es mayor. Es matemático y pasa en todo el mundo”, explicó Llambías.

La mirada del sector es que esta nueva crisis los obliga nuevamente a reciclarse de forma forzosa. “Toda crisis aporta oportunidades. Si la demanda genuina queda rezagada, siempre existe el mercado de poder adquisitivo más alto, que busca un refugio para sus ahorros”, indicó Miguel Camps, presidente de la asociación y titular de la empresa Argencons.

Por su parte, Lucas Salim, CEO del Grupo Proaco de Córdoba y directivo de la Cámara Empresarial De Desarrollistas Urbanos de Córdoba (CEDUC), detalló que en esa provincia se mide un índice de la actividad basado en 45 desarrolladoras con base 100 en 2010. El máximo de actividad se dio un 2011, previo al cepo cambiario, y hoy está un 45% por debajo.  En tanto, Damián Tabakman, presidente de CEDU (Cámara Empresaria de Desarrolladores Urbanos), señaló que las diferentes cámaras y asociaciones están armando proyectos sectoriales, con una agenda urgente,  para presentar a los candidatos a las próximas elecciones.

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El titular de la Liga de la Construcción del Uruguay, que reúne a unas trescientas empresas del todo el país, Ubaldo Camejo, analizó la situación del sector durante el 2018 y las expectativas para el 2019, teniendo en cuenta las elecciones nacionales y la coyuntura política y social de la región, especialmente en Argentina y Brasil.

Camejo afirmó que este año ha sido “muy difícil” para las pequeñas y medianas empresas, debido a la baja inversión en obra pública, la presión tributaria, los costos de masa salarial y materia prima. En este contexto, abogó por una revisión de todos los componentes que hacen al costo final de las viviendas promovidas y a la búsqueda de soluciones para permitir el acceso a quienes no tienen la capacidad de ahorro suficiente para adquirirlas.

 

¿Qué balance hace la Liga de la Construcción de este año?

La Liga, conjuntamente con el resto de las gremiales de la construcción, hemos transitado durante este año de una forma normal, dentro de lo que teníamos previsto. Sabíamos que no iba a ser un año espectacular, sabíamos de las carencias que está padeciendo  el gobierno y que las obras de promoción pública iban a ser mínimas por razones que ya son de público conocimiento. Evidentemente que si queremos ajustar el déficit fiscal que el país tiene, no hay más alternativa que apretar la canilla.  Por otro lado, hemos logrado un convenio en los Consejos de Salarios sin que haya dolores de cabeza para ninguna de las partes, quiero decir que se llegó a un acuerdo sin enfrentamientos, ni paros, más allá de que es un convenio totalmente atípico a veintiún meses, pero hubo acuerdo entre las partes. Y así lo transitaremos hasta el 2020. En cuanto al balance de este año, le diría que  tratamos de sobrevivir a la mínima expresión, porque todas las empresas tuvimos que desprendernos de operarios, ya sea enviando trabajadores al seguro de paro o despidiéndolos. Las empresas del sector se enfrentan, hoy, a un problema bastante serio, porque los costos de producción no dan como para cerrar los números. Me atrevo a decir que la gran mayoría de las empresas subcontratistas están teniendo problemas bastantes serios en el aspecto económico, ya sea por las cobranzas tardías o la escasez de trabajo. A eso hay que agregarle la voracidad del Estado a la hora de recaudar que no nos da respiro. Ha sido un año muy difícil para las pequeñas y medianas empresas que integran la Liga.

 

¿Cuáles son las expectativas para el próximo año? 

Este es un año extraño. En otras épocas, en los dos últimos años de  gobierno, era cuando las empresas teníamos más trabajo. De alguna manera, sin importar el partido político, los gobiernos querían dejar una buena impresión al final de su mandato. Hoy sucede lo contrario, porque el gobierno tiene que tapar en parte el déficit fiscal que tiene. Desde nuestra óptica, el 2019 no va a tener mayores diferencias con este año. Creo que si no es peor, será igual. 

 

¿La construcción de una segunda planta de UPM podría reactivar la industria? 

El gobierno está jugado a eso, pero en este momento hay silencio sobre el tema. Más allá de que se sigan las gestiones entre la empresa y el gobierno, tengo que suponer que es así, poco se sabe en este momento. Recién lo sabremos el año que viene. Lo que sí es fundamental para la implementación de esta segunda planta, y todos los sabemos, es el ferrocarril. Si el Estado uruguayo no empieza la línea férrea de Paso de los Toros a Montevideo  en los próximos primeros tres meses del año que viene va a ser muy difícil que se concrete la construcción de la planta.    

 

¿Las Viviendas Promovidas, antes llamadas  Viviendas de Interés Social, han repercutido favorablemente en el sector? 

Muy poco, es un punto donde creo que el gobierno tiene que ahondar más.  El tema de los topes fue negativo y, más allá de eso, debe ahondar en la posibilidad  de acceso a la vivienda de una gran parte de la población que hoy está imposibilitada por el costo de las mismas. Hay gente que lamentablemente no puede pagar una cuota  porque los salarios no son suficientes.

 

Y, a su juicio, ¿cuáles serían las medidas que habría que adoptar para reactivar la industria o, al menos, bajar los costos de producción?

Creo que necesitamos una fuerte inversión pública en distintos rubros de la construcción, ya sea en infraestructura u obra civil, además de una inversión privada que sea relevante. Para esto último, el Estado debe  incentivar a las empresas y a los capitales de inversión privada. En las condiciones actuales va a ser muy difícil. Otra medida que ayudaría sería una baja de la presión fiscal o una disminución de los aportes sociales al BPS como forma de incentivar la inversión. Hay que buscar fórmulas para atraer al inversor.  La presión fiscal y el costo de la masa salarial son dos componentes importantísimos dentro del costo final del producto. Por eso, acá habría que hacer una revisión total de varios componentes. Por un lado, los costos de la vivienda; después el acceso a la misma y la presión fiscal. 

 

¿Cuánto influye la situación en la región, sobre todo lo que está ocurriendo en Argentina y Brasil?

Somos dependientes de Argentina, así como lo somos de Brasil. En Argentina hay una situación delicada y en Brasil aún no sabemos qué puede ocurrir hasta que asuma el nuevo presidente el 1º enero. El ministro de Economía dice que ya no dependemos tanto de estos países y en parte tiene razón. Es cierto que Uruguay se abrió más al mundo y ya no sólo le vendemos a Argentina y Brasil. No obstante, creo que sigue existiendo un grado de dependencia, por lo que habría que profundizar los vínculos comerciales con otros países, por fuera de nuestros vecinos. Claro que para eso hay que ser un país competitivo y Uruguay no lo es. Tenemos una mano de obra cara, no solamente para el producto interno sino para el producto de exportación. Eso es otro de los temas que hay que solucionar.

 

Hablando de inversión y ante una nueva temporada estival, ¿cómo está Punta del Este en ese sentido?

Hay proyectos en Punta del Este que, si bien no se han parado, se han enlentecido. Y esto es lógico. Si Argentina está en un proceso de retroceso económico, evidentemente repercute también en los capitales.

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El último informe elaborado por el Centro de Estudios Económicos de la Industria de la Construcción (CEEIC), que revela  las expectativas de la industria, concluye que la percepción actual es más optimista para la economía que para el sector. En cambio, las expectativas son menos pesimistas para el sector que para la economía. Asimismo, los encuestados ven menos probable expandir su capacidad instalada y la adquisición de  maquinaria vuelve a ser más probable que la incorporación de personal.

El principal objetivo del estudio del CEEIC es monitorear las expectativas de las empresas del sector de  la  construcción  respecto  a  las  principales  variables  económicas,  su  capacidad  instalada, así como las expectativas de crecimiento de manera tal de poder obtener información sobre la coyuntura actual y evolución futura del sector y la economía.

Este último informe relevó la opinión de 81 empresas asociadas a Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU),  así como de 10 empresas asociadas a Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (APPCU). Del total de empresas  contactadas se obtuvo una  tasa de  respuesta muy baja,  de  apenas  22.2%, esto, señala el documento, “hace que los resultados de esta edición deban ser considerados con cautela.

Los resultados se presentan en tres secciones: Expectativas, Capacidad Instalada y Evolución de los costos. En el primer ítem (Expectativas), las empresas fueron consultadas respecto a  la percepción actual y sus expectativas futuras respecto a la economía y el sector de la construcción. La percepción actual es relevada mediante la percepción del estado actual de la variable de interés como Buena, Ni buena ni mala, Mala, mientras que  las expectativas son recogidas mediante la percepción de la evolución futura respecto al estado actual (Al alza, Igual, A la baja).

“La  percepción  reportada  para  la  economía  en  su  conjunto  es  mayormente  neutra  tanto  para  la economía actual (72%) como para las expectativas a futuro (61%). En  segundo lugar aparecen una cantidad importante de respuestas negativas, tanto para la situación actual como para el futuro. Considerando  las  respuestas  referentes  al  sector  de  la  construcción,  estas  muestran  una  peor evaluación de la situación actual si se la compara con la economía. Para el sector, el  porcentaje de respuestas neutras  se ubica en  56%  mientras que las respuestas pesimistas se ubican en 44%.  No obstante, al  comparar las expectativas  a futuro  del sector con las de la economía, las respuestas revelan  que para el sector las expectativas son algo menos pesimistas que para la economía en su conjunto”, señala el documento.

Comparando  estos  datos  con  los  del  informe  anterior de la CEEIC,  se  constata  un  deterioro  para  el  balance  actual de la economía y del sector. En cambio, en el caso de las expectativas, se observaron dos  movimientos opuestos:  el balance  para la economía general sigue empeorando mientras que  se observa una mejora en el balance sectorial. Por último, los indicadores de clima para la economía y el sector que consideran tanto la situación actual como las expectativas, que en junio se situaron en -22% y -28 %, empeoran en ambos casos.

El informe sotiene que “el mayor retroceso se observa para el indicador de clima de la economía, que presenta por  primera  vez  en  el  año  valores  inferiores  a  los  del  sector”, lo que significa que “las percepciones actuales y futuras sobre la construcción y la economía son  mayormente negativas, lo que permite interpretar este escenario como un clima de caída”.

 

Capacidad instalada 

Consultadas sobre el segundo punto (Capacidad Instalada) y su expectativa sobre el futuro, se les solicitó a las empresas que categoricen su situación actual y sus expectativas. Los datos recabados indican que el 67% de quienes respondieron se encuentran operando debajo  del 70%  de  su  capacidad  instalada.  Al  analizar  las  expectativas,  este valor se  ubica en el mismo porcentaje. Adicionalmente se consultó a las empresas respecto a la probabilidad de expansión  de la capacidad instalada en cuanto a maquinaria y personal. “El 67% de las empresas ve como muy poco probable o poco probable la expansión de maquinaria mientras que  72%  declara  lo  mismo  para  la  expansión  de  personal.  Por  lo  tanto,  se  observa  una  diferencia  respecto al informe anterior donde dichos datos fueron de 78% para la expansión de maquinaria y de 70% para la expansión de personal.  En segundo lugar, el porcentaje de respuestas que considera probable o muy probable la expansión de maquinaria es de 22% y 11% para la expansión de personal, mientras que en el anterior informe tales  porcentajes se ubicaron en 13%  para maquinaria y  expansión de personal.  Por lo tanto, la preferencia por la expansión de maquinaria sobre la expansión de personal vuelve a acentuarse en esta edición”, indica el relevamiento.

 

Evolución de los costos

En cuanto a la evolución de los costos, un 61  % espera que la evolución sea a la par con el IPC y el restante  39%  espera  que  sus  costos  aumenten  por  encima  de  la  inflación. “Respecto  al  anterior  informe,  estos  valores  reflejan  un  aumento  del  porcentaje  de  respuestas  que  consideran  un aumento de costos por encima del IPC respecto a la edición anterior: (39% actualmente y 35% en el anterior.

También se consultó a los encuestados respecto de los principales factores de influencia sobre los costos. El 78% declaró a la mano de obra como el principal costo, un 11% a los insumos importados y el restante 11% se reparte en partes iguales para los insumos locales y subcontratos. En la encuesta anterior, el 83% de los encuestados declaró la mano de obra como principal factor de costo, y en la relevada en febrero, ese guarismo se ubicó en 93%, por lo que se observa una caída en el peso de la mano de obra en la estructura de costos de las empresas.

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